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EL HIMNO ESPAÑOL (Y SU FALTA DE LETRA)

MARCHA REAL DE GRANADEROS EN UNA VERSIÓN ANTIGUA, DE 1761.

Uno de los grandes problemas que tiene la España moderna es la ignorancia de sus ciudadanos sobre su historia y su grandeza pasada. Desde que los liberales, traidores a España que impusieron dentro del país los prejuicios y el odio de nuestros enemigos y, por lo tanto, deben ser considerados un cáncer destructivo que debemos exterminar para recuperar nuestro destino, se impusieron en el país mediante guerras civiles y represiones sangrientas (interesadamente olvidadas) que les han permitido campar a sus anchas hasta nuestros días (donde se han diversificado en varias ramas «izquierdistas» igualmente disolventes y perjudiciales para España y su futuro y que del mismo modo deben ser arrancadas de cuajo para permitirnos alcanzar de nuevo la grandeza y la reanudación de nuestro destino como entidad civilizadora y rectora) imponiendo mediante la propaganda, las mentiras históricas y el lavado de cerebro a través de la educación, la cultura intervenida y sesgada y los medios de comunicación, esa misma ideología de nuestros enemigos desconectándonos de la verdad histórica y suscitando nuestro complejo de inferioridad, arma inconmensurable y eficaz para mantenernos a los pies de los enemigos germánicos y protestantes, vivimos en la oscuridad.

Uno de los episodios recurrentes de esa ignorancia y ese complejo de inferioridad impuesto por liberales, masones e izquierdistas en España suele ser el debate (y la vergüenza de algunos) sobre la falta de letra de nuestro himno nacional. Y es bueno que recordemos algunos hechos claves al respecto:

PRIMERO.- La idea del himno nacional es puramente liberal y procede de la Revolución Francesa, cuando los revolucionarios impusieron La Marsellesa como himno dogmático de sus intenciones imperialistas y totalitarias («¡Formad vuestros batallones! ¡Marchad, marchad! ¡Que la sangre de los impuros riegue vuestros campos!»). Naturalmente los impuros que deben ser asesinados son aquellos que no comulgan con las ideas liberales y masónicas de la revolución de 1789. El sistema parlamentario solo se implementa cuando los descontentos son barridos del mapa (estúdiese la guerra de exterminio llevada a cabo en la Vendée) y se establecen unos partidos dogmáticos que no se salen de los límites ideológicos establecidos por la represión. Por eso no vivimos en verdaderas democracias sino en regímenes totalitarios que disimulan su condición (salvo cuando se ven amenazados y vienen entonces los «cordones sanitarios», los «frentes populares», el cambio de las normas electorales…) con elecciones periódicas entre opciones que representan a clanes de poder y económicos, pero no divergencia de ideas. Siguiendo el ejemplo de los revolucionarios franceses y de su Marsellesa el resto de los estados europeos primero y mundiales después, se dotaron de sus propios himnos. En España los liberales trataron de imponer del de Riego, un golpista liberal culpable de la independencia de la España ultramarina a causa de sublevar a los hombres que debían pasar a América para restablecer el orden para imponer un régimen liberal y masónico en la península.

SEGUNDO.- España como realidad histórica y nacional es mucho más antigua y profunda que los nuevos estados liberales surgidos en el siglo XIX y, por lo tanto, en la práctica no tiene un himno, que es una idea moderna y de acentuado sesgo ideológico. Dentro de las convenciones internacionales del momento, nos vemos obligados a disponer de una sintonía que nos identifique en actos deportivos y oficiales, pero esta melodía no es un himno, no procede de las innovaciones liberales y en modo alguno puede tener letra porque se remonta al siglo XVIII, varias décadas antes de la Revolución Francesa, y es la Marcha Real de Granaderos, la marcha que la élite de la élite del ejército español hacía sonar cuando desfilaba ante la máxima representación de la unidad indiscutible y la permanencia eterna de la nación española, en ese momento, el rey (aunque fuera Borbón).

De modo que la falta de letra del llamado himno español, lejos de suscitar debate y vergüenza, debería llenarnos de orgullo. Nosotros no datamos, somos una continuidad histórica anterior al actual dogmatismo liberal-masónico y que debe sobrevivirlo para retomar su misión civilizatoria sagrada e indeclinable.

MARCHA DE GRANADEROS REALES, INTERPRETADA POR EL CUERPO DE ALABARDEROS, CON TAMBORES Y PÍFANOS COMO SONABA EN EL SIGLO XVIII.

© Fernando Busto de la Vega.

