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TRES NOVELAS A CONOCER

No es mala cosa ir recuperando novelas interesantes hoy olvidadas. Hemos de seguir ampliando y cambiando nuestra perspectiva, profundamente manipulada y equivocada por sesgos comerciales y políticos, sobre la literatura del siglo XX. Es necesario hacerlo para recomenzar el XXI desde una plataforma más acertada y más en línea con el futuro político, social y cultural al que debemos aspirar y que no tiene nada que ver con el adocenamiento posmodernista que nos ha ido vendiendo la industria editorial y cultural de nuestro país desde al menos los años cincuenta.

Pero que nadie se equivoque, este replanteamiento del legado literario del siglo XX en modo alguno debe venir marcado por un cariz partidista, sino todo lo contrario. Por ese motivo quiero comenzar esta revisión con tres novelas escritas por dos autores más conocidos por sus actos políticos que por su tarea literaria, escritores que no son tenidos por tales, y, además, de tendencias completamente opuestas.

En primer lugar quiero referirme a Fermín Galán (1899-1930), el joven capitán que dirigió la sublevación militar de Jaca en 1930 siendo posteriormente fusilado por la dictadura no ya del general Primo de Rivera sino del general Berenguer. Posteriormente la propaganda de la II República le convertiría en un héroe y hasta Rafael Alberti le escribiría una obra de teatro estrenada en el Teatro Español de Madrid el 1 de junio de 1931.

Pero lo que muchos olvidan es que el joven capitán, a la postre un aspirante a espadón más en la tradición del pronunciamiento decimonónico, ya implicado en el intento de golpe de Estado del 24 de junio de 1926, fue legionario. Uno de los primeros oficiales adscrito a la nueva unidad bajo el mando de Millán Astray y Franco resultando gravemente herido en una emboscada en el aduar de Xeruta durante la cual se llegó al combate cuerpo a cuerpo allá por 1924.

Galán fue un oficial valiente y gallardo, lo que le hace digno de haber pertenecido al glorioso Ejército español y le confiere el derecho a ser recordado junto con otros héroes del mismo. Es un legado de honor para España que debe reivindicarse más allá del sectarismo político.

FERMÍN GALÁN (1899-1930) HÉROE MILITAR ESPAÑOL, CONSPIRADOR Y GOLPISTA REPUBLICANO Y ESCRITOR A REDESCUBRIR.

Precisamente de sus recuerdos como legionario surgió una efectiva e interesante novela, la única que llegó a escribir en su corta vida, que merece la pena redescubrir en nuestros días. Se titula LA BARBARIE ORGANIZADA y, a la par que una excelente obra, viene a constituirse en un sugestivo contrapunto a otra obra que debemos desempolvar y rescatar del olvido: DIARIO DE UNA BANDERA del entonces comandante Francisco Franco, escritor también en sus horas libres.

Es bueno, creedme, leer ambos libros y hacerlo con el espíritu abierto. Aprenderéis mucho y comprenderéis mejor vuestra historia.

En segundo lugar os recomiendo recuperar también la figura de Jaime de Foxá (1913-1975), hermano del más conocido Agustín de Foxá, conde, ingeniero de montes, falangista y procurador en las Cortes franquistas, gobernador civil de Toledo, presidente de la Real Federación de Caza…un facha en toda regla, vaya…pero también impulsor del ICONA y protector de la carrera de Félix Rodríguez de la Fuente, para quien creó el Centro de Cetrería de Burgos en 1954 y a quien abrió las puertas de RTVE originando lo que sería a la postre la imperecedera serie EL HOMBRE Y LA TIERRA.

JAIME DE FOXÁ, FALANGISTA, PRESIDENTE DE LA REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CAZA, PROCURADOR EN LAS CORTES FRANQUISTAS Y UNO DE LOS PRIMEROS ESCRITORES ECOLOGISTAS DE ESPAÑA.

Jaime de Foxá es autor de dos de las primeras novelas de espíritu ecologista en España y que recomiendo vivamente a quienes quieran replantearse su visión del pasado cultural y literario de la España del siglo XX poniendo en cuestión los dogmas impuestos por la gauche divine de Barcelona y que hemos aceptado estúpida e indebidamente como verdades indiscutibles.

Estas novelas se titulan: MAREA VERDE (1951) una obra distópica que se decanta por el conservacionismo y las preocupaciones ecológicas, y SOLITARIO (1960) que narra en primera persona las andanzas de un jabalí por los montes españoles.

