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¿QUIÉN SE ACORDARÁ DE ALMODÓVAR DENTRO DE VEINTE AÑOS?

Si existe un ejemplo de triunfo coyuntural en el cine español es, sin duda, el de Pedro Almodóvar. Sin el apoyo gubernamental del felipismo a partir de 1982 dentro de su política propagandística que unió la idea de contraste acentuado con el franquismo y avance hacia la posmodernidad como filosofía superficial, materialista y desideologizada (es un decir: era ultraliberalismo puro) y el progresismo entendido como auge de la militancia identitaria y de género propiciado por los homosexuales de clase alta que después de 1975 asaltaron el poder cultural y mediático disfrazados de «modernos» en contraste con sus pares heteros, probablemente no hubiera logrado hacer más allá de un par de películas que, como la primera, no hubieran interesado a casi nadie.

El felipismo, con Pilar Miró a la cabeza como directora general de Cinematografía (puesto desde el que se encargó de desmantelar la parca industria cinematográfica nacional para someter al cine a la subvención y por ende la supervisión, el dirigismo y la censura) impulsó dos corrientes básicas de cine propagandístico con piel de cordero. Por un lado, la llamada Comedia Madrileña, en la que la burguesía acomodada y acomodaticia sustituía como protagonista a la clase obrera representada, y crítica, en las denostadas películas de Pajares y Esteso, por poner un ejemplo (y que que deben ser revisitadas al menos desde dos puntos de vista: la pureza del lenguaje y la crítica social y política ambas desaparecidas en el nuevo género impulsado desde el ministerio de Cultura), destinada al consumo interno y a difundir la ideología ultraliberal afín a la cultura del pelotazo que tanta corrupción engendró en apenas una década acabando por propiciar la quiebra del propio partido en el poder así como permitiendo la emergencia de personajes como Jesús Gil y otros de su calaña, y, de cara a la propaganda exterior, los engendros de Almodóvar, que se vendían bien en la anglosfera donde la intelectualidad llevaba décadas, controlada de cerca por la CIA, abandonando el barco de la lucha de clases para embarcarse en lo queer y el feminismo como fachada «progre» para el puritanismo de siempre. En ese marco, Almodóvar resultaba el producto perfecto para ser difundido y reverenciado en los círculos elitistas de la intelligentsia anglosajona y catapultado, por lo tanto, al éxito.

De ahí que su carrera se opacase con la caída del felipismo atravesando una larga transformación desde las películas propias de un mariquita gamberro e irreverente financiado por un gobierno que pretendía transmitir una imagen de país con esas características a las de una señora mayor aficionada a los culebrones y que se relanzara, curiosamente, con la llegada al poder de Zapatero, otro caudillo «progre» del PSOE.

No debe extrañarnos que Almodóvar sea un fanático del PSOE y su agenda «cultural» al margen de la cual no existiría.

Pero el PSOE, y el régimen, difícilmente sobrevivirán a Pedro Sánchez (quizá alguna década, pero poco más) y la función propagandística del cine de Almodóvar se hundirá con el partido y el régimen. Entonces, librado al mercado puro y duro y a la realidad, se producirá su olvido (ni siquiera su repudio).

Pedro Almodóvar, además de ser un baldón para la cinematografía española, es ya un cadáver putrefacto, el pasado triste y vergonzante.

© Fernando Busto de la Vega.

TRUJILLO Y OTRAS MALAS HIERBAS.

María Antonia Trujillo, exministra española, traidora y renegada al servicio de Marruecos.

Cualquier español (o española, tanto monta) que niegue la españolidad de Gibraltar o de Ceuta y Melilla, es un traidor declarado. Cualquier español que se ponga al servicio del islam, del protestantismo y sus derivaciones políticas o de Marruecos es un renegado y ambas categorías tienen un solo destino en una España donde el orden y la grandeza se hayan restaurado: el máximo castigo.

Si ese español o española han detentado, como la renegada y traidora María Antonia Trujillo, pasada, vía catre y corrupción, al servicio de Marruecos, algún cargo ministerial o político, el delito es mayor y el castigo deberá ser, por ende, más riguroso.

Naturalmente, esa traidora y renegada, culpable de atentar directamente contra la integridad territorial y moral de España, no sufrirá ningún castigo en el débil e inmoral régimen liberal impuesto por nuestros enemigos que ahora padecemos, lo cual demuestra con total claridad que debemos cambiarlo a la mayor brevedad y con una profunda revisión de todos sus deleznables principios.

En cualquier caso, tarde o temprano, la renegada y traidora Trujillo deberá pagar sus culpas.

Hasta entonces, y sin olvidar quién la nombró ministra, habrá que meditar muy profundamente sobre las últimas consecuencias de la «Alianza de Civilizaciones» que quería vendernos el progresismo patrio encabezado por el tal Rodríguez Zapatero que anda ahora al servicio del régimen bolivariano y, por ende, ejerciendo también de traidor y renegado.

Por cierto, que esa es una condición muy propia de los cabecillas del PSOE. Recordemos a Largo Caballero vendido a Moscú y tratando de quebrar la unidad territorial española, a Indalecio Prieto y Rodolfo Llopis participando en el Movimiento Europeo y en el Contubernio de Múnich que diseñó la débil España actual, a Felipe González vendido a los alemanes a través de la Fundación Friederich Ebert y aceptando nacionalidades distintas de la española (colombiana, dominicana…), a Rodríguez Zapatero y sus chanchullos con bolivarianos y China…a Sánchez y sus acuerdos con bolivarianos e independentistas…

Quien me sigue lo sabe: siempre he sido partidario de la ilegalización del PP, pero también lo soy de la del PSOE y, desde luego, aspiro a un nuevo régimen que castigue a todos los traidores a España y al pueblo que hemos padecido y seguimos padeciendo. Ni me escondo ni me callo. Aunque me censuren y me persigan, que todo se andará y, creedme, ya se ha andado.

© Fernando Busto de la Vega.