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ESPRAY DE PIMIENTA

Seguramente, el concepto icónico y determinante que nos ha dejado la invasión magrebí en Ceuta es el de todas esas mujeres y niñas españolas que, de pronto, han visto radical y salvajemente comprometida su seguridad y su libertad viéndose obligadas a modificar su vestimenta, restringir sus movimientos y protegerse con espráis de pimienta del acoso y los asaltos de los bárbaros del otro lado de la frontera ilegítimamente asentados (con la traidora y vergonzosa connivencia del Gobierno español de turno) en una ciudad plena e indiscutiblemente española.

Ahora bien, solo los muy ignorantes pueden sorprenderse con este desarrollo de los acontecimientos.

La permisividad de los gobiernos españoles de turno (a un lado y otro del decepcionante espectro parlamentario) con la instalación de magrebíes ( y musulmanes en general) en España tolerando que conviertan (como sucede por otro lado en Francia y en otros muchos países que han seguido similares e inconcebibles políticas de tolerancia que niegan todas las enseñanzas de la Historia en aras de unas ideologías nefastas y contrarias a los intereses de la civilización que Europa representa y, claramente, de sus pueblos autóctonos preteridos por las políticas oficiales en beneficio de neodamois indignos) barrios enteros en guetos y pueblen la geografía de mezquitas grandes y pequeñas destinadas no a la oración sino al adoctrinamiento y la financiación ilegal de muchas acciones hostiles a la patria que les acoge, hace mucho tiempo que ha perturbado la existencia de miles, quizá decenas de miles, de mujeres españolas que han visto coartada su libertad y su tranquilidad por la agresividad sexual de estos energúmenos circuncidados y sin domesticar.

Prescindiré aquí, como suelo hacer en estas páginas, de grandes datos estadísticos y de estudios pomposos (y generalmente sesgados a favor de la ideología dominante, cuando se abordan, que es rara vez porque un análisis siquiera somero de las consecuencias del establecimiento de musulmanes en Europa resulta siempre demoledor para las autoridades corruptas que lo permiten) y me centraré en lo que puedo atestiguar personalmente, en lo que he vivido.

Contaré, pues, unas pocas anécdotas del día a día que se remontan en algunos casos a décadas atrás.

Quiero recordar aquí a una compañera de trabajo, una de las mujeres que se encargaba de la limpieza del centro donde yo realizaba entonces mis labores de humilde servidor público, que vivía en un entorno islamizado y que debía salir acompañada por su marido para ir a trabajar cuando le tocaba el turno de mañana y se veía obligada a salir todavía de noche para llegar temprano a su quehacer laboral. Cerca de su casa había unos bancos que ocupaban los magrebíes desde el anochecer hasta el alba creando un clima de inseguridad y trapicheo de drogas y, si salía sola, la acosaban, la agredían y estuvo cerca de ser violada en más de una ocasión. No era una mujer especialmente joven ni espacialmente hermosa, y aun así, cuando los (no voy a decir putos moros) individuos aquellos la veían salir a ganarse honradamente la vida, la tomaban como presa para sus sucias mentalidades y sus impulsos animales. Como ella, todas las vecinas que se veían en sus mismas condiciones, incluso las adolescentes que regresaban del instituto o de sus actividades ya anochecido, sufrían similar acoso, igual peligro, sin que las autoridades (ni, por cierto, las feministas) hicieran nada en su favor. Imperaba, como en todos los guetos islamizados, la ley de los invasores y sus agresiones y acosos quedaban impunes, lo que, naturalmente, les envalentonaba.

Esto es moneda común, como digo, en todos los barrios con población musulmana.

Pondré ahora dos ejemplos que me tocan incluso más de cerca.

