Archivo por meses: enero 2023

DALÍ, PICASSO, BOUGUEREAU, ALFONSO PASO Y LA POSTERIDAD

Resulta complicado experimentar algún tipo de simpatía por Salvador Dalí. Sin embargo, no es factible descartar de raíz ni su expresión artística ni el andamio teórico que la sustenta. Desgraciadamente, las necesariamente escuetas entradas de un blog como este no son el ámbito preciso para abordar largas y sesudas disertaciones sobre la filosofía del arte y la naturaleza de la posteridad (con todo lo que tiene de azar y subjetividad). No obstante, me permitiré un pequeño apunte.

Sabemos que William-Adolphe Bouguereau, simplemente «el pintor» «la hegemonía académica» de la burguesía parisina del XIX, fue odiado, envidiado y denostado por todos los jóvenes vanguardistas que detestaban tanto su éxito como el obstáculo que representaba para su propio camino hacia la fama (algo parecido a lo que en la escena teatral madrileña sucedió en los años sesenta con el auge casi absoluto de Alfonso Paso y los jovenzuelos «vanguardistas» y «revolucionarios» afiliados al PCE y que hubieran dado una mano por ser la mitad de famosos y seguidos que él).

Como el vanguardismo, aupado por los destrozos de la Primera Guerra Mundial y las maniobras propagandistas antiburguesas de determinadas corrientes políticas, acabó triunfando, Bouguereau fue arrojado al olvido, como se condenó al ostracismo cultural a Alfonso Paso tras la muerte de Franco.

Después de la Segunda Guerra Mundial el asunto del arte se convirtió en parte de la propaganda imperialista de soviéticos y yanquis. Los unos apostaban por el arte abstracto, los otros por lo contrario. En ese contexto nada inocente, y seguramente bien financiado bajo mano por diferentes agencias gubernamentales, estalló la controversia entre Dalí y Picasso en torno a la validez de la obra de Bouguereau. Dalí, declarado franquista y fan del capitalismo, la defendía. Picasso, que recitaba de comunista (aunque como el propio Dalí explicó al inicio de su libro Picasso y Yo: «Picasso es comunista, yo tampoco.»), la denostaba.

En esta disputa aparentemente artística podemos contemplar el trasfondo de la lucha «cultural», pero sobre todo propagandística, de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos y, si lo deseamos, subsumida en ella, la estela fratricida (y estúpida) de las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil. Sirve esto para comprender y dar a entender el modo en que los intereses políticos y las ambiciones imperialistas interfieren en el mundo artístico, literario e intelectual viciándolo y prefabricando perspectivas afines al auge de tal o cual facción.

Sea como fuere, y a pesar de estar sujetos a la hostilidad arbitraria de políticos incultos y totalitarismos imperialistas catetos, pintores, literatos, intelectuales y artistas diversos protagonizan carreras de fondo que traspasan con amplitud su temporalidad vital. Y ello me lleva a preguntarme: ¿dentro de quinientos años quién habrá vencido, a quién se recordará y admirará? ¿A Bouguereau o a los jóvenes vanguardistas que le odiaban y trataron de arrojarlo al olvido? ¿A Alfonso Paso o a los jóvenes que le detestaban y presumieron en los setenta de abrir nuevas vías vanguardistas al teatro? ¿Al academicismo burgués anclado en normas clásicas y por lo tanto eternas, o a las vanguardias díscolas y claramente afectadas de un egolatrismo manierista y freudiano regodeo en la propia adolescencia? ¿A Dalí o a Picasso?

El tiempo dirá, claro. Yo solo me lo pregunto.

© Fernando Busto de la Vega.

EL FEO VICIO DE ASALTAR PARLAMENTOS (BRASIL, ESTADOS UNIDOS…)

Del mismo modo que asaltar una frontera, sea con un ejército organizado con sus tanques y aviones, sea en turbamultas armadas con palos y navajas como suele suceder en Ceuta y Melilla, es siempre un acto de guerra y debe ser tratado como tal, asaltar un parlamento o cualquier institución del Estado es un golpe de Estado y debe ser tratado como tal, aunque lo ejecuten masas desarmadas.

Parece, en cualquier caso, que la táctica se está poniendo de moda, especialmente en América y entre cierta derecha extrema de vinculaciones evangelistas.

Sin embargo, quizá deberíamos observar con mayor atención el fenómeno (en apariencia nuevo) y ponerlo en perspectiva, aunque ello nos lleve a situarnos en las siempre incómodas y fangosas aguas de la conspiranoia.

