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PIRATAS ARGENTINOS

EL PIRATA IRLANDÉS AL SERVICIO DE INGLATERRA WILLIAM BROWN QUE LOS INSURRECTOS DEL RÍO DE LA PLATA CONTRATARON PARA EJERCER LA PIRATERÍA CONTRA LA LEGÍTIMA AUTORIDAD DEL VIRREINATO A LA QUE COMBATÍAN, COMO TRAIDORES, A SUELDO DE INGLATERRA: ESPAÑA.

No sé, por alguna razón, al hilo de los acontecimientos, me parece adecuado recordar estos días a los piratas argentinos y, sobre todo, el modo en que los insurgentes del Río de la Plata se «europeizaron» adoptando las mejores costumbres de los ingleses tales como la piratería.

Cuando aquellos masones traidores (como el despreciable San Martín) se sublevaron contra la legitimidad de España desconociendo la autoridad de Madrid en favor de sus amos ingleses (no olvidemos nunca que la «independencia» de la América española fue una gran traición no solo a España, sino a los propios pueblos americanos, de ciertos oligarcas vendidos a Inglaterra por avaricia y soberbia) lo primero que hicieron fue contratar mercenarios anglosajones y franceses para ejercer la piratería contra España. Es decir: el acto fundacional de Argentina no solo consistió en traicionar a su rey y a la unidad de la Patria (España, obviamente, aunque esos agentes de Inglaterra se denominasen patriotas refiriéndose a pedazos concretos de la unidad española era simple demagogia) sino adoptar la piratería inglesa como forma de expresión internacional. Podemos, pues, legítimamente, contar a Argentina en el número infame de las naciones piratas como Inglaterra, Holanda, Francia o los magrebíes. Y supongo que los argentinos se sentirán orgullosos de ello.

Pero no voy a hacerlo largo.

Nombraré, por ejemplo, a Guillermo (William) Brown, irlandés que sirvió en la Armada inglesa entre 1801 y 1809 y llegó de incógnito, como simple comerciante, a Buenos Aires, en 1810. En 1814, ya convertido en pirata al servicio de los insurrectos rioplatenses (aunque pretenden adjudicarle el título de corsario es inaplicable, porque dichos sublevados no eran una nación legalmente constituida y, por ende, no podían expedir títulos legales de corsario, quienes como tales le servían eran simples piratas a los que, por cierto, siempre otorgaban grados militares regulares en la escuadra argentina, que, por lo tanto, puede decirse que estuvo fundada y organizada por piratas ingleses)…En 1814, decíamos, ya ejerció de pirata en las costas de Uruguay y entre 1815 y 1816 con una escuadra de tres barcos y auxiliado por un pirata francés (Bouchard) y otro escocés (Russell) se dedicó a saquear y apresar barcos españoles en las costas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia.

Poco después, Hipólito Bouchard, el mismo pirata francés que había servido a las órdenes de Brown en el Pacífico, capitaneó su propio barco para saquear las costas de Filipinas, Centroamérica y México, incluyendo California, entonces españolas. Y que también estaban atacando en esos momentos piratas ingleses al servicio del despreciable traidor Bolívar.

Citaré también a David Jewett, estadounidense que sirvió como pirata a los insurrectos argentinos , que no fue especialmente brillante y acabó sirviendo a Brasil, pero abunda en el ejemplo de los anglos y franceses que los masones insurrectos en Argentina contra la autoridad legal y legítima de España, contrataron.

Desde esta perspectiva, cuando los argentinos nacionalistas y trasnochados andan proclamando a los cuatro vientos que son europeos, quizás tengan razón: al sublevarse tomaron las peores costumbres de los peores europeos. Y ahí siguen, fracasando y haciendo el ridículo.

Por cierto: también en literatura y cultura.

© Fernando Busto de la Vega.

