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UNA PELÍCULA INJUSTAMENTE OLVIDADA: QUERIDÍSIMOS VERDUGOS (BASILIO MARTÍN PATINO, 1973)

LOS TRES VERDUGOS, NO LO OLVIDEMOS: HONORABLES FUNCIONARIOS, ACTIVOS EN EL TARDOFRANQUISMO EN UNA DE LAS CHARLAS QUE COMPARTEN ANTE LA CÁMARA DE BASILIO MARTÍN PATINO.

Nada, absolutamente nada, supera a la realidad pura y dura, al encuentro con los personajes fautores de la cotidianidad, con las personas en su propia circunstancia. Y ni siquiera son necesarias alharacas estilísticas ni admoniciones maximalistas. Basta poner una cámara neutral (si es que una cámara puede serlo, en la narración sea esta oral, escrita o audiovisual sucede lo que con las partículas subatómicas: la observación implica siempre modificación y sesgo) delante del individuo y dejarle hablar, expresarse. Lo demás sale por sí solo. En la vida corriente el equivalente es comer o tomarse un café con alguien. Un buen escritor conoce bien el proceso y sabe utilizarlo.

Pues bien, Basilio Martín Patino (1930-2017) hace poco más en la película documental que quiero recomendar hoy desde estas páginas. Logra, a base de dinero, como alguno de los participantes reconoce en el metraje, reunir a los tres verdugos activos durante el tardofranquismo y hacerles hablar entre ellos delante de la cámara. Nada produce mayor impresión, nada expresa mejor su nivel moral, su mismidad, su anodina y al tiempo terrible condición. Paralelamente (y no sé si aquí entra la manipulación política y el amarillismo melodramático) se intercalan entrevistas a familiares de ajusticiados y a los de un condenado a muerte. Basta con eso.

La película se rodó clandestinamente (más por afán peliculero del director y ansias de figurar en el imaginario heroico de la siempre hiperventilada y camandulera mítica libertaria que por necesidad: nadie se oponía a su rodaje, simplemente no se hubiera podido estrenar) allá por 1973.

Se estrenó en abril de 1977, en plena Transición, y cosechó apenas 250 000 espectadores pasando en gran medida desapercibida. Más tarde, en los ochenta y quizá en los noventa, se emitió alguna vez por televisión en horarios de madrugada. Poco más.

Sin embargo, es una película, un documental, absolutamente imprescindible. Un documento vivo de la realidad que pretende narrar, sin manierismos, sin afectaciones moralistas, sin la deriva histérica, mixtificadora y populista de los actuales documentales dirigidos por niñatos (más bien niñatas) sin experiencia vital ni formación cultural adecuada.

Una reliquia de cuando hasta los anarquistas como Basilio Martín Patino eran señores inteligentes, con clase y cultura. Flor de otras épocas y silencioso escarnio de la actual.

Hay que verla.

© Fernando Busto de la Vega.

UN PAR DE PELÍCULAS JAPONESAS QUE VER EN ESTOS TIEMPOS DE FEMINISMO PURITANO DE ORIGEN ANGLOSAJÓN.

MEIKO KAJI HUYENDO POR TOKIO DEL POLICÍA QUE HA LOGRADO ESPOSARLA EN EL METRO, PERO AL QUE LE HA CORTADO EL BRAZO A NAVAJAZOS PARA LIBRARSE DE ÉL. JOSHUU SASORI: KEMONO-BEYA (1973).

Quienes me siguen, y oye: no son pocos ni pocas, lo cual agradezco y me sorprende en estos tiempos de decadencia moral, cultural y política, ya saben que estoy hasta los cojones (permítaseme la locución vulgar) de las beatas de sacristía reconvertidas en burguesas progres y que han camuflado su pacato puritanismo en altisonante palabrería feminista. Ya lo he dicho muchas veces: son la misma mierda con diferente vestido.

Por eso, porque es necesario desengrasar, salir del lodo tóxico, castrante y traumatizante de esas feminazis progres de sacristía, las clásicas solteronas o malcasadas retorcidas, amargadas y deseosas de imponer sus problemas mentales al mundo, es preciso contrarrestar su hegemónica propaganda con saludables bocanadas de aire fresco, irreverente y en todo contrario a sus discursos ponzoñosos y paroxísticamente ridículos y enfermizos.

En ese sentido, de momento, nos queda Japón como país libre (aunque no por ello incólume a los arrebatos del puritanismo anglosajón, omnipresente y psicopático). Y hacia allí voy a mirar hoy para recomendar a mis lectores, y lectoras, algunas películas que necesitan ver sí o sí para desintoxicarse del pútrido ambiente feminista y puritano que nos imponen.

En primer lugar quiero reivindicar la carrera cinematográfica de Meiko Kaji en los setenta. Ya Tarantino nos la rescató como cantante en Kill Bill, pero Tarantino no deja de ser un yanqui gazmoño. Es preciso ir mucho más allá.