El hecho es que la primera vez que yo (e imagino que muchos de mis lectores) escuché hablar de un proyecto semejante fue hace más de una década y en un contexto muy diferente: el 15-M.

Siempre, desde el primer momento en que empecé a comunicarme y tratar con la gente que daba la cara como inductores del movimiento, allá por noviembre-diciembre de 2010, tuve la impresión de que había gato encerrado, que alguien tiraba de los hilos detrás de escena y que lo que se cacareaba en los panfletos y manifiestos no era exactamente lo que se pretendía, por ese motivo procuré siempre quedarme en segundo plano y no figurar en ninguna convocatoria, documento oficial o tomar el más mínimo riesgo. Seguí apoyando el movimiento, en toda su complejidad, había grupos diversos, muchos genuinos y sinceros, porque era la única opción de agitar las sentinas irrespirables que conformaban el Estado en aquellos momentos y participé en las manifestaciones hasta que al salir de casa cierta mañana me encontré con unos individuos, seguramente policías, que me hicieron fotos y salieron corriendo. Hasta entonces mi cara no había aparecido ni siquiera en mi blog Disidente por Accidente que llevaba funcionando desde 2009, nunca he sido especialmente estúpido.

Mis sospechas se fueron confirmando cuando se sucedieron una serie de hechos llamativos: primero la ruptura con infiltrados, provocadores y disturbios de la manifestación de Juventud Sin Futuro en abril de 2011 (de la que todo el mundo parece haberse olvidado) que apestaba a manipulación policial y mediática y que, en la práctica, aunque pueda parecer otra cosa, quebró las piernas del movimiento antes del 15-M dejando este completamente en manos de quienes lo dirigían en la sombra. Después la manifestación de ese día, que también acabó en Madrid del modo esperado (reventada por alborotadores justo a la hora de los informativos de mayor audiencia)… y, finalmente, el «milagro» de las acampadas que la policía permitió (si lo hubieran deseado hubieran desmantelado la de Madrid, la primera de ellas, la misma noche del 15 al 16 de mayo de 2011 sin que hubiera sucedido nada) y que, de pronto, empezó a poblarse de retretes públicos «donados» gratuitamente por alguna empresa, de puestos informáticos y de prensa llenos de ordenadores y milagrosas conexiones a internet…En fin, a dejar de ser creíble como movimiento popular improvisado.

Desde ese momento mi sentido común y de supervivencia me aconsejó ir echándome a un lado y a no comprometerme en nada. Máxime cuando a principios de julio de 2011 tuvo lugar el incidente de los fotógrafos que salieron a la carrera después de hacer de paparazzi en la puerta de mi casa.

Con todo, aún tuve tiempo aquel verano de conocer diversas iniciativas extemporáneas y grupos radicales encabezados por descerebrados de escasas meninges algunos de los cuales apestaban a infiltrados y provocadores. Uno de esos grupos acabó sustanciándose primero como Ocupa el Congreso cambiando más tarde, ya en 2012, su nombre por Rodea el Congreso. Para entonces yo ya me había apartado del todo.

Debo confesar que en 2011 no veía mal un golpe revolucionario que nos permitiese quebrar la cleptocracia que sufrimos y nos impide avanzar, pero cuando los comunistas (algunos amigos míos a los que me encontré asombrados, perplejos y hostiles en la plaza del Pilar el mismo 15 de mayo de 2011 al final de la manifestación de Zaragoza y luego se convirtieron en líderes entusiastas), los independentistas (con los que tuve algún que otro encontronazo dialéctico y en ocasiones mucho más que palabras en Barcelona) y otras malas hierbas se infiltraron a lo largo del verano y el otoño de 2011 en el movimiento, junto con la persistente sensación de que alguien lo manejaba con fines espurios desde la sombra, pensé que era mejor dejarlo pasar. No obstante todavía mantuve algunos contactos con aquellos grupos iniciales que hablaban de ocupar el Congreso y que me parecieron compuestos por marujas y adolescentes sin experiencia política, operacional y, sobre todo, revolucionaria y militar. Después de unas cuantas charlas me quité de en medio. Afortunadamente siempre tuve un par de dedos de frente (desde que me rapo la cabeza muchos más, claro).

Pero en definitiva y resumiendo lo que quería decir: esto de asaltar parlamentos que parece estar poniéndose de moda, no es algo espontáneo, no es una táctica estrictamente de la ultraderecha y alguien lo estaba ya experimentando, meditando y poniendo de moda hace más de una década. Hay que preguntarse quién y para qué…¿a dónde nos quieren conducir? Hay mar de fondo y las olas no nos dejan verlo.