EL PESIMISMO INSTRUMENTAL DEL 98

El Maine, la excusa que utilizaron los yanquis para emprender la guerra contra España en 1898, el momento perfecto para ellos. En 1899 iban a entrar en servicios nuevos barcos de guerra que les hubieran imposibilitado por completo la victoria. Actuaron como las hienas oportunistas y racistas que son. Nunca nuestros aliados, siempre (también hoy), nuestros enemigos.

Durante demasiado tiempo hemos dejado el relato de la historia y capacidades de España en manos de los enemigos exteriores e interiores de la misma (en este caso: liberales, federalistas, socialistas, anarquistas y demás ralea), pero ante la inminencia de vernos convertidos en un Estado fallido, conviene retomar las riendas de nuestro futuro para volver a ocupar el puesto que nos corresponde en el mundo y, para ello, hacer lo propio con la interpretación y explicación de nuestro pasado. No podemos seguir más tiempo creyendo en las milongas que nos vende la anti-España y es preciso, obligatorio, mirar con nuevos ojos, más objetivos, libres y optimistas, nuestro pasado, elaborar e imponer nuevas perspectivas que, con la verdad, destruyan los relatos pesimistas y derrotistas de los antiespañoles.

Un caso paradigmático es el del pesimismo del 98.

Ya sabéis: en 1898 con las clásicas mentiras propagandísticas y aprovechando un momento clave de deterioro de la Armada española (en 1897 o 1899 hubieran fracasado en su intento) los Estados Unidos, en su habitual expansionismo imperialista azuzado por la codicia y el racismo antiespañol (que sigue exhibiendo ese tipejo ridículo que tienen por presidente, el Trompetas), nos robaron las provincias ultramarinas de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam (por cierto, bajo la presidencia de un masón liberal que años antes se había negado a presentar en la Conferencia de Berlín las reclamaciones correspondientes a las exploraciones y posesiones de España en África y que nos hubieran proporcionado la posesión de prácticamente todo el África occidental desde Argelia y Marruecos hasta nuestra Guinea e incluso Gabón, lo que le hace muy sospechoso de conspirar contra la grandeza de España, como a todos los masones que, por el mero hecho de serlo, deben ser considerados enemigos y traidores).

Naturalmente, esta pérdida causó una gran conmoción en España y una sensación de pesimismo y fin de ciclo que federales, republicanos, socialistas y otras malas hierbas aprovecharon para retomar aliento después de que los desastres causados por la I República (1873-1874) los arrojasen a los vertederos de la Historia y la política. Aprovechando, usando y retorciendo este pesimismo, volvieron a medrar presentándose falsamente como el revulsivo necesario para acabar con esa España derrotada e instalar otra a su gusto, es decir: débil, desunida y sometida a ideologías e intereses extranjeros.

Pero la verdad es otra.

La España derrotada en 1898 y que, por culpa del repugnante Sagasta, no reclamó sus derechos en África en 1886, en 1906 estaba ya participando en la Conferencia de Algeciras para iniciar una nueva expansión africana (mucho más modesta de la que podría haberse conseguido en 1886), y restablecer nuestra posición. La España presuntamente sin pulso de los jeremiacos del 98 y que tanto difundieron como dogma los izquierdistas antiespañoles para ejercer su labor de zapa, apenas ocho años después de su derrota, estaba ya lanzándose a nuevas aventuras y conquistas. Eso no es un país derrotado y sin pulso, es un país dinámico, fuerte, con capacidad de supervivencia, resolución y perspectivas de futuro.

¿Cómo presentaron y siguen presentando los antiespañoles de la izquierda esta resiliencia (utilicemos la palabreja de moda de los progres) de España? Como intereses particulares de la oligarquía a la que enfrentaban al pueblo para poner palos en las ruedas de la recuperación de España. Así se las apañaron para fomentar disturbios como la Semana Trágica de Barcelona en 1909 y convencer al pueblo ignorante de que la grandeza de España no les beneficiaba y no era cosa de toda la nación. Es decir: desde el principio (y hasta hoy) socialistas, federalistas, progresistas, anarquistas e independentistas han jugado a evitar la grandeza de España, a fomentar el antiespañolismo en el pueblo y a servir a intereses extranjeros en contra de los intereses de España. Y lo han hecho, en gran medida, inventando relatos falsos sobre la Historia y las verdaderas capacidades de España. Eso, naturalmente, les volverá a llevar (no cabe otro remedio) a purgar sus culpas en los paredones y las cunetas en cuanto restablezcamos el orden en España. Ellos mismos se lo buscan.

