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LA CAÍDA DE PUTIN (Y SU POSIBLE PRECIO)

Salvo el de Estados Unidos en relación con la guerra de Vietnam (y el asunto merece un estudio en profundidad que todavía no se ha abordado con seriedad), ningún régimen ha podido sobrevivir a una guerra impopular que, además, se pierde. La Rusia de Putin no será una excepción. El problema son los tiempos de la caída y lo que pueda suceder en ellos.

La Historia resulta siempre un referente eficaz y útil para comprender el presente y predecir con éxito el futuro. A ese respecto podemos establecer interesantes paralelismos entre lo que supone la guerra de Ucrania para la Rusia actual y lo que supuso la Guerra del Rif para la España del siglo pasado.

Evidentemente, la Guerra del Rif condujo indefectiblemente a la caída del régimen canovista y a la proclamación de la república en 1931. El problema fueron los tiempos. El primer desastre de aquella guerra, en la que murieron reservistas que llevaban menos de una semana en filas a causa de la ineptitud de sus mandos profesionales fue el Desastre del Barranco del Lobo, en 1909. Esta debacle condujo de inmediato a las enérgicas protestas de la Semana Trágica que no hicieron caer al régimen. Ni siquiera llegaron a tambalearlo. La guerra siguió, hubo avances y éxitos, también muchos españoles muertos, heridos y enfermos y un nuevo desastre, el de Annual, en 1921 que condujo a la dictadura de Primo de Rivera en 1923. Veintidós años transcurrieron entre el primer desastre y las primeras protestas tumultuarias, casi revolucionarias, y el fin del régimen.

Putin, derrotado, o en proceso de derrota, en Ucrania, caerá sin duda. La pregunta es cuando y qué llegará a hacer para mantenerse en el poder y reivindicarse (o vengarse). No solo hablo de la represión en el interior de Rusia y los crímenes de guerra en Ucrania. Desgraciadamente, dispone de armas nucleares…y esperemos que de subalternos sensatos y valientes. En momentos como este, los valores universales que conforman a las personas, sean cuales sean sus creencias e independientemente de su nacionalidad y posición social, profesional y política, son la única esperanza de la Humanidad. Y deberíamos reflexionar a fondo sobre este extremo en el futuro. Si es que llegamos a tenerlo.

© Fernando Busto de la Vega.

UN OJO EN LA RETAGUARDIA (EL AJEDREZ Y OTRAS VIBRACIONES)

Paul Morphy (1837-1884) se consideraba un gran pecador por jugar al ajedrez y, de hecho, a su regreso a su Nueva Orleans natal, después de arrasar en América y Europa como jugador, se retiró para no volver a incurrir jamás en el vicio ajedrecístico. Corría el año 1859 y el campeón aún no había cumplido los veintitrés años. Ahora esa mentalidad nos parece un exceso de puritanismo.

De hecho, mi padre me enseñó a jugar al ajedrez (y a boxear) al cumplir los cuatro años, y lo hizo considerando que estaba cultivando mi cerebro, mi inteligencia y mis valores morales. Pero ¿y si estaba equivocado?

Durante mucho tiempo el concepto ajedrecístico que más me fascinaba era el de zeinot: esa situación progresivamente desesperada en el que el tiempo se acaba y el jugador debe economizarlo para lograr llevar a cabo su propósito, todos los movimientos previstos y que necesita para alcanzar su objetivo. Perfecta metáfora de la vida en general y de muchos de sus momentos en particular. Aunque eso era antes, ahora me desprecio por haber sido tan pretencioso y pedante. Las nuevas generaciones, o algunos de sus miembros, han traído prácticas nuevas y nuevas fascinaciones al adocenado mundo del ajedrez.

Hablo, naturalmente, del joven Hans Niemann (19 años) y las acusaciones vertidas contra él después de haber derrotado al campeón mundial Magnus Carlsen (32 años). Al parecer, y según se dice, el californiano, se introduce en el ano unos aparatitos vibratorios a través de los cuales, quizá mediante código morse, sus cómplices le chivan los mejores movimientos después de haberlos consultado en una computadora.

