El domingo 26 de julio de 1806, en Winkel, con Maguncia a la izquierda y Bingen (la abadía de Hildegarda) a la derecha, ambas en la orilla opuesta, la joven poetisa de 26 años Karoline Von Günderrode, desesperada por no conseguir que su amante, Georg Friederich Creuzer, que tendría el mal gusto de sobrevivirla hasta 1853, abandonara a su mujer, buscó un tranquilo y adecuado paraje en la rivera del Rin y llegó hasta él con un llamativo vestido rojo. Una vez allí, tras asegurarse de que se encontraba sola, extrajo de su faltriquera un estilete de plata y se lo clavó en el corazón dejándose caer, como una Ofelia travestida en amapola, en la corriente impetuosa del río, que la arrastró durante días hasta que la encontraron en un remanso. Había dejado escrito el siguiente poema:
Hace poco hablaba con mi amiga Isabel, fiel seguidora de este blog (cosa que le agradezco), sobre las audiencias ocultas que genera: aquellos del entorno más o menos profesional y social que, negándolo, lo leen. Aquellos que por morbo, curiosidad o temor a verse aludidos entran subrepticiamente en estas páginas y luego las comentan en corrillos a la hora del café (y que lograron hace meses que dejara de contar ciertas andanzas íntimas que no les incumben, pero intuyen y les deleitaría conocer).
Hablando con ella sobre esto, decía, pensé en el otro círculo más íntimo, en todas aquellas mujeres que digamos «me conocen bien», empezando por la que inspiró el reciente artículo sobre romper por WhatsApp y acabando por las que se reúnen conmigo los viernes por la noche, y caí en la cuenta de que ninguna de ellas lee este blog.
Algunas son fieles seguidoras de mis novelas (otras ni siquiera eso), pero ninguna lee este blog.
Buscan mi compañía en la vida real, nos lo pasamos bien…las hay incluso que muestran su complacencia por que «esté en Google» o juegan con Chat GPT haciendo diferentes preguntas sobre mi, pero no leen este blog. Quizá aguantarme en la vida real y a la vez leerlo es demasiado.
No sé…mis amigos, en general, lo leen y me aguantan…tengo amigas que también, pero ni una sola de las que definiremos como «íntimas conocedoras» lo hace. ¿Qué querrá decir eso? ¿Deberé preocuparme?
Sea como fuere, mi autoestima de autor ha quedado por el hecho constatado tal que el dibujito que preside esta entrada: horrorizada, destrozada y a pique de una crisis psicótica con hechuras de jamacuco histérico.
¡Malas putas!
PD.- No preste atención el lector (o lectora) a los extraños testículos del monigote. Nada tienen que ver conmigo, son simples delirios de la IA generativa.
Cinco años y cinco novelas entre el 1 de febrero de 1929 y el 8 de enero de 1934, en periodo tan breve y canon tan parco se cimenta la posteridad de un autor como Dashiell Hammett, que nació en 1894 y murió alcoholizado en 1961. A lo largo de su trayectoria vital le dio tiempo a dejar la escuela con trece años, ejercer diversas profesiones, incluida la de rompehuelgas a sueldo de la Agencia Pinkerton, participar en dos guerras mundiales, casarse, divorciarse, tener varias amantes, hacerse comunista…y escritor.
Su llegada a la literatura, y esto resulta asombroso desde España, donde el escritor, sea quien sea, casi con seguridad se condena al hambre y la miseria, tuvo condicionamientos puramente crematísticos. Casado en 1921 necesitaba ingresos y comenzó a escribir bajo seudónimo (se trataba de un trabajo vergonzante) para la revista popular y sensacionalista Black Mask desde 1922. En aquellos cuentos ocasionales nacieron sus personajes más aclamados (El Agente de la Continental, Sam Spade…) y se decantó su estilo sencillo, conciso y directo.