Pero, para llegar a ese punto, es preciso cambiar las conciencias, destruir las mentiras que la anti-España ha impuesto sobre la España verdadera. Fomentar nuevas perspectivas que lleven al pueblo a conocer la verdad. Aquí lucharemos en esa trinchera.

Por cierto, y antes de terminar: hay que decir que España consiguió su pequeño nuevo imperio en África y que volvió a perderlo de nuevo por obra y gracia de nuestros enemigos: los Estados Unidos que, en 1975, organizaron la Marcha Verde para despojar a España de su provincia del Sáhara.

Hoy en día, Trump, el Trompetas, sigue buscando la ruina de España acechando a Ceuta, Melilla y las Canarias, seamos muy conscientes de quienes son nuestros verdaderos enemigos.

© Fernando Busto de la Vega.

EL PERRO DE WAGNER (1840)

No descubro nada al decir que Richard Wagner era un ser humano despreciable y muy poco recomendable. El mejor ejemplo de lo que digo se encuentra en su impulso del antisemitismo en sus años de gloria cuando su ascenso se debió precisamente al apoyo de muchos judíos alemanes y, muy especialmente, de Giacomo Meyerbeer al que estuvo años lamiéndole las botas para conseguir de su proverbial amabilidad el apoyo y los contactos que necesitaba y este podía proporcionarle. Alguna vez por las fechas que nos ocupan llegó a escribirle. «¡Solo usted puede ayudarme prometiéndole a Joly que escribirá una ópera para él!¡El terrorismo es el único medio y usted, mi venerado autócrata de todas las notas, el único que puede utilizarlo! (…) Seré su esclavo fiel y leal pues reconozco públicamente que llevo en mí la naturaleza del esclavo. ¡Cómpreme a ese precio, dueño mío, y no hará mala compra!»

Ese era su tono con sus protectores judíos, que en efecto le protegían, y así les pagó: sumándose a la ola antisemita del nacionalismo alemán cuando por fin se consagró (claro que para imponerse por completo en el mercado alemán, y aún en el mundial, necesitaba apartar del escenario a Meyerbeer, verdadera estrella del mismo desde aproximadamente 1849 hasta la Primera Guerra Mundial). Ya lo explicó Freud (otro sinvergüenza, lean mi ensayo ¡Está Vivo!…Espera, no): hay que matar al padre.

Ahora bien, si por algo se caracterizaba Richard Wagner era por ser muy mal pagador y básicamente un estafador. En 1839 hubo de huir de Riga para eludir la ira de sus acreedores que se multiplicaron también en los tres años siguientes en París hasta tal punto que el 25 de octubre de 1840 hubo de fingir un encarcelamiento por deudas (una pequeña estafa) para aplacar a sus acreedores e intentar que los amigos que ya ni le recibían ni contestaban sus cartas, hartos de prestarle dinero sin que él tuviera intención de devolvérselo, se ablandaran proporcionándole algunas sumas adicionales por pena. No le funcionó.

Si lo pensamos, todo el asunto y desarrollo del Festival de Bayreuth no dejó de ser una gran estafa (de cuento largo) en la que con la excusa de la «pureza alemana» en la música y el arte, Wagner consiguió un teatro propio, renombre y la entronización en los altares protonazis del nacionalismo alemán con el dinero de otros individuos a los que estructuró a guisa de secta.

