Archivo de la etiqueta: educación

ALGUNAS PREGUNTAS A UNA MADRE MODERNA

El siglo XXI, no cabe negarlo ya, es un semillero de tontos. Es más: la estupidez y la estulticia han tomado el timón conduciéndonos hacia una decadencia irremediable. Parece que ya nada va a salvarnos, porque, entre otras cosas, se ha impuesto entre los pocos capaces de llevar la civilización adelante una resignación lánguida y fatalista en lugar de la lógica y necesaria indignación activa. En fin…es lo que hay: nos toca asistir pasivamente al ocaso de Occidente. Y ni siquiera tenemos a un Aecio hacia el que volver los ojos.

Y los síntomas de esta decadencia cuasi terminal están por todas partes. Sin ir más lejos, hoy me ha asaltado uno de ellos (he intentado cruzar de acera, pero me ha sorprendido al volver una esquina y no he tenido ocasión de escapar, me he tenido que tragar la indeseada conversación).

Como decía, al volver una esquina me he topado con una conocida. Una madre en la cuarentena que andaba correteando por ahí medio desnuda (con una braguita nimia que le marcaba claramente su natura femenina y un minúsculo top deportivo) delante de sus dos hijos (a la niña de unos doce años, la llevaba con atuendo similar) y del mundo. Me ha saludado orgullosa y contenta de encontrarme. Le complacía mostrarme su gran labor maternal y su modernidad puritana enseñándome la constancia y disciplina con la que semanalmente sacaba a sus hijos a hacer deporte.

En efecto, parece ser que todos los sábados los saca por la mañana de casa, ataviados con las ropas de deporte menos discretas, más a la moda y más caras, y les hace correr un circuito predeterminado en tiempos concretos. Con esto piensa que los está educando y cumpliendo bien con su labor de madre.

En condiciones normales, por educación, yo hubiera sonreído, asentido, saludado y dicho adiós apresurado, pero como este es un asunto, el de la decadencia occidental, que me corroe, no he podido evitar hacerle algunas preguntas a madre tan moderna.

He eludido toda alusión al recato y el pudor, a lo apetecible que la niña resultaba con el atuendo deportivo minúsculo y ceñido que le había puesto, y me he limitado a preguntarle cuantas veces a la semana los llevaba a una biblioteca.

…Silencio y muecas de extrañeza.

Le he preguntado si les ha enseñado a jugar al ajedrez.

…Misma respuesta.

Le he preguntado también si les está enseñando a conocer y apreciar nuestra cultura y civilización, desde Sócrates u Homero hasta los últimos descubrimientos de la física cuántica pasando por el barroco, el renacimiento o la ópera.

…Aquí ya ha colapsado, los labios se le torcían hacia la derecha y el ojo izquierdo parecía tener un llamativo y cómico tic.

Finalmente, le he preguntado si les estaba enseñando a los niños a respetar lo sagrado y rendir culto a los dioses.

Claro que no.

He sonreído con desdén, le he guiñado el ojo a la hija, que ha sonreído coqueta y prometedora, y he seguido mi camino. Ante mí, en un escenario cotidiano, la decadencia total de Occidente encarnada en una madre moderna (y, por lo tanto, ignorante y estúpida).

© Fernando Busto de la Vega.

ADOLESCENCIA, LEGISLACIÓN E IDEOLOGÍA

No nos engañemos: vivimos en un armazón jurídico ficticio, ineficaz y programático que no está pensado para resolver problemas o mejorar el presente y futuro de la sociedad sino para imponer modelos preconcebidos, pura ideología (e intereses de clase y de dominación capitalista), sobre el mundo. Los legisladores no están al servicio de la sociedad y de la nación, sino de facciones y sectas que aspiran, mediante su articulación como medios de presión y partidos políticos, a imponerse sobre la realidad. Eso sucede tanto entre los llamados progresistas como entre los centristas y conservadores, son la misma mierda en sacos distintos.

Personalmente no comulgo con esas ruedas de molino y aspiro (sé que soy un idealista, un ingenuo) a una acción de gobierno, y por lo tanto legislativa, centrada en la resolución de problemas reales y en la articulación de un futuro mejor partiendo de un análisis maduro, práctico y neutral de la realidad. En hacer de la moderación y la racionalidad la guía básica del rumbo a seguir apartando a las sectas demagógicas empeñadas en imponer su dogma sobre la realidad.

En ese sentido me preocupa especialmente, por lo que representa como proyecto de futuro y de esperanza, la juventud que, de lejos, es donde más se ceban las legislaciones dogmáticas de las diferentes sectas (del neoliberalismo al feminazismo) que padecemos.