En esta entrada he comenzado con el principio de la tercera entrega de la serie Prisionera Escorpión, porque siempre me ha apasionado ese comienzo de película y esas escenas en las que la rea perseguida, esposada por un policía en el metro, logra salir del mismo dejando al madero en el interior del vagón y cortándole el brazo a navajazos para huir después, con el brazo cortado colgando de las esposas, por Tokio, pero toda la serie merece la pena ser vista.

En ella, y la anterior, conocida internacionalmente como Stay Cat Rock, no existe la pacatería ni la ñoñería del feminismo woke. Las protagonistas femeninas (interpretadas por Meiko Kaji) habitan un mundo brutal que las agrede, las viola y las machaca, pero logran hacerle frente con valor y salvajismo saliendo adelante y triunfando. No necesitan hablar de feminismo, porque son mujeres fuertes que triunfan y sobreviven. En ese sentido, hay que decirlo, se parecen mucho a mis personajes femeninos.

Meiko kaji en la piel de sus personajes: ¿objeto sexual? Puede, pero desafiante y vengativa, muy lejos de las muñequitas de porcelana hipersensibles y tocadas del ala del actual feminismo.

En esa misma línea de mujeres fuertes sin afectación histérica ni melindres ridículos, víctimas permanentes de todo lo que sucede a su alrededor y no pueden someter a sus órdenes inmediatas y a sus preocupantes fobias indicadoras de una enfermedad mental ya cada vez menos latente, quiero recomendar la película Gun Woman, de 2014, protagonizada por Asami Sugiura y cuya trama dejaré en silencio para quien desee conocerla lo haga por su cuenta y riesgo. Tan solo, como indicación y demostración de lo que estoy diciendo, acabaré esta entrada con un fotograma casi final de dicha película y su protagonista.

GUN WOMAN (2014), UNA PELÍCULA QUE DEBERÍA EMITIR TVE EN PRIME TIME, PERO NO LO HARÁ, LA CENSURA DEL FEMINISMO WOKE PURITANO LO IMPEDIRÍA. LO HA IMPEDIDO HASTA AHORA. ES MOMENTO DE EMPEZAR A EXIGIR LIBERTAD Y PLURALIDAD. ¡ABAJO LA DICTADURA DEL PURITANISMO FEMINAZI!

© Fernando Busto de la Vega.

¿QUIÉN SE ACORDARÁ DE ALMODÓVAR DENTRO DE VEINTE AÑOS?

Si existe un ejemplo de triunfo coyuntural en el cine español es, sin duda, el de Pedro Almodóvar. Sin el apoyo gubernamental del felipismo a partir de 1982 dentro de su política propagandística que unió la idea de contraste acentuado con el franquismo y avance hacia la posmodernidad como filosofía superficial, materialista y desideologizada (es un decir: era ultraliberalismo puro) y el progresismo entendido como auge de la militancia identitaria y de género propiciado por los homosexuales de clase alta que después de 1975 asaltaron el poder cultural y mediático disfrazados de «modernos» en contraste con sus pares heteros, probablemente no hubiera logrado hacer más allá de un par de películas que, como la primera, no hubieran interesado a casi nadie.

El felipismo, con Pilar Miró a la cabeza como directora general de Cinematografía (puesto desde el que se encargó de desmantelar la parca industria cinematográfica nacional para someter al cine a la subvención y por ende la supervisión, el dirigismo y la censura) impulsó dos corrientes básicas de cine propagandístico con piel de cordero. Por un lado, la llamada Comedia Madrileña, en la que la burguesía acomodada y acomodaticia sustituía como protagonista a la clase obrera representada, y crítica, en las denostadas películas de Pajares y Esteso, por poner un ejemplo (y que que deben ser revisitadas al menos desde dos puntos de vista: la pureza del lenguaje y la crítica social y política ambas desaparecidas en el nuevo género impulsado desde el ministerio de Cultura), destinada al consumo interno y a difundir la ideología ultraliberal afín a la cultura del pelotazo que tanta corrupción engendró en apenas una década acabando por propiciar la quiebra del propio partido en el poder así como permitiendo la emergencia de personajes como Jesús Gil y otros de su calaña, y, de cara a la propaganda exterior, los engendros de Almodóvar, que se vendían bien en la anglosfera donde la intelectualidad llevaba décadas, controlada de cerca por la CIA, abandonando el barco de la lucha de clases para embarcarse en lo queer y el feminismo como fachada «progre» para el puritanismo de siempre. En ese marco, Almodóvar resultaba el producto perfecto para ser difundido y reverenciado en los círculos elitistas de la intelligentsia anglosajona y catapultado, por lo tanto, al éxito.

De ahí que su carrera se opacase con la caída del felipismo atravesando una larga transformación desde las películas propias de un mariquita gamberro e irreverente financiado por un gobierno que pretendía transmitir una imagen de país con esas características a las de una señora mayor aficionada a los culebrones y que se relanzara, curiosamente, con la llegada al poder de Zapatero, otro caudillo «progre» del PSOE.

No debe extrañarnos que Almodóvar sea un fanático del PSOE y su agenda «cultural» al margen de la cual no existiría.

