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LAS FEMINISTAS PROGRES VUELVEN A EJERCER SU SUPREMACISMO SEXISTA

Ilustro esta entrada con la imagen de una mujer desnuda como simple acto de rebeldía frente al puritanismo y el supremacismo del hembrismo progre que sufrimos. Al ver a esta chica, estáis viendo la revolución, el desacato y el rechazo de la enfermiza pacatería de origen protestante anglosajón del feminismo como secta.

Sorpresa ninguna, ya sabemos que el feminismo progre que constituye la columna vertebral del PSOE y la ultraizquierda de este país, es una opción supremacista, sexista y fanática que reincide una y otra vez en conductas que si se dirigieran contra otros colectivos (en lugar de los hombres blancos heterosexuales) y desde otras tribunas (partidos no adscritos a sus sectas totalitarias) se tacharían como crímenes contra la humanidad y graves atentados contra la justicia, la igualdad y la libertad. Esa es la ralea de esa ideología y de las leguleyas, politicuchas y supremacistas que las impulsan. Gentuza que en su momento no solo deberá responder de sus crímenes sino pasar severas revisiones psiquiátricas para dilucidar si su evidente psicopatía es una asociación de individualidades enfermas o cursa como un género de contagio perverso.

Desde que el indecente Zapatero (al que empezamos a conocer en su impúdica realidad de traidor al pueblo, corrupto y agente de la decadencia social y política de España con sus políticas aberrantes y criminales) dio carta de naturaleza administrativa a esos grupúsculos de feminazis sexistas (racistas contra los hombres, especialmente si son blancos y heterosexuales) y permitió que comenzaran a crear chiringuitos parasitarios con dinero público empezó el proceso de discriminar al hombre y acosarlo injustamente quitándole derechos y dando privilegios a las mujeres.

El mismo comportamiento se considera delictivo en un hombre e inocente en una mujer o convierte en víctima a una mujer mientras que al hombre se le arrebata dicha condición simplemente por ser hombre. Ya hablamos en estas mismas páginas del registro de violencia de género…que solo cuenta las víctimas femeninas y oculta los hombres maltratados y asesinados por sus esposas o novias (no abundaré demasiado en esto, basta con que el lector interesado entre en la pestaña de «Crímenes que te ocultan» en este mismo blog para ilustrarse a fondo al respecto).

Pues bien, el Gobierno Progre-Socialista continúa en la misma senda.

En estos días el llamado «Ministerio de Igualdad», que se ocupa, en realidad, de fomentar la desigualdad, la persecución contra el hombre blanco heterosexual y la imposición de las políticas destinadas a destruir España y convertirla en un Estado fallido (y esto también deberán pagarlo quienes llevan a cabo dichas políticas y, al tratarse de traición al pueblo y a la patria, solo podrán expiar sus culpas en los paredones, que a la postre siempre han sido la reserva espiritual para la salvación de España) ha lanzado (no debemos olvidar que el feminismo tiene su origen en el protestantismo yanqui y, por lo tanto, además de su supremacismo ha heredado su puritanismo, ambos enfermizos, hay que decirlo, lo hemos repetido ya a menudo en estas páginas: ser feminista se acerca mucho a una enfermedad mental, además de constituir una perversión moral) una campaña de propaganda (no olvidemos tampoco que este Ministerio de Igualdad asume funciones muy similares al de Propaganda de Goebbels) para la «concienciación» de la población contra la prostitución que pretenden prohibir (medida que, como demuestran las prohibiciones en Estados Unidos, Suecia y otros países afectados por idéntico puritanismo protestante disfrazado de progresismo feminista, únicamente perjudican a las prostitutas favoreciendo a las mafias que, tangencialmente, se ganan la inmunidad untando a los organismos, mejor dicho: a las funcionarias y políticas, que vigilan la moral pública y el supremacismo hembrista). Ahora andan haciendo anuncios que aparecen en televisión y en las redes denunciando la «cosificación» de las putas y otras zarandajas ridículas por el estilo. Buscando, en suma, el habitual victimismo para imponer sus medidas totalitarias de odio.