Por mi edad conozco a los padres y madres que ahora se las dan de puritanos y de santos y sé lo que hicieron en veranos pretéritos. Cada cierto tiempo surgen estudios y encuestas alarmantes y sesgadas que dicen que los jóvenes de ahora (del ahora de cada instante) se inician en el tabaco, el alcohol, las drogas y el sexo mucho más temprano que antes…y son estudios y encuestas que mienten conscientemente. Las recuerdo desde que empecé a leer periódicos a los siete u ocho años y siempre son las mismas y con las mismas intenciones manipuladoras. La experiencia me indica que son mentira. He visto pasar décadas y las cosas, la evolución de los adolescentes, es siempre más o menos la misma. La naturaleza manda, como tiene que ser.

Por mi profesión, trabajo en institutos de secundaria desde hace años, conozco a los adolescentes actuales y puedo afirmar que no son esencialmente peores ni diferentes a los de épocas pasadas (si menos avispados, porque los crían entre algodones y los hacen memos sus papás y sus mamás, y con muchos más problemas psicológicos porque se ha metido al zorro dentro del gallinero: el acceso de los médicos a las personas siempre genera enfermos, el de pedagogos y psicólogos a los jóvenes siempre engendra problemas psicológicos donde no los hay. Luego, además, están las demenciales ingenierías sociales de los progres-femi-wokes que, a fuerza de dar pábulo a las teorías y deseos de teóricas de mentalidad enfermiza, acaban desquiciando a la chavalería) …y, añado, que, en general, me caen bien y tienen mi respeto.

Desde siempre, pero especialmente desde que el neoliberalismo y el feminismo (dos plagas de nuestro tiempo) adoptaron la Revolución Conservadora para alcanzar el poder social y político y establecer su tiranía, todos aquellos que dicen preocuparse por la educación y moralidad de los jóvenes, pretenden, en realidad, adoctrinarlos para conseguir su sumisión y adhesión acrítica en su vida adulta. De ahí el vaciamiento que bajo ambas ideologías concatenadas se está dando en la enseñanza media de los contenidos humanísticos. Se precisan adultos obedientes y crédulos y eso pasa por privar a los adolescentes de conocimientos y herramientas para forjar un pensamiento crítico. He ahí la verdadera corrupción de menores que se lleva a cabo con todos los parabienes del poder ejecutivo y las artimañas del legislativo y judicial.

Retomando el hilo de lo que pretendía expresar desde el inicio de estas líneas: la legislación debería partir de la realidad monda y lironda y orientarla del mejor modo posible para diseñar una sociedad sana, equilibrada y con individuos libres y lo más felices posible. No se hace así. Como hemos dicho: se parte de un estereotipo previo, una premisa falsa que trata de convertirse en cierta mediante la censura y la propaganda y se legisla para conseguir fines espurios que nada tienen que ver con el interés social ni con el correcto desarrollo de los adolescentes.

Vendarse los ojos y negar la realidad para aplicar un esquema preconcebido a la realidad solo conduce a la disfuncionalidad y la catástrofe y ya hemos dicho que este procedimiento se da desde todos los ámbitos del arco parlamentario (de hecho, los partidos políticos no representan a los ciudadanos sino a grupos de poder minoritarios razón por la cual dichos partidos son nocivos para la democracia y el desarrollo social y solo útiles para el parlamentarismo liberal y, por lo tanto, un mal a erradicar).

Nos guste o no nos guste hay varias realidades que debemos asumir para legislar. La primera es que los adolescentes, como corresponde a su edad, van a experimentar y desafiar las normas establecidas. En consonancia con eso, que el consumo de alcohol y de drogas son consustanciales, no de esta generación, sino también de la de sus padres y la de sus abuelos…no hay nada nuevo bajo el sol. Del mismo modo lo es el sexo, que con más o menos publicidad abarca todas las facetas posibles, incluyendo la intergeneracional por mucho que se prohíba y se persiga. Es así, nos guste o no y tenemos que aceptarlo para legislar y educar adecuadamente.

Ahora debemos decidir: ¿legislamos con sentido común, perspectiva amplia y neutralidad para acabar consiguiendo una sociedad libre, sana y equilibrada o nos mantenemos en el dogmatismo histérico para imponer esquemas preconcebidos que jamás encajarán con la realidad engendrando una sociedad hipócrita, enfermiza y disfuncional como estamos haciendo ahora?

© Fernando Busto de la Vega.