Pero lo que más nos puede hablar a las claras del tipo de hijo de puta que era Richard Wagner (cuya música, lo confieso, a menudo escucho con fruición, aunque me parece en exceso ampulosa y pedante) es la anécdota que en relación con su perro Robber, un terranova, él mismo nos cuenta en su autobiografía «Mein Leben» y que sucedió, precisamente, en el invierno de 1840.

Como decíamos, Wagner, su esposa del momento, Minna Plamer, una hermosa actriz de 31 años a quien los celos de don Ricardo la obligaron a abandonar la escena viéndose sumida en la miseria y debiendo soportar, haciéndose adicta al láudano, las constantes infidelidades y desprecios de su marido, y el terranova Robber hubieron de huir de Riga acosados por sus acreedores (ya en años anteriores habían tenido que huir de Königsberg y Dresde por idénticos motivos). Lo hicieron en un barco que, asendereado por las tormentas del Báltico, estuvo varias veces a punto de hundirse y provocó, con sus cabeceos y golpes, el aborto de Minna, entonces embarazada y que quedó estéril a resultas del aborto.

Era 1839.

En cuanto llegaron a París ese mismo año, el propio Wagner nos cuenta que Robber, su terranova «le fue robado»…digamos más bien que huyó o fue vendido o abandonado por su amo.

Sea como fuere, cierta noche fría y neblinosa del invierno de 1840, cuando salía de su casa para, también confesión del propio Wagner, dedicarse a una larga tanda de sablazos entre sus amistades parisinas (que ya empezaban a huirle cuando le veían a lo lejos) se topó en la misma puerta de su casa con Robber. Lo llamó, quiso abrazarlo y el perro, al reconocerle, huyó de él. Don Ricardo, que reconocía que seguramente el bicho recordaba «los pocos castigos que tontamente le había infringido durante la última parte de nuestra camaradería», le siguió, pero cuanto más corría el genio de la música más desesperadamente huía el chucho, hasta que logró perderse finalmente en la niebla y en la oscuridad.

Un perro que reencuentra a su amo y, en lugar de saltar a sus brazos y regresar jubilosamente a casa, huye de él con pánico y desesperación. Eso nos habla a las claras de la naturaleza y dureza de los «pocos castigos» que había tenido que sufrir por parte de Wagner, ese hijo de puta. Esta anécdota, que el propio don Ricardo nos narra, nos da el tono exacto de su inmundicia como ser humano.

Porque no nos vale la excusa de que «era otra época». Desde la noche de los tiempos el buen trato a los perros de la casa y su inclusión en la familia ha sido un principio indeclinable de la moral humana. Quien ha maltratado a su perro siempre ha sido repudiado y despreciado por sus vecinos.

La reacción de Robber es mucho más que elocuente.

Un terranova como fue el desgraciado Robber de Wagner.

© Fernando Busto de la Vega.

ESPAÑA Y EL ORIGEN DEL FAR WEST

Los yanquis son especialistas en apropiarse de los éxitos y méritos ajenos y olvidar el pasado español de la mayor parte de sus tierras. También en crear géneros nacionalistas y artificiosos, con muy poca o ninguna relación con la realidad histórica como el western. Por ello es preciso, de vez en cuando, recordarles la verdad y recalcar la participación española en la conformación de sus grandes mitos, especialmente en el llamado «Lejano Oeste», que para nosotros era el «Lejano Norte» primitivamente en torno a Santa Fe (fundada por España en 1610 con el mismo nombre que el campamento desde el que los Reyes Católicos asediaron Granada en 1492) y Taos (fundada en 1615).

El factor determinante de lo que luego sería el mundo de las grandes llanuras y sus tribus dedicadas a la caza del bisonte, fue la introducción y expansión del caballo, que llevó a muchos pueblos (los siux, sin más lejos) previamente sedentarios y dedicados a una agricultura de simple supervivencia a lanzarse a las inabarcables llanuras para alcanzar una vida mejor como cazadores (lo que les permitía comer carne a menudo, alimento antes imposible o muy difícil de conseguir), aunque ello les arrastrase a una sempiterna guerra tribal a la que luego se sumaron los colonos yanquis dando origen a los enfrentamientos del siglo XIX.