EL EVANGELISMO ES ANTIESPAÑOL

Está empezando a suceder. El síndrome del talibanismo cristiano organizado como secta mafiosa que chantajea, vía aritmética plebiscitaria, concentrando un voto minoritario para que resulte decisivo pervirtiendo así la voluntad mayoritaria de la Nación, inveterada táctica de las sectas más radicales y despreciables del cristianismo, las evangélicas (esas mismas que consideran el David de Miguel Ángel o la Maja Desnuda de Goya pornografía), está empezando a tomar posiciones en nuestro país, además utilizando los mimbres más repugnantes e insultantes contra España: los hispanoamericanos que dejando de lado nuestra herencia han abrazado el legado del imperialismo anglosajón demostrando su antiespañolidad y su condición de enemigos de la obra de España en la Historia y en el Mundo y que son traidores y enemigos de la Nación y el Pueblo a pesar de que un régimen corrupto y gobiernos traidores les hayan concedido indebidamente la ciudadanía conculcando nuestro legado, violando a España y su obra, demostrando estulticia, ignorancia y falta de lealtad, demostrando que debemos derribar el régimen liberal y castigar severísimamente a sus fautores.

Repugna, en este sentido, ver a los liberal-conservadores del PP y a los ultraliberales (les llaman extrema derecha, pero ya quisieran tener algo que ver con la Falange o las JONS) de Vox cortejando a una descerebrada «pastora» de las sectas evangélicas para atraer el voto de esos despreciables latinoamericanos protestantes que han abandonado el legado español aceptando las supersticiones del imperialismo yanqui y aún así tienen la desvergüenza de solicitar y aceptar la nacionalidad española y pretender influir en la marcha de España.

Repugna, digo, pero no extraña. El liberalismo, no nos cansamos de advertirlo en estas páginas y en gran parte de nuestra obra, es el caballo de Troya de nuestros enemigos ancestrales para quebrantar y destruir España. La decadencia de España es obra de las ideas liberales que desde 1812 vienen carcomiendo nuestras estructuras y nuestra naturaleza. El liberalismo, obra de nuestros enemigos (ingleses, alemanes y demás patulea del norte protestante) es la fábrica última de la Leyenda Negra que nos atribuyen y que los liberales y masones introdujeron y siguen introduciendo dentro de nuestras fronteras.

España jamás recuperará la grandeza con un régimen liberal ni mientras las ideas y formas de hacer liberales constituyan la plantilla sobre la que construir nuestro futuro. Por eso es necesario, imprescindible, derrocar el régimen de 1978 y sustituirlo por una verdadera democracia que se base en y respete el legado cultural, moral, espiritual (que no necesariamente religioso) y nacional de nuestra Nación y dirija adecuadamente al Pueblo.

El liberalismo y los liberales deben ser exterminados sin piedad dentro de nuestras fronteras para que podamos recuperar nuestra identidad.

Ya hemos explicado aquí la diferencia entre el parlamentarismo liberal y la verdadera democracia. Hay que empezar a tener en cuenta la diferencia y a obrar en consecuencia. Y el primer paso es no comulgar con las perjudiciales ruedas de molino de esa ideología de nuestros enemigos.

La realidad política no es una construcción de mayorías, es el respeto hacia un legado, una trayectoria histórica y hacia la grandeza de nuestros antepasados. Cualquier idea política o religiosa que afecte a esa columna vertebral que une a la España de hoy con la del pasado y la del futuro es ilegítimo y debe ser ilegalizada y perseguida. España no puede admitir en el juego político a personas e ideas que vulneran nuestro legado y que están decididas a denigrarlo y pisotearlo. Eso excluye a cualquier protestante, especialmente a los evangélicos (y más si son traidores como los hispanos que han abandonado nuestro legado) y a los masones. Además, el compromiso de la Civilización que nosotros representamos es incompatible con el puritanismo y el fanatismo que representan dichas sectas evangélicas (o, dicho sea de paso, musulmanas). La democracia y la civilización son compromisos morales, no cuestión de mayorías. Dejémoslo claro.

Sé que la mayor parte de vosotros no entenderá lo que digo y que, llevados por la propaganda liberal del régimen, me circunscribiréis encogiéndoos de hombros al cómodo saco de la ultaderecha…y, haciéndolo, validaréis los esquemas que os esclavizan. Es hora de que despertéis, hay mucho que hacer y se nos acaba el tiempo.

¡DESPERTAD!

POR APOLO HACIA LA RESTAURACIÓN DE LA GRANDEZA ESPAÑOLA. (TAMPOCO ESTO LO COMPRENDERÉIS AHORA, VIVIMOS UNA ÉPOCA DE OSCURIDAD DE LA QUE DEBEMOS SALIR).

© Fernando Busto de la Vega.

1945…TODAVÍA (LAS LÓGICAS CONSECUENCIAS Y EL NECESARIO FUTURO)

Alejandro Magno, fundador de la civilización como ecúmene helenística.

Vivimos todavía en la era de 1945 que no terminó ni de lejos después de la caída de la Unión Soviética. De ahí la confrontación entre bloques que presenciamos y que tan a pique está de conducirnos a la extinción.

Naturalmente, las circunstancias nos obligan a elegir bando y no hacerlo podría conducirnos a acabar aniquilados o sojuzgados por el contrario. Pero también hay que ser muy conscientes del escenario en el que nos movemos y de lo que deseamos para el futuro.

En 1945 se impusieron dos mundos contrapuestos, dos bandos incompatibles que, además, y esto es lo importante, lo fundamental, son en todo contrarios a la civilización, al Recto Orden que debemos restablecer si pretendemos sobrevivir como especie, como sociedad y como individuos.

