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NUESTRA NATURALEZA SIMIESCA

DISFRUTEMOS Y GOCEMOS CONTEMPLANDO LA CARA DE NUESTRO LÍDER

Leí hace algunos años uno de esos estudios etológicos que en un mal día pueden exacerbar tu ironía malvada y en uno bueno conducirte a reflexiones más o menos serias y profundas. Consistía en un experimento para averiguar qué era lo que más le gustaba contemplar a ciertas especies de monos con la finalidad última de extrapolar los resultados a la sociedad humana compuesta, como sabemos (y aunque nos pese) por primates evolucionados, pero primates al fin.

Pues bien, y no resultó una gran sorpresa, lo segundo que más les gustaba contemplar a los monos (y llamo la atención sobre el divertido sesgo del estudio) era la entrepierna de sus hembras (no encontré rastro, igual me aburrí pronto y dejé el ensayo a un lado antes de tiempo perdiéndome esa parte del estudio, de las preferencias de las monas ¿su segundo objeto de contemplación favorito serán los órganos reproductivos de sus machos? La duda me corroe, aunque no tanto como para inducirme a la investigación de campo). En eso los machos de la especie humana, y ahí están Only Fans, y en sus tiempos Playboy, Penthouse y otras revistas similares, para demostrarlo, no nos diferenciamos demasiado de los primates del estudio. Sé que a muchas puritanas feministas y activistas del mariconismo (generalmente feas, histéricas y traumatizadas) les horrorizará esta verdad, pero solo cabe decirles una cosa: bienvenidas a la vida real, chicas y chiques. Podéis tratar de colonizarla y manipularla para adaptarla a vuestras mentes enfermizas, pero la Naturaleza se abre siempre paso y pronto os apartará del camino principal de la evolución (y entonces pagaréis vuestros excesos).

Pero lo verdaderamente preocupante y desazonador de este estudio no era que los primates machos sintiesen atracción sexual por las hembras de su especie (¡caiga sobre ellos el anatema progre!) sino el primer y más deseado objeto de su contemplación: ¡Las caras de sus líderes!

En efecto: a un primate, más que la anatomía íntima y eróticamente caracterizada de sus hembras, lo que más le encocora y empepina, lo que más le satisface, es contemplar la cara de su jefe…la adhesión acrítica y cerril a su facción. Eso lo explica todo, desde la política desquiciada que padecemos al fútbol…

Yo, como no reconozco ningún líder ni deseo pertenecer a ninguna facción, he de limitarme al porno. Tengo que volver sobre el estudio citado a ver cuales eran la tercera, cuarta y quinta cosas que más complacía ver a los primates del experimento. Por aquello de salir del círculo vicioso…

AUNQUE NADIE ME LO HAYA PREGUNTADO, QUIERO AÑADIR ESTA INFORMACIÓN FUNDAMENTAL A LA ENTRADA: YO SIEMPRE FUI MÁS DE PENTHOUSE QUE DE PLAYBOY. EN SU MOMENTO ESTE TIPO DE PREFERENCIAS MARCABAN UNA DIVISORIA ENTRE HOMBRES SIMILAR A LA DICOTOMÍA MADRID-BARÇA. AHORA YA LO HEMOS SUPERADO CON LA NUEVA CENSURA DEL PURITANISMO PROGRE-FEMINISTA.

© Fernando Busto de la Vega.

ADVERSUS NARCISISTAS

No lo negaré: resulta divertido manipular al manipulador, defenderse del narcisista con tácticas de guerrilla psicológica. Otorgarle un periodo de gracia durante el cual se crea vencedor y, en realidad, esté siendo derrotado. Al menos, neutralizado.

De pronto, después de meses de silencio y de que no hayas hecho el más mínimo esfuerzo por ponerte en contacto con ella (en este caso hablamos de una narcisista, hembra), cuando te necesita, la individua se pone en contacto contigo, por teléfono. Es una llamada secreta, la hace en un momento en que sabe que estarás solo para que no existan testigos si fracasa y menos aún si tiene éxito. Se muestra cordial, deseosa de tu amistad, incluso insinuante (utiliza todas las armas a su disposición) naturalmente, te toma por imbécil y piensa que no eres capaz de comprender lo que está sucediendo. Ni siquiera tiene la inteligencia (tanto te subestima) de colegir que dispones de información sobre ella, que sabes que ha llamado a otras personas para intentar conseguir lo mismo que quiere de ti, que anda reptando por las sentinas para obtener torticeramente lo que legítimamente se le niega.

En ese punto, lo cómodo y seguramente lo inteligente, es colgar. Con amabilidad, pero colgar y mantener las distancias.

Sin embargo, resulta tan tentador trasquilar a quien entra a por uvas…

Nada hay más detestable que la hipocresía, el egoísmo, que traten de utilizarte y manipularte…y, para mí, que me tomen por idiota. Podría haberlo ignorado todo, pero que me insulten suponiendo que se me puede engañar y manipular… que utilice un anzuelo erótico-sentimental pensando que de ese modo me cegará y caeré…

Aquella llamada significó la guerra.

Y lo repito: es divertido manipular y desorientar al (en este caso la) narcisista manipulador. Quebrar cada dos días el orden lógico de las cosas para que se vuelva loca y no sepa donde se encuentra. Para que su plan se venga abajo, quede demolido en el estupor y la confusión.

Por supuesto, este es un juego breve y de suma cero. Debe acabar donde empezó: en la separación radical y, para ello, no hay mejor estrategia que provocar al enemigo hasta que él mismo (ella en este caso) corte los puentes imposibilitándose el regreso.