Y es aquí donde se les ve el plumero: hablan siempre de mujeres, porque, al parecer, los hombres no se prostituyen. A los putos, que les den por el culo (y sin cobrar). Claro está en esas mentalidades hembristas que un hombre sea víctima de trata o venga obligado a prostituirse no les importa en absoluto. Tampoco admiten que hay mujeres que pagan putas y putos y mucho menos que ellas, en gran medida, viajan a África o el Caribe a disfrutar del turismo sexual, es decir: a usar el dinero público que esquilman con sus chiringuitos y les otorga un estatus económico y social elevado para aprovecharse de jóvenes (a menudo hombres, pero también chicas) a los que explotan sexualmente. Pero, claro, no es lo mismo. Si una feminazi le paga a un negro en Cabo Verde para que se la folle no pasa nada, se oculta el hecho y ya. Si un hombre blanco heterosexual hace lo propio en el puticlub de la esquina ha de marchar indefectiblemente al cadalso. La vacaburra repugnante y salida, pero hembra y progre, es libre de pagarle a negritos menores para obtener placer sexual (que ningún hombre de su entorno social y raza le daría voluntariamente) y esto, con ocultarlo, es suficiente (la típica hipocresía de los progres y de los puritanos). ah, pero al contrario…¡Anatema!

Subsidiariamente, han sacado la Ley de Violencia Vicaria…y ojo (tampoco es ninguna sorpresa) dicha «ley» (una ley injusta y supremacista no puede ser considerada tal ni legítima) solo considera víctimas a las mujeres. Si un hombre asesina a sus hijos para dañar a su exesposa, recibe todos los agravantes de dicha ley y la esposa todos los beneficios de la condición de víctima. Si sucede al revés, si una mujer mata a sus hijos para dañar a su exesposo, entonces no se le aplica la ley. Tan sencillo como eso.

Progresismo y feminismo son no solo una secta peligrosa que amenaza a la igualdad y a la justicia, también un proyecto financiado por los enemigos de una España fuerte. Actuemos en consecuencia.

Apliquemos otra ración de desacato revolucionario antes de terminar.

© Fernando Busto de la Vega.

TERCERMUNDISMO

Lo que vemos aquí no es fruto de la pobreza, sino de la irresponsabilidad y el egoísmo individuales y la falta de organización administrativa y respeto mutuo.

La verdad reside en los detalles, esta es una frase que se repite a menudo en estas páginas y que nos servirá una vez más para llegar a comprender una realidad oculta, incómoda y que enfurecerá a algunos.

Por cuestiones profesionales me veo obligado a tratar, desde la trinchera de la administración pública, con cientos de inmigrantes cada semana y esto me permite percatarme de algunos rasgos que, a la postre, explican muy bien tanto la naturaleza de la ineficacia e inviabilidad de sus naciones de origen como la compleja integración de esas personas en la nuestra sin contribuir a su deterioro.

Existe un rasgo común en muchos (nunca se debe generalizar al extremo) de los inmigrantes que llegan de la América hispana, del Magreb y del África negra (y que no se da en los europeos ni los asiáticos no musulmanes): la incapacidad, en apariencia total y aparentemente definitiva para ceñirse a un simple trámite administrativo. El mero hecho de comprender que debe acudirse a los sitios con cita previa y recordar la fecha y la hora de la misma representa ya en sí mismo un problema grave. Hay gente que se presenta sin la debida cita y se enfada cuando no se le atiende sin ella y otros muchos que, simplemente, la dejan pasar, se presentan semanas o meses después y se enfadan también cuando se les indica que ya perdieron su cita.

La cosa es sencilla, se limita a decirles: «para poder ser atendidos en condiciones, dedicándoles el tiempo que requiere su trámite, tienen que venir tal día a tal hora» y un porcentaje elevadísimo ni siquiera es capaz de cumplir esta simple obligación por mucho que se la recalques e insistas en ello usando un idioma que comprendan (que esta es otra: cuando emigras a un país, como mínimo se pensaría que deberías haberte preocupado de aprender los rudimentos de su lengua y no pensar que todo va a funcionar, como suelen creer los subsaharianos, quedándote de pie y mirando al suelo con infantil carita de pena para que el funcionario blanco te lo de todo masticadito y servido y que esta actitud se mantenga en muchos casos dos y tres años después de haber llegado al país). Y esta incapacidad denota los males intrínsecos de esas sociedades de origen que la llegada de estos inmigrantes amenaza con imponer aquí.

