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LA ESPECULACIÓN, LA SAREB Y UNA CATERVA DE TRAIDORES A CASTIGAR.

La traición al pueblo y a la patria asume muchas formas. Por supuesto el independentismo y quienes de un modo u otro le dan alas permitiéndole existir y pactando con él.

Pero tolerar y alentar la especulación en todos los campos, y especialmente en el inmobiliario, representa también una forma de traición que debe ser castigada con la máxima dureza.

El ilegítimo régimen que padecemos no se encuentra al servicio del pueblo sino de los intereses imperialistas de nuestros enemigos y de las ansias extractivas y cleptocráticas del capital mafioso internacional y sus lacayos nacionales. Esto viene siendo así desde el establecimiento de los regímenes liberales en 1833, y debe cambiar.

Las consecuencias de esa reducción a la condición de colonia que ha experimentado España bajo el liberalismo (a la postre doctrina de nuestros enemigos impulsada siempre por lacayos a sueldo o abducidos por sectas o ideologías cuyo principal fin ha sido destruir España, nación odiada por los bárbaros del norte) son evidentes. Pronto se convertirá en un Estado fallido. Hasta entonces las políticas neoliberales, basadas en la corrupción y la especulación, en fomentar el beneficio de los especuladores nacionales e internacionales en detrimento de las obligaciones del Estado hacia el pueblo, están devastando la vida de los ciudadanos a través del claro y premeditado deterioro de los servicios públicos, de la privatización de los beneficios y la nacionalización de las deudas, de la especulación urbanística e inmobiliaria…

La SAREB, a la postre un organismo mayoritariamente privado que le salvó el culo a bancos que habían destrozado la economía nacional cebando, con crédito extranjero, la burbuja inmobiliaria y dando origen a la crisis de 2008, es un claro ejemplo de ello. Una vez reprivatizados todos esos bancos, y no castigados debidamente ni sus gestores ni los políticos traidores al pueblo que les dejaron hacer y no han visto ni de lejos el paredón (que es el único castigo viable para los traidores al pueblo y a la patria), la salida al problema generado es incidir en los mismos crímenes: vender los activos a los fondos buitres para seguir perjudicando al ciudadano.

Ignora deliberadamente el liberalismo, no digamos ya los cleptócratas corruptos de la España colonizada y expoliada, que el Estado o es una superestructura puesta al servicio del bien público y común (una Res Pública) o es simple tiranía y que la tiranía, desde la Grecia antigua y pasando por Francisco de Vitoria, debe ser combatida, derribada y sus fautores castigados.

La SAREB es un ejemplo claro de especulación, cleptocracia y tiranía contra el pueblo, y nos marca el camino del verdadero y profundo cambio que necesitamos. El nuevo orden interno que es preciso establecer, hoy mejor que mañana.

© Fernando Busto de la Vega.

LA OSCURA SEDUCCIÓN DEL PAPEL HIGIÉNICO

Quedó acreditado durante el confinamiento: el papel higiénico ejerce una oscura seducción para el ser humano. Especialmente si es español.

Me ha tocado estos días pasarme por la Biblioteca de Aragón en la calle Doctor Cerrada de Zaragoza para visitar el Registro de la Propiedad Intelectual (ya saben: zarandajas legales relacionadas con la literatura) y como quiera que hace años trabajé allí y todavía me quedan amigos y antiguos compañeros, perdí gran parte de la mañana charlando con unos y con otros. El vigilante de seguridad de la puerta, que es amiguete desde hace años, estuvo dándome el palique acostumbrado y contándome anécdotas propias de su gremio.

Entre ellas la guerra que han mantenido con cierto ladrón de papel higiénico. Regularmente alguien penetraba en las instalaciones de la biblioteca durante el horario de atención al público, entraba en los baños y se llevaba todos los rollos de papel que encontraba. Para evitarlo, los portarrollos se protegieron con candados, pero el ladrón se proveyó de cizallas y continuó con su actividad. Al cabo, por idea de mi amigo, el vigilante, colocaron bandas magnéticas en el interior del canutillo de cartón que sonaron al pasar por el arco de seguridad de la salida. Así identificaron y capturaron al ladrón.

La historia me llamó la atención porque hace años, cuando yo trabajaba en los Servicios Sociales tuvimos un caso similar. Todos los días, pero absolutamente todos, desaparecían todos, pero absolutamente todos, los rollos de papel higiénico de los baños de nuestra sede, lo cual devino enseguida en apasionante misterio a desentrañar (ríanse ustedes de los cuentos de Sherlock Holmes o de las novelas de Agatha Christie).

