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ERREJÓN, IGLESIAS, ALGUNA DE SUS CHURRIS Y UNA LECCIÓN POLÍTICA

La estrategia leninista solo resulta realmente efectiva si puede recurrir a la violencia y la represión. Lenin y Stalin sobrevivieron y alcanzaron su posición de tiranos deificados por la izquierda mundial por la capacidad de alcanzar el poder, establecer una férrea dictadura y erigirse en sanguinarios tiranos dedicados a exterminar a sus detractores y aplastar a sus pueblos y a los pueblos sometidos a su agresivo imperialismo.

Cuando la estrategia leninista es de vía estrecha, utiliza los métodos demagógicos y torticeros habituales, pero no conquista el poder y establece una dictadura sanguinaria, consigue algunos éxitos para sus ambiciosos promotores, pero acaba fracasando porque no alcanza el monopolio de la verdad y la mediocridad, falta de ética y de espíritu de clase y patriotismo de sus promotores no pueden esconderse.

Nadie, y lo digo en voz alta, con conocimiento de causa y como sentencia política y filosófica firme, que considere e implemente la utilización de tácticas leninistas para auparse al poder es otra cosa que un demagogo oportunista y mediocre, de calidad humana deleznable. Alguien carente de moralidad y patriotismo, poseído por su propia vanidad y ambición. Gentuza, en suma. De ahí la necesidad que tiene de alcanzar el poder absoluto y utilizarlo para la represión del pueblo y el exterminio de sus colaboradores que, desde el primer instante, son sus rivales.

Iñigo Errejón, Pablo Iglesias y unas cuantas de sus churris (muy feministas, pero sumidas en los círculos femeninos de adoración a machos alfa tan frecuentes en las universidades, manadas conformadas en torno a intelectuales de pacotilla con ínfulas de tipos guais y revolucionarios y conformadas por alumnas y becarias devotas y sometidas; muy feministas, pero subidas por método inguinal y felatorio a los cargos y ascensos que sus caudillos de harén han podido y querido repartirles) han sido víctimas de esta realidad. De su propia mediocridad, de su propia falta de moral, de su hipocresía, de su ambición, de su estrechez de miras, de su vanidad infinita…y de su absoluta estupidez. No hablo de ideologías ni de siglas ni de partidos, hablo de estrategias políticas y realidades humanas. Han fracasado, y acabarán fracasando por completo como individuos y como grupo por su propia ineptitud, por su absoluta ignorancia, por creerse tiburones oceánicos cuando apenas son sardinillas en un minúsculo barril.

Uno a uno han ido siendo expulsados por la fuerza centrífuga de los círculos que asedian el poder y todos por el mismo motivo, el mismo estúpido, perverso y ridículo error de cálculo: utilizar los métodos leninistas de asalto al poder sin tener la posibilidad real ni el valor para alcanzarlo…y ya lo hemos explicado: sin lograr establecer una dictadura sanguinaria y salvaje que oculte la inmoralidad y la mediocridad de los integrantes del clan que asalta la cumbre política con dichas estrategias ambas quedan inevitablemente al descubierto y el demagogo acaba expuesto, ridiculizado, amortizado y fracasando como político.

Estos tipos, y sus churris asociadas, admiran a Lenin, han estudiado a Lenin, pero no lo han asimilado y no han tenido el valor suficiente para lanzarse a fondo en su apuesta por el poder. Son estúpidos y cobardes. Y lo más imperdonable y despreciable de todo: mediocres, vulgares, grises, anodinos.

© Fernando Busto de la Vega.

EL SUICIDIO DE CASIO Y LA SALUD MENTAL ACTUAL

El suicidio de Casio, prematuro e innecesario, cambió la Historia.

Sucedió durante la batalla de Filipos entre el partido republicano y el popular-cesariano en el transcurso de las guerras civiles que condujeron del final de la República Romana al Imperio allá por octubre del 42 a.d.C (hace 2066 años).