Son dos simples pinceladas de una tarea ardua: recalibrar nuestro legado literario más allá de los dogmas impuestos por los «intelectuales» de izquierda burguesa e influencia comunista y antiespañola nucleados en torno a la industria editorial catalana que seguimos comprando como indiscutibles, pero que deben ser discutidos, socavados y arrumbados al olvido.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA ESCENA DE LA TIRANÍA LGTBI EN LAS AULAS

Lo bueno de la realidad es que no necesita comentarios, se explica por sí sola. Por lo tanto, me limitaré a resumir un hecho que me consta fehacientemente y dejarlo a la consideración del lector.

Instituto de secundaria: profesora progre o, al menos, fiel al soniquete totalitario del progresismo en cuanto al feminismo y el encumbramiento de los trans y lo LGTBI: se enfrenta a una clase compuesta mayoritariamente por chicas musulmanas y evangelistas y en consecuencia muy poco permeables a dicho martillo pilón de la propaganda woke-trans-progresista.

La profesora (cuya inclinación sexual desconozco y tampoco me importa) se las da de colega y campechana, comienza una charla confianzuda y «libre» con sus alumnas tratando de convencerlas del dogma dominante que, se quiera o no, es una forma de adoctrinamiento insana y totalitaria. Naturalmente se trata de una estrategia. Piensa que con su retórica y su labia va a poder llevar el ascua a su sardina, pero otros han adoctrinado (no nos equivoquemos tampoco en esto) previamente y mejor a su auditorio. No solo no las convence sino que empieza a perder la batalla demagógica. Ahí se acaba la superficial pátina de colegueo y simpatía, de discusión abierta y horizontal y aparece el mal humor, la imposición y la verdadera cara del adoctrinamiento feminista-mariconista.

Conclusión: derrotada en toda la línea, la profesora acaba cortando la discusión y poniendo un parte (castigando y apercibiendo de expulsión) a cuantas alumnas, y son la enorme mayoría de la clase, no se han dejado sojuzgar por su acción adoctrinadora.

Así funciona. Es solo un caso, pero abundan.

NOTA FINAL- Creo necesario aclarar que personalmente no me opongo en modo alguno a los derechos y la felicidad de las personas homosexuales o transexuales, pero sí al totalitarismo en todas sus formas, sí a la demagogia partidista (a la postre estamos asistiendo al asalto al poder de un grupúsculo muy minoritario que ha descubierto el modo, primero, de repartirse el dinero y los empleos públicos en su propio beneficio y, segundo, de utilizarlos para atrincherarse en el poder e imponer sus ideas que no son precisamente sanas, útiles ni sensatas, sino propias de enfermos mentales y demagogos extremistas sin contacto con la realidad). Queda clara, pues, mi posición.

© Fernando Busto de la Vega.

EL INDIVIDUO CONTRA LA ESPECIE (EL CAUDILLAJE COMO BASE DE LA CIVILIZACIÓN)

El individuo no importa. En las grandes estrategias de la Naturaleza el sujeto individual es irrelevante, se busca la supervivencia de la especie. Y eso, bien mirado, sitúa al individuo, a cualquier individuo, en una condición desesperada. También a aquellos de la especie a la que pertenecemos.

Así las cosas, en cuanto individuos nos vemos constreñidos a los condicionamientos estratégicos de nuestra especie y a pesar de ellos hemos de sobrevivir y prosperar, labrarnos un destino.

Mal que nos pese somos comida, incluso para otros individuos de nuestra propia especie que, quizá, en nuestro caso, no busquen consumir directamente las proteínas que representamos, aunque sí utilizarnos como fuente de recursos para apropiarse de otras igualmente deseables.

Tal es nuestra verdadera condición que no solemos tener en cuenta. Somos nosotros sobreviviendo a pesar de los designios impersonales trazados por la estrategia de supervivencia de nuestra especie (que nos coaccionan internamente para reproducirnos, por ejemplo) y, para colmo, de nuestra sociedad. Hay especies que, como las hormigas o las abejas, se ven más determinadas y constreñidas por ambos factores, el natural y el social, pero nosotros no escapamos a ese determinismo ni a ese constreñimiento doble.

A mi parecer, cualquier planteamiento filosófico sobre el ser humano ha de partir de esa certeza: nuestra condición irrelevante en cuanto individuos y nuestro sometimiento involuntario a la estrategia de la especie y de la sociedad en la que nacemos. A partir de ahí la búsqueda fundamental del individuo no es tanto la felicidad cuanto la supervivencia y la libertad personal, el afianzamiento del yo frente a lo colectivo. El individuo frente (y a pesar) de la especie y la sociedad. Incluso frente a sus propios genes, su propio destino predeterminado por ellos y por la situación familiar, política y social que le concierne.

