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APROPIACIÓN CULTURAL EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Para empezar ¿ qué mierda es esa de la apropiación cultural?…Solo los ignorantes, los incultos y los estúpidos pueden manejar un concepto similar. A ver, cenutrios, la cultura es ante todo intercambio, diálogo, mezcla…

Leo con desdén e ironía que en ese dislate que ha sido convertir el break dance en deporte olímpico (de verdad: ¿ quién está a los mandos en esta sociedad grillada y degenerada?) andan los negros (estadounidenses, of course) encabronados porque la medallista de plata, una lituana (blanca, claro) ha usado una prenda de cabeza que utilizaban los negros esclavos para el trabajo y que los modernos, al parecer, siguen llevando como seña política de su interesada victimización pasivo-agresiva que caracteriza su racismo antiblanco y sus excusas para no prosperar (mientras la comunidad asiática que llegó a América en condiciones peores que ellos: no fueron esclavos sino obreros que salían más baratos que los esclavos, han alcanzado conjuntamente una posición holgada y respetada en la sociedad a través del estudio y del trabajo, los negros siguen mayoritariamente en sus guetos, quejándose y exigiendo ayudas en lugar de estudiar y trabajar para prosperar).

El uso que Nica, la medallista olímpica lituana, hace de esa prenda de cabeza podría entenderse como un homenaje al origen de la disciplina que practica, también como un signo de aculturación europea y de la influencia colonial de los Estados Unidos en el viejo continente, lo que debería llevarnos a plantearnos la degradación y declive en la que nos encontramos y la necesidad de iniciar una recuperación moral, cultural y política de Europa para evadirnos de la decadencia y próxima extinción que nos acecha. Pero, no. Ha acabado siendo la sempiterna queja vocinglera de los wokes internacionales para imponer sus desquiciados y nocivos puntos de vista.

Lo primero que debemos dejar claro es que existe una sola civilización, la que hicimos los mediterráneos y los habitantes de Oriente medio y expandimos universalmente los europeos (señaladamente los españoles), todo lo demás son subproductos irrelevantes que deben ceder y subsumirse en dicha civilización ecuménica y universal. Esos particularismos de etnias que no han sido capaces de aceptar y agradecer su inclusión gratia et amoris en la civilización universal, son quisicosas sin importancia. Niñerías ridículas que en modo alguno deben alcanzar voz ni capacidad de manipulación en el mundo real y que solo lo hacen a causa de la podredumbre intelectual que el maoísmo cultural al servicio del imperialismo chino ha logrado difundir en los medios intelectuales y políticos de los Estados Unidos y Europa, derrotados desde dentro por sus propios submarinos izquierdistas que deberían ser desalojados de las universidades, los institutos y las instituciones a la mayor velocidad. Es este el primer paso para el resurgir y por lo tanto para la supervivencia de la civilización.

Por otro lado, los negros estadounidenses que se molestan tanto por el hecho de que una lituana use una prenda que pretenden exclusiva porque representa una de las formas de expresión de su racismo antiblanco, deberían preguntarse qué ha pasado para que en una disciplina «deportiva» y «cultural» que inventaron ellos y que llega a deporte olímpico las primeras medallas se las repartan entre Japón, Lituania, China y Rusia. De los seis medallistas olímpicos de b-dance solo uno es estadounidense (bronce masculino) y ni siquiera es negro.

¿Qué estáis haciendo mal? Igual habría que dejarse de lamentos, quejas, odio racial y zarandajas y empezar a trabajar y ser serios. Ahí lo dejo.

© Fernando Busto de la Vega.

¿LECTORES SENSIBLES?

NATURALMENTE, ES NECESARIO ILUSTRAR ESTA ENTRADA CON UNA IMAGEN QUE DENOTE MACHISMO Y RACISMO Y, SOBRE TODO, INDEPENDENCIA DE CRITERIO CON RESPECTO A LOS CENSORES WOKES. ESCRIBIR ES UN ACTO REVOLUCIONARIO.

Una de las cosas buenas de ser el último mono de la literatura patria es que no me hacen caso ni los abundantes censores que andan estos días por esos mundos convencidos de que la corrección política no es un dogma tan despreciable como todos los demás y ejerciendo de Torquemadas y Savonarolas no solo contra aquellos libros y autores nuevos que pueden defenderse sino, incluso, contra los clásicos.

Vamos a ver: el trabajo de un escritor es, principalmente, poner en solfa cualquier dogma vigente, darle la vuelta a toda normalidad aceptada, provocar, sobrepasar los márgenes para poner en evidencia al poder de turno y sus reglas…que siempre tienen un mismo fin: mantener en el poder al poderoso y en la indefensión y la miseria a los sojuzgados. Escribir es por sí mismo un acto revolucionario.