Pero el PSOE, y el régimen, difícilmente sobrevivirán a Pedro Sánchez (quizá alguna década, pero poco más) y la función propagandística del cine de Almodóvar se hundirá con el partido y el régimen. Entonces, librado al mercado puro y duro y a la realidad, se producirá su olvido (ni siquiera su repudio).

Pedro Almodóvar, además de ser un baldón para la cinematografía española, es ya un cadáver putrefacto, el pasado triste y vergonzante.

© Fernando Busto de la Vega.

KAWAI SORA EN EL PASO DE SHIRAKAWA

DEUTZIAS

A pesar de mi nueva y reciente opinión sobre Matsuo Basho no desdeñaré la ocasión de recurrir a un pasaje de la Senda Hacia El País de Oku (yo prefiero la traducción de La Estrecha Senda Hacia el Lejano Norte) que, desde la primera vez que la leí, allá por la adolescencia, viene dándome que pensar.

Seré escueto y dejaré la reflexión, como siempre, al lector.

Llegados al paso de Shirakawa, que delimitaba la frontera entre el Japón más o menos doméstico y controlado y el lejano norte todavía salvaje y misterioso (al menos para un habitante de Edo-Tokio), Basho nos cuenta una anécdota sobre su discípulo y compañero, el ronin Kawai Sora.

En una de sus habituales digresiones cultas, el poeta recuerda como Fujiwara-no-Kiyosuke, un compilador de poemas y anécdotas del siglo XII, contaba como cierto viajero procedente de la corte se puso su mejor traje, el más formal y ceremonial, para atravesar el paso de Shirakawa.

Kawai Sora, también muy consciente de este antecedente histórico-literario y vestido con su traje negro y harapiento de peregrino, simplemente se colocó en la cabeza una corona de deutzias y atravesó con ese aderezo el mismo paso dejando escrito un haiku:

«Deutzias blancas en mi frente,

me visten de gala

para cruzar el paso de Shirakawa.»

Y tenemos aquí planteada una de esas interesantes dicotomías de la existencia.

Podemos zanjarla recurriendo al displicente escepticismo moderno: Sora no era un noble cortesano, tampoco vivía en el siglo XII sino en el XVII…no son situaciones comparables.

Sin embargo, es evidente que Basho y Sora querían compararlas y dejar una lección de vida, de literatura y de filosofía.

¿Cómo atravesar los grandes hitos del camino y de la vida? ¿Con pompa y circunstancia o con alegre humildad?

Mi respuesta individual está clara, quienes me conocen no dudarán. Dejo que el lector opte por la suya.

© Fernando Busto de la Vega.

EL VALOR DEL GUERNICA DE PICASSO

Leo que ahora es posible hacerse un selfi ante el Guernica de Picasso en el Museo Reina Sofía y que esto indigna a algunos, mientras entusiasma a otros. A mí, como casi todo este tipo de cosas, me da igual. Anticipo que no iré a Madrid para fotografiarme delante de ese cuadro ni de ningún otro.

Sin embargo, la noticia me induce a una reflexión que voy a formular únicamente como pregunta. Mi respuesta es clara, pero la obviaré.

La cuestión es esta: ¿ cual es el verdadero valor del Guernica? Naturalmente no me refiero al crematístico sino al artístico.

¿Tendríamos este cuadro en igual aprecio si no hubiera servido durante décadas a la propaganda comunista? ¿Lo veneraríamos si en lugar de Picasso en su dorado exilio parisino lo hubiera pintado otro artista? ¿Si en lugar de ser un encargo pagado a peso de oro por el mismo gobierno de la república presidido por Largo Caballero que pretendió entregar las Baleares a Italia y quizá la Canarias a Alemania a cambio de que no apoyaran a Franco, lo hubiera pintado un tal Pepe Pérez en el sótano de su casa de Cuenca?…

Soy partidario, lo saben quienes siguen este blog, de derribar los falsos mitos y las falacias artísticas y literarias del malhadado siglo XX para iniciar una nueva etapa de futuro más allá del partidismo y las oligarquías que han conducido España a su total decadencia desde la imposición de los liberales en el siglo XIX. Acaso el Guernica de Picasso sea uno de esos falsos mitos a derribar…¿Y si lo tiramos a un vertedero y ya de paso nos deshacemos de la visión maniquea, guerracivilista y sesgada que pretende implantar en el público ?

Una última cosa diré: guste o no, la guerra es un acto evolutivo. Las pierden los menos adaptados, los más débiles, aquellos que están llamados a desaparecer de la faz del mundo para dejar paso a los vencedores, que representan la ventaja evolutiva de la especie. Aquellos que pierden una guerra no deben empeñarse en mantener las ideas que les condujeron a ser derrotados ni perpetuarse en la queja permanente y en vencer con mendacidad rastrera lo que no supieron ganar en los campos de batalla. Todo derrotado es inferior por definición. La ideología del Guernica, también.

© Fernando Busto de la Vega.