FOTOGRAMA DE EL HALCÓN MALTÉS (1941)
El éxito de estos cuentos, que se compilarían a partir de los años cuarenta en libros destinados a aprovechar económicamente la fama alcanzada por Hammett como novelista, le abrieron las puertas de las editoriales que le despreciaban como producto cultural (si bien estaba destinado a revolucionar el concepto de «producto cultural» y crear todo un nuevo género, el de la novela negra) pero, como sucede ahora con muchas editoriales que cuentan el número de seguidores en redes de sus autores, le codiciaban como fuente de ingresos. Llegaron así, como disparos sucesivos, sus cinco únicas novelas: Cosecha Roja (1929), La Maldición de los Dain (1929), El Halcón Maltés (1930), La Llave de Cristal (1931) y El Hombre Delgado (1934)… nótese que en puridad el grueso de su obra vio la luz no en cinco, sino en dos años (1929-1931). Además, como correspondía a un autor que dirigía su obra hacia el público que podemos definir como «popular», sus obras fueron pronto llevadas al cine. Todos conocemos la versión de El Halcón Maltés que protagonizó Humphrey Bogart en 1941, pero antes de eso hubo dos versiones, hoy olvidadas, en 1931 y 1936, Cosecha Roja se llevó al cine en 1930, La Llave de Cristal en 1935 y 1942, El Hombre Delgado en 1934 y 1936…
Uno de los grandes pecados de España, y que debe atribuirse sobre todo a sus élites «cultas» de los últimos trescientos años, abducidas hasta mediados del XIX por lo francés y desde que los liberales se hicieron con las riendas del país para su decadencia y destrucción por lo anglosajón, es la absoluta indiferencia y consiguiente ignorancia sobre su historia en todos los aspectos y, muy especialmente, por el cultural y artístico.
Cuando cualquier paniaguado profesor de secundaria concibe la idea de poner a sus alumnos en contacto con el teatro clásico (cosa que sucede de pascuas a ramos) hay muchas más posibilidades (un noventa por ciento) de que piense en Shakespeare que en Lope o Calderón. En Música se enseñará a Haydn, Bach y Haendel, pero no a Nebra, Soler y Leal o Literes, que no les iban a la zaga en calidad, aunque son despreciados por su condición de españoles (los alemanes, italianos y franceses que conformaron el canon actual ignoraban y despreciaban la cultura española, de la que no obtenían réditos ni fama)… y así todo.
De hecho, sé que este artículo será uno de esos que muy pocos leerán porque ni siquiera los términos de sus etiquetas están en el mapa cultural y de intereses no ya de la mayoría sino incluso de un núcleo estimable de hispanos y españoles «cultos» . En suma: la abismal ignorancia hispana en lo referente a su propio pasado y cultura que facilita tanto que a uno y otro lado del Atlántico consumamos religiosamente las ruedas de molino eructadas por anglosajones y germanos en general. Una pena. Pero yo soy inasequible al desaliento. Seguiré intentando culturizar y civilizar a los arriscados hispanos hasta llevarlos al redil del necesario resurgimiento.
Hoy vamos a fijarnos en la corta, pero exitosísima carrera de la actriz y «autora», esto es: directora de compañía teatral, María Ladvenant.
Hija de actores, nació por accidente en Valencia, donde sus padres representaban, en 1741 y murió en Madrid en 1767, sin haber llegado a cumplir los 26 años. Vida breve, pero bastante para que sigamos recordándola.
Debutó en Madrid en 1759 como meritoria sin sueldo (para entonces ya estaba casada con el actor Manuel de Rivas)y al año siguiente ya era segunda dama y en 1762, estando ambas en la compañía de María Herrero (nótese que en el teatro del siglo XVIII las mujeres tenían las mismas posibilidades no solo de éxito sino de formar y dirigir compañías que los hombres, por mucho que nos quieran engañar las modernas e ignorantes feministas), estalló su rivalidad con otra joven actriz ascendente: Mariana Alcázar.
El enfrentamiento trascendió la simple rivalidad sobre las tablas puesto que en el momento existían dos grandes y combativas facciones entre el público: los chorizos y los polacos.