En ese sentido, en el de evitar la literatura como acción revolucionaria, una de las herramientas más despreciables del poder globalista actual son esos censores, ebrios de puritanismo y de prejuicios maoístas, aunque no tengan ni puñetera idea de quién era Mao Zedong (y del papel que su ideología cumple al servicio del imperialismo totalitario de China) y se crean muy modernos/as/es, que se declaran a sí mismos «sensibles» y trabajan bien por libre, bien, lo que ya riza el rizo, para agencias o editoriales de tal modo que no solo censuran los libros publicados sino aquellos por publicar cuya eclosión impiden, lo cual incide en la desesperada necesidad de los escritores independientes por abrirse camino hacia la luz, a pesar de las editoriales grandes y pequeñas que tratan de impedírselo con criterios crematísticos e ideológicos. Ya sabemos que la buena literatura no va a ser anunciada en televisión ni jaleada en las revistas literarias, se abre ante nosotros el excitante panorama de la contracultura, de la revolución, de la conquista del Estado y el espacio público…¡Somos afortunados! ¡Al combate!

En última instancia, esa de los lectores «sensibles» se trata de censura de la peor especie. Estos lectores «sensibles» no se diferencian en nada de los censores de la inquisición, también aquellos se creían en posesión de la verdad absoluta, aunque, hay que decirlo, sobre todo examinando las publicaciones del Siglo de Oro Español, eran mucho más cultos e inteligentes que las feministas, maricones y negros varios que ahora ejercen de tales con un único objetivo: destruir la Civilización que, les guste o no, es cosa de europeos blancos (no los hay de otro color, mal que les pese).

Estos lectores «sensibles» no han sido capaces de asimilar la Civilización (que es greco-romana) y mucho menos de aceptar el papel subordinado de determinados pueblos con respecto a ella. Así las cosas, en lugar de sumarse a su exigencia moral intentando aportar algo que redima su origen periférico, se empeñan en destruirla mediante la censura, ayudando con ello al ya citado imperialismo totalitario chino.

Estas liendres son miasmas de las catástrofes del siglo XX que todavía nos afectan y representan el síntoma inequívoco de nuestras enfermedades que habremos de curar más temprano que tarde si queremos que la Humanidad y la Civilización sobrevivan. Ello implica poner en valor y recuperar esta última con su sentido filosófico e histórico original y unívoco. Para hacerlo necesitaremos acciones enérgicas y, a menudo, violentas.

Estamos de nuevo al final del imperio romano, de nosotros depende restablecerlo o perdernos en otros mil años de oscuridad. ¡Ah, Flavio Ecio! ¿Dónde estás?…

Mientras tanto, está claro: para defender la Civilización, la Libertad y la supervivencia de la Humanidad es necesario escribir libros machistas, racistas y salvajes. E ir con un bate de béisbol a las presentaciones…Ahora comprendo a los futuristas cuando proclamaban que un puñetazo también es arte.

© Fernando Busto de la Vega.

1945…TODAVÍA (LAS LÓGICAS CONSECUENCIAS Y EL NECESARIO FUTURO)

Alejandro Magno, fundador de la civilización como ecúmene helenística.

Vivimos todavía en la era de 1945 que no terminó ni de lejos después de la caída de la Unión Soviética. De ahí la confrontación entre bloques que presenciamos y que tan a pique está de conducirnos a la extinción.

Naturalmente, las circunstancias nos obligan a elegir bando y no hacerlo podría conducirnos a acabar aniquilados o sojuzgados por el contrario. Pero también hay que ser muy conscientes del escenario en el que nos movemos y de lo que deseamos para el futuro.

En 1945 se impusieron dos mundos contrapuestos, dos bandos incompatibles que, además, y esto es lo importante, lo fundamental, son en todo contrarios a la civilización, al Recto Orden que debemos restablecer si pretendemos sobrevivir como especie, como sociedad y como individuos.

Por un lado, nos encontramos con el universo marxista-conservador y contrario a la primacía europea (que es consustancial al surgimiento, expansión y mantenimiento de la civilización surgida como unidad, como Ecúmene, con el avance de Alejandro Magno hacia Asia después de haber comprendido su destino en Siwa) que se las daba de revolucionario, pero que, en la práctica, servía de vehículo imperialista a regímenes totalitarios cuyos guías no se habían librado en absoluto de los prejuicios medievales que arrastraban las atrasadas sociedades campesinas de las que provenían y que, pasado el marxismo, allí donde cayó, en otros lugares se mantiene con idénticas premisas, solo fueron capaces, como la Rusia de Putin, de seguir manteniendo sus esquemas mentales atrasados y medievales, cristianos en suma.

Por otro lado, en occidente se impuso el mundo de los masones y los sionistas, los mismos que se sublevaron en tiempos de los Macabeos contra la civilización que representaban los Seleúcidas como herederos de la gesta de Alejandro y que todavía hoy hacen todo lo posible por socavar y enterrar la civilización para imponer su barbarie.

Zeus-Amón, que reveló su destino a Alejandro en el oasis de Siwa.

De eso debemos ser muy conscientes: hay dos bandos, ambos igualmente representantes de la barbarie y enemigos de la civilización, que amenazan con destruir el mundo. La supervivencia se encuentra en el retorno a la ecúmene, a la civilización helenística, al camino correcto, al Recto Orden. Ese es el horizonte que debemos exigir más allá de este conato (quién sabe si al cabo realidad) de tercera guerra mundial.

© Fernando Busto de la Vega.