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EL INTESTINO DE LAS MUJERES

Tuve el año pasado una novia afectada por graves problemas de diarreas que me narraba a tiempo real (en ocasiones en plena acción, por teléfono y mientras obraba) con todo lujo de detalles lo que, como bien comprenderá el lector, acabó agostando rápidamente todo romanticismo y cualquier atisbo de pasión.

En este final de verano tengo dos amigas con una afección totalmente contraria: no cagan. Viven estreñidas y este es el problema mayor de sus vidas. Centra todas sus conversaciones, coloniza las que mantienen con terceras personas (entre las cuales desgraciadamente me cuento) y constituye el principal objeto de sus desvelos. Siempre andan intercambiándose laxantes y comentando sus efectos y eficacia. Yo empecé a caerles mal cuando les informé de que el sen es adictivo y con el uso potencia el estreñimiento para aumentar el consumo. No les gustó esa realidad…tampoco que les regalara varios kilos de kiwis e higos en un acto de desinteresada solidaridad (aunque, en realidad, buscaba atajar su obsesión y su constante hablar de su estreñimiento en mi presencia).

Puedo decir, por lo tanto, que ya no son mis amigas: solo conocidas recelosas y enfadadas (aunque quizá fruncen el ceño no por la animadversión que experimentan hacia mí sino por su persistente obstrucción intestinal. Ni lo sé, ni quiero saberlo).

Sea como fuere, y a lo mejor es cosa de la edad y del descreimiento de la madurez, estoy empezando a pensar que el órgano más importante de las hembras de la especie no es el corazón como creía en mis delirios románticos de adolescencia, ni la cabeza que alberga su complicada psique como acaso creí más adelante. Ni siquiera, y permítaseme el casticismo soez tomado literalmente de la conversación que cito, el coño, como aseveraba la amiga lesbiana, ultrafeminista y golosa de otra novia que tuve y a la que le ponía laboriosa y empeñadamente los puntos (y ojitos lánguidos incluso en mi presencia). No, y desde el año pasado, estoy convencido de que el órgano fundamental de las mujeres, sobre todo a partir de los cuarenta, es el intestino. Su compleja relación con lo que sale o no sale de su cuerpo, cuanto tarda en transitarlas y en qué condiciones lo hace viene a definirlas en cuanto sujetos.

¿La conclusión? Prefiero no exponerla aquí. Bastante ira y broncas de las cercanas deberé soportar con lo ya escrito.

En cuanto al órgano más importante del hombre, aquel que lo define, lo dejo para otra ocasión. Ya que las chicas van a pretender darme de collejas, al menos que me queden los amigotes para el otoño.

© Fernando Busto de la Vega.

UN MUNDO MEJOR

«Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé…» No lo digo yo: es la letra del tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo, popularizado por Carlos Gardel y compuesto en 1934 (para ser prohibido por la dictadura militar del momento en 1943), pero ya entonces no descubría nada nuevo. Que el mundo fue y será una porquería lo sabían ya los sumerios y tampoco les suponía entonces, hace unos cinco mil quinientos años, ninguna novedad.

De ahí que todos llevemos en el ADN la idea de un mundo mejor, de mejorar la realidad. Y ahí radica uno de los graves problemas de la Humanidad.

Querer mejorar el mundo es un deseo loable. Sin embargo, como enseña la sabiduría popular, el infierno está repleto de buenas intenciones.

Nunca he conocido a nadie que quisiera «cambiar el mundo», «conseguir un mundo mejor» que no fuera un tirano en potencia. Todas nuestras utopías ( y recomiendo aquí, in itinere, leer el libro de Tomás Moro) pasan por imponer nuestras creencias, incluso por la fuerza, a los demás y se coronan con una posición de poder omnímodo del salvador de turno. Eso sin contar a los estafadores cuya ambición utópica pasa por usar sexual, laboral y económicamente a sus seguidores sin pretensión real alguna de cambiar nada, salvo su posición de poder y abuso y su cuenta corriente (a ser posible en un paraíso fiscal). Y en este rubro cabe encuadrar a todas las religiones (incluyendo todas las ramas cristianas, budistas e islámicas).

En cualquier caso, el resultado distópico de una pretensión de utopía ya ha sido objeto de muchas reflexiones filosóficas y literarias con Aldous Huxley y su Mundo Feliz (Brave New World, 1932) a la cabeza, no es preciso abundar en ello.

Quizá ese afán utópico no es otra cosa que un subproducto de la ignorancia e inadaptación de la adolescencia correspondiendo el realismo desencantado a la resignación de la edad adulta y anticipo inequívoco de la vejez. Importa poco. Volviendo a Cambalache: «siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé(…) vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos» y no parece que vaya a cambiar la cosa.

Y lo peor de todo es que ni sueño con un salvador ni lo deseo. ¿Salvadores? No, gracias. Los salvadores lo empeoran todo.