Pero la expansión del caballo en las grandes llanuras se produjo gracias a la extensión hacia el norte de Nueva España, del virreinato español, a comienzos del siglo XVII.

En 1598 Juan de Oñate sometió a los indios Pueblo, que fueron ayudados en su defensa por grupos de apaches y navajos que robaron así sus primeros caballos.

Desde 1599 apaches y navajos, también algunos pueblo rebeldes, siguieron robando caballos y quedándose con parte y comerciando con el resto en el norte y en el este dando inicio a los cambios económicos, sociales y culturales que engendrarían a las posteriormente poderosas tribus de las grandes llanuras (siux, arapahoes, comanches…)

Desde 1670 una terrible sequía azotó Nuevo México llevando a la miseria a indígenas y colonos españoles (e indígenas del sur, aztecas, tlaxcaltecas…establecidos allí como aliados hispanizados). Esta sequía afectó también a los apaches que, viendo agostadas sus cosechas, intensificaron sus incursiones en territorio español. Ello hizo crecer el descontento y condujo a la revuelta de 1680 en la que los indios pueblo, ayudados por los navajos y los apaches, expulsaron a los españoles de Nuevo México.

Naturalmente, España no iba a rendirse tan fácilmente y continuó la guerra hasta poder reconquistar palmo a palmo el territorio en 1692. Durante estos doce años de guerra, los ataques y contraataques pusieron en manos de los apaches numerosísimas manadas de caballos que fueron a alimentar el mercado de las tribus establecidas en el norte, hasta los Grandes Lagos. Es a partir de este momento que las tribus de las grandes llanuras las ocupan por completo gracias a la posesión de numerosos de estos caballos.

De hecho, y como ejemplo, debemos decir que este es el momento etnogenético de los comanches.

Estos eran originariamente shoshones. Este pueblo, a causa de la llegada del caballo, se dividió en dos grandes grupos. El mayoritario, que seguiría en posesión del etnónimo, se dirigió hacia el norte para sumarse a la caza del bisonte. El minoritario (a quienes los apaches darían el nombre de comanches, que significaba enemigos) se dirigió hacia el sur para enriquecerse con el comercio de caballos, que conseguían mediante incursiones (en primer lugar contra apaches y navajos, más adelante contra españoles, lo que les convertiría en los grandes señores de Texas).

Ya en 1706 se tuvo noticia en Taos de los comanches y su agresiva expansión que fue empujando a los apaches hacia el sur hasta el punto de que en 1720 pidieron en Santa Fe a los españoles el poder asentarse en territorio español. Se les concedió y durante todo un siglo, salvo raras excepciones y partidas que eran más de bandidos que de luchadores étnicos, los apaches vivieron en paz y se fueron asentando (piénsese que, por ejemplo, el famosísimo Gerónimo de los guiris, era para los españoles Gerónimo Monteso Chagori, nacido y bautizado en la ciudad española ,novohispana, de Arizpe, es decir: un ciudadano con nombre y apellidos que solo después de la independencia mexicana se lanzó a la guerra). En efecto: los apaches solo volvieron a la guerra masiva en 1825, después de que la República Mexicana diera al traste con la labor civilizatoria de España.

Pronto los comanches se convirtieron en el gran problema de España en la zona y fueron los españoles los primeros en aplastarlos como potencia.