Cierta noche (serían las diez) regresando a mi casa del trabajo, pasé cerca de un Kebab. La calle estaba bien iluminada y razonablemente poblada, lo que no obstó para que uno de los camareros del local (en este caso un paquistaní) desocupado y aburrido, al ver pasar una muchachita de unos dieciséis o diecisiete años bastante bonita y con unos pantalones más o menos ceñidos, le saliese al encuentro y le agarrase violentamente la entrepierna con una sonrisa babosa mientras con la otra mano buscaba manosearle los pechos y sus dos colegas le jaleaban. Naturalmente, me vi obligado a intervenir y la cosa terminó como el rosario de la aurora. Finalmente intervino la policía y, creánlo, a punto estuve de ser yo el detenido. El paquistaní se fue de rositas y la chiquita llorando sin atreverse a denunciar. ¿Qué le hubiera sucedido de no intervenir yo? ¿Cuántas otras sufrieron un asalto similar?

Otro ejemplo más sangrante: en un supermercado uno de estos bachimozuques se atrevió a empujar a mi madre porque no le permitía colarse en una fila y hasta tuvo el atrevimiento de levantarle la mano. Para su desgracia yo andaba cerca…y no voy a contar las consecuencias de sus demasías, pero el honor quedó a salvo y el ejemplo firmemente establecido. Desde ese día, todos los (no los llamaré moros de mierda) vecinos del Magreb que se cruzaban con mi madre, le sonreían, le hacían reverencias y la saludaban untuosamente.

No quiero alargar en demasía esta entrada, de modo que terminaré poniendo de manifiesto un hecho para mí sangrante y paradójico.

Conozco jovencitas marroquíes y argelinas criadas en España que, a simple vista, nadie identificaría como musulmanas. En España visten y se comportan casi igual que las chicas españolas, pero cuando viajan a Marruecos o a Argelia, ellas mismas me han confesado que visten con ropas adecuadas, que se disfrazan, en sus propias palabras, de moras, con un solo designio: evitar se acosadas y violadas.

A pesar de ello, prefieren vivir en Marruecos o Argelia que en España, lo cual se debe al férreo adoctrinamiento de las mezquitas (en las que no solo se habla de religión, sino sobre todo de política) y la cerrazón de sus familias, que disimulan modernidad en España sin dejar de rumiar por dentro sus anacrónicos prejuicios africanos (y musulmanes). Eso es lo que hay.

Lo dejo aquí.

Bueno, no: una última cosa. Quiero dirigirme a esas oenegés dedicadas (a cambio de importantes réditos conseguidos del dinero público, lo que las convierte en entes parásitos del Estado) a defender a los invasores y fomentar sus fechorías. Solo quiero hacerles una pregunta, mejor: una afirmación evidente. Sois conscientes de que vuestras acciones innobles e indignas, además de constituir traición a España y a la Civilización, provocan las agresiones, el acoso y las violaciones de miles, quizá cientos de miles, de mujeres españolas, muchas de ellas niñas y adolescentes. Lo sabéis y persistís en vuestros crímenes ¿En qué os convierte eso? ¿Cuál creéis que será vuestro castigo, no institucional, sino personal, cada uno de vosotros deberá pagar individualmente por sus acciones, cuando se restablezca el orden?

Ahora sí que lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

CEUTA Y LA ANTIESPAÑA

La izquierda antiespañola (que es toda al menos desde 1833) siempre anda entonando jeremiacas e hipócritas lamentaciones acusando a los defensores de España de fascistas, ultras, xenófobos y demás descalificativos del canon (o manual) habitual de su sanedrín oculto cuando, después de un desaguisado provocado por su incompetencia o su abierta traición (como lo sucedido en Ceuta en el verano de 2026), los verdaderos patriotas se ponen manos a la obra para restablecer el orden.

Ahora andan, ciertos medios de todos conocidos y cuyos dirigentes e integrantes deberán ser juzgados y castigados por traición cuando por fin derribemos el ilegítimo régimen que les permite existir, lloriqueando porque los ceutíes, hartos de sus mentiras y de sus retorcidas acusaciones, les increpen. Le sucede lo mismo a ciertas ONG que, en plena invasión de territorio español, se dedican a defender y ayudar a los invasores traicionando con ello a España y los españoles.

En situaciones como esta es preciso dibujar con plena claridad cual es la realidad: España ha visto invadido su territorio en una operación de guerra híbrida llevada a cabo por Marruecos con la aquiescencia y el apoyo oculto del enemigo estadounidense. Muchos de los invasores engañados volvieron a Marruecos por su propia voluntad, pero han quedado los irreductibles, que ocupan el territorio español, suponen una carga para el Estado y la sociedad (a la que no han contribuido ni contribuirán) y sirven a sus amos extranjeros en contra de la soberanía y estabilidad de España. Son enemigos de España dentro del territorio español. Estamos en una situación de guerra híbrida en la que nos jugamos la soberanía de nuestra patria, un territorio que debería considerarse como inviolable y sagrado, y en esa tesitura, sumándose a la indolencia culpable del Gobierno social-comunista que padecemos, ciertos medios patrios, de idéntica tendencia, salen a defender a los invasores y a insultar a los españoles (por lo visto, defender a tu patria, tu territorio, las calles que deberían transitar tranquilamente tus hijos, tus servicios públicos, tu pertenencia a España es convertirse en un ultraderechista peligroso, en un xenófobo poseído por el odio). Lo mismo sucede con determinadas ONG sufragadas por el Estado (y algunos Estados enemigos) que aparecen para alimentar, defender, asesorar y hasta armar a los invasores. ¿Alguien se extraña de que estos periodistas y «activistas» sean percibidos por el pueblo como enemigos y, por lo tanto, increpados?

Estamos sufriendo una invasión, un ataque por parte de Marruecos y Estados Unidos y los invasores que han decidido permanecer en Ceuta no son seres inocentes (les vemos violando a sus propias mujeres, a menudo niñas, atacando patrullas militares, robando, negándose a marchar del territorio invadido, empecinados en mantener su vinculación al islam, que es incompatible con la civilización europea…), pero son preferidos por ciertos medios de comunicación, por ciertas organizaciones presuntamente benéficas, pero de lealtades dudosas y por ciertas organizaciones políticas a la integridad de España y a los intereses de los españoles, que son insultados y acosados por esas instancias cuando osan defenderse. ¿Cómo debemos interpretar esta situación? Solo cabe una interpretación: como traición (y como tal deberá juzgarse y hacerse pagar en el futuro).

Pero tampoco supone ninguna sorpresa. La izquierda española siempre fue antiespañola. Recordemos que ya en 1909 los traidores anarquistas de la CNT montaron motines y disturbios (la Semana Trágica de Barcelona) en connivencia con los republicanos y los independentistas catalanes para intentar evitar que España recuperara su pulso y defendiera sus fronteras con el establecimiento del protectorado en el norte de Marruecos. Recordemos que en 1922-1923 el filibusterismo parlamentario del PSOE y los republicanos, apoyados en la calle por los anarquistas, costó más vidas de soldados españoles que el desastre de Annual (1921) por el mero hecho de que todos los diputados socialistas de la época estaban a sueldo del traidor y especulador socialista Horacio Echevarrieta, que tenía intereses en el chiringuito que nuestro enemigo y traidor Ab el-krim había montado en torno a la capital de su insurrección en la bahía de Alhucemas.

Fue tal el daño que causó aquella constante traición del PSOE en 1922-1923 que fue necesario que el general Primo de Rivera diera el golpe de Estado de 1923 para organizar a continuación el desembarco de Alhucemas (1925) acabando con la insurrección en nuestro protectorado.

Más tarde, en 1931, el PSOE (como sigue haciendo con las llamadas Leyes de Memoria Democrática) falseó la historia culpando al rey y al general Fernández Silvestre de graves cargos en 1921 y haciendo olvidar sus crímenes de 1922-1923.

Cien años después seguimos igual.

Si queremos defender la integridad territorial de España, lo he dicho aquí hasta el aburrimiento, debemos, por un lado, acabar con el ilegítimo e ineficaz régimen de 1978 que nos conduce a la condición de Estado fallido y por otro hacer una intensa y generalizada limpia de enemigos interiores, tanto de partidos e instituciones (sindicatos, ONG, asociaciones diversas…) como de individuos claramente escorados a la anti-España. Urge ya hacerlo.

Lo digo sin odio, pero con total convicción.

© Fernando Busto de la Vega.

MOVIMIENTO CONTRA LA INTOLERANCIA Y EL PELIGROSO IMPERIALISMO CHINO.

Dicen que las apariencias engañan, y es verdad.

Cuando un joven o un incauto poco informado se encuentra con una ONG que habla de inclusión, de igualitarismo y de luchar contra conceptos demonizados por el liberalismo anglosajón que sufrimos, como el fascismo o el racismo es lógico que se dejen engañar y manipular.

Pero es preciso ver más allá, levantar las faldas y arrancar los vestidos de las seductoras odaliscas para encontrarse con la realidad pútrida de sus cuerpos, propios de endriagos cuando se las priva de las sedas que las cubren. Eso mismo sucede con Movimiento Contra la Intolerancia, que se reviste de brillante demagogia «igualitaria» y «antifascista» para seguir desarrollando una labor maoísta que solo beneficia al imperialismo chino.

Si se investiga someramente a su fundador, Estaban Ibarra, se encontrará fácilmente que fue miembro del grupo terrorista FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), lo que no se encuentra tan fácilmente es el hecho de que este grupo terrorista era una facción maoísta escindida en los años sesenta del PCE (Partido Comunista de España) con financiación, dirección e ideología propia de Pequín, que en esa época buscaba auparse a la dirección del comunismo internacional en detrimento de Moscú para conseguir que su imperialismo suplantase al ruso en el dominio mundial.

La baza fundamental de la propaganda del maoísmo era, y sigue siendo, la difusión de un profundo racismo anti-blanco. Los rusos eran comunistas, pero eran blancos, y eso, a ojos de Mao, que era, además de un incompetente, un genocida, un violador y un racista, les desautorizaba para dirigir el comunismo. Para el maoísmo, la lucha de clases era, también y sobre todo, una lucha de razas. Una lucha de las razas menos civilizadas contra los blancos, y en especial, España, cuya presencia en Asia los chinos, por mucho que lo intentaron entre los siglos XVI y XIX, no pudieron eliminar (al cabo fueron los Estados Unidos quienes conquistaron Filipinas).

El maoísmo ha cursado siempre como una ideología del odio anti-blanco que se azuza en las diferentes razas demonizando a los europeos, creadores y gestores de la civilización, y tiene como último objetivo la destrucción y sometimiento de la raza blanca.

Quien observe atentamente la ideología y las acciones que difunde y ejecuta el Movimiento Contra la Intolerancia, por cierto, siempre con subvenciones públicas (ni siquiera precisa ser sostenido por el dinero chino porque el liberalismo hispano, imitador del anglosajón, le financia para mantener sus hipócritas estructuras de dominación impuestas desde el imperialismo yanqui-sionista), comprenderá rápidamente que sigue siendo una fuente de actividad maoísta, esto es: de odio anti-blanco y actividades anti-españolas (pues, entre otras cosas, con su retórica dificulta y hasta llega a impedir la integración de los hijos de inmigrantes en el contexto social español amenazando con llevar adelante un proceso de guetos e islas «culturales» al modo de las que están destruyendo Francia o Bélgica, país, por cierto, donde brujuleó el partido comunista impulsado por Pequín más fuerte de toda Europa y que ahora está pagando esas políticas envenenadas envueltas en buena voluntad y liberalismo y manejadas con intereses ocultos por belgas al servicio de China).

Hay que ser muy conscientes de todo esto. De momento no podemos actuar. Pero es preciso empezar a organizarse y, cuando llegue el momento, pasar factura a los traidores.

© Fernando Busto de la Vega.