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LENGUAS, CIVILIZACIÓN Y PARLAMENTO

El General Espartero, regente de España (1840-1843), a pesar de ser liberal, sabía que, para que España funcione debidamente, hay que bombardear Barcelona y acallar a las oligarquías provinciales regularmente. Lo dijo alto y claro. Fernando II de Aragón y el conde duque de Olivares opinaban igual. De hecho, es la primera norma de una España fuerte: unidad frente al cantonalismo.

La única función del lenguaje es la comunicación. Por lo tanto, la tendencia histórica natural es la integración de los hablantes en grandes isoglosas, a menudo mediante procesos políticos de carácter imperialista (nos guste o no, el imperialismo ha sido siempre un método de expandir la civilización e implementar la ecúmene que debe conducir a la paz universal). Quienes, con cualquier excusa, van en contra de este proceso natural y beneficioso para la humanidad, son elementos retrógrados y desechables que en caso alguno deben ser escuchados y atendidos y sí eliminados a la mayor brevedad.

En España, ya lo sabemos, debido a la debilidad prefabricada por nuestros enemigos del régimen ilegítimo de 1978 y la persistencia del federalismo liberal incardinado desde 1874 en las corrientes izquierdistas hábilmente manipuladas desde los años veinte del siglo pasado por Moscú y desde los sesenta por Pequín, estamos recorriendo precisamente el camino inverso. Desde la unidad idiomática a la atomización. Lo que significa, en la práctica, que avanzamos desde el proyecto nacional hacia un mosaico de taifas manejadas por corruptas oligarquías provinciales. Madrid en 2023 es Córdoba en 1031.

No pasa nada. Únicamente hay que traer a colación la guerra cantonal de 1873-1874 y tener el cuajo de hacer una limpieza profunda durante la misma. Los cánceres solo se curan cortando por lo sano. Habrá que hacerlo.

Mientras tanto, estamos asistiendo a un esperpento más de este régimen ilegítimo y en declive. La vicepresidenta de un Gobierno en funciones entrevistándose con un traidor a España sin ser encarcelada ni destituida y el Parlamento plegándose a la atomización lingüística impulsada por los traidores a la nación.

No quiero desbarrar ni dejarme llevar por la justa indignación del patriota (tiempo habrá cuando el Estado colapse de reconstruirlo con la energía y las ejecuciones necesarias), plantearé el asunto en términos lógicos.

Hablamos del Parlamento…es decir: de una institución pensada para hablar y entenderse. Lógicamente un parlamento debe desarrollarse en un solo idioma, porque es el método mejor para que todos puedan explicarse y entender las razones del otro. Si a un parlamento lo sometes a la atomización lingüística, por mucho que contrates traductores y compres pinganillos, lo estás pervirtiendo, prostituyendo y privándolo de su razón de ser. Deja, por lo tanto, de ser un Parlamento.

No es que el Parlamento español sirva para mucho, pero en el momento en que se admitan en él otras lenguas que no sean la nacional, el español, habrá dejado de existir, aunque sus miembros sigan cobrando del Estado y tratando de vendernos la burra de la constitucionalidad y la legitimidad institucional. Será un paso más hacia la destrucción.

Y, no nos asustemos, por lo tanto un paso más hacia la necesaria reconstrucción.

Esperanza y combate, amigos: esperanza y combate.

Recordemos a Garci Ximénez y el modo en que de la nada puede reconstruirse un reino.

© Fernando Busto de la Vega.

EL VALOR DEL GUERNICA DE PICASSO

Leo que ahora es posible hacerse un selfi ante el Guernica de Picasso en el Museo Reina Sofía y que esto indigna a algunos, mientras entusiasma a otros. A mí, como casi todo este tipo de cosas, me da igual. Anticipo que no iré a Madrid para fotografiarme delante de ese cuadro ni de ningún otro.

Sin embargo, la noticia me induce a una reflexión que voy a formular únicamente como pregunta. Mi respuesta es clara, pero la obviaré.

La cuestión es esta: ¿ cual es el verdadero valor del Guernica? Naturalmente no me refiero al crematístico sino al artístico.