Obviamente, después de saber esto, deseo ver una partida de ajedrez protagonizada por esta emergente figura y que el plano televisivo se fije constantemente en su rostro. Debe ser de lo más revelador e interesante verle interpretar los mensajes de sus cómplices mientras le vibra el culo en morse tratando en todo momento de no dejarlo traslucir… y, quien sabe, quizá luchando contra un placer culpable.

Más aún: vivo fascinado con la idea del ajedrez vibratorio. Aunque, si he de ser sincero, me agradaría más en versión femenina y nudista.

Y también podría ser un buen formato televisivo: a los concursantes se les introducirían estos elementos vibratorios en el ojo (u ojete) de la retaguardia, se les harían preguntas difíciles y se permitiría a su equipo consultarlas vía internet para transmitírselas mediante código morse expresado en vibración que el concursante debería interpretar. Estoy convencido de que sería un éxito.

Todo esto me recuerda, en todo caso, una historia que me contó en cierta ocasión alguien que trabajaba como funcionario de prisiones.

Existía la sospecha de que uno de los internos escondía en su celda un teléfono móvil, pero por más que la registraban no lograban encontrar su escondite. Hasta que un día, en medio de uno de los habituales registros, alguien le llamó y el culo empezó a sonarle y vibrarle al ritmo de la Primavera de Vivaldi. El recluso, impertérrito, mientras los funcionarios le miraban con ironía, explicó que le había sentado mal la comida y que aquello que sonaba y vibraba eran sus tripas en trance de tránsito intestinal irreversible. No coló la excusa.

Y no quiero seguir… empezaría a desbarrar.

(Porque estoy recordando a una antigua amiga que se entretenía en ponerse peta zetas en el… para…y, claro…no quiero ir por ahí) Silencio.

© Fernando Busto de la Vega.

CHINA Y LOS MOSQUITOS

Sencillamente, el régimen chino (rígido, tiránico, estúpido y obsoleto) no aprende ni razona. Décadas de tiranía y represión tienen siempre un mismo resultado: la pérdida del sentido de realidad, el endiosamiento de los altos cargos y la consiguiente decadencia.

Ahora parece que el régimen chino quiere hacer desaparecer a los mosquitos.

Ya lo intentó en los años 50 y 60 (pretendiendo, además, la inmunda salvajada de exterminar también a los gorriones) y el resultado que obtuvo fue una hambruna (una más de las atribuibles a Mao y sus seguidores) que mató a millones de personas y una terrible plaga de chinches que martirizó a los que quedaron vivos y en la miseria.

Deberían aprender, los mandamases chinos (esos mandarines arriscados en la represión y la vacuidad), que la naturaleza es un todo que debe tender al equilibrio y en el cual cada ser vivo tiene su lugar y su utilidad. Es cierto que, en ocasiones, ciertas especies se convierten en plagas. Pero, en este caso, cabría preguntarse si la plaga no es el régimen chino en sí mismo.

A nadie le gustan los mosquitos y las moscas, pero forman parte fundamental de la cadena trófica. Eliminarlos a nivel global como pretenden los politicastros del aparato de Xin Jing Ping, esos patanes del tardomaoísmo, engendraría una catástrofe que aceleraría la extinción masiva en la que ya nos encontramos y deberíamos intentar frenar, además de tener efectos catastróficos a nivel económico y social.

Dice el Evangelio: por sus obras los conoceréis. Y por sus intenciones, también; añado yo. Y los apparatchik chinos han demostrado por qué deben ser derrocados. Ya los conocíamos, ahora los conocemos mejor. Delenda est la China comunista.

© Fernando Busto de la Vega.

