Ya sé que recomendar un libro escrito por un fascista convicto y confeso como Curzio Malaparte está muy mal visto en estos días de puritanismo progre, pero, amigos, la verdad y el conocimiento hay que buscarlos en todas partes. Quien se adhiere a una sola opinión, a una sola línea política, a una sola religión es, por definición, un imbécil y un tirano en potencia. En la vida, para ser sabio y útil, es preciso desayunar con Dios y cenar con el Diablo.
De modo que sí, voy a aconsejar a todo el mundo la lectura del libro Técnica del Golpe de Estado publicado en francés por el citado Curzio Malaparte en 1931. Y se lo recomiendo especialmente a Yevgueni Viktorovich Prigozhin, todavía jefe de las tropas del Grupo Wagner, porque parece que no la domina, circunstancia que, sin duda, le conducirá a la cárcel o a la muerte.
Sin entrar en las conclusiones de Malaparte que el propio lector podrá conocer leyendo el libro sugerido, añadiré un consejo de mi propia cuenta.
A saber: los golpes de Estado no se paran. Si te lanzas, hay que llegar hasta el final, sea este la muerte o la victoria. Amagar y no dar es labrarse el fracaso y la desgracia. Después de lo sucedido en Rostov y de la falta de coraje para llegar hasta Moscú Prigozhin está muerto y se lo ha ganado por sus propias torpezas. Una de dos: u obedeces y mantienes la disciplina o, si la rompes, llegas hasta las últimas consecuencias. A veces un pequeño contingente motivado (y se puede motivar a los mercenarios si se sabe hacerlo) que actúa con audacia y velocidad puede llegar a triunfar contra un tirano. Arrepentirse y creer las promesas del tirano parando a medio camino es estúpido.
En otras palabras: Adiós Prigozhin, tú te lo has buscado.
Es indudable que el libro, per sé, tiene un prestigio especial. Hay algo, acaso desde los primeros testimonios cuneiformes, que liga el hecho de escribir un libro o de consagrar algo en sus páginas con una forma de sacralidad inmutable, de consagración intelectual e incluso espiritual. Un buen ejemplo de lo dicho son los libros sagrados de las diferentes religiones de los que nos ocuparemos en otro momento. Ahora es el turno de las veleidades literarias y filosóficas de conocidos dictadores modernos.
Lógicamente, y desde el Mein Kampf de Hitler, el primer interés literario de los dictadores ha sido codificar su propio ideario para convertirlo en dogma social y político indiscutible y sin posibilidad de ser ignorado. Así tenemos el Libro Rojo de Mao, el Libro Verde de Gadafi,La Historia me absolverá, de Fidel Castro o La Gobernación y Administración de China de Xi Jinping, que además aporta a la imprenta otros textos como Teoría y Práctica de la Agricultura Moderna (1999), Un Estudio Sobre la Conciliación rural en China (2001) o Sobre Propaganda y Trabajo Ideológico del Partido Comunista (2020)… Con todo, el dictador chino se encuentra lejos de la locuacidad atribuida al antiguo dinasta coreano Kim Il Sung, a quien el régimen de Corea del Norte atribuye nada menos que la autoría de 18000 volúmenes.
Pero, sin duda, mi escritor-dictador favorito es Saparmurat Nyyazov, dictador de Turkmenistán (1991-2006), que escribió un solo libro en el que difundía su ideología, el Rujnamá, «Libro del Alma», y concibió como a modo de un nuevo Corán. Tan engreído estaba de su intento filosófico-literario que todavía hoy se hacen preguntas sobre el mismo en las oposiciones del país (utilizar las oposiciones para la propaganda del régimen es una técnica muy extendida, por ejemplo, en España, desde que ciertos partidos están en el poder es obligatorio estudiar sus más que discutibles modificaciones legislativas basadas en el feminismo radical y la ideología de género, lo que deja bien a las claras la mentalidad totalitaria de dichos partidos y corrientes). Además, cada vez que Nyyazov firmaba un contrato para la exportación de gas o petróleo con una multinacional incluía entre las clausulas la obligación de estas multinacionales de traducir a varios idiomas y publicar en diversos países el opúsculo. Otra cosa es las ventas que obtuviera (a ese respecto, cuando Xi Jinping, siguiendo la estela de Mao publicó su libro principal en Inglaterra apenas obtuvo cien ventas). Más aún: Nyyazov hizo enviar un ejemplar de su Rujnamá a la Estación Espacial Internacional y elevó un monumento al libro y su portada en la capital de Turkmenistán, Asjabad.