El contexto es bien conocido. Tras cuatro años de guerra civil, Julio César se proclamó dictador de Roma en el 45 a.d. C. Al año siguiente, un grupo de senadores republicanos encabezados por Bruto y Casio le asesinaron dando inicio a una nueva guerra civil entre quienes deseaban el restablecimiento de la república libre y aquellos que defendían el legado de César (que implicaba una serie de reformas sociales y de calado nacional que beneficiaban a las clases desfavorecidas) y que pronto encabezó su hijo adoptivo: Octaviano (el futuro César Augusto).

Bruto y Casio huyeron de Italia haciéndose con el control de las numerosas legiones establecidas en los Balcanes y Asia menor (unas veinte) y concitando la alianza de muchos monarcas orientales como Deyótaro de Galacia que aportó cinco mil jinetes mandados por su sobrino Amintas, que le sucedería en el trono y sería cabeza de una familia senatorial romana y desertó al inicio de la batalla de Filipos.

Marco Antonio (que había compartido el consulado con Julio César en el 44 a.d.C y jefe efectivo de su partido en ese momento) y Octaviano (hijo adoptivo y heredero de César que aprovecharía esta circunstancia para abrirse paso hasta la tiranía y el imperio) salieron en el 42 a.d.C. en persecución de los tiranicidas sublevados con unas veinte legiones encontrándolos en Filipos, 130 kilómetros al noreste de Salónica y unos 200 kilómetros al sureste de la actual Sofia, y a escasos 13 kilómetros del mar Egeo a la altura aproximada de la isla de Tasos. Allí tuvo lugar la batalla que duró casi un mes (entre escaramuzas y treguas) y resultó confusa y, sin embargo, decisiva.

Ninguno de los generales implicados (Bruto, Casio, Octaviano y Marco Antonio) brillaron en ella por su capacidad y los respectivos ejércitos dieron muestras sobradas de impericia, incapacidad e indisciplina. En el momento crucial de la misma, cuando por fin se llegó al enfrentamiento total, Bruto logró avanzar y conquistar el campamento de Octaviano que salvó la vida con una huida innoble abandonando a sus soldados. Sin embargo, en el otro extremo del combate, Casio fue derrotado y cercado en su propio campamento por Marco Antonio, recibió entonces falsas noticias de que Bruto había sido también derrotado y se suicidó para escapar a las torturas y exposición pública en un triunfo de su rival que terminaría, de todos modos, con su ejecución.

El suicido de Casio convirtió en irrelevante la victoria de Bruto y el propio Marco Antonio, mientras Octaviano seguía escondido, marchó a combatirle y le derrotó consiguiendo que, para evitar ser capturado, se suicidara también el 23 de octubre del 42 a.d.C. con 43 años de edad.

Desde ese momento la rivalidad y las guerras civiles se darían dentro del partido popular-cesariano entre Marco Antonio y Octaviano, que sería el vencedor después de la batalla de Actium (31 a.d. C.).

Hasta aquí la Historia. Ahora la reflexión que nos acerca a nuestra época, al momento en que vivimos y la lección que podemos extraer del suicido de Casio Longino.

Como hemos dicho al principio, su muerte fue prematura e innecesaria. Si hubiera vivido y resistido muy probablemente Bruto hubiera acabado rescatándole y derrotando a Marco Antonio, de este modo los tiranicidas hubieran podido regresar a Roma y restablecer la república. La Historia hubiera sido diferente y ellos triunfado.

A menudo se acusa a Casio de precipitación y aun de falta de valor. Son acusaciones injustas. En una situación de máximo estrés, con información escasa y deliberadamente errónea, se dejó llevar de su inevitable ansiedad precipitándose en un acto irreparable.¿Qué tiene eso que ver con nosotros? Mucho.