En 1768 los españoles ya habían derrotado al primer Cuerno Verde, carismático jefe comanche, en Ojo Caliente. Su hijo, del mismo nombre, continuó sus incursiones con idéntico sentido providencialista y místico hasta que fue por completo aniquilado en el río San Carlos por el gobernador español Juan Bautista de Anza con tropas españolas, pueblo, ute y apaches en septiembre de 1779. Desde entonces los comanches prefirieron comerciar y, como los apaches, no se convirtieron en los dueños de las llanuras y en un peligro generalizado hasta que la República Mexicana expulsó a los españoles encontrándose de bruces con su propia incapacidad para mantener el orden como lo había hecho España. No deja de ser llamativo que España, con su centro político en Madrid y una inconmensurable variedad de frentes en todo el mundo pudiera mantener en paz a apaches y comanches y los mexicanos, orgullosamente independizados, la cagaran tan clamorosamente de inmediato (un datito a tener en cuenta, Sheinbaum…ignorante).

Por cierto que también fuimos los españoles los primeros en convertir la lucha contra los comanches y los indios en general en espectáculo dramático. Poco después de la derrota del segundo Cuerno Verde en el río San Carlos se escribió y representó en Nueva España una obra de teatro que conmemoraba y representaba el hecho titulada, precisamente, Los Comanches, cuyo autor desconocemos. De modo que ahí debemos situar el origen del género western, no en el cine yanqui, sino en el teatro novohispano.

Por cierto: Santa Fe y Taos debían ser regularmente aprovisionadas de carne y otros efectos, especialmente durante la ya citada sequía de 1670-1680 y, por supuesto, en el siglo XVIII, ese es el origen de las caravanas de ganado que luego tanto juego darían en las películas gringas. También los rodeos y la vida en ranchos (extensión de los cortijos andaluces) tiene su origen en la permanencia española en el norte de Nueva España (actual sur de Estados Unidos, México tampoco supo defender las extensas fronteras que les dejamos en el norte frente a los yanquis). Otro asunto del western originario de España.

Podría seguir, pero lo esencial queda dicho.

© Fernando Busto de la Vega.

LA PAYASADA DE LEÓN XIV EN ESPAÑA

Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán español, y esta inapelable realidad es aplicable a las payasadas que el papa León XIV ha venido a predicar a España, especialmente en relación con la invasión de migrantes africanos que estamos sufriendo.

Hay que explicarle al papa, y a quienes comulgan (siendo católicos o progres) con sus posiciones, que un país, un continente, no es una ONG, no es una maquinaria destinada a sacrificar el presente y el futuro de sus nacionales para satisfacer las desordenadas ambiciones de naturales de otras regiones, sino un instrumento para el mantenimiento de la prosperidad y el progreso de esos nacionales (que son, junto a sus antepasados, quienes con su esfuerzo, trabajo, estudio y predisposición la han instalado en la vanguardia económica, social y cultural del mundo) así como la defensa y expansión de la Civilización, papel que España, como sabemos, cumplió sobradamente en el pasado y está destinada a cumplir en el futuro.

Ello es incompatible con arruinarse aceptando pasivamente la invasión de elementos culturalmente inferiores que en la mayoría de los casos (puedo afirmarlo por mi experiencia profesional diaria) ni saben leer ni escribir y mucho menos manejar la nueva tecnología ni adaptarse a las costumbres europeas ni desean aprender ni adaptarse. Antes al contrario, importan a Europa las suyas hasta el punto de corroer los barrios en los que se hacinan y cuyos bancos se atestan de negros tumbados o repantigados descalzos y con las barrigas al aire, vagueando durante todo el día y toda la noche y de moros gritando y acosando mujeres en todas las esquinas (donde muchos de ellos se dedican a trapichear) …¿Le parece al lector bienintencionado una descripción racista y xenófoba? Eso es porque no ha sufrido esta invasión. Le recomiendo, si tiene ocasión, que se pasee por el barrio de las Delicias de Zaragoza o el del Gancho de la misma ciudad y luego opine. Si no puede trasladarse a Zaragoza, no importa: España y Europa están llenos de barrios semejantes, degradados hasta el extremo por la inmigración africana y americana.