Es preciso decir que, cuando ven que, al haber hecho caso omiso de sus citas, no van a poder realizar el trámite cuando y como a ellos les apetece, estos individuos reaccionan de diferentes maneras. Unos (generalmente los magrebíes y algunos hispanoamericanos que tiran de odio racista y resquemores antiespañoles elevando el tono con la esperanza de que el funcionario acabe cediendo por temor a ser tachado de racista) con rabia y agresividad. Otros con lloros, ruegos y ofrecimientos (pequeños intentos de soborno), algunos (especialmente los subsaharianos) quedándose de pie durante horas en el mostrador de turno sin marcharse por mucho que les digas que nadie les va a recibir y les vuelvas a explicar mil veces que necesitan cita previa.

Hay algunos, especialmente hispanoamericanos, que se encastillan y exigen que sea el funcionario quien les de la cita previa que necesitan y se niegan en redondo a tomarla por ellos mismos porque, al parecer, representa un ultraje que deban hacerlo como ciudadanos autónomos y responsables y necesitan que un funcionario español les haga de mayordomo.

Todo esto pueden parecer simples anécdotas que atañen a recién llegados necesitados de adaptarse a su nuevo entorno, pero muestran en realidad las disposiciones mentales propias de personas procedentes de países ineficaces y desorganizados.

En primer lugar podemos constatar la total y absoluta falta de responsabilidad personal y de respeto hacia la administración y los restantes ciudadanos. Solo su problema les importa y pretenden ser atendidos cuando les conviene y les apetece (los hay que se presentan a cinco minutos del cierre de la oficina de turno y pretenden que se les atienda aunque su trámite lleve media hora o cuarenta minutos y no faltan los que llegan una hora antes o media hora después del horario de cierre y se dedican a golpear las puertas para que se les habrá prorrumpiendo en malas caras e insultos cuando se les indica el horario de atención al público y se les explica que deben atenerse a él) sin querer comprender que se necesita un orden para respetar las necesidades y derechos de los restantes usuarios. Son personas incapaces de atenerse a un simple proceso de cita previa a causa de la indisciplina moral y social que traen de fábrica ; quiero recordar aquí que, durante la pandemia, cuando tomaba el autobús que me conducía al Centro COVID en el que trabajaba como voluntario, los únicos que viajaban sin mascarillas y con los que había que discutir todos los días para que se las pusieran, debiendo llamar a veces a la policía, eran hombres de ascendencia hispanoamericana que rechazaban, por chulería y desprecio al bien común, someterse a las normas profilácticas establecidas para todos, ellos eran demasiado guapos y chulos para aceptarlas y sumarse al esfuerzo común y, claro, algunos acababan detenidos por los «racistas» cuerpos de seguridad.

Acto continuo, tras la irresponsabilidad personal, la falta de madurez para cumplir el único deber que se les impone (acudir a una fecha y hora precisas) y el desprecio hacia los derechos ajenos y el desconocimiento de los propios deberes, llega la fase de excepción, en la que buscan quebrar las normas a su favor mediante los gritos, las posiciones pasivo-agresivas, las exigencias, los llantos, los ruegos y los intentos de soborno. Esto también denota una disposición moral deplorable y típica que define per sé al tercermundismo.

Digo con esto, y para terminar, que el tercermundismo y sus nefastas consecuencias, van mucho más allá de las causas políticas, económicas y postcoloniales (la América hispana jamás fue una colonia y, en el peor de los casos, lleva sin serlo doscientos años) que esgrime la demagogia maoísta y cala en el comportamiento moral de sus ciudadanos. Hablamos de una disposición inmadura, irresponsable, egoísta y desorganizada que amenaza por su propia existencia a la eficacia de los Estados avanzados poniéndolos en peligro de caer en los mismos abismos que los países tercermundistas. Hay que tener cuidado con eso.

Otra de las taras morales de estos inmigrantes tercermundistas es su profunda y agresiva ignorancia que abarca desde la total incompetencia digital e incluso alfabética (es elevado el número de subsaharianos que llegan a Europa sin saber leer ni escribir) hasta el problema de las supersticiones contrarias a la civilización que traen y no abandonan (subsaharianos y magrebíes son básicamente musulmanes, hay muchos hispanoamericanos que llegan como despreciables evangelistas de sectas predominantemente antiespañolas) …y esa es una amenaza sistémica. Europa, y especialmente España, deben defender la civilización que representan en todos los frentes, también en el del control de las sectas hostiles que pretenden arraigarse en su territorio. Eso de la libertad de religión es una derivada del mosaico de sectas protestantes que en modo alguno podían imponerse unas sobre otras en los Estados Unidos y que no tenían otro remedio que coexistir. Desde esa realidad sectaria la idea pasó al liberalismo parlamentario anglosajón, pero es una de tantas excrecencias masónicas incompatibles con la grandeza y permanencia de España y la civilización que representa que debemos eliminar. Y, para ello, lo sabemos, es necesario derrocar al ilegítimo régimen intruso de 1978 que padecemos.