Monumento al libro de Nyyazov en Asjabad, capital de Turkmenistán
Es posible que alguien me censurara si dejara de mencionar en esta entrada la actividad periodística y literaria de Francisco Franco de quien tenemos el libro Diario de una Bandera (1922) La Masonería, así como la novela Raza, que dio lugar a la película de 1942.
Y, precisamente Raza, nos conduce a otro capítulo de la literatura escrita por dictadores, la ficción.
Pocos saben que Benito Mussolini publicó una novela cuando todavía era socialista, en 1910, titulada La Amante del Cardenal y que obtuvo un éxito editorial apreciable.
Más conocida es la obra literaria de Sadam Hussein, compuesta por cuatro novelas: Zabiba y el Rey (2000), Fortaleza Amurallada (2001), Hombres y la Ciudad (2002) y ¡Fuera de Aquí, Maldito! (2006) que gozan de bastante éxito en Oriente Medio (salvo Israel) y están empezando a publicarse con gran expectación en Japón.
En fin, yo ya he publicado cuatro novelas…¿Llegaré a convertirme en dictador?…Difícil: mi lema revolucionario viene a ser el de Agustín de Foxá: Café, Copa y Puro. Aunque, como no fumo y bebo poco, quizá debería adaptarlo a: Café, Churros y Buena Siesta.
1.- EL IGUALITARISMO COMO REVUELTA CONTRA LA NATURALEZA (MURRAY ROTHBARD, 1974)
2.- LESBIAN NATION: THE FEMINISM SOLUTION (JILL JOHNSTON, 1973)
3.- EL CIERRE DE LA MENTE MODERNA (ALAN BLOOM, 1987)
4.-EL AZAR Y LA NECESIDAD (JACQUES MONOD, 1970)
5.-LA AGRESIÓN INTERNACIONAL (VICENTE BLANCO GASPAR, 1973)
6.- LA DESNACIONALIZACIÓN DE LA MONEDA (FRIEDERICH HAYEK, 1976)
7.- EL VARÓN DOMADO (ESTHER VILAR, 1971)
INTRODUCCIÓN
Sin duda, el año que vivimos, 2022 según la cuenta de Dionisio el Exiguo en la versión del papa Gregorio XIII a partir de su bula Inter Gravissimas que condujo a que en 1582, como es ampliamente sabido, al jueves 4 de octubre siguiese el viernes 15 de ese mismo mes, va a resultar un año decisivo.
Nos encontramos ante un innegable y trascendente punto de inflexión. Sin duda, en estos días un ciclo termina y se abre otro nuevo y aterradoramente diferente sumiéndonos en una desasosegante incertidumbre ante lo incontrolable de la novedad que nos aguarda.
Bien es cierto, y esto me parece lo más aterrador, que el futuro al que nos dirigimos se definirá en gran medida por decantación de los más groseros y mal digeridos légamos del presente, especialmente en su versión filosófico-ideológica. Por ese motivo me parece interesante repasar en este quicio desquiciado del siglo, en este abismo hacia una nueva época oscura a la que inevitablemente nos despeñamos, algunos libros. En esta entrada he seleccionado siete no a causa de mi afinidad intelectual con ellos ni por mi rechazo a sus tesis. Todo lo contrario. Parto de una equidistancia ciertamente perversa y viciosa, casi luciferina, sin excluir ni renunciar a la liviana impudicia del azar, para realizar una selección de títulos que proponer a mis lectores como piedra angular de una panorámica consciente, de una perspectiva subjetiva ante la bilis que el presente acabará vomitando sobre el futuro.