DOS MÉRITOS DE JAVIER MARÍAS

A nadie que siga este blog se le oculta mi empeño en reformular el panorama literario de los últimos cien años para eliminar las erróneas perspectivas impuestas por una maquinaria literaria y propagandística al servicio de la petulancia, la pedantería y la vacuidad de ciertos sectores oligárquicos y provincianos, a menudo nucleados en torno a la decepcionante industria editorial catalana que se erigió en faro comercial después de la guerra civil (no olvidemos que, por mucho que se victimicen los catalanistas, el triunfo de Franco significó el de la paleta y explotadora oligarquía catalanista cuyos vástagos, con un buen capital a su disposición, pudieron dárselas de progres, de comunistas de salón y de iluminados popes de la intelectualidad sin salir de su provincianismo, de su antiespañolismo, de su clasismo y de su limitada formación escorada a la anglofilia y el afrancesamiento). Como ejemplo de lo dicho, hace meses publiqué este pequeño trabajo sobre Felipe Trigo o este otro sobre algunos escritores sobrevalorados.

En esa tesitura revolucionaria (poco apreciada por las masas, he de admitirlo) es preciso aprovechar cada coyuntura para avanzar en la revisión de las creencias culturales imperantes y en el socavamiento de la errónea perspectiva heredada, no para derribar mitos con pies de barro, que caerán por su propia inercia que los desprotege frente a los vaivenes y rigores de la Historia, sino para encontrar figuras hoy ocultas y desconocidas. Y, sobre todo, para engendrar un mundo literario y cultural completamente diferente y comprometido con el resurgir de España como realidad poderosa.

Necesitamos barrer a las oligarquías corruptas e incompetentes y ello implica demoler sus andamios propagandísticos, también en el ámbito literario. Aniquilar sus lugares comunes y desmochar sus torres en el aire que nos parecen sólidas a base de relatos sesgados y perspectivas viciadas. Necesitamos, también, desarrollar nuevas estructuras sociales, nacionales y culturales y ello implica construir sobre las ruinas del pasado.

Por eso no podemos ceder a la hipocresía ni a la debilidad complaciente.

Y el caso de Javier Marías permite, ahora que su muerte lo ha puesto de moda, señalar dos de sus principales méritos que nos ayudarán a aclarar las estructuras del mecanismo literario, propagandístico y cultural de este país.

Su primer mérito fue nacer en la familia adecuada, con los contactos adecuados. No solo sucede en la literatura. En muchos ámbitos de la sociedad española (empresa, política, profesiones liberales…) los méritos, los contactos y las oportunidades se heredan. Si Javier Marías hubiera procedido de una familia pobre de Vallecas quizá hubiera logrado publicar, pero raramente habría alcanzado el estatus que alcanzó, por muchas milongas que nos cuenten. ¿Desmerezco con esto su obra? En absoluto, digo que en España vivimos en una sociedad clasista, cerrada y cutre que no permite el ascenso de los vástagos de las clases trabajadoras salvo como mascotas marginales y que, si su procedencia hubiera sido otra, no conoceríamos su obra y nadie la glosaría en los medios de comunicación. Ergo ese fue su primer gran mérito: nacer no ya en la familia adecuada, sino en la clase social precisa y, dado el republicanismo de su padre, en el momento adecuado para aprovechar el péndulo de la Transición y la emergencia de una socialdemocracia burguesa necesitada de referentes culturales que esgrimir como propios. Marías fue el equivalente literario a la Movida o a la nueva comedia madrileña, una moda para parecer modernos y creerse mejores que sus antecesores de los niños pera que ocuparon el espectro cultural y político en los ochenta y noventa sin ser otra cosa que un relevo generacional de la oligarquía de siempre.

El segundo gran mérito de Javier Marías, y ya hablamos sobre ello en el artículo que dedicamos a Salman Rushdie, fue encarnar la ideología adecuada, incluyendo una acusada inclinación a la influencia de lo anglosajón que refleja muy bien (como la fascinación de Garci por el cine norteamericano y sus tics “culturales” o ciertos tortuosos desvíos de Gonzalo Suárez) la desconexión de las clases altas y medias de este país con su propia cultura, de hecho: el avanzado proceso de aculturación y colonización que padecemos y que debe ser revertido de inmediato.

Lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

ISABEL II, FELIPE VI Y LA MADRE QUE LOS PARIÓ

Leonor de Borbón, una princesa de Asturias a la que se está educando a la inglesa e impregnándola de valores antiespañoles, como es costumbre en los Borbones. Mala cosa.

Basta asomarse a los medios de comunicación españoles para percatarse de que viven en un mundo paralelo destinado no a informar a los ciudadanos sino a manipularlos y poner en circulación y valor determinadas ideologías y paquetes propagandísticos que nada tienen que ver con la realidad y sí con el mantenimiento de ciertas perspectivas anómalas, perjudiciales para España y claramente antiespañolas como la monarquía liberal parlamentaria y las oligarquías que llevan desde 1833 beneficiándose de su existencia.

Ahora que a los medios les ha dado por llorar la muerte de una nonagenaria perteneciente a la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha (lo de Windsor se lo pusieron durante la I Guerra Mundial para no parecer tan alemanes a ojos de los ingleses y disimular su parentesco con el Káiser) quizá sería adecuado recordar que los ingleses fueron los principales enemigos de España durante siglos, que ellos son los que todavía hoy más contribuyen a expandir y consolidar la Leyenda Negra y que, además de ser los principales responsables de la pérdida de la España de Ultramar, todavía no nos han devuelto (ni nosotros podido reconquistar) Gibraltar.

De paso, y esto es aún más importante, deberíamos recordar que la pérdida de Gibraltar se debió a la ambición de la casa francesa de Borbón y la pérdida de la España de Ultramar es responsabilidad de la incompetencia y falta de patriotismo de esos mismos Borbones que a partir de 1833 se hicieron liberales y probritánicos (hasta el punto de que tenemos a la heredera al trono empapándose de cultura anglosajona en un internado guiri) bajo el señuelo de la corrupción y como símbolo de la decadencia nacional a la que condujeron a España.

Dicen que Felipe VI se dirigía a la difunta Isabel II como “Tía Lilibeth” en parte porque su madre y Felipe de Edimburgo pertenecían a la Casa de Glücksburg, una rama alemana de la dinastía danesa de Oldemburgo y en parte porque desciende de Alfonso XIII y una inlgesa-alemana: Victoria Eugenia de Battemberg (familia que acabaría anglificando su nombre como Mountbatten y surgió de un escándalo de 1851 cuando el hermano del príncipe de Hesse-Darmstadt se fugó con Julia Von Hauke, dama de compañía de su hermana, zarina de Rusia, y contrajo matrimonio morganático con ella, de tal modo que el matrimonio de Alfonso XIII con Victoria de Battemberg supuso un reconocimiento púbico e internacional de la decadencia de España y la falta de lustre de los Borbones españoles en el concierto internacional, un signo de decadencia, debilidad e indignidad) y ello ya nos debe poner en guardia frente a nuestros “españolísimos” monarcas (Alfonso XII fue cadete de la academia militar inglesa de Sandhurst…)

Que los poderes fácticos españoles, y en especial algunas facciones que representan a la oligarquía corrupta e incompetente que se apuntó al carro del liberalismo y la anglofilia a partir de 1833, con Cristina de Borbón-Dos Sicilias y el duque de Riánsares, vendiendo a España y su futuro hasta nuestros días, se ocupen de la muerte de Isabel II como lo están haciendo, además de un signo de pura traición a España, es síntoma de la necesidad que tenemos, si deseamos retomar un futuro de crecimiento y grandeza nacional, de sacudirnos ambos yugos: el de dichas oligarquías vendepatrias y el de los Borbones anglicanizados y corruptos que se sustentan en ellas.

Ese es el camino.

© Fernando Busto de la Vega.