Creo que se nota la diferencia y no dudo en qué realidad queremos vivir, para preservarla debemos ser conscientes de los insidiosos peligros que el tercermundismo trae consigo y cercenarlos de raíz.

© Fernando Busto de la Vega.

LOS REGALOS DE LAS ORCAS Y OTRAS OBSERVACIONES ETOLÓGICAS.

Parece que la nueva comidilla de la prensa sensacionalista (es decir: de la prensa toda en sus páginas secundarias) es un estudio sobre las orcas que determina un nuevo y hasta ahora nunca descrito comportamiento que hace hiperventilar a los etólogos y desvariar a los periodistas (que, hay que decirlo, deberían mejorar su formación humanística y científica, las nuevas hornadas salidas de las Facultades de Ciencias de la Información pueden ser águilas en ese campo, pero denotan en cada párrafo que escriben o en cada frase que enuncian sus profundas carencias en áreas tan importantes, indispensables para cualquiera que quiera explicar el mundo, aunque sea desde la humildad de la crónica diaria) amenazando con convertirse en la magufada del verano.

Hete aquí que ahora las orcas (se documentó primero el comportamiento en Oceanía, pero la prensa española asegura que también se da entre el grupo de orcas que hasta ahora eran conocidas por atacar barcos en el estrecho de Gibraltar) se dedican a hacer regalos a los barcos. Partes de sus presas son ofrecidas a los humanos, aparentemente con buena voluntad, y de este hecho andan los expertos sacando conclusiones, entre ellas la que parece más importante y aceptada es la que demuestra el reconocimiento de las orcas a la mente humana. Explican que esos regalos vienen a decir: «sabemos que sois inteligentes como nosotras y este es un regalo para demostrar esa equiparación y el respeto que conlleva». No lo niego, pudiera ser.

Sin embargo, en contacto con especies depredadoras no deberíamos descartar la posibilidad del señuelo y el tanteo. En cualquier caso, yo no sería el primero en lanzarme al mar para interactuar con las orcas amistosas que hacen regalos.

Por otro lado, tampoco cabe descartar una moda. Las orcas, las ballenas y delfines en general, no cabe dudarlo, son especies inteligentes y expresan comportamientos culturales (creo que ya no puede existir discusión al respecto y tampoco en referencia a los grandes simios, aunque yo lo extendería a las aves en general y a muchas otras especies, claro que yo no soy un etólogo). Ya previamente se han documentado comportamientos asimilables a modas. Por ejemplo aquella orca que en el verano de 1987 se puso un atún muerto en la cabeza a guisa de sombrero y dio en pasearse así por el océano. En cuestión de semanas todas las orcas en centenares de kilómetros a la redonda la imitaban. Luego, llegado el otoño, la moda cesó y no quedó rastro de ella hasta que en 2008 se recuperó brevemente. Es un caso curioso, existen muchos más que no puedo detallar aquí.

Debo decir a ese respecto que las modas y comportamientos que podemos denominar culturales o tentativos (según el contexto en que deseemos enmarcarlos) no se dan únicamente en los mamíferos marinos o las aves (¿cabe recordar aquí aquellos mirlos de Gran Bretaña que en los años cincuenta aprendieron a abrir las botellas de leche que los lecheros dejaban en las puertas de las casas para ingerir su contenido?) si no también los peces. Tan solo hay que caminar y ver, mirar con atención a lo que nos rodea. Pondré un ejemplo desconocido: como todo el mundo sabe, el Ebro está infestado de enormes siluros. Hace años se hizo famosa su costumbre de acechar a las palomas que iban a beber en el tajamar del Puente de Piedra a su paso por Zaragoza. La costumbre cesó cuando las palomas trasladaron sus reales a una mejana existente pasado dicho puente donde el escaso fondo de la orilla y la claridad de las aguas les permite beber sin peligro. En consecuencia, hace años que no existen siluros acechando en los tajamares y la diversión que su caza ofrecía a los humanos que se asomaban al puente y las riberas, se difuminó.

No obstante, en años posteriores, y solo durante uno o dos veranos, los siluros adoptaron otra técnica de caza: saltaban del agua al paso de las golondrinas y aviones que hacían vuelos rasantes por la superficie del mismo río en la misma zona. Desde que me percaté del comportamiento y hasta que dejó de estar de moda nunca vi que resultara exitoso. Para cuando el siluro sacaba su cabeza o incluso gran parte de su cuerpo del agua, el pájaro hacía tiempo que había pasado y quizá por el constante fracaso, la técnica se abandonó, pero no deja de ser un interesante ejemplo de tentativa que puede llevar al cambio del comportamiento de una especie en concreto en un entorno determinado. Conviene tenerlo en cuenta para sacar las conclusiones adecuadas.

Por otro lado, he podido observar, y seguramente no seré el único, que gorriones y mirlos, ambas especies urbanas y en estrecho contacto con el ser humano, cuando obtienen un buen botín (generalmente un grueso escarabajo o una cucaracha enorme entre los gorriones, un cúmulo de lombrices entre los mirlos) suelen colocarse en algún lugar visible y mostrarle orgullosamente su botín a los humanos que pasan (y que en su mayoría, ciegos ante el mundo que les rodea, les ignoran), pero también es un comportamiento interesante y a tener en cuenta. Gorriones y mirlos gustan de presentar su prosperidad a los humanos con los que conviven. También esto merece un estudio profundo y las conclusiones adecuadas.

Acabaré esta entrada hablando de los patos. Vivo en un barrio en el que, hasta que la nociva alcaldesa de mi ciudad lo destruyó con obras e intervenciones destinadas en apariencia a la modernización, pero en realidad a la privatización del espacio público y el beneficio especulativo de las grandes empresas en detrimento del ciudadano, los patos se paseaban asiduamente por las calles. Esto daba lugar a una convivencia simpática que permitía admirar las normas de urbanidad de los patos. Era frecuente cruzarse en una acera o en una esquina con una familia completa de anátidas con toda su prole que al cruzarse con el humano de turno saludaban con un «cuac» específico acompañado de una mirada concreta. Cuando se les respondía con un «hola» las mamás meneaban la cola con satisfacción.

Es algo que he vivido. Lo cuento y dejo una última reflexión: urge replantearse la percepción de la conciencia de los animales que nos rodean y, en consecuencia, nuestra relación con ellos.

© Fernando Busto de la Vega.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES EL FUTURO

Giant robot exploding on city street with people running away and debris flying

La mayor parte del negocio digital consiste en vender humo deformando la realidad con añagazas propagandísticas basadas en el desconocimiento técnico de inversores y clientes. Esta es la realidad.

Cuando un espejismo deja de tener gancho o demuestra sus limitaciones de inmediato se crea otro y, a la postre, consiste todo en ir arrebatando a la gente (llámalo mercado, llámalo pueblo) su autonomía, su independencia y su privacidad para consolidar poderes omnímodos que no diferencian demasiado lo privado de lo público, el Estado de las grandes corporaciones. Es, en definitiva, tanto en oriente como en occidente, un método de asentar un totalitarismo de magnates y oligarcas en el que la mayor parte de la población esté en manos de unos pocos tiranos preapocalípticos. Por ese motivo, deberíamos ir poniéndole límites en nuestras vidas (y con nuestras leyes) al excesivo protagonismo tecnológico.

En ese contexto, la IA no es sino un espejismo más conducente a la imposición de la tiranía absolutista y totalitaria de las empresas que la impulsan y los Estados a su servicio (o, en el caso de China, del Estado y las empresas a su servicio, en este aspecto el orden de los factores apenas cambia el resultado final. Tan peligrosa es China para la libertad del mundo como Elon Musk, Mark Zuckerberg, los restantes oligarcas tecnológicos anglosajones y los Estados Unidos).

Ahora nos la venden como el santo grial, la respuesta a todas las preguntas…pero en modo alguno representa el futuro.

¿Por qué?

Muy sencillo: por dos factores claves.

El primero es que consume demasiada energía y requiere instalaciones masivas fácilmente accesibles al sabotaje y el ataque directo (acabar con la IA y con internet no precisa de sofisticados métodos electrónicos, basta con atacar la electricidad y el agua que mantienen en funcionamiento los grandes nodos de procesamiento de datos o, directamente, destruir estos y sus interconexiones, de modo que pequeños equipos analógicos y decididos podrían hacer saltar por los aires, incluso literalmente, no solo la Inteligencia Artificial, sino internet en su conjunto). Comandos organizados y armados con los medios e instrucciones de los años setenta bastarían para acabar con la IA atacando sus soportes físicos. Es tan sencillo como eso. Y da que pensar.

