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INSOMNIO Y LITERATURA

Cuantos me conocen saben de sobra lo poco que duermo. Apenas dos o tres horas al día. Saben también cuanto beneficio le he sacado a lo largo de mi vida a esta particularidad fisiológica que se remonta acaso hasta mi primera adolescencia si no antes. Gran parte de cuanto sé lo he aprendido en esas largas vigilias, leyendo o paseando las noches y las madrugadas…no siempre urbanas. Montes y bosques también ofrecen enseñanzas profundas en la inquietante inmensidad de las tinieblas. Mi naturaleza noctívaga no solo me ha constituido, también me ha formado y me ha conformado como un ser creativo. Prácticamente cuanto he escrito o compuesto lo he hecho en horas que otros hubieran dedicado a dormir.

Pero, en ocasiones, las musas que visitan al escritor en la madrugada adquieren la condición de calientapollas inconstantes y efímeras. Así me ha sucedido hoy, esta madrugada. De pronto, interrumpiendo mis lecturas a eso de las tres de la madrugada (sí, era sábado, pero estaba en casa y solo a esa hora), un rayo ha hendido mi mente con el inicio de una novela que no escribiré. No obstante lo he transcrito al papel…resultaba intrigante, inquietante y un tanto inconexo. La novela a la que diera lugar sería siniestra, misteriosa y hasta filosóficamente seductora. Pero no me apetece acometerla, tampoco desperdiciar ese primer párrafo, de modo que, para romper el largo silencio de las últimas semanas, lo ofreceré en estas páginas a quienes quieran leerlo. También a quienes quieran continuar la inacabada novela, con una sola condición: que adviertan a sus lectores de las circunstancias y autoría de este primer párrafo, que dice así: « Háblale a la nada y algo te escuchará. Señala en la oscuridad y aparecerá una sombra, difusa al principio, luego cada vez más espesa y real. Pronuncia un nombre y bautizarás una realidad. Sonríele al abismo y este te devolverá la sonrisa. Ama y serás amado…quizá no por los dioses, quizá con un amor que te helará la sangre y por algún ser dispuesto a devorar tu alma…»

Y ahí queda este esbozo de novela para quien lo quiera y con las condiciones establecidas.

© Fernando Busto de la Vega.

EL FIN DE LAS AMAZONAS

La última noticia que se tiene de mujeres escitas guerreras en la antigüedad proviene de la batalla de Naisso (269 de nuestra era) en la que el emperador Claudio II aplastó la enorme invasión encabezada por el rey godo Cniva en la que participaron, además de godos, hérulos, bastarnos, gépidos, sármatas y otros muchos grupos del norte del Danubio y de las estepas pónticas.

Al ser derrotados los godos, entre los muchos prisioneros capturados, se apresó a una guardia de jóvenes guerreras femeninas que defendían un carro sagrado tirado por ciervos que transportaba la imagen de una diosa que los romanos identificaron con Artemisa. Literalmente, las últimas amazonas de la estepa póntica. Las últimas de la Historia.

Ciertamente, entre los escitas y los sármatas, mientras perduró el auge de la caballería ligera, podían encontrarse mujeres entre sus tropas. Estas se componían de arqueros a caballo muy ligeramente armados y resultaba casi natural que para aumentar su número y su capacidad de dispersión, fundamental a la hora de sobrepasar en movilidad a los ejércitos de infantería de los grandes estados que asaltaban, se incorporaran a ellas jóvenes de ambos sexos dando origen al mito de las amazonas, de mujeres combatientes especializadas en el arco.

Las cosas empezaron a complicarse para las amazonas cuando los asirios del Imperio Nuevo comenzaron a usar caballería pesada para combatir a los sármatas y a los escitas. Apareció así, en torno al siglo VIII a. d. C., mientras en Grecia surgía la infantería pesada de los hoplitas, la caballería pesada de lo que llegarían a ser los catafractarios.

CATAFRACTO PERSA

Estas nuevas unidades, que protegían a jinete y caballo con armaduras metálicas de las flechas de la caballería ligera, alcanzaron pronto una gran relevancia militar. Los escitas y los sármatas, así como sus vecinos germánicos, no tardaron en verse obligados a abandonar sus primitivas tácticas de caballería ligera viéndose forzados a recubrirse ellos mismos y sus monturas de pesadas armaduras. De este modo, el modelo de los catafractarios se extendió a las estepas, como luego lo haría a Roma y Bizancio. La nueva modalidad, que exigía una gran fuerza física del guerrero, apartó definitivamente a las mujeres del combate salvo en casos de continuidad ritual como las capturadas en Naisso y que después de rendirse sin luchar y perdiendo el carro sagrado que debían defender ya no pudieron continuar con su culto ni con su cofradía desapareciendo innoblemente de la historia.