De este modo se acaba con el problema rápidamente y de un modo definitivo. Y, además, uno se divierte.

© Fernando Busto de la Vega.

AMOR ALADO

La naturaleza es impúdica, especialmente en verano. Todo el mundo anda enfrascado en los asuntos de la procreación y el pudor es solo cosa de humanos (y ni siquiera de todos).

De modo que uno anda por ahí, de terraza en terraza, de parque en parque, y no para de encontrarse a todas horas con el llamado milagro de la vida en pleno desarrollo. Desde el arrullo apremiante de las palomas a los desvaríos públicos de algunos humanos pasando por todo tipo de paradas nupciales de innumerables especies de mamíferos, aves e insectos.

Y uno acaba dándose cuenta de lo aburridas y poco espectaculares que resultan las cópulas humanas en relación con las de otros animales. Especialmente los insectos.

Ahí están las mariposas, y hablo exactamente de la especie Lasiommata Megera, con sus espectaculares vuelos en espiral desde el suelo hasta lo más alto de las copas de los árboles, culminando su coreografía con el ayuntamiento y la separación para retomar la danza de nuevo desde el suelo, o los mosquitos volando en plena cópula, el uno cabeza abajo, el otro cabeza arriba en una oposición bifrontal que asciende y desciende rítmicamente…son apenas dieciséis segundos de sexo salvaje, pero en plena acrobacia. ¿Qué decir de las libélulas y su afán contorsionista y ese empeño en volar unidas?

Si fuera un individuo sesudo y serio y no estuviéramos en julio, quizá llegaría a conclusiones filosóficas profundas y repletas de consecuencias y conclusiones. Como soy yo, estoy a pique de terraza y sucesión de cañas y abandonado (por no decir perdido en) a la molicie y el vicio, solo se me ocurre decir que la pornografía de la especie humana (esa que quiere tasar y prohibir el puritanismo progre que nos ha caído en desgracia y al que habrá que combatir como se combatió el de sacristía, a fuerza de pecar y vulnerar cada ley insulsa y estúpida que impongan) está sobrevalorada. Quizá me arriesgue y funde una productora especializada en el porno entomológico. A lo mejor mi público no se excitará ni encontrará motivo para la masturbación (aunque hay gente para todo), pero seguro que queda pasmado y asombrado con la espectacularidad del sexo de insectos y demás bichejos.

Sí, anochece, son las diez de la noche y aún queda una pálida luz que hace risueño y dulce el mundo. Quizá de ahí mi ensoñación empresarial…

Estamos a mediados de julio, no seamos demasiado estrictos. Divertíos, fornicad aunque no podáis volar cabeza abajo durante el folleteo (siempre os quedarán la carretilla, el helicóptero e inventos semejantes para hacer gollerías) y ved mucho porno humano antes de que las pacatas castradoras de Igualdad os lo tasen. Hoy por hoy eso de ver porno e irse de putas es un acto contracultural y revolucionario.

Acabaría este artículo con alguna imagen de la cópula humana, pero luego mi amigo y buen seguidor de este blog , el Unga-Unga, me echa la bronca aseverando (lo hizo con el artículo del cameltoe) que no puede leer mis cosas en público. La gente se asoma a su móvil, ve ciertas imágenes…y el pobre se avergüenza…así que nada de gente en bolas y follando. Así, de paso, puede que también evite la cada vez más omnipresente y patética censura de internet y este artículo alcance un posicionamiento aceptable.

© Fernando Busto de la Vega.

UN PROBLEMA DE AUDIENCIAS (LAS MUJERES QUE NO LEEN ESTE BLOG)

Hace poco hablaba con mi amiga Isabel, fiel seguidora de este blog (cosa que le agradezco), sobre las audiencias ocultas que genera: aquellos del entorno más o menos profesional y social que, negándolo, lo leen. Aquellos que por morbo, curiosidad o temor a verse aludidos entran subrepticiamente en estas páginas y luego las comentan en corrillos a la hora del café (y que lograron hace meses que dejara de contar ciertas andanzas íntimas que no les incumben, pero intuyen y les deleitaría conocer).

Hablando con ella sobre esto, decía, pensé en el otro círculo más íntimo, en todas aquellas mujeres que digamos «me conocen bien», empezando por la que inspiró el reciente artículo sobre romper por WhatsApp y acabando por las que se reúnen conmigo los viernes por la noche, y caí en la cuenta de que ninguna de ellas lee este blog.

Algunas son fieles seguidoras de mis novelas (otras ni siquiera eso), pero ninguna lee este blog.

Buscan mi compañía en la vida real, nos lo pasamos bien…las hay incluso que muestran su complacencia por que «esté en Google» o juegan con Chat GPT haciendo diferentes preguntas sobre mi, pero no leen este blog. Quizá aguantarme en la vida real y a la vez leerlo es demasiado.

No sé…mis amigos, en general, lo leen y me aguantan…tengo amigas que también, pero ni una sola de las que definiremos como «íntimas conocedoras» lo hace. ¿Qué querrá decir eso? ¿Deberé preocuparme?

Sea como fuere, mi autoestima de autor ha quedado por el hecho constatado tal que el dibujito que preside esta entrada: horrorizada, destrozada y a pique de una crisis psicótica con hechuras de jamacuco histérico.

¡Malas putas!

PD.- No preste atención el lector (o lectora) a los extraños testículos del monigote. Nada tienen que ver conmