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MIRANDO MÁS ALLÁ DEL PSOE Y PEDRO SÁNCHEZ

No voy a caer en el lazo de la efervescencia sentimental y visceral que en uno y otro bando domina hoy en ciertos ambientes de España. Sabida es mi opinión sobre el panorama partidista del país y remito a quien no la sepa a este artículo.

El arranque plebiscitario (con solo quince mil militantes dando gritos en la calle) y totalitario del PSOE y sus adláteres de vocación bolchevique y enjundia ruso-bolivariana, con ser graves, peligrosos e inaceptables, no me preocupan en este momento. Como tampoco quiero poner de manifiesto el cenagal impúdico de la derecha, derechona y derechita de este país.

El dato relevante, la verdad subyacente en que debemos fijarnos y que quiero resaltar ante el lector es otra mucho más inquietante y de mayor importancia: la edad de los manifestantes.

El régimen agonizante y decadente de 1978 que todavía sufrimos y sus columnas vertebrales partidistas se asientan en una generación muy concreta como puede comprobarse en las imágenes de los manifestantes ante Ferraz. Los que se drogaban (¿recuerdan aquella mítica frase del petulante y deleznable Tierno Galván: «el que no esté colocado que se coloque?»)

y se entregaban al hedonismo, el egoísmo posmoderno, la vacuidad ultraliberal y el desmadre posfranquista en plena cultura del pelotazo, el ascenso social de la pequeña burguesía (a costa de una parte de la clase obrera machacada por las reconversiones de los ochenta y con el lubricante de los fondos europeos) sin conciencia social ni política y la sustitución del izquierdismo por el progresismo allá por los tiempos de la Movida.

Mirando las fotografías de la concentración ante Ferraz, y dejo aquí algunas, vemos con absoluta nitidez que el PSOE es básicamente el partido de dicha generación-tapón que ha comprometido, con su egoísmo e irresponsabilidad, el futuro del país y del pueblo.

Pueden gritar mucho (aunque sean pocos), pero les queda poco. Son viejos. Y eso es lo malo: gritan para seguir ordeñando la burra a su favor y cabalgándola tan ciegamente como siempre.

Su tiempo, en realidad, ya ha pasado. Pero habrá que empujarles para que se vayan y poder diseñar un nuevo futuro. Esa es la esencia de la verdadera revolución pendiente en este país. Es generacional, no ideológica.

Pues eso. Un país de viejos que no han hecho otra cosa, bajo el PSOE y el PP, que prosperar a costa de los fondos europeos, sin innovar ni cambiar un ápice del obsoleto sistema económico español (seguimos en el turismo, la especulación y el ladrillo), y de sus hijos y nietos, cuyo futuro han hipotecado. Son una generación nociva y fracasada y todavía se creen el ombligo del mundo.

PD.- Un dato histórico curioso: el 1 de octubre de 1975 Franco reunió un millón de personas en la Plaza de Oriente de Madrid en una manifestación de apoyo similar a la que ha organizado el PSOE en Ferraz. Tres años después, el 99% de los que asistieron a aquella manifestación eran «demócratas de toda la vida» y no quedaba nada del régimen franquista. El PSOE ha reunido 15000 manifestantes y no cuenta con el Ejército. Ahí lo dejo.

© Fernando Busto de la Vega.

¿QUIÉN SE ACORDARÁ DE ALMODÓVAR DENTRO DE VEINTE AÑOS?

Si existe un ejemplo de triunfo coyuntural en el cine español es, sin duda, el de Pedro Almodóvar. Sin el apoyo gubernamental del felipismo a partir de 1982 dentro de su política propagandística que unió la idea de contraste acentuado con el franquismo y avance hacia la posmodernidad como filosofía superficial, materialista y desideologizada (es un decir: era ultraliberalismo puro) y el progresismo entendido como auge de la militancia identitaria y de género propiciado por los homosexuales de clase alta que después de 1975 asaltaron el poder cultural y mediático disfrazados de «modernos» en contraste con sus pares heteros, probablemente no hubiera logrado hacer más allá de un par de películas que, como la primera, no hubieran interesado a casi nadie.

El felipismo, con Pilar Miró a la cabeza como directora general de Cinematografía (puesto desde el que se encargó de desmantelar la parca industria cinematográfica nacional para someter al cine a la subvención y por ende la supervisión, el dirigismo y la censura) impulsó dos corrientes básicas de cine propagandístico con piel de cordero. Por un lado, la llamada Comedia Madrileña, en la que la burguesía acomodada y acomodaticia sustituía como protagonista a la clase obrera representada, y crítica, en las denostadas películas de Pajares y Esteso, por poner un ejemplo (y que que deben ser revisitadas al menos desde dos puntos de vista: la pureza del lenguaje y la crítica social y política ambas desaparecidas en el nuevo género impulsado desde el ministerio de Cultura), destinada al consumo interno y a difundir la ideología ultraliberal afín a la cultura del pelotazo que tanta corrupción engendró en apenas una década acabando por propiciar la quiebra del propio partido en el poder así como permitiendo la emergencia de personajes como Jesús Gil y otros de su calaña, y, de cara a la propaganda exterior, los engendros de Almodóvar, que se vendían bien en la anglosfera donde la intelectualidad llevaba décadas, controlada de cerca por la CIA, abandonando el barco de la lucha de clases para embarcarse en lo queer y el feminismo como fachada «progre» para el puritanismo de siempre. En ese marco, Almodóvar resultaba el producto perfecto para ser difundido y reverenciado en los círculos elitistas de la intelligentsia anglosajona y catapultado, por lo tanto, al éxito.

De ahí que su carrera se opacase con la caída del felipismo atravesando una larga transformación desde las películas propias de un mariquita gamberro e irreverente financiado por un gobierno que pretendía transmitir una imagen de país con esas características a las de una señora mayor aficionada a los culebrones y que se relanzara, curiosamente, con la llegada al poder de Zapatero, otro caudillo «progre» del PSOE.

No debe extrañarnos que Almodóvar sea un fanático del PSOE y su agenda «cultural» al margen de la cual no existiría.

Pero el PSOE, y el régimen, difícilmente sobrevivirán a Pedro Sánchez (quizá alguna década, pero poco más) y la función propagandística del cine de Almodóvar se hundirá con el partido y el régimen. Entonces, librado al mercado puro y duro y a la realidad, se producirá su olvido (ni siquiera su repudio).

Pedro Almodóvar, además de ser un baldón para la cinematografía española, es ya un cadáver putrefacto, el pasado triste y vergonzante.

© Fernando Busto de la Vega.

EL GOBIERNO ESPAÑOL Y LOS PIRATAS HUTÍES

Cualquier potencia que se precie (desgraciadamente España dista mucho de serlo y resulta evidente que sus propios gobernantes no la respetan) tiene que mostrarse enérgicamente activa contra cualquier clase de piratería, especialmente aquella que dificulta las principales rutas de navegación y comercio internacional y afecta a su economía y la de sus aliados.

El no ser enérgico y activo contra la piratería hace que la nación pierda credibilidad y poder.

Las expuestas son dos verdades geoestratégicas indiscutibles que solo los muy estúpidos o los traidores pueden negar u objetar de algún modo. Cuando el estrecho de Bab-el-Mandeb es obstruido por la piratería hutí (una secta chií fanática y a sueldo de Teherán, lo que equivale decir al servicio de Moscú), el gobierno español está obligado a intervenir. Si fuera preciso, en solitario. Siendo que conformamos parte de unas alianzas determinadas, en el marco de esas alianzas.

Lo que no puede suceder, y resulta altamente lesivo para los intereses internacionales de España, es que en un marco de guerra global en el que lo que sucede en el mar de China o en el mar Rojo es tan solo una prolongación de la guerra de Ucrania, en la que dentro de la OTAN apoyamos a este país contra el eje Moscú-Pequín-Teherán, nuestros ministros y partidos de la mayoría parlamentaria anden apoyando al bando enemigo en todos los escenarios secundarios. O se está en misa o repicando. Lo que sucede en el Gobierno español es, simplemente, inaceptable, vergonzoso y lesivo para España y sus responsables, empezando por el presidente, que en su momento debería haber optado por una gran coalición de Estado y sensatez, como ya explicamos en su momento, deberían ser juzgados y evaluados como incompetentes ya que no como traidores a la mayor brevedad. No sucederá, nuestro régimen es así de decadente, corrupto e incompetente.

Por lo demás, independientemente del partido o coalición que gobierne España, hemos asumido la persistente, humillante y desastrosa política de pagar rescates en lugar de liberar a nuestros rehenes y jamás tomar represalias contra los terroristas o enemigos que nos atacan lo cual nos convierte en corderitos, en una nación débil a la que ni aliados ni enemigos respetan.

Una muestra más de nuestra decadencia.

Clamaría por el cambio, pero conozco demasiado bien el deleznable material humano de la España actual como para tener esperanza. Vamos hacia un nuevo Guadalete y, desde ahí, si podemos, habrá que reiniciar la reconquista y la reconstrucción.

© Fernando Busto de la Vega.

PRIORIDADES MORALES

POR CIERTO, PARA QUE ESTA BANDERA SEA PERFECTA ES PRECISO ELIMINAR LA CORONA Y EL PARCHE CON LAS FLORES DE LYS DEL ESCUDO. NECESITAMOS UNA III REPÚBLICA DE CARÁCTER NACIONAL Y ESPÍRITU SOCIAL QUE BARRA LA CORRUPCIÓN Y DECADENCIA BORBÓNICAS Y DE LA OLIGARQUÍA CLEPTOCRÁTICA QUE HA GENERADO DESDE 1833.

Defender la patria, mantener la unidad, grandeza y viabilidad de España es una prioridad moral para cualquier persona de honor. Y es preciso hacerlo por todos los medios posibles. Desde el compromiso social y el trabajo diario y cotidiano hasta las acciones más extremas llegando a la guerra (y ganándola) si es necesario.

Perseguir y eliminar a los traidores a España es parte de esa prioridad moral.

Todo aquello y todos aquellos que atenten contra la unidad, la estabilidad, la grandeza y la viabilidad de España en cualquier modo deben ser apartados: aquello solucionado de raíz y aquellos castigados con la máxima dureza y los mejores métodos para garantizar la neutralización del peligro y el insulto que suponen.

En momentos como los que sufrimos no diré más.

Salvo: Delenda est Carthago. El ilegítimo e inmoral régimen de 1978…ya me entendéis.

VER TAMBIÉN…LA FALACIA DEL BLOQUEO PARLAMENTARIO

© Fernando Busto de la Vega.

SÁNCHEZ Y EL SÁHARA ESPAÑOL

El asunto ya no está de moda, pero conviene tratarlo sucintamente.

Nadie ha entendido, todavía hoy, el abrupto giro del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre este particular, el del Sáhara Español, que ahora llaman Occidental, y es posible, no seré yo quien lo niegue sin disponer de datos fidedignos, que haya tenido algo que ver con la infección de su teléfono y los de otros ministros con Pegasus y las informaciones comprometedoras obtenidas por potencias extranjeras a causa de ello.

No obstante, lo que subyace en el fondo de toda esta cuestión es algo mucho más profundo e inquietante.

Nos guste o no (y sé que a muchos no les gusta nada, pero es Historia objetiva, alejada de imposiciones ideológicas y partidistas) el franquismo aventajó en algunas cosas al régimen de 1978 (que la propaganda llama indebidamente democrático cuando solo es partitocrático). Una de esas facetas en las que el franquismo aventajaba al régimen actual era en la independencia en política exterior. España, por imperativos geoestratégicos, se vio abocada a aceptar la alianza (es decir: el vasallaje hacia) de los Estados Unidos. A pesar de lo cual siempre mantuvo un margen de independencia en la política exterior (la negativa a participar en la guerra de Vietnam, el empeño, que el régimen de 1978 enterró, de disponer de una bomba atómica que nos hubiera inscrito en el círculo de las grandes potencias mundiales y, por ejemplo, en la crisis de Ucrania hubiera podido ser Sánchez y no Macron quien hablara de tú a tú con Putin, la postura sobre el Sáhara, las relaciones con los países árabes y la actitud hacia Israel…)

El régimen de 1978 se concibió como una claudicación total de España ante los designios imperialistas de los Estados Unidos en Europa. En ese marco, el cambio de posición de Pedro Sánchez sobre el Sáhara es solo un paso más del sometimiento español ante los yanquis…¿Hasta cuando aceptaremos esta subordinación?

© Fernando Busto de la Vega.