Cada cual juzgará bajo la consciente condena de su libre albedrío sobre la perversa propuesta y sus consecuencias epistemológicas. Yo me limito a ofrecer los dados para el hábil trile intelectual. Lo demás será cosa (y culpa) vuestra.
Pongámonos en contexto: en 1976 Milton Friedman, adalid de la Escuela Económica de Chicago (es decir: del neoliberalismo salvaje que todavía padecemos), ganó el Nobel; en 1982 sería George Stigler, otro de los sobrevalorados propagandistas de dicha tendencia, quien recibiría igual galardón. En 1975 la contraofensiva moral de la Revolución Conservadora comenzaba en Francia de la mano del insustancial (he leído sus memorias) Guiscard D´Estaing extendiéndose rápidamente a los Estados Unidos. En 1979 Margaret Thatcher llegaba a la presidencia del gobierno en Inglaterra y en 1981 Ronald Reagan a la de los Estados Unidos. Era el momento de la revancha de la extrema derecha y del liberalismo extremo frente a la contracultura marxista dominante en décadas anteriores. Dicha reacción no partía de la nada, estaba abonada. Entre otros por ensayos como este: «Egalitarianism as a revolt against nature» publicado en 1974 en la Libertarian Review por el judío (no es un dato racista, sino de índole cultural no exento de interés, no en vano dicho enasayo viene a culminar en pleno siglo XX toda la ideología desarrollada por ese pueblo desde la Edad Media europea, no significa, por lo tanto, innovación alguna sino constatación de una condición cultural acreditada durante siglos y que conllevó la misma fundación de la ciudad de Nueva York, donde nació el autor: geografía y origen son rasgos a menudo desdeñados, pero fundamentales para comprender la filosofía y la ideología) neoyorquino Murray Rothbard.
Ensayo que no deja de ser interesante revisitar en nuestros días.
2.- LESBIAN NATION: THE FEMINIST SOLUTION (JILL JOHNSTON, 1973)
En resumen: el patriarcado capitalista oprime a las mujeres haciéndolas creer que son heterosexuales cuando, en realidad, todas nacen esencialmente homosexuales. La heterosexualidad femenina es a un tiempo una forma de dominación/violación del patriarcado capitalista sobre las mujeres alienadas por una sociedad represora y artificial y una indigna forma de colaboracionismo de las mujeres con dicha maligna estructura impuesta a sangre y fuego por la innata violencia del macho. Las mujeres concienciadas solo deberían practicar sexo con otras mujeres e implementar el separatismo lésbico, porque, además, como dicen, solo una mujer conoce de verdad el cuerpo de otra mujer y puede proporcionarle placer.
En otras palabras: como soy lesbiana y fea, voy a ver como organizo las cosas para seducir jovencitas que, aunque fueran ciertamente lesbianas, no me prestarían atención porque mi edad y mi físico me sacan completamente del mercado sexual. No obstante, alienándolas con un idealismo que me haga parecer guay…o, si lo preferimos: la estrategia de tantos profesores de universidad cincuentones, calvos y entrados en carnes para seducir discípulas llevada al terreno bollo.
Desde entonces son incontables las lesbianas salidas, feas y sin gracia que han cantado esta canción a jovencitas de buen ver en institutos, universidades, cursillos y demás. Del mismo modo que ahora se investiga la pederastia en la Iglesia Católica llegará un día, y lo digo sin acritud ni escándalo, más bien con una sonrisa socarrona y pícara, que se tendrá que investigar la de tantas y tantas profesoras, líderes de opinión y femigurús del feminazismo. Es así, y todos (y todas) lo sabemos.
Todo sea por follar…
La de la foto de abajo es Jill Johnston, la autora del libro.