¿Tendríamos este cuadro en igual aprecio si no hubiera servido durante décadas a la propaganda comunista? ¿Lo veneraríamos si en lugar de Picasso en su dorado exilio parisino lo hubiera pintado otro artista? ¿Si en lugar de ser un encargo pagado a peso de oro por el mismo gobierno de la república presidido por Largo Caballero que pretendió entregar las Baleares a Italia y quizá la Canarias a Alemania a cambio de que no apoyaran a Franco, lo hubiera pintado un tal Pepe Pérez en el sótano de su casa de Cuenca?…

Soy partidario, lo saben quienes siguen este blog, de derribar los falsos mitos y las falacias artísticas y literarias del malhadado siglo XX para iniciar una nueva etapa de futuro más allá del partidismo y las oligarquías que han conducido España a su total decadencia desde la imposición de los liberales en el siglo XIX. Acaso el Guernica de Picasso sea uno de esos falsos mitos a derribar…¿Y si lo tiramos a un vertedero y ya de paso nos deshacemos de la visión maniquea, guerracivilista y sesgada que pretende implantar en el público ?

Una última cosa diré: guste o no, la guerra es un acto evolutivo. Las pierden los menos adaptados, los más débiles, aquellos que están llamados a desaparecer de la faz del mundo para dejar paso a los vencedores, que representan la ventaja evolutiva de la especie. Aquellos que pierden una guerra no deben empeñarse en mantener las ideas que les condujeron a ser derrotados ni perpetuarse en la queja permanente y en vencer con mendacidad rastrera lo que no supieron ganar en los campos de batalla. Todo derrotado es inferior por definición. La ideología del Guernica, también.

© Fernando Busto de la Vega.

LOS YANQUIS EXPULSADOS DE LA LEGIÓN ESPAÑOLA POR COBARDES EN 1921.

Cuando la Legión Española se fundó en 1920, en la Posición A de Ceuta, situada sobre un monte que dominaba el estrecho de Gibraltar, muchos estadounidenses que habían llegado a Europa en 1917 para participar en la I Guerra Mundial se hallaban desmovilizados en Francia sin desear regresar a los Estados Unidos y sin perspectivas viables de ganarse la vida, de modo que muchos de ellos viajaron al África española para alistarse en la nueva unidad pensando que los usos y condiciones de combate en una unidad militar española, por mucho que se tratara de una época ya decadente, iban a asemejarse en algo a las de las unidades anglosajonas. Descubrieron pronto que las tradiciones del Ejército español, todavía en 1920, veintidós años después de haber perdido a manos de los Estados Unidos nuestras últimas provincias ultramarinas (que no colonias), eran infinitamente más duras y exigentes que incluso las de los marines yanquis. No se consiguen héroes con blandura y no existe un soldado español que no deba ser un héroe en potencia.

Para colmo, en julio de 1921 llegó el desastre de Annual.

El general Fernández Silvestre, un héroe sin tacha que se encontraría en los más altos altares de la gloria patria de haber triunfado en esta guerra, y estuvo muy cerca, fracasó en su audaz avance sobre Axdir, en la bahía de Alhucemas, la capital del traidor Abd el Krim. La cosa no hubiera sido del todo preocupante de no volverse la Policía Indígena contra las tropas españolas disparándoles dentro de los blocaos y fortificaciones por la espalda y abriendo las puertas a los enemigos rifeños.

El resultado ya lo sabemos: más de diez mil soldados españoles muertos en apenas tres días, mujeres y niños españoles violados en masa y torturados antes de ser asesinados, a menudo quemados vivos o mediante crucifixión, hombre civiles castrados y asfixiados con sus propios genitales metidos en la garganta, otros clavados en las paredes o degollados. Melilla al alcance del enemigo que ocupó rápidamente el Gurugú dejando aislados, desarmados y sin provisiones a muchos españoles en la posición de Monte Arruit a los que posteriormente asesinaron después de prometerles la vida si se rendían.

Todas las salvajadas sufridas por los civiles españoles entre Axdir y Melilla podían volver a repetirse, esta vez a escala centuplicada, en la ciudad de Melilla. Había que defenderla y no se contaba con tropas adecuadas en la zona. Movilizar las de la península llevaría tiempo. Se recurrió, por lo tanto, a la Legión, que todavía se encontraba en estado embrionario.