¿No vivimos acaso la mayor parte de nosotros en la cuerda floja?¿Agobiados por la inestabilidad laboral, las reglas de juego pensadas para el beneficio y la rapiña de los especuladores y explotadores?¿Con la miseria acechando a la puerta de nuestra casa? ¿No son estas terribles batallas que, si las perdemos, nos exponen, como a Casio, a la indignidad de la miseria y la mendicidad y a la intemperie de la calle? No debe extrañarnos que España sea el país de Europa con más consumo de ansiolíticos. El sistema está pensado para favorecer a los especuladores y los explotadores y empobrecer y demoler a los ciudadanos honrados. Necesitamos, indudablemente, un cambio de sistema, derribar el régimen ilegítimo de 1978 y establecer otro pensado para el bienestar y prosperidad de los ciudadanos honrados (y que no puede pasar por el parlamentarismo liberal-capitalista del mismo modo que las necesidades de los menesterosos de la Italia del siglo I a. d. C. no pasaban por el sostenimiento de la república, fue el imperio de César Augusto el verdadero instrumento de nivelación social y salvación económica de las clases proletarias, el parlamentarismo es siempre clasista y conservador).

Pero cuidado: nuestros gobernantes progresistas (no izquierdistas, no patriotas, no interesados en el bienestar del pueblo sino en su propio poder que pretenden consolidar a sueldo y bajo el amparo de imperialismos extranjeros) ya están entrando en liza para proponernos soluciones fáciles, terapéuticas y totalitarias. Ahora empiezan a hablar de la salud mental de los ciudadanos…a preocuparse por ella…en otras palabras: a imponer un dogma que se sostenga mediante la conversión de los ciudadanos libres en pacientes diagnosticados y sometidos a terapeutas de parte, no médicos interesados en curarles sino funcionarios a sueldo o sacacuartos con título y consulta privada que pesquen en río revuelto apoyando las tesis del poder.

En cualquier caso, si estamos locos, hagamos locuras. Si estamos desesperados rompamos con todo y lancémonos a la gloria y la épica. HAGAMOS LA REVOLUCIÓN, ACABEMOS CON EL RÉGIMEN ILEGÍTIMO DE 1978.

© FERNANDO BUSTO DE LA VEGA.

EL COLOR (Y LA RELIGIÓN) DEL HAMBRE

NO SOY CRISTIANO, NI JUDÍO, NI MAGO, NI MUSULMÁN, NO SOY DEL ESTE NI DEL OESTE (…) MI RELIGIÓN ES EL AMOR. (YALAL AD-DIN MUHAMMAD RUMI Y EL ABAJO FIRMANTE)

Hace apenas unos días comentaba con mi amiga Isabel M. una de las cosas que más me enfurecen y me llenan de rabia y de frustración en esta vida: el hecho de que a las obligaciones éticas y humanas se las asocie demagógica o fanáticamente con una ideología determinada.

En el contexto de una recogida de alimentos para los refugiados en Grecia llevada a cabo en colegios e institutos le explicaba cómo detesto que en determinados centros privados se apropien del gesto ciertas sectas y que en los públicos hagan lo propio los activistas de determinadas corrientes políticas mostrándoles a los niños y los jóvenes la bajeza de vincular sus obligaciones morales con la militancia y de atraerlos a la misma mediante el ejercicio de la solidaridad y los valores respetables en lugar de enseñarles la indeclinable grandeza de ser fuertes, generosos y honorables al margen de la religión y la política. Antes que nada somos humanos, una familia. Y como humanos estamos obligados a la grandeza. Y no nos engañemos, esta grandeza está hecha de grandes principios (honor, generosidad, valor, lealtad, solidaridad…) independientes de la ideología y las creencias que son secundarias, opinables y destinadas a hacernos más pequeños, más despreciables, a alejarnos de nuestra integridad como seres humanos. A alejarnos, incluso, si pretendemos ser religiosos, de los dioses, de cualquier dios.

Lo digo claro y es una de mis creencias fundamentales: Ningún dios respeta ni ha respetado nunca a los fanáticos ni a los mezquinos, a los débiles, los cobardes y los egoístas. Cualquier dios es bondad, amor y compromiso por encima de todo (de lo contrario no es un dios, es un demonio exaltado fraudulentamente a los altares).

Decía Vespasiano, cuando le afeaban implantar un impuesto por el uso de los retretes públicos, que el dinero no tiene olor. Pues bien: el hambre no tiene (o no debe tener) color, religión ni ideología. Ni siquiera especie…si un animal padece hambre el hombre de honor está obligado a alimentarle, si está herido o enfermo, a darle protección y curarle. Cuánto más le incumbe esta obligación con los de su propia especie. Incluso sus enemigos.