Nosotros, más rudos y rudimentarios que mi amigo el vigilante de la Biblioteca de Aragón, no recurrimos ni a candados ni a medios tecnológicos, simplemente a la observación y la deducción. Así logramos centrar nuestras sospechas en cierto anciano con boina que entraba y salía diariamente a la misma hora sin efectuar ninguna gestión. Enviamos a la vigilante de seguridad a interceptarle y, en efecto, encontró que debajo de la chaqueta llevaba un montón de rollos robados. A pesar de ser descubierto, el anciano se reía, lo cual excitó la suspicacia de la vigilante que, en un golpe de audacia, descubrió que llevaba un último rollo escondido bajo la boina.

Así se solucionó el apasionante caso del papel higiénico robado, aunque no acabó la carrera criminal del anciano delincuente que a las pocas semanas formó banda con otros de su misma edad presentándose con chalecos que recordaban a los funcionarios del Ayuntamiento para robar las aceitunas que daban los olivos que teníamos en la puerta. De todos modos era preferible verle robar olivas mirando irónicamente hacia nuestras instalaciones como si nos engañase que soportar a otra señora, casi octogenaria, que venía a la misma puerta a levantarse la falda en modo exhibicionista (sin nada debajo) o, en su defecto, orinar allí mismo.

No obstante, el colofón llamativo de mi conversación con mi amigo el vigilante ha consistido en una información que yo desconocía. Parece ser que en China tienen el mismo problema con el papel higiénico y que lo han solucionado con su típica técnica tajante y expeditiva: tasando el papel mediante reconocimiento facial (afortunadamente facial y no de otras geografías más íntimas) y, además, no deja repetir. Si asomas la cara por segunda vez al aparato te tacha de abusón y te quita puntos de tu carnet de ciudadano.

RECONOCIMIENTO FACIAL PARA PAPEL HIGIÉNICO EN CHINA, RECONSTRUCCIÓN ARTÍSTICA,

Me pregunto cuanto tardará en llegar a España semejante forma de racionar y expender el papel higiénico en los lugares públicos y como la tomarían los españoles…bien, imagino…porque cada día estamos más domesticados y nos acercamos más a la condición de inocentes y adocenados corderitos (con los machos adultos y caracterizados de turno, que tampoco faltan. Digo: mardanos y cabrones).

© Fernando Busto de la Vega.

EL PELOTAZO DE LAS MASCARILLAS Y LA VENGANZA DE DON MENDO

NUÑO.— ¿Ladrón vos, don Mendo? ¿Vos? Un marqués como vos, ¡que afrenta! ¿Cuándo vióse acción tan doble?

DON MENDO.— Nunca ha de faltar un noble que robe más de la cuenta.

Este diálogo, aproximadamente, tiene lugar en la Primera Jornada de La Venganza de Don Mendo con la ironía de que Don Mendo, como sin duda sabe el lector, no subió a la torre en la que le sorprendieron para robar, sino para amar, pero dio palabra a su amante de salvarla y miente haciéndose pasar por ladrón. No obstante, el autor, Pedro Muñoz Seca, que estrenó la obra en 1918, sabía muy bien lo que decía y sus espectadores también, de ahí la contundente hilaridad que provocaba la frase. Ahora, cien años después, y empezando por el rey (y aquí hemos de desmentir a Rojas Zorrilla que en 1651 estrenó otra obra de teatro en la que también aparecía un Don Mendo, titulada Del Rey Abajo, Ninguno) seguimos entendiéndola bien. Empezando por el rey (emérito, de momento) hacia abajo, en España, nunca ha de faltar un noble que robe más de la cuenta.

Y si solo fuera algún que otro noble…

¿Recordáis cuando algunos gritábamos en la calle «lo llaman democracia y no lo es»? Pues no lo es. España es un régimen cleptocrático (de señoritos robaperas, amigo Sergio, que te quejas de mis palabros técnicos) al menos desde 1833. No tardaremos en tratar en estas mismas páginas sobre la merienda de negros (o subsaharianos y subsaharianas para usar lenguaje inclusivo y no ofender a nadie, añadiré, por lo tanto, subsaharianes) que fue el proceso de privatización de empresas públicas llevadas a cabo por las políticas neoliberales de Felipe González y José María Aznar y la caterva de oligarcas españoles (por mucho que la propaganda OTAN insista en ello no solo hay oligarcas ladrones y corruptos que parasitan al Estado en Rusia, en España nos sobran) que se vieron beneficiados. Chorizo, ya lo sabemos, sobra por estos lares.

© Fernando Busto de la Vega