Hay que decir que los chorizos no se llamaban así por su propensión al robo. El origen de su nombre se encuentra en un lance de la escena, precisamente en el Corral del Príncipe. Allí, en 1742, actuaba el famosísimo cómico Francho que representaba un entremés muy popular en el que debía comer unos chorizos. Cierto día, al encargado de preparar la escena se lo olvidó colocarlos en el escenario y el cómico, improvisando, arrancó las risas del público en una larga escena en la que reclamaba sus chorizos al escenógrafo. Sus frases y ademanes causaron furor en el público y sus partidarios dieron en imitarlos ganándose el apodo.
Pues bien, a la altura de 1762 los chorizos, que se identificaban con un lazo azul en el brazo, se pusieron de parte de Mariana Alcázar y sus rivales, los polacos, que se identificaban con un lazo dorado, de María Ladvenant. Este enfrentamiento causaba tumultos y peleas en el interior de los teatros, especialmente en el Corral del Príncipe, donde actuaba preferentemente la compañía de María Hidalgo y, naturalmente, en tabernas y callejones. La gente, literalmente, se dejaba de hablar y se daba de navajazos a causa de dicha rivalidad que, de todos modos, acabó pronto.
En 1763 Mariana Alcázar, que por cierto también escribía sainetes con música y otras obras hoy en su mayor parte perdidas, pero que despertaron el respeto y la admiración de Moratín y De La Cruz, hubo de abandonar la compañía de María Hidalgo y su rival, María Ladvenant se atrevió a dar la campanada con solo 23 años. Ese año, la autora (es decir: propietaria de compañía) Águeda de la Calle se retiró del teatro y ella solicitó a las autoridades sucederla en su puesto. La petición causó enorme revuelo y gran rechazo por su excesiva juventud. Una vez más se le enfrentaron los chorizos encabezados esta vez por el primer galán Nicolás de la Calle (obviamente familiar de la jubilada que pretendía heredarla) y el primer «gracioso» Chinica y la apoyaron los polacos y algún discreto duque que acaso la tenía como amante y sería padre de alguno de los cuatro hijos que dejó a su muerte.
El caso es que Nicolás de la Calle y Chinica acabaron en la cárcel y, lo que es peor, encuadrados mal de su grado en la compañía de María Ladvenant cuando salieron de la misma al poco tiempo y la joven actriz sucedió a Águeda de la Calle como «autora» con sede en el Corral del Príncipe.
Desgraciadamente para ella las cosas cambiaron pronto. Su duque la abandonó allá por 1764 y Nicolás de la Calle y Chinica aprovecharon la circunstancia para contraatacar consiguiendo el primero la autoría que ansiaba y ambos el breve encarcelamiento de María Ladvenant que, al salir del calabozo, y tras un corto retiro, regresó a la escena con el mismo éxito de siempre, aunque muchas más deudas.
En abril de 1765 murió repentinamente (yo siempre he sospechado de un envenenamiento) dejando el camino libre a sus detractores y competidoras. Sin embargo, cuarenta años después seguían recordándola y admirándola quienes la habían visto actuar alguno de los cuales dejó un elogioso retrato de ella: hermosa de rostro y cuerpo, buena y exacta declamadora, actriz excepcional, excelente cantante…
Hoy, casi 260 años después de su muerte algunos seguimos recordándola y respetándola.
Pues ahí vamos, por constancia y empeño que no quede.
Con los habituales problemas de promoción y distribución y en medio de un panorama literario siempre adverso, seguimos en la brecha. Esta primavera ofrezco al mundo una nueva novelita negra con su poco de humor y mala leche social y política.
Esmeralda, hija del marqués de Casimba, único aristócrata negro de España debido a cierta irregularidad dinástica de una antepasada a finales del XIX, es una chica joven, guapa, concienciada socialmente, simpática y con un pasado un tanto oscuro y sucio gracias a la influencia de una antigua novia de su padre y famosa aristócrata y «socialité» metida en todas las fosas sépticas de la alta sociedad: desde el tráfico de drogas o las misas negras y la corrupción de menores hasta colaboraciones con los servicios secretos y las mafias, Azahar Wiegand, nieta de los condes de Avilés de Coy e hija de un nazi refugiado en España durante el franquismo.