Sin embargo, es frecuente encontrarse con esa repugnante mezquindad que induce a considerar la obligación moral como una opción regulable en función de nuestra afinidad ideológica con el que sufre.

Hace años, lo confieso, tuve mucho más que palabras con un tipejo despreciable que en época de crisis económica y pobreza extendidísima defendía (y practicaba) el reparto de comida solo para españoles. Le convencí expeditivamente de su error, modifiqué, bien es cierto que con métodos un tanto cuestionables, su política de reparto (y la de sus amiguitos, lo que no dejó de traerme algunos problemas) y afirmo con la cabeza alta que estoy orgulloso de ello. Pero la gente no cambia.

Hoy mismo, en el transcurso de la mencionada recogida de alimentos para los refugiados de Grecia (de la que yo solo soy un espectador interesado), una señora musulmana antes de decidirse a donar me ha estado preguntando quién recibiría la ayuda. Le preocupaba que no fuese exclusivamente dirigida a musulmanes. Naturalmente, desde el más profundo desprecio, le he mentido y le he dicho que iba destinada solamente para los refugiados de Gaza y del Líbano y así la he convencido no solo de que done sino de que sea generosa (o lo pretenda, ya se verá el alcance de su limosna).

Me revienta que pudiendo estar tan cerca de los dioses muchos de nosotros nos quedemos a la altura indigna de las hienas por puro fanatismo, puro partidismo. Tengo ya una edad y nunca fui un ingenuo, pero sigo amargándome con ciertos comportamientos, con ciertas actitudes. Y lo peor es que cuando hablo nadie me entiende, todos identifican mis críticas con mi pertenencia a otro partido, a otra religión al enemigo… Así de difícil es pregonar la grandeza y el acercamiento a los dioses, a nuestra condición de tales aún en vida, cosa que se logra con la práctica de la Virtud.

En fin…paciencia, y perdonad que me desahogue con vosotros.

© Fernando Busto de la Vega.

SANIDAD Y ENSEÑANZA PÚBLICAS COMO SIGNO DE DECADENCIA POLÍTICA Y SOCIAL.

No mentiré: soy un partidario a ultranza de la enseñanza y la sanidad públicas, pero nunca un fanático en ningún aspecto de la vida y cuando los sistemas fallan soy siempre partidario de ponerlo de manifiesto y reflexionar e invitar a la reflexión.

Y estos días estoy percatándome de la decadencia de ambos sistemas públicos: el de sanidad y el de educación.

En la sanidad pública el propio personal sanitario, singularmente los médicos, colectivo corporativista y no especialmente ético en sus planteamientos de vida, está, y naturalmente generalizo, boicoteando el sistema para hacerlo inoperante y llevar a los enfermos a la sanidad privada donde sus emolumentos son mayores. Paralelamente, contemplamos como las nuevas hornadas reúsan puestos rurales o en la atención primaria por mero afán de enriquecimiento marchando a otros países o requiriendo plazas con mayores ingresos. Se dirá que el afán de enriquecimiento es legítimo, especialmente en una sociedad capitalista como la nuestra y quizá sea cierto…pero entonces a lo mejor deberíamos apear a los médicos del altar de humanitarismo y desinterés que se han autoerigido. Quizá debemos empezar a verlos como simples técnicos avariciosos y de ética dudosa más interesados en su medro personal que en su labor sanitaria…y tratarlos en consecuencia.

Por otro lado, la educación pública se ha convertido en un coto para el adoctrinamiento político de activistas de izquierdas (del mismo modo que la enseñanza privada lo es de los de derechas) y vengo observando que en general cuantos, siendo personal docente la defienden, responden a un simple interés partidista. La gran mayoría son militantes de determinados partidos, determinados sindicatos, determinadas corrientes ideológicas… y no defienden la enseñanza pública sino su nicho de poder y de adoctrinamiento. Tenemos ahí otro problema grave. No solo en lo que se refiere a la enseñanza pública, como hemos visto también en la privada.