Personalmente he decidido inaugurar esta entrada con mi propia fotografía para que las indignadas por mi agresivo machismo podáis despellejarme con toda libertad, mala baba y franqueza juzgando mi físico con conocimiento de causa. Un beso. O no, lo que sea menos asquerosamente machista.
En estos tiempos de totalitarismo woke y de dogmatismo pseudo progresista la lectura de The Closing of the American Mind: How Higher Education Has Failed Democracy and Impoverished the Souls of Today´s Students, que ese era el título original del libro publicado en 1987 por el catedrático estadounidense Alan Bloom, ha devenido una lectura prioritaria.
No perderé el tiempo en reseñas, resúmenes o escolios innecesarios, basta con que señale el camino a los actuales lectores que seguramente han olvidado ya o desconocen este trabajo y les proponga un reto que les resultará, si deciden aceptarlo, de lo más interesante e iluminador.
Tener presente en toda ocasión a Demócrito de Abdera (que entre otras cosas dijo: «todo lo existente es producto del azar y de la necesidad») resulta una buena medida en aras de la cordura epistemológica. El premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1965, el francés Jacques Monod, lo entendía así y por ese motivo partió de dicha proposición para articular su estudio sobre la naturaleza ontológica de la evolución y el punto de involución al que ha llegado la especie humana precisamente a causa de su progreso acelerado en los últimos siglos.
Le Hasard et la Nécessité, Essai Sur la Philosophie Naturelle de la Biologie Moderne, título original del ensayo, vio la luz en 1970. Medio siglo más tarde, me gustaría conocer la opinión de los lectores sobre si sus tesis siguen vigentes o deben ser refutadas en todo o en parte.
En las actuales circunstancias este estudio publicado por el Instituto Francisco de Vitoria del CSIC en 1973 y firmado por Vicente Blanco Gaspar, resulta de lo más recomendable y esclarecedor aportando perspectivas del todo necesarias en momento de incertidumbre moral y desorientación jurídica como el que atravesamos.
La concesión del premio Nobel no supone crédito alguno en referencia a los méritos del agraciado. Esta realidad podemos constatarla año a año con cada concesión del sobrevalorado (e ideológicamente escorado) galardón y, bien mirado, en todas sus categorías. Hayek, que recibió el de Economía en 1974, dentro del impulso al neoliberalismo salvaje que empezaba a dominar a las oligarquías mundiales de la época, es claro ejemplo de lo dicho.
El tipo era el clásico hooligan del capitalismo extremo empeñado en dirigir a la civilización a una nueva época feudal dominada por grandes corporaciones privadas no controladas por el Estado. Corporaciones capaces, incluso, de emitir sus propias monedas.
Vivimos en una época tendente al monopolio en pleno capitalismo de la vigilancia (Google, Apple, Amazon,Microsoft…) y de criptomonedas (Bitcoin, Ethereum…) sin emisor acreditado ni respaldo real, basadas en la simple especulación. Volver, por lo tanto, sobre este despropósito de Hayek puede y debe resultar más que interesante.
La médica, psicóloga y socióloga argentina Esther Katzen, más conocida como Esther Vilar, sostenía en este ensayo, publicado originalmente en la República Federal Alemana como Der Dressierte Mann allá por 1971, el hecho (¿evidente?) de que la mujer no es oprimida por el hombre y el patriarcado sino que, por el contrario, manipula el sistema y a los individuos masculinos de la especie mediante el sexo para asegurar su propio bienestar utilizando mecanismos similares a los del experimento del perro de Pavlov, ofreciendo como estímulo el disfrute de sus atractivos sexuales, siempre ferozmente racionados y condicionados a su conveniencia.