¿Renunciamos entonces a mejorar el mundo?…¡Ni por asomo!…Hay que hacerlo, precisamos una revolución. ¿Una revolución sin salvadores, sin utopías?…¡Qué difícil es el equilibrio entre el ansia de mejora y justicia y el sentido común!…He aquí un profundo objeto de meditación filosófica. Quizá dentro de algunos años (si encuentro una solución factible) escriba un libro al respecto. Un libro que nadie leerá.

En fin…aun quedan días de agosto para vaguear y no pensar en nada.

¡Mierda! y por alguna razón desconocida llegados a este punto me asalta el recuerdo de Karina (¿por qué conozco estas canciones?): « Al fin del camino en ti llevarás la fe y la ilusión de vivir, tus sueños siempre se harán realidad en un mundo nuevo y feliz, en un mundo nuevo y feliz, EN UN MUNDO NUEVO Y FELIZ, EN UN MUNDO NUEVO Y FELIZ…

© Fernando Busto de la Vega.

NUESTRA NATURALEZA SIMIESCA

DISFRUTEMOS Y GOCEMOS CONTEMPLANDO LA CARA DE NUESTRO LÍDER

Leí hace algunos años uno de esos estudios etológicos que en un mal día pueden exacerbar tu ironía malvada y en uno bueno conducirte a reflexiones más o menos serias y profundas. Consistía en un experimento para averiguar qué era lo que más le gustaba contemplar a ciertas especies de monos con la finalidad última de extrapolar los resultados a la sociedad humana compuesta, como sabemos (y aunque nos pese) por primates evolucionados, pero primates al fin.

Pues bien, y no resultó una gran sorpresa, lo segundo que más les gustaba contemplar a los monos (y llamo la atención sobre el divertido sesgo del estudio) era la entrepierna de sus hembras (no encontré rastro, igual me aburrí pronto y dejé el ensayo a un lado antes de tiempo perdiéndome esa parte del estudio, de las preferencias de las monas ¿su segundo objeto de contemplación favorito serán los órganos reproductivos de sus machos? La duda me corroe, aunque no tanto como para inducirme a la investigación de campo). En eso los machos de la especie humana, y ahí están Only Fans, y en sus tiempos Playboy, Penthouse y otras revistas similares, para demostrarlo, no nos diferenciamos demasiado de los primates del estudio. Sé que a muchas puritanas feministas y activistas del mariconismo (generalmente feas, histéricas y traumatizadas) les horrorizará esta verdad, pero solo cabe decirles una cosa: bienvenidas a la vida real, chicas y chiques. Podéis tratar de colonizarla y manipularla para adaptarla a vuestras mentes enfermizas, pero la Naturaleza se abre siempre paso y pronto os apartará del camino principal de la evolución (y entonces pagaréis vuestros excesos).

Pero lo verdaderamente preocupante y desazonador de este estudio no era que los primates machos sintiesen atracción sexual por las hembras de su especie (¡caiga sobre ellos el anatema progre!) sino el primer y más deseado objeto de su contemplación: ¡Las caras de sus líderes!

En efecto: a un primate, más que la anatomía íntima y eróticamente caracterizada de sus hembras, lo que más le encocora y empepina, lo que más le satisface, es contemplar la cara de su jefe…la adhesión acrítica y cerril a su facción. Eso lo explica todo, desde la política desquiciada que padecemos al fútbol…

Yo, como no reconozco ningún líder ni deseo pertenecer a ninguna facción, he de limitarme al porno. Tengo que volver sobre el estudio citado a ver cuales eran la tercera, cuarta y quinta cosas que más complacía ver a los primates del experimento. Por aquello de salir del círculo vicioso…

AUNQUE NADIE ME LO HAYA PREGUNTADO, QUIERO AÑADIR ESTA INFORMACIÓN FUNDAMENTAL A LA ENTRADA: YO SIEMPRE FUI MÁS DE PENTHOUSE QUE DE PLAYBOY. EN SU MOMENTO ESTE TIPO DE PREFERENCIAS MARCABAN UNA DIVISORIA ENTRE HOMBRES SIMILAR A LA DICOTOMÍA MADRID-BARÇA. AHORA YA LO HEMOS SUPERADO CON LA NUEVA CENSURA DEL PURITANISMO PROGRE-FEMINISTA.

© Fernando Busto de la Vega.

ADVERSUS NARCISISTAS

No lo negaré: resulta divertido manipular al manipulador, defenderse del narcisista con tácticas de guerrilla psicológica. Otorgarle un periodo de gracia durante el cual se crea vencedor y, en realidad, esté siendo derrotado. Al menos, neutralizado.

De pronto, después de meses de silencio y de que no hayas hecho el más mínimo esfuerzo por ponerte en contacto con ella (en este caso hablamos de una narcisista, hembra), cuando te necesita, la individua se pone en contacto contigo, por teléfono. Es una llamada secreta, la hace en un momento en que sabe que estarás solo para que no existan testigos si fracasa y menos aún si tiene éxito. Se muestra cordial, deseosa de tu amistad, incluso insinuante (utiliza todas las armas a su disposición) naturalmente, te toma por imbécil y piensa que no eres capaz de comprender lo que está sucediendo. Ni siquiera tiene la inteligencia (tanto te subestima) de colegir que dispones de información sobre ella, que sabes que ha llamado a otras personas para intentar conseguir lo mismo que quiere de ti, que anda reptando por las sentinas para obtener torticeramente lo que legítimamente se le niega.