Sanidad y educación, sean privadas o públicas, demuestran la decadencia como sociedad y como pueblo que padecemos. La falta de ética y responsabilidad social y nacional de profesionales evidentemente mal formados e indeseables y nos marca la ineludible necesidad del cambio. Un cambio que debe ser inmediato, inminente y radical, sin piedad para los inmorales y los que se han definido por sus actos como enemigos del pueblo y de la nación.

Lamentablemente, sé que predico en el vacío. Nada nos va a librar de la ruina. Las sociedades en decadencia como la nuestra jamás reaccionan, simplemente se pudren. Nos estamos pudriendo y nada cambiará. Lástima.

© Fernando Busto de la Vega.

SHEINBAUM, AMLO: APOLOGÍA DEL CANIBALISMO

ESCENA DE UNO DE LOS SACRIFICIOS HUMANOS SEGUIDOS DE CANIBALISMO QUE HABITUALMENTE PRACTICABAN LOS AZTECAS Y QUE SHEINBAUM Y AMLO REIVINDICAN CRITICANDO LA OBRA LIBERADORA Y CIVILIZADORA DE ESPAÑA EN AMÉRICA.

El ridículo e impostado (siempre está al servicio de imperialismos extranjeros y en contra de su propio pueblo) nacionalismo y racismo antiespañol que alienta en las ilegitimas repúblicas de Hispanoamérica ha tenido dos grandes etapas de servilismo externo y traición. La primera, que abarcó todo el siglo XIX y hasta mediados del XX, en que sirvió a los intereses imperialistas anglosajones (de Londres primero, de Washington después); la segunda, todavía en curso, en la que sirven al maoísmo y las aspiraciones imperialistas de la China comunista.

Estos «americanistas», «indigenistas» y «nacionalistas» de pacotilla y tres al cuarto (mirando a México tenemos ahora a AMLO, un tipo obviamente español por sus cuatro costados, un criollo sin mezcla, y a Sheinbaum una judía de ascendencia askenazi, ni siquiera sefardí, es decir: sin ninguna relación con España ni con América en los cuatro siglos de presencia española allí, una advenediza, una extranjera en la hispanosfera, como representantes de esas corrientes) suelen ser gentecilla estúpida y ridícula que para justificar su poder y la penetración de los imperios a los que sirven (en este caso: China) mienten y se inventan la historia.

Reflexionemos brevemente sobre México. El mero hecho de que cuatrocientos españoles pudieran sojuzgar al imperio azteca ya hablaría de por sí mal de este último. ¡Un imperio sojuzgado por medio millar de hombres!…mal imperio y pésimo estado sería. Pero resulta que los cuatrocientos españoles que conquistaron Tenochtitlán iban acompañados de trescientos mil tlaxcaltecas hartos de la tiranía azteca. Y si esos cuatrocientos españoles pudieron quedarse en Nueva España fue, evidentemente, porque quisieron no solo los trescientos mil tlaxcaltecas sino los millones y millones de indígenas que habitaban el territorio y que encontraron una mejora obvia en la administración española.

Cuando la impresentable judía lituana que es Sheinbaum y el criollo estúpido y resentido que es López Obrador reivindican a los aztecas, están reivindicando los sacrificios humanos sistemáticos y la práctica del canibalismo. Cuando critican a España están criticando a la potencia que liberó a los restantes pueblos indígenas de la tiranía azteca, que fundó hospitales, universidades, ciudades, que introdujo a América en la civilización…

Obviamente alguien en la propia América española debería empezar a callar las bocas de estos impresentables al servicio del maoísmo.

Y, por cierto: es América la que debe pedir perdón a España por su traición y darle las gracias por haber recibido de ella la liberación de los pueblos de los imperios y tribus rapaces que las devastaban y la civilización. Honremos la PAX HISPÁNICA (y el progreso a ella asociado)… Porque… ¿Dónde han ido las ilegítimas republicas de la América española desde su independencia?…En España vivían mejor, ahora son tercer mundo.

© Fernando Busto de la Vega