Como curiosidad hay que decir que en fecha tan tardía como el siglo VI de nuestra era, los godos se burlaban de los gépidos por su lentitud en la marcha. Se debía a que los primeros continuaban utilizando las tácticas de caballería ligera de los antiguos escitas mientras los segundos habían optado por el modelo de la caballería pesada. En cualquier caso, para entonces ambos pueblos habían entrado en la órbita militar romana y conformaban en la práctica unidades militares apoyadas por infantería regular que podían utilizarse según las conveniencias. De hecho, los gépidos y los hunos que participaron a las órdenes romanas en la conquista del reino vándalo en África en el siglo VI eran en su mayor parte caballería ligera, mientras que los visigodos del siglo VII solían enfrentarse a los francos como caballería pesada.

Sea como fuere, advertiré al lector que mi recuerdo favorito de las lejanas amazonas no data de la época clásica sino de la cultura pop anglosajona (mira tú por dónde y quién lo diría). He de confesarlo: desde pequeño soy fan de Red Sonja.

UNA INTERPRETACIÓN MODERNA DE RED SONJA. CONOCIDA ES LA DEBILIDAD DEL AUTOR POR LAS PELIRROJAS Y SUS AMIGOS CONOCEN A ESE RESPECTO ALGUNAS HISTORIETAS.

© Fernando Busto de la Vega.

TOCQUEVILLE Y EL TOTALITARISMO DEMOCRÁTICO (ES DECIR: LIBERAL)

Releer a Alexis de Tocqueville (1805-1859) en los tiempos que corren tiene su interés y su miga. Especialmente si nos ocupamos de La Democracia En América (1835-1840) y, con mayor detenimiento, en su cuarta y última parte que anda ahora desgajada como volumen independiente con el título El Despotismo Democrático (Página Indómita, 2023).

Explica Tocqueville en la obra citada el modo en que el dogma de la igualdad y la búsqueda de la libertad individual acaba poniendo todo el poder en el Estado que, asumiendo funciones previamente delimitadas al ámbito privado o social y desarrollando otras con afán de servicio o protección (las llamadas políticas sociales son un buen ejemplo moderno y podemos observar in situ cómo su desarrollo corre parejo con una acentuación del totalitarismo estatal y la consiguiente pérdida de libertad e intimidad del ciudadano, especialmente aquel que por su posición económica o personal cae en manos de los funcionarios y los procedimientos estatales establecidos), acaba concentrando el poder y erigiéndose en un ente con vocación absolutista y, lo que es peor y sabemos desde el siglo XX: totalitaria.

Tocqueville casi llega a adivinar el devenir del totalitarismo del siglo XX que, tanto en el campo izquierdista como en el derechista surge, precisamente, de esa asunción del control y poder por parte del Estado moderno.

Lo que ni Tocqueville ni el mismísimo Marx llegaron a imaginar, vivieron en tiempos en los que el Estado centralista burgués (el Estado burgués capitalista es siempre centralista, aunque asuma formas federalistas) era demasiado rudimentario, es el modo en que el Estado se vacía rápidamente de contenido convirtiéndose, desde el liberalismo burgués, desde eso mal llamado «democracia» que nos venden como panacea occidental, en un coto cerrado de la oligarquía dominante. El Estado, con el liberalismo burgués, acaba dejando de ser res pública, el asunto público de todos los ciudadanos, para convertirse en el medio de legitimización y dominio de un solo grupo, al que a veces (y a eso juegan los grupúsculos «progresistas», «wokes» y similares) se puede obligar al pactismo y a la cesión de parcelas de poder bien regadas de dinero público.

La llamada democracia liberal acaba siendo, lo es ya en todos los países de occidente, un cascarón vacío, una máscara que esconde el totalitarismo de unos pocos (cada vez menos y más poderosos) y la desposesión de sus derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos reconvertidos en consumidores y productores, es decir: en esclavos.

Puesto que se necesita la ceguera de los dominados para ejercer la dominación, el Estado, usando todos los medios a su alcance, desde la televisión y la educación a la publicidad que regula adecuadamente para transmitir sus mensajes ideológicos, adquiere como principales funciones la propaganda y la represión cuando aquella falla y el descontento induce a la protesta, para justificarse y dar la impresión de utilidad y servicio al ciudadano. Pero no lo olvidemos: precisamente esa «utilidad» y ese «servicio» es lo que propicia y justifica la centralización del poder estatal y su acaparamiento cada vez de mayor poder hasta alcanzar un sentido absolutista, despótico y autoritario que se pone al servicio no de los ciudadanos sino de un grupo privilegiado auxiliado por una pequeña galaxia de grupúsculos parasitarios.