En ese punto, lo cómodo y seguramente lo inteligente, es colgar. Con amabilidad, pero colgar y mantener las distancias.

Sin embargo, resulta tan tentador trasquilar a quien entra a por uvas…

Nada hay más detestable que la hipocresía, el egoísmo, que traten de utilizarte y manipularte…y, para mí, que me tomen por idiota. Podría haberlo ignorado todo, pero que me insulten suponiendo que se me puede engañar y manipular… que utilice un anzuelo erótico-sentimental pensando que de ese modo me cegará y caeré…

Aquella llamada significó la guerra.

Y lo repito: es divertido manipular y desorientar al (en este caso la) narcisista manipulador. Quebrar cada dos días el orden lógico de las cosas para que se vuelva loca y no sepa donde se encuentra. Para que su plan se venga abajo, quede demolido en el estupor y la confusión.

Por supuesto, este es un juego breve y de suma cero. Debe acabar donde empezó: en la separación radical y, para ello, no hay mejor estrategia que provocar al enemigo hasta que él mismo (ella en este caso) corte los puentes imposibilitándose el regreso.

De este modo se acaba con el problema rápidamente y de un modo definitivo. Y, además, uno se divierte.

© Fernando Busto de la Vega.

AMOR ALADO

La naturaleza es impúdica, especialmente en verano. Todo el mundo anda enfrascado en los asuntos de la procreación y el pudor es solo cosa de humanos (y ni siquiera de todos).

De modo que uno anda por ahí, de terraza en terraza, de parque en parque, y no para de encontrarse a todas horas con el llamado milagro de la vida en pleno desarrollo. Desde el arrullo apremiante de las palomas a los desvaríos públicos de algunos humanos pasando por todo tipo de paradas nupciales de innumerables especies de mamíferos, aves e insectos.

Y uno acaba dándose cuenta de lo aburridas y poco espectaculares que resultan las cópulas humanas en relación con las de otros animales. Especialmente los insectos.

Ahí están las mariposas, y hablo exactamente de la especie Lasiommata Megera, con sus espectaculares vuelos en espiral desde el suelo hasta lo más alto de las copas de los árboles, culminando su coreografía con el ayuntamiento y la separación para retomar la danza de nuevo desde el suelo, o los mosquitos volando en plena cópula, el uno cabeza abajo, el otro cabeza arriba en una oposición bifrontal que asciende y desciende rítmicamente…son apenas dieciséis segundos de sexo salvaje, pero en plena acrobacia. ¿Qué decir de las libélulas y su afán contorsionista y ese empeño en volar unidas?

Si fuera un individuo sesudo y serio y no estuviéramos en julio, quizá llegaría a conclusiones filosóficas profundas y repletas de consecuencias y conclusiones. Como soy yo, estoy a pique de terraza y sucesión de cañas y abandonado (por no decir perdido en) a la molicie y el vicio, solo se me ocurre decir que la pornografía de la especie humana (esa que quiere tasar y prohibir el puritanismo progre que nos ha caído en desgracia y al que habrá que combatir como se combatió el de sacristía, a fuerza de pecar y vulnerar cada ley insulsa y estúpida que impongan) está sobrevalorada. Quizá me arriesgue y funde una productora especializada en el porno entomológico. A lo mejor mi público no se excitará ni encontrará motivo para la masturbación (aunque hay gente para todo), pero seguro que queda pasmado y asombrado con la espectacularidad del sexo de insectos y demás bichejos.

Sí, anochece, son las diez de la noche y aún queda una pálida luz que hace risueño y dulce el mundo. Quizá de ahí mi ensoñación empresarial…

Estamos a mediados de julio, no seamos demasiado estrictos. Divertíos, fornicad aunque no podáis volar cabeza abajo durante el folleteo (siempre os quedarán la carretilla, el helicóptero e inventos semejantes para hacer gollerías) y ved mucho porno humano antes de que las pacatas castradoras de Igualdad os lo tasen. Hoy por hoy eso de ver porno e irse de putas es un acto contracultural y revolucionario.

Acabaría este artículo con alguna imagen de la cópula humana, pero luego mi amigo y buen seguidor de este blog , el Unga-Unga, me echa la bronca aseverando (lo hizo con el artículo del cameltoe) que no puede leer mis cosas en público. La gente se asoma a su móvil, ve ciertas imágenes…y el pobre se avergüenza…así que nada de gente en bolas y follando. Así, de paso, puede que también evite la cada vez más omnipresente y patética censura de internet y este artículo alcance un posicionamiento aceptable.

© Fernando Busto de la Vega.