Los legionarios llegaron en barco desde Ceuta y desembarcaron a la carrera (ese es el origen de su rápida forma de desfilar: carecían de camiones y atravesaron Melilla a paso rápido para ir al límite con el monte Gurugú) y ocuparon las posiciones más peligrosas en las condiciones más extremas. Defendieron Melilla y a su población civil luchando y muriendo. Esta es la campaña del Blocao de la Muerte, donde el cabo Suceso Terreros y su pelotón marcharon voluntarios para defenderlo sabiendo con certeza que iban a morir allí. Así se luchaba en aquellos días. Sin descanso, sin quejas, sin miedo a la muerte, solo con heroísmo y deseo de servir a España y sus ciudadanos.

Así luchaban…los españoles, pero no los yanquis alistados en la Legión que comenzaron pronto a lloriquear, quejarse y gemir. A hacer llamamientos a la prensa yanqui y a sus diplomáticos diciendo que los españoles los odiaban y deseaban mandarlos a la muerte para vengarse de lo de 1898.

Los yanquis se rajaron, lloraron a sus compatriotas tirando de Leyenda Negra e insultando a quienes les habían dado de comer y aceptado en sus distinguidas filas a pesar de haber sido enemigos hacía menos de un cuarto de siglo.

En 1922 la mayor parte de esos yanquis pudieron abandonar la Legión cerrando las puertas de la misma para sus compatriotas, hasta el día de hoy. Sencillamente, la Legión dejó de admitir estadounidenses en sus filas considerándolos cobardes, ineficaces y problemáticos.

Los yanquis pueden hacer muchas películas propagandísticas de su valor y habilidades militares, pero los cientos que intentaron servir en el Ejército español, están deshonrados. No dieron la talla.

Y es bueno recordar estas cosas de vez en cuando.

© Fernando Busto de la Vega.

IBÁÑEZ HA MUERTO

Me enteré de la noticia mediante un correo electrónico de mi amigo Francisco que venía a decir: «Mecagüentó, que mierda de semanas». Y hay que darle la razón, esta sola noticia basta para considerarlas pésimas.

Sea como fuere, la cosa es cierta: Francisco Ibáñez (1936-2023) ha muerto y nos ha dejado huérfanos.

La parte buena es que, quizá, a partir de ahora la triste y desangelada «intelligentsia» de este país, esa caterva prácticamente inmunda de chisgaravises y merluzos que se las dan de intelectuales y reparten carnets de guay y enrollado al tiempo que ejercen la censura con su desprecio indiferente y a los que tanta cancha dan los medios del régimen (televisiones, periódicos, radios…) empezarán a reparar en su importancia (o, lo más probable: le olvidarán).

Estoy firmemente convencido de que, en esencia, esas mentes preclaras del vigente régimen no están preparadas para comprender la grandeza de Ibáñez y su contribución a la cultura española más allá de su máscara editorial de autor infantil de monigotes.

Ibáñez fue un producto típico del mundo editorial barcelonés, basado en el amiguismo, el enchufismo, la ideología catalanocentrista y la explotación de los autores, especialmente en el mundo del cómic y, más concretamente, en la editorial Bruguera. A pesar de ello, del encorsetamiento y la opresión en la que se desenvolvió (encorsetamiento y opresión que no procedían tanto de la dictadura de Franco como de la burguesía catalana en medio de su proyecto soterradamente nacionalista de inyectar parte de su capital en el mundo editorial y cultural para imponer su relato, y ya en varias ocasiones hemos hablado aquí de ello) logró desarrollar una personalidad propia, una libertad creativa arrasadora y una crítica social demoledora que le auparán en el futuro a un puesto insigne dentro de nuestra continuidad cultural hispana.

De momento, como digo: ha dejado huérfanas a varias generaciones de españoles. ¡Hay que joderse!

Por cierto: hago notar que cuando murió Antonio Gala hace poco más de un mes no se dijo ni una sola palabra en este blog. La razón es clara: Gala es olvidable y poco interesante, una de esas excrecencias culturales que a menudo jalean indebidamente los medios de comunicación (como en su momento Camilo José Cela o Terenci Moix) y que solo ocuparán una nota a pie de página de nuestra historia cultural, artística y literaria.

Es bueno ir deshaciendo mitos y buscando las verdaderas claves de bóveda de nuestra decadente y vergonzante época cultural.

© Fernando Busto de la Vega