Por otro lado, insisto en el consumo de energía. El mantenimiento de los grandes centros de procesamiento de datos es, sencillamente, insostenible. Máxime en un contexto de calentamiento global que exija cada vez más refrigeración y, por ende, mayor consumo de agua y otros recursos primarios. Ergo, con el tiempo, la IA se vendrá abajo. Pasarán quizá décadas, pero su fin es ineluctable. Eso sin contar con la escasez de muchos de los componentes necesarios para hacer funcionar esta industria.

El segundo factor es su funcionamiento. Aunque pueda parecernos casi milagrosa, lo cierto es que la programación de la IA está dirigida a hacerla mediocre y la mediocridad siempre implosiona y se derrumba en la obsolescencia. Pensemos que la idea germinal de toda esa babel digital está en el funcionamiento de los hormigueros y los enjambres y que, por ende, se premia la ruta media. En otras palabras: la IA se nutre de senderos prefabricados por la media de los usuarios y no está dotada de mayores entendederas; es, por lo tanto, tendente a la mediocridad y la falta de originalidad en las respuestas a problemas complejos. Para obnubilarla y anularla bastará con presentarle señuelos aparentemente trascendentales y complejos, pero sin relevancia real mientras se la circunvala con operaciones menores preconcebidas en secuencia y con una finalidad determinada no previsible en los primeros pasos de dichas secuencias.

Pienso en un futuro próximo en el que quizá debamos sublevarnos contra los tiranos y luchar por nuestra libertad como especie e individuos. Yo, que soy previsor, ya me estoy preparando. Pero, tranquilos, mientras tanto sigamos utilizando la IA y, para predicar con el ejemplo, ilustraré esta entrada con imágenes elaboradas con ella.

Quiero terminar esta entrada citando a Futurama: « Tus labios, mis labios…¡El Apocalipsis!»

Rusty robot sitting on a stool smoking a pipe beside a broken robot in a workshop filled with mechanical parts.
En mis tiempos…cuando éramos los mejores…

© Fernando Busto de la Vega.

EL VALOR DE LA DERROTA

Young man sitting on curb in urban alley looking distressed with head in hands

No soy en absoluto aficionado a esa nueva suerte de pancracio que resultan ser las artes marciales mixtas, pero debo confesar que me hubiera encantado ver a Ilia Topuria, con su bandera española y entrando en liza con Antonio Banderas cantando la Canción del Mariachi derrotando en las narices del racista Trump al gringo de turno. No ha podido ser, resignación.

Sin embargo, el asunto nos sirve para abordar una interesante reflexión: la del valor de la derrota.

Hasta ayer Ilia Topuria era un campeón invicto, hoy es un hombre sabio y mejor práctico de su actividad. La derrota es devastadora y nos hace envejecer (la vejez en muchos casos tiene más que ver con las experiencias que con la edad), pero nos enseña.

Un campeón (o un general ) invicto, por mucho brillo que expanda a su alrededor no es sino un proyecto a medio terminar. La derrota enseña más que la victoria continua. Sobre todo, que somos humanos y sometidos a nuestras propias insuficiencias. También que la soberbia del invicto es solo un aspecto ridículo de una adolescencia tardía. Nos guste o no, hemos nacido para ser derrotados y, a pesar de ello, seguir peleando. Esa es la verdadera naturaleza de la vida: sobrevivir a pesar de nuestras limitaciones, seguir luchando incluso cuando nos han apaleado y humillado. Saber que, llegado un punto, solo vamos hacia abajo. La culminación es siempre el inicio de la decadencia.

Pero el éxito del ser humano, en realidad de cualquier ser vivo, es sobrevivir a pesar de la decadencia. Persistir a pesar de las derrotas. Sobrevivir.

Es ahora, cuando ha dejado de ser invencible, que Ilia Topuria (y recurro a él como simple ejemplo extensible a todos nosotros) debe demostrar que es grande. No es lo mismo ser victorioso que grande. La victoria no demuestra nada, la grandeza nos constituye…si la poseemos y la sabemos implementar.

El valor de la derrota es, filosófica y humanamente, impagable. Rezad por ella cuando os creáis los mejores. Y dejad de serlo para ser, simplemente, grandes.

© Fernando Busto de la Vega.