En apariencia Esmeralda Lafita Pérez-Gordon no tiene problemas…pero se los busca. No solo mantiene una relación sadomasoquista con su «Cerdito», el ministro del Interior de un gobierno conservador, sino que, además, las graba provocando que este, Ángel Pinillos, universalmente apodado el Acelga Pocha, y corrupto hasta la médula, además de miembro de una sociedad secreta, Los Volcánicos, se ponga nervioso y envíe a un grupo de policías corruptos a recuperar y destruir las imágenes. Estos asaltan el pequeño yate donde Esmeralda pasa unos días con su amante aparentemente nórdica en aguas de Ibiza y ella logra escapar a nado y desnuda hasta la playa. A partir de ahí comienza una intensa aventura que no acaba cuando los detectives Juan Sherlock (descendiente del general Sherlock, que defendió Melilla en 1774) y Al Parcero (de origen español, pero nacido en Nueva York) logran desmantelar los manejos del ministro derrotando y llegando a un acuerdo con sus enviados. Es justo en ese momento cuando el servicio secreto interviene para forzar a Esmeralda y los detectives a seguir en contacto con el ministro para investigar a la organización o secta de Los Volcánicos.
Una novela que es una excusa como otra cualquiera para entretenerse y pasar el rato.
Espero que os guste. Y, de lo contrario, prometo hacerlo mejor la próxima vez.
Incluyo el índice con el nombre de los capítulos:
PRIMERA PARTE: PELIGROS DE LA PROMISCUIDAD
Capítulo 1.- UN FIN DE SEMANA PORNOBOLLO Y LETAL.
Capítulo 2.- ESPERANDO A LA CABALLERÍA EN ES CAVALLET, SIN ROPA NI DINERO.
Capítulo 3.- A TRAVÉS DE IBIZA, PERSECUCIÓN EN LA MADRUGADA.
SEGUNDA PARTE: INTERMEDIO EN 05.
Capítulo 1.- EN CASA, UNA FAMILIA MAL AVENIDA.
Capítulo 2.- LA AGENCIA DE DETECTIVES SHERLOCK Y PARCERO ENTRA EN JUEGO.
Capítulo 3.- HUYENDO DEL CERDITO.
Capítulo 4.- ACOSADOS EN LA MADRUGADA, ES PRECISO RECURRIR A LOS CRALLISES.
Capítulo 5.- ¿JAQUE MATE AL CERDITO?
Capítulo 6.- EL SERVICIO SECRETO TIENE ALGO QUE DECIR (Y ENVÍA AL AGENTE MANOLÍN).
TERCERA PARTE: EL PUÑETERO ASUNTO DE LOS VOLCÁNICOS.
Capítulo 1.- TEJIENDO UNA RED INVISIBLE.
Capítulo 2.- ESMERALDA Y SU CERDITO VUELVEN A JUGAR, CON GUARDAESPALDAS Y MUCHO PÚBLICO.
Capítulo 3.- EL SERVICIO SECRETO NO COMPRENDE NADA Y ESMERALDA BUSCA INSPIRACIÓN EN EL MUSEO DEL PRADO.
Capítulo 4.-LA FUNDACIÓN FORJA, NUEVO EDÉN, EL BEATO CIRIACO Y UN TÍO JESUÍTA Y EXORCISTA.
Capítulo 5.- ASALTO A SAN FRUTOS PAJARERO, CON NOCTURNIDAD Y EN DESCAMPADO.
Capítulo 6.- MUCHAS FRACASAN EN LA EMPRESA POR NO TENER PREPARACIÓN.
Capítulo 7.- EL CERDITO LE HACE UNA PROPOSICIÓN Y VARIAS CONFIDENCIAS A ESMERALDA.
Capítulo 8.- LA LLEGADA DE SAN MARTÍN Y EL EQUÍPO AMÉRICA ROSA.
Capítulo 9.- AZAHAR WIEGAND HACKEADA Y CHANTAJEADA, EL EXCEPTICISMO DE PAQUITO EL NEGRO.