La democracia liberal capitalista es un peligro para la libertad y desarrollo de la sociedad en cuanto individuos interrelacionados, la socialdemocracia progresista uno de los más peligrosos y temibles caballos de Troya del totalitarismo.

Sé que el ciudadano europeo, especialmente el adocenado español moderno, tendrá grandes dificultades para comprender lo que digo y me cancelará de su mente tachándome como ultraderechista, facha o algo similar. Es lo esperable: el totalitarismo liberal hace bien su trabajo de adoctrinamiento.

Hay que dejar de creer en los dogmas insuflados desde el poder para recuperar la libertad. Os animo a ello.

© Fernando Busto de la Vega.

TRES NOVELAS A CONOCER

No es mala cosa ir recuperando novelas interesantes hoy olvidadas. Hemos de seguir ampliando y cambiando nuestra perspectiva, profundamente manipulada y equivocada por sesgos comerciales y políticos, sobre la literatura del siglo XX. Es necesario hacerlo para recomenzar el XXI desde una plataforma más acertada y más en línea con el futuro político, social y cultural al que debemos aspirar y que no tiene nada que ver con el adocenamiento posmodernista que nos ha ido vendiendo la industria editorial y cultural de nuestro país desde al menos los años cincuenta.

Pero que nadie se equivoque, este replanteamiento del legado literario del siglo XX en modo alguno debe venir marcado por un cariz partidista, sino todo lo contrario. Por ese motivo quiero comenzar esta revisión con tres novelas escritas por dos autores más conocidos por sus actos políticos que por su tarea literaria, escritores que no son tenidos por tales, y, además, de tendencias completamente opuestas.

En primer lugar quiero referirme a Fermín Galán (1899-1930), el joven capitán que dirigió la sublevación militar de Jaca en 1930 siendo posteriormente fusilado por la dictadura no ya del general Primo de Rivera sino del general Berenguer. Posteriormente la propaganda de la II República le convertiría en un héroe y hasta Rafael Alberti le escribiría una obra de teatro estrenada en el Teatro Español de Madrid el 1 de junio de 1931.

Pero lo que muchos olvidan es que el joven capitán, a la postre un aspirante a espadón más en la tradición del pronunciamiento decimonónico, ya implicado en el intento de golpe de Estado del 24 de junio de 1926, fue legionario. Uno de los primeros oficiales adscrito a la nueva unidad bajo el mando de Millán Astray y Franco resultando gravemente herido en una emboscada en el aduar de Xeruta durante la cual se llegó al combate cuerpo a cuerpo allá por 1924.

Galán fue un oficial valiente y gallardo, lo que le hace digno de haber pertenecido al glorioso Ejército español y le confiere el derecho a ser recordado junto con otros héroes del mismo. Es un legado de honor para España que debe reivindicarse más allá del sectarismo político.

FERMÍN GALÁN (1899-1930) HÉROE MILITAR ESPAÑOL, CONSPIRADOR Y GOLPISTA REPUBLICANO Y ESCRITOR A REDESCUBRIR.

Precisamente de sus recuerdos como legionario surgió una efectiva e interesante novela, la única que llegó a escribir en su corta vida, que merece la pena redescubrir en nuestros días. Se titula LA BARBARIE ORGANIZADA y, a la par que una excelente obra, viene a constituirse en un sugestivo contrapunto a otra obra que debemos desempolvar y rescatar del olvido: DIARIO DE UNA BANDERA del entonces comandante Francisco Franco, escritor también en sus horas libres.

Es bueno, creedme, leer ambos libros y hacerlo con el espíritu abierto. Aprenderéis mucho y comprenderéis mejor vuestra historia.

En segundo lugar os recomiendo recuperar también la figura de Jaime de Foxá (1913-1975), hermano del más conocido Agustín de Foxá, conde, ingeniero de montes, falangista y procurador en las Cortes franquistas, gobernador civil de Toledo, presidente de la Real Federación de Caza…un facha en toda regla, vaya…pero también impulsor del ICONA y protector de la carrera de Félix Rodríguez de la Fuente, para quien creó el Centro de Cetrería de Burgos en 1954 y a quien abrió las puertas de RTVE originando lo que sería a la postre la imperecedera serie EL HOMBRE Y LA TIERRA.