¡Atentos!…Vienen cosas, cosas malas…no creáis nada de lo que os cuenten en los próximos meses y años. Estamos asistiendo a una representación de títeres y no sabemos quien mueve los muñecos, diseña las escenas y con qué finalidad.

© Fernando Busto de la Vega.

AZAFATAS EN BRAGAS

¿Soy yo o es que nos estamos volviendo memos a pasos agigantados? ¿Soy yo o las mujeres de ahora, tan modernas, tan autosuficientes, tan todo no le llegan a la suela de los zapatos a las de antes? Porque yo me imagino la patada en las partes pudendas y la ristra de tortazos que se hubiera llevado cualquiera que en una entrevista de trabajo le hubiera pedido a mi madre o a las madres de mis amigos que se quedaran en ropa interior. Ahora, en cambio, las chicas se desnudan y luego lloran y se quejan (quizá cuando descubren, porque del 5 de noviembre aquí ha pasado tiempo suficiente, que no han sido seleccionadas).
Sí, como sigo de vacaciones y estoy relajado no dejo de fijarme y sumarme a los escándalos de moda. Hoy me detendré en el de las azafatas candidatas a trabajar en Kuwait Airlines a las que hicieron desnudarse en una entrevista de trabajo. Parece una tontería, pero hay mucha tela que cortar.

Para empezar, y siempre digo que en los detalles está la verdad, la actitud de las candidatas, muy propia del moderno feminismo y del famoso Me Too, es digna de anotar y analizar. Primero transigen (lo mismo da desnudarse que hacer una mamada en una entrevista de trabajo) porque o bien carecen de dignidad o bien de independencia, madurez y fuerza de carácter. Luego, cuando no consiguen el objetivo por el que con mayor o menor intensidad se han prostituido, lloran y protestan, con más fuerza cuando resulta que el asunto sale a la luz y quedan en evidencia.

Esa es la hipocresía infantoide del actual feminismo y de las mujeres que educa.

Ceden, transigen…se prostituyen en suma, y si no consiguen sus objetivos, lloran y se dicen violadas. Ellas nunca son responsables de sus actos indignos.

Señoritas azafatas: la actuación correcta es partirle la cara a quien en una entrevista de trabajo te pide que te desnudes o en una para alquilar un piso te ofrece algún tipo de componenda sexual. No tragar y luego hacerse la víctima ofendida, indefensa y pudibunda. Dos palabras: vergüenza y dignidad. Estos conceptos no se encuentran en el léxico feminista, pero suelen, junto con la responsabilidad y la madurez, ser muy útiles en la vida.

Dicho esto, acabaré sentenciando que este tipo de cosas pasan, simplemente, por primar el dinero por encima de la ética. Como los cabrones islamistas del Golfo son millonarios y saben corromper, lo hemos visto, a los cabrones y cabronas capitalistas y casposos/as de aquí, se les permite actuar en igualdad de condiciones en Europa y pasa lo que pasa, que acaban trasladando sus métodos, intereses y pensamientos a nuestros lares…Menos escándalo, por lo tanto, y más ser consecuentes con lo que representa Europa en cuanto civilización frente a los bárbaros de otros pagos.

© Fernando Busto de la Vega.

PARTIDOS Y ESCAÑOS EN LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA (DATOS DE MÁXIMO INTERÉS)

Tranquilos, seré breve. Solo pretendo enunciar algunos datos históricos que por sí solos aclaran mucha de la realidad histórica de lo sucedido durante la II República española y nos permiten eludir los cuentos y mentiras interminables que izquierda y derecha siguen contándonos sobre el periodo para rebañar la chocolatera en el presente y el futuro.

Mi posición al respecto es sencilla: hace más de ochenta años que la II República acabó. Seguir enfrentados por ella, en lugar de mirar hacia el futuro, resulta tan absurdo como continuar discutiendo sobre quién tenía razón en las guerras civiles romanas.

Dicho esto, y tras advertir que el golpe del general Primo de Rivera fue una continuación de los pronunciamientos decimonónicos y el Pacto de San Sebastián de 1930, que organizó a los partidos republicanos en su conjura contra la dictadura, una continuación de las conjuras de notables (y masones) de ese mismo siglo y que, por lo tanto, todo el resultado de ambos, tanto la Dictadura como la República solo pueden ser interpretadas como consecuencias retrógradas e indeseadas de un mundo político antiguo y ya moribundo en el primer tercio del siglo XX, conviene echar un vistazo a las cifras de escaños.

Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República entre 1931 y 1936, fue elegido como candidato único por un acuerdo de republicanos y socialistas que, evidentemente, soslayaron la voluntad popular y los procesos democráticos entregándose a una cacicada de libro. Teniendo en cuenta ese hecho será interesante contemplar las cifras de Derecha Liberal Republicana, el partido de don Niceto, en las elecciones generales de aquel periodo. A saber: 1931 (25 diputados, de 470), 1933 ( 3 diputados, de 473) y en 1936 (6 diputados, de 473). Esa es la escueta realidad reducida a cifras.

Manuel Azaña, el segundo presidente de la II República, elegido en 1936, dirigió dos partidos en el periodo: Acción Republicana hasta 1933 y después Izquierda Republicana. Sus números son estos: 1931 ( 26 diputados de 470), en 1933 (5 diputados de 473) y en 1936, con Izquierda Republicana y aprovechándose del efecto electoral y polarizador del Frente Popular, 87. Lo que no le impidió ser presidente del Gobierno entre 1931 y 1933 en una coalición variable con socialistas, radical-socialistas republicanos y autonomistas e independentistas varios.

Conviene recordar ahora las cifras electorales del PSOE en ese periodo.

Este partido, que venía de colaborar con la dictadura de Primo de Rivera y que adoptó varias de sus leyes como la de jurados mixtos en el ámbito laboral y se sacó de la manga la de vagos y maleantes a la que tanto jugo iba a sacar el franquismo, obtuvo en 1931 115 escaños, apenas un tercio de los convocados y la mitad de los necesarios para la mayoría absoluta, de modo que se ocultó tras la coalición con los atomizados partidos republicanos dejando la presidencia de la república a Alcalá Zamora y la del Gobierno a Azaña para moverse en un segundo plano con mayor libertad sin comprometerse demasiado con la clase obrera ni asustar a los burgueses, a pesar de lo cual en 1933 sufrió un batacazo electoral que le condujo a quedar en 59 diputados (recordemos, de 473) y le indujo a cambiar de política. Después de fracasar en las urnas por su propia incompetencia y tras quedar expuesta su vocación burguesa ante los trabajadores, se lio la manta a la cabeza, decidió abandonar la democracia y se lanzó hacia la revolución consiguiendo alcanzar los 99 diputados ( de 473) en 1936 dentro del Frente Popular, que significó una concentración de votos en un ambiente polarizado. Es bueno retener estos datos para comprender bien la situación.

Otro de los grandes fracasos electorales de la II República lo experimentó el Partido Republicano Radical, el de Alejandro Lerroux, que fue la segunda fuerza política en el parlamento detrás del PSOE en 1931 con 90 diputados (y que, precisamente por eso, quedó apartado de los Gobiernos de Azaña que funcionaban como caballos de Troya del PSOE) y de nuevo segunda fuerza parlamentaria, esta vez tras la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), y con un incremento de escaños hasta los 102. La CEDA no podía gobernar sin apoyo (había obtenido 115 escaños) y Lerroux, marginado por el PSOE, no tenía más ocasión para alcanzar el poder que pactar con ellos, de modo que lo hizo y entre 1933 y 1935 el propio Lerroux, Martínez Barrio y Samper, todos ellos del PRR, pudieron turnarse en la presidencia del Gobierno. En 1936, el PRR obtuvo solo 8 diputados. ¿El motivo? Lerroux venía siendo corrupto y arbitrario desde sus inicios en política a principios del siglo XX y, una vez en el Gobierno, esta corrupción se hizo evidente con un sinfín de escándalos que convirtieron al PRR en un cadáver político.

En todo este periodo Falange Española obtuvo un solo escaño en 1933 y no se le permitió presentarse a las elecciones de 1936.

El PCE (Partido Comunista de España), por su parte, obtuvo un solo escaño en 1933 y nada más que 15 en 1936 a pesar de beneficiarse de la concentración de voto del Frente Popular. No debemos olvidar a este respecto que en 1937 el PCE dio un golpe de Estado en la zona republicana tratando de eliminar a todos sus rivales, hacerse con el poder y establecer una dictadura lacaya de Moscú.

Y lo dejo aquí, la Historia y los datos a pequeños sorbos se digieren mejor.

© Fernando Busto de la Vega.