Por un lado, nos encontramos con el universo marxista-conservador y contrario a la primacía europea (que es consustancial al surgimiento, expansión y mantenimiento de la civilización surgida como unidad, como Ecúmene, con el avance de Alejandro Magno hacia Asia después de haber comprendido su destino en Siwa) que se las daba de revolucionario, pero que, en la práctica, servía de vehículo imperialista a regímenes totalitarios cuyos guías no se habían librado en absoluto de los prejuicios medievales que arrastraban las atrasadas sociedades campesinas de las que provenían y que, pasado el marxismo, allí donde cayó, en otros lugares se mantiene con idénticas premisas, solo fueron capaces, como la Rusia de Putin, de seguir manteniendo sus esquemas mentales atrasados y medievales, cristianos en suma.

Por otro lado, en occidente se impuso el mundo de los masones y los sionistas, los mismos que se sublevaron en tiempos de los Macabeos contra la civilización que representaban los Seleúcidas como herederos de la gesta de Alejandro y que todavía hoy hacen todo lo posible por socavar y enterrar la civilización para imponer su barbarie.

Zeus-Amón, que reveló su destino a Alejandro en el oasis de Siwa.

De eso debemos ser muy conscientes: hay dos bandos, ambos igualmente representantes de la barbarie y enemigos de la civilización, que amenazan con destruir el mundo. La supervivencia se encuentra en el retorno a la ecúmene, a la civilización helenística, al camino correcto, al Recto Orden. Ese es el horizonte que debemos exigir más allá de este conato (quién sabe si al cabo realidad) de tercera guerra mundial.

© Fernando Busto de la Vega.

MÉXICO Y LA MANIPULACIÓN MASÓNICA

Obsérvese como la inicial central «G» es la alusión a dios en ingles «God». La masonería no rinde culto a Dios en el único idioma sagrado que perdura, el español, sino en jerigonza bárbara. Sus valores son contrarios a los de la civilización heredada y transmitida por España.

La Masonería es una sociedad secreta diseñada contra la civilización para imponer la ideología y los intereses de los bárbaros del norte, especialmente los anglosajones.

Sin excepción, los grandes «libertadores» americanos, que en su mayoría también fueron genocidas y se distinguieron por sus crímenes de guerra contra los españoles y las comunidades indígenas que los apoyaban, fueron masones y trabajaron a sueldo de Inglaterra para destruir la España transoceánica y dividirla en numerosas repúblicas fácilmente controlables por Inglaterra primero y por Estados Unidos después. Podemos, por lo tanto, tacharlos a todos de traidores a España y al pueblo porque destruyeron un país grande y rico para convertirlo en una serie de colonias solo nominalmente independientes y pobres controladas por los anglosajones.

Por cierto, conviene recordar que todos los territorios de América tuvieron representantes en las cortes de Cádiz y sus diputados participaron en la elaboración de la Constitución de 1812. Es decir: ninguno de los «Libertadores» se levantaron contra un imperio que los oprimía sino contra su propia nación en cuyas cortes y legislación habían participado en pie de igualdad.

Pues bien: para justificar sus actos injustificables al servicio de los intereses imperialistas anglosajones y en el seno de logias masónicas, aquellos traidores genocidas y corruptos debían inventarse una retórica que encubriese sus crímenes.

Parte de esa retórica consistía en negar el papel civilizador e integrador de España.

En Nueva España, y esta es una hábil manipulación que todavía persiste incluso en el nombre de la república, para negar la labor integradora y civilizadora de España, los masones escogieron con plena intención el nombre del nuevo estado: México…seleccionando a los salvajes y crueles aztecas que tiranizaban al resto de los pueblos novohispanos sometiéndolos entre otras cosas a frecuentes sacrificios humanos.

Hay que recordar que todos los pueblos de Nueva España, con los tlaxcaltecas a la cabeza, ayudaron a España contra los aztecas y que el triunfo español significó la libertad y el fin de los sacrificios humanos para los pueblos novohispanos hasta entonces sometidos al salvajismo mexica. Y no solo eso: los tlaxcaltecas y otros pueblos se unieron a los españoles en pie de igualdad luchando en Peru y las Filipinas. Ese era el modelo real de Nueva España: la colaboración e integración de los pueblos nativos con los españoles manteniendo a raya la piratería anglosajona y el salvajismo de imperios como el azteca, basado en el canibalismo y los sacrificios humanos.

El verdadero nombre nativo de Nueva España debería haber sido Tlaxcala, pero los masones al servicio de Inglaterra querían borrar la realidad de la presencia española y prefirieron escoger México, el sangriento imperio de los sacrificios humanos masivos que unió a todos los pueblos novohispanos a Hernán Cortés para establecer la libertad y la paz.

Mexicanos: conviene que volváis a mirar vuestra historia y la limpiéis de las mentiras de los masones. Me gustará ver el nacimiento de la República de Tlaxcala y el fin de la República de México.

Volveremos a ser grandes (cuando nos libremos del imperialismos anglosajón que nos divide y fragmenta)

© Fernando Busto de la Vega.