JAIME DE FOXÁ, FALANGISTA, PRESIDENTE DE LA REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CAZA, PROCURADOR EN LAS CORTES FRANQUISTAS Y UNO DE LOS PRIMEROS ESCRITORES ECOLOGISTAS DE ESPAÑA.

Jaime de Foxá es autor de dos de las primeras novelas de espíritu ecologista en España y que recomiendo vivamente a quienes quieran replantearse su visión del pasado cultural y literario de la España del siglo XX poniendo en cuestión los dogmas impuestos por la gauche divine de Barcelona y que hemos aceptado estúpida e indebidamente como verdades indiscutibles.

Estas novelas se titulan: MAREA VERDE (1951) una obra distópica que se decanta por el conservacionismo y las preocupaciones ecológicas, y SOLITARIO (1960) que narra en primera persona las andanzas de un jabalí por los montes españoles.

Son dos simples pinceladas de una tarea ardua: recalibrar nuestro legado literario más allá de los dogmas impuestos por los «intelectuales» de izquierda burguesa e influencia comunista y antiespañola nucleados en torno a la industria editorial catalana que seguimos comprando como indiscutibles, pero que deben ser discutidos, socavados y arrumbados al olvido.

© Fernando Busto de la Vega.

TIRSO DE MOLINA Y LA INFIDELIDAD EMOCIONAL EN EL SIGLO DE ORO.

Es muy posible que durante demasiado tiempo haya menospreciado a Tirso de Molina, no a su obra, claro está, sino al individuo, al personaje. Obnubilado con el tipo de escritor-militar-amante como Cervantes, Garcilaso o el propio Lope de Vega desdeñé indebidamente al frailecillo sin aparente historia ni heroísmo. Recientes lecturas y conversaciones me han hecho cambiar de opinión. Resulta que, a la chita callando, el mercedario debía tener más conchas que un galápago (condición, por otra parte, necesaria para un buen escritor).

Para empezar, hay que tener en cuenta que Tirso se la jugó para ser autor dramático y que sufrió persecuciones y sinsabores por su empeño en seguir escribiendo. En 1614 hubo de marchar prudentemente a un convento de Aragón (Estercuel) para poner una frontera jurisdiccional entre él y sus perseguidores castellanos. Desde allí marchó a Santo Domingo para convertirse en profesor de su universidad y mantenerse fuera del foco de sus censores. En 1625 hubo de comparecer ante una de las juntas de reforma de costumbres impulsadas por el Conde-Duque de Olivares y acabó desterrado en Sevilla (donde acaso recibió inspiración para escribir El Burlador de Sevilla)…

Pero, lo interesante de Tirso, y más en estos tiempos que corren, es su inclinación por los personajes femeninos a los que construye fuertes, independientes y enredadores. Se nota que el buen fraile conocía bien a las mujeres y las apreciaba en su justa medida, en todo lo que tienen de santas y de hadas y en todo lo que tienen de duendes y hasta demonios. Ello, sin duda, surgió de sus charlas de confesionario. Cuantas mujeres le confesarían sus pecados, sus cuitas, sus argucias, sus inquietudes, con cuantas llegaría a tener una verdadera y profunda vinculación emocional, pero no necesariamente sexual. Pensemos aquí en La Regenta de Clarín y la relación entre la protagonista y el magistral de la catedral…

En la actualidad, época dedicada a definir y nombrar hasta los más nimios azares de las relaciones interpersonales y convencida de haberlos inventado todos, se utiliza mucho el término «infidelidad emocional» para definir esa situación en la que una mujer entrega su intimidad, su corazón y sus necesidades espirituales y sentimentales a alguien que no es su pareja oficial, pero sin entregarle su cuerpo, lo que en el siglo XVIII se denominaba un chichisbeo.

En la infidelidad emocional, cuya simple enunciación arrastra ya un tufillo del galopante puritanismo actual siempre disfrazado de progresismo y feminismo, la mujer habla a menudo con «el otro», le cuenta sus secretos, sus sentimientos, busca su apoyo…también podemos definir al «otro» como un triste pagafantas o pseudoamigo gay que traga con la mierda para que, al cabo, se la folle otro (el marido o un amante transitorio y cutre, pero listo y afortunado)…

Sea como fuere, cabe preguntarse cuantas vinculaciones de este tipo generaría a lo largo de su vida Tirso de Molina en el confesionario y hasta qué punto influirían en la construcción de sus personajes femeninos…buen tema, aunque difícil de estudiar. Quizá mediante la ouija y con una buena conexión mediúmnica…

© Fernando Busto de la Vega