SOPA PALEOLÍTICA (REFLEXIÓN LITERARIA)

lentil soup on a bowl and spoo

Hubo una época de mi vida en la que mi gran ambición (aparte de la literatura, siempre mi primer y más constante amor) era desarrollar una meritoria labor en la arqueología medieval de la que tan necesitada anda España. Como es obvio, ese sueño se truncó por diversos motivos institucionales y personales entre los que no jugaron un papel menor la cortedad de miras, la endogamia enfermiza, la todavía excesiva influencia eclesiástica y partidista (catolicismo, comunismo y neoliberalismo son verdaderas plagas en nuestras universidades) los egos cortoplacistas y ramplones, los intereses mezquinos, la iniquidad y la pasmosa estupidez del elemento universitario así como el censurable objetivo estatal de convertir la carrera de Historia en un semillero de profesores de secundaria sin más ambiciones intelectuales ni personales que convertirse en funcionarios grises, dóciles y leales a la ideología trasladada desde el poder como dogma social (y ahí los actuales currículums escolares y las leyes del tipo de la de Memoria Democrática juegan un papel relevante y nauseabundo). Pero no por ello dejé de participar en algunos seminarios y cursos más o menos especializados y no necesariamente relacionados con el principal interés que me movía.

En ese sentido, la Arqueología Experimental siempre me atrajo mucho, por lo que tiene de locura y de juego, y por la utilidad ulterior que podía obtener en mis investigaciones adaptándola al campo medieval.

Recuerdo que una de las conclusiones de este campo de estudio que más me admiró fue la demostración que hicieron algunos arqueólogos experimentales (extranjeros, obviamente) de que en el paleolítico se podía cocinar y comer sopa. La cosa puede parecer un asunto menor, pero debemos recordar que, en esa época, el ser humano no disponía de capacidad para fundir metales ni elaborar objetos de cerámica, todo lo más algunas escudillas y cucharas de madera, de modo que el consenso generalizado entre los prehistoriadores era que la sopa no apareció como uso alimenticio hasta el neolítico. Ahora ha quedado demostrado que hasta los neandertales pudieron tomarla.

Tras mucho estrujarse las meninges y dedicar muchas horas a intentar cocinar sopa sin cacharros, los investigadores dieron con la solución: se fabrica un odre (con el pellejo de cualquier animal de tamaño medio) cuyas extremidades se cosen convenientemente, se le llena de agua (y ya se habría inventado la cantimplora), se le añaden a ese agua los ingredientes deseados (carne, verduras y frutos que se hubieran podido recolectar, algún elemento sazonador…), se calientan unas piedras del tamaño adecuado en la hoguera y al cabo se arrojan también al interior del odre cuyo contenido calientan y cocinan permitiendo a los seres humanos del paleolítico tomar una sopa que, además de reconfortante, podía estar deliciosa.

Insisto: este descubrimiento puede parecer menor, pero es todo un hito que cambió por completo lo que sabíamos de nuestros lejanos ancestros, su modo y su calidad de vida.

Pero no es mi intención centrar este pequeño artículo en asuntos serios y académicos, sino traer a colación el cursillo (o lo que fuera) en el que yo preparé y consumí sopa paleolítica, momento que no deja de tener íntima conexión con mi obra y con ese sesgo que algunos desalmados tildan de surrealismo ibañezco o berlanguiano (y otros, más leídos, de esperpento carpetovetónico), pero no es otra cosa que transcripción de cierta realidad española cada vez más escondida por las ansias de parecer guiris de los modernos peninsulares.

España, amigos, es diferente, esperpéntica, surrealista, absurda, abismal, genial, terrible, mágica, encantadora, cutre y sublime y no podemos considerarnos buenos escritores si en lugar de aceptar y transmitir en nuestros escritos esa realidad que nos hace grandes nos empeñamos en caerles simpáticos a los guiris adoptando sus adocenados, planos y desdeñables modelos sociales, culturales y artísticos. Por eso, amigos escritores contemporáneos (y no digamos ya escritoras), vosotros y vosotras tendréis ahora mucho más éxito que yo, pero yo perduraré convirtiéndome en un clásico. Yo camino desnudo, vosotros llenos de perifollos, adornos y artificios brillantes, pero insulsos. Yo como castañas asadas y torrijas con las abuelas, vosotros os prostituís en las playas con los turistas. Esa es la diferencia.

La aculturación y la domesticación a la que estamos sometidos y que vosotros, como actrices porno arrodilladas con la boca abierta delante de un cimbel en flor esperando que os rieguen la boca, aceptáis sumisos y deseando tragarlas os hacen insulsos, irrelevantes, prescindibles y tibios…y por tibios la posteridad os arrojará de su boca.

Y llegados a este punto, y puesto que mis lectores me riñen si me alargo demasiado, creo que ha llegado el momento de acabar el artículo y dejar la anécdota que quería contar para más adelante.

Feliz Año.

© Fernando Busto de la Vega.