En la segunda parte de este ensayo: El Varón Polígamo (1974) ahonda en las conclusiones de ese planteamiento señalando las ventajas que el sistema patriarcal proporciona a las mujeres (por ejemplo, y lo estamos viendo en Ucrania por mucho que el feminismo radical a través, entre otras, de ciertas ministras que han demostrado sobradamente su dogmatismo y su indigencia intelectual así como su engolfamiento en la culpable demagogia política, se empeñe en asegurar que la peor parte de las guerras las sufren las mujeres, los hombres son obligados a combatir mientras que las mujeres, no.) y demostrando que es el hombre quien lleva la peor parte del patriarcado.
No está de más repasar estos libros en estos tiempos.
Y lo dejamos aquí, de momento. Más adelante volveremos sobre textos más o menos conocidos que resultaría interesante releer en nuestros días. Si lo deseáis, podéis hacer sugerencias al respecto, con un poco de suerte me descubriréis libros que todavía desconozco y debería leer. Gracias por anticipado.
En Las Siervas de Kromsak (novela víctima de una pésima edición que lamento en 2017 y que reivindico a pesar de todo como propia) uno de los detectives protagonistas se llama Juan Sherlock. Como él mismo se encarga de explicar al Profesor Escorpio, su cliente del momento, que da inicio a la trama, su nombre se debe a que desciende del general irlandés que, al servicio de España, defendió Melilla del asedio marroquí en 1775. Militar hoy en día, como tantos otros, injustamente olvidado a quien creí justo homenajear.
Ahora bien: en algún momento de La Verdadera Historia del Bucicarlos Vengador (publicada en 2018 y que desde 2019 ha vendido más de 40000 copias piratas en ebook sin que ni una sola de ellas haya redundado en mi beneficio económico o reputacional, si bien agradezco el éxito del libro) aparece también Sherlock Holmes, esta vez en persona y acompañado de su hermano Sherrinford (menos conocido que Mycroft), intentando sin éxito esclarecer cierto misterio que no hace al caso traer a colación. Alguno de mis lectores (de hecho, una lectora a la que aprecio sobremanera) cayó en la cuenta de estas dos apariciones y llegó a la conclusión de que experimento una fascinación por el personaje. No es del todo cierto.
La verdad radica en que he pensado mucho sobre la naturaleza del fenómeno literario y su arbitrariedad (sí, en ocasiones me pongo estupendo) y el ejemplo de Sherlock Holmes resulta a estos efectos de lo más elocuente. El imparable éxito del personaje mientras su autor se empeñaba en olvidarlo para escribir otras cosas «serias» e «importantes», no olvidemos que Sir Arthur Conan Doyle llegó a asesinar a Sherlock Holmes (en efecto: en las cataratas Reichenbach) y se encontró con que medio Londres se vistió de luto en señal de protesta y la presión social y de sus lectores le obligó a resucitar al personaje, es de lo más elocuente. También podría haber puesto similar ejemplo con el Pérsiles de Cervantes, que el consideraba su obra cumbre y que nadie ha leído, y el Quijote, que él desdeñaba y se considera su obra maestra. Pero, desengañémonos, dicho ejemplo no hubiera interesado a nadie. Y ese es un desalentador, pero indiscutible, síntoma del descrédito y postergación de la herencia cultural hispana incluso entre los propios españoles. Somos una civilización en decadencia (y de esto hablaremos mucho en este blog señalando, además, a los culpables) y vivimos en el maremágnum anglosajón. Hay gente en la hispanosfera que repite miméticamente que Shakespeare es el mejor dramaturgo de la Historia sin haber visto una sola obra de Lope de Vega…Y así nos va.
A lo que íbamos: es cierto que me interesa mucho la figura de Sherlock Holmes como metáfora de la naturaleza de la literatura y el modo en que se burla, a través de los deseos del público, de la voluntad y el ego del autor. La faceta más dura y cruel de esta realidad es el desinterés. El autor propone: escribe y publica, y el público desdeña su empeño condenándole al anonimato y el fracaso. Sin embargo, el triunfo no deseado es todavía peor. El fracaso es un purgatorio del que acaso con tiempo, trabajo y suerte se pueda salir; el éxito indeseado es un infierno permanente.