Lo cual, por cierto, no es una llamada al egoísmo y el individualismo. La unión hace la fuerza y el camino último de la liberación personal, especialmente en los individuos superiores, conduce al liderazgo y a la creación de realidades nuevas que ayuden a la liberación colectiva, esa es la base de la civilización, que nunca fue democrática sino caudillista. Los mejores, los héroes (con todo lo que tiene de hercúleo el concepto dentro de la concepción pagana), hacen el mundo (y vienen a quebrar realidades ya ajadas que crearon otros anteriormente) y los demás les sustentan para mejorar su propia condición.

Prometeo y Hércules son el camino.

NOTA.- Para abundar en lo aquí expresado, si te interesa, sería bueno que leyeses también ESTE artículo del 19 de marzo de 2023.

© Fernando Busto de la Vega.

FIDEL CASTRO Y LAS VACAS

Dice un viejo refrán popular español que lo que se hereda no se compra y, después de todo, Fidel Castro no dejaba de ser un gallego trasplantado a Cuba.

Su padre, como es sabido, perteneció al ejército español que combatió en 1895-1898 contra los traidores mambises sublevados y sus aliados estadounidenses. Tras ser repatriado con el resto de las tropas tras la derrota de 1898 (que los Estados Unidos no hubieran conseguido sin la hostilidad de Francia, Inglaterra y Holanda contra la flota española en el Caribe, a la que negaron puntos de carga de carbón), regresó a la isla en 1899 dejándose contratar por la United Fruit Company, la punta de la lanza del imperialismo yanqui en el Caribe que había desembarcado en Cuba en cuanto España hubo de retirarse. Como buen inmigrante gallego se las apañó para enriquecerse rápidamente y contraer un matrimonio ventajoso del que se derivaron cuatro hijos, entre ellos Fidel y Raúl.

Los azares políticos y geoestratégicos llevaron a los hermanos Castro por los derroteros conocidos del panamericanismo primero, el nacionalismo cubano después y el comunismo a la postre; pero, en la práctica, todo su devenir vital, más allá de la ideología y las modas del momento, puede explicarse y circunscribirse al legado genético español.

¿Quién si no un español de pura cepa es capaz de desembarcar en una isla con media docena de seguidores supervivientes en medio de una acción fracasada, conquistarla y quedársela de manera vitalicia y hasta dinástica?

Tiempos hubo en que Fidel Castro y el generalísimo Franco, también un dictador gallego vitalicio, se entendieron y colaboraron por encima de ideologías y conveniencias geoestratégicas como buenos paisanos, uno en casa, el otro en la emigración. Eso duró, al menos, hasta que la CIA (esa cortarrollos) intervino asaltando en un claro acto de piratería el buque mercante español Sierra de Aránzazu que viajaba entre Santander y La Habana haciendo caso omiso, como otros muchos mercantes españoles, al embargo impuesto a Cuba por los Estados Unidos. Hubo muertos y heridos españoles, Franco consiguió indemnizaciones yanquis para ellos y sus familias y Castro reflotar el buque semihundido y devolverlo a España, concretamente al puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Compartieron también a Eduardo Barreiros, el empresario de la automoción, otro gallego exitoso.

En fin, que a pesar de su barba, su uniforme revolucionario y su demagogia marxista-leninista Fidel Castro era un emigrante (y conquistador, quizá el último conquistador español en América, aunque todo se andará) exitoso que, en gran medida, seguía mirando a Vigo desde La Habana, lo cual tuvo algunas consecuencias cómicas e inesperadas.

Sabido es que, al menos hasta mediados del siglo XX, la gran ambición de todo indiano del noroeste español, incluyo también a los asturianos, era hacerse con un nutrido hato vacuno y dispersarlo por amplias tierras recién adquiridas en su comarca y las colindantes. Fidel Castro jamás regresó a Galicia, era un hijo de la diáspora al que le iba mejor en la tierra de adopción de su padre que en su España original, pero siguió manteniendo gran parte de la mentalidad del emigrante gallego que fue su padre. Mi tío Humberto, que lo conoció allá por la crisis de los misiles y que siempre hablaba maravillas de él, asturiano trasplantado en la infancia a la Unión Soviética, mantenía en gran medida también esa mentalidad (y eso que era hijo de un minero, nieto de un marqués, nacido en Oviedo y crecido en Rusia) y eso ayudó mucho a que se llevaran bien, se entendían. Del mismo modo que Franco y Castro lo hacían. La cultura ancestral y los genes unen más que lo que separan la ideología y las apariencias.