¿Es de recibo que alguien, cualquier figurón internacional, cualquier ideología estúpida, nos obligue a soportar esto? ¿A aceptar unos procesos inasimilables que nos convierten, paso a paso, en países del tercer mundo? La inmigración depaupera la sociedad europea y ese es un hecho incontrovertible. Seguir en la misma línea que hemos seguido hasta ahora y que defiende el papa, solo tiene un final: la destrucción de Europa y su conversión en un territorio arrasado, alejado del progreso, la riqueza y la civilización, en un continente fallido hundido en la miseria, la ignorancia y el islam.

Es preciso recordarle a ese payaso vestido de blanco que llaman León XIV y tuvo la humorada de viajar a Canarias para defender políticas tan desastrosas, que los migrantes africanos son en su mayor parte musulmanes y lo primero que hacen, en cuanto llegan a España, es organizar una mezquita. No una iglesia ni un centro de estudios de cultura europea: una mezquita, mientras que los americanos, aparte de introducir las bandas de delincuentes hasta hace un par de décadas por completo desconocidas en Europa, suelen apiñarse en otra de las sectas que amenaza a la civilización: las iglesias evangélicas.

De modo que la inmigración, además de delincuencia, pobreza e involución, inunda España de dos de las más peligrosas sectas que amenazan a la Civilización en el mundo: el islam y el evangelismo. Ya solo por eso debería controlarse con microscopio quién entra en España y como se comporta. Porque las actuales políticas son disolventes y destructivas y solo pueden ser impulsadas por memos absolutos o traidores. Da lo mismo, ambas categorías deben ser apartadas del poder a la mayor brevedad y castigadas duramente por sus crímenes. El papa-payaso es un propagandista de estas políticas y, por ende, cómplice de estos crímenes.

Es preciso explicarle también a León XIV que España es una tierra repoblada. Según avanzó la Reconquista, nuestra gloriosa y costosa liberación del yugo musulmán, proceso secular que salvó a Europa y la convirtió en lo que es hoy, fueron repoblándose las tierras que los moros abandonaban. Y se hizo con método y unas líneas políticas muy claras. En primer lugar, se elegía repobladores que mejoraran la raza. No cualquiera podía instalarse en las tierras liberadas de la frontera. Por regla general se trataba de gentes del norte de la península sin mezclas perjudiciales (Roma, con su legado genético unido al de celtas e íberos, y los visigodos eran la materia de la repoblación a la que se unían, gentes procedentes del norte de los Pirineos). Y esto fue así desde las primeras repoblaciones en el siglo VIII hasta el siglo XVIII cuando siglos después de acabada la Reconquista se decidió repoblar Sierra Morena y se hizo con alemanes católicos. Porque esta es la segunda parte de la ecuación: España se construyó con la dirección genética adecuada y la estructura ideológica precisa. En ese sentido, la Inquisición (tan denostada por los anglosajones y germanos protestantes porque les impidió eficazmente mangonear en España) no fue un instrumento de atraso, sino de defensa de la unidad cultural y moral que llevó a España a convertirse en la Nueva Roma llevando la Civilización no solo a América, sino al orbe entero.

Esa debe seguir siendo, en el siglo XXI, la política rectora de nuestro desempeño como nación: una defensa cerrada de nuestro legado genético y cultural que excluye por definición el asentamiento de negros, moros y otras razas secundarias en nuestra tierra sagrada. Otra cosa es avanzar hacia el tercermundismo y la destrucción. Convertir a Europa en una África 2.0 en plena y desastrosa involución.

Por otro lado, ante un panorama en el que se le está regalando la nacionalidad española a gente que ni siquiera es capaz de hablar correctamente el español, a menudo ni de balbucear un par de palabras, habría que recordar a los traidores que nos gobiernan que español se es, por constitución inmemorial, por derecho de sangre. Todo lo demás, aunque se haya legislado en las ilegítimas cortes del ilegítimo régimen de 1978, es traición, es contrafuero. Y deberá pagarse.

Lo dejo aquí.

Clown in bishop attire with colorful robe and mitre holding a staff at seaside
UN PAPA-PAYASO

© Fernando Busto de la Vega.