A lo que íbamos: como buen gallego, Fidel Castro estaba obsesionado con la riqueza que representa el ganado vacuno e inasequible al desaliento y sin parar mientes en que el clima tropical de Cuba no es el las montañas gallegas vivió todo su largo mandato empeñado en desarrollar la industria ganadera y lechera en su isla. Fracasó. Pero no deja de resultar interesante, como punto de arranque de un análisis psicológico, político e histórico esa perduración de lo ancestral en el líder, en cualquier líder por muy revolucionario que sea.

La realidad, y por lo tanto la Historia, arraigan en lo insondable, en lo ancestral, en lo eterno, en lo genético…es bueno tenerlo en cuenta para comprender el presente y predecir el futuro. Para analizar debidamente el mundo.

© Fernando Busto de la Vega.

TIRSO DE MOLINA Y LA INFIDELIDAD EMOCIONAL EN EL SIGLO DE ORO.

Es muy posible que durante demasiado tiempo haya menospreciado a Tirso de Molina, no a su obra, claro está, sino al individuo, al personaje. Obnubilado con el tipo de escritor-militar-amante como Cervantes, Garcilaso o el propio Lope de Vega desdeñé indebidamente al frailecillo sin aparente historia ni heroísmo. Recientes lecturas y conversaciones me han hecho cambiar de opinión. Resulta que, a la chita callando, el mercedario debía tener más conchas que un galápago (condición, por otra parte, necesaria para un buen escritor).

Para empezar, hay que tener en cuenta que Tirso se la jugó para ser autor dramático y que sufrió persecuciones y sinsabores por su empeño en seguir escribiendo. En 1614 hubo de marchar prudentemente a un convento de Aragón (Estercuel) para poner una frontera jurisdiccional entre él y sus perseguidores castellanos. Desde allí marchó a Santo Domingo para convertirse en profesor de su universidad y mantenerse fuera del foco de sus censores. En 1625 hubo de comparecer ante una de las juntas de reforma de costumbres impulsadas por el Conde-Duque de Olivares y acabó desterrado en Sevilla (donde acaso recibió inspiración para escribir El Burlador de Sevilla)…

Pero, lo interesante de Tirso, y más en estos tiempos que corren, es su inclinación por los personajes femeninos a los que construye fuertes, independientes y enredadores. Se nota que el buen fraile conocía bien a las mujeres y las apreciaba en su justa medida, en todo lo que tienen de santas y de hadas y en todo lo que tienen de duendes y hasta demonios. Ello, sin duda, surgió de sus charlas de confesionario. Cuantas mujeres le confesarían sus pecados, sus cuitas, sus argucias, sus inquietudes, con cuantas llegaría a tener una verdadera y profunda vinculación emocional, pero no necesariamente sexual. Pensemos aquí en La Regenta de Clarín y la relación entre la protagonista y el magistral de la catedral…

En la actualidad, época dedicada a definir y nombrar hasta los más nimios azares de las relaciones interpersonales y convencida de haberlos inventado todos, se utiliza mucho el término «infidelidad emocional» para definir esa situación en la que una mujer entrega su intimidad, su corazón y sus necesidades espirituales y sentimentales a alguien que no es su pareja oficial, pero sin entregarle su cuerpo, lo que en el siglo XVIII se denominaba un chichisbeo.

En la infidelidad emocional, cuya simple enunciación arrastra ya un tufillo del galopante puritanismo actual siempre disfrazado de progresismo y feminismo, la mujer habla a menudo con «el otro», le cuenta sus secretos, sus sentimientos, busca su apoyo…también podemos definir al «otro» como un triste pagafantas o pseudoamigo gay que traga con la mierda para que, al cabo, se la folle otro (el marido o un amante transitorio y cutre, pero listo y afortunado)…

Sea como fuere, cabe preguntarse cuantas vinculaciones de este tipo generaría a lo largo de su vida Tirso de Molina en el confesionario y hasta qué punto influirían en la construcción de sus personajes femeninos…buen tema, aunque difícil de estudiar. Quizá mediante la ouija y con una buena conexión mediúmnica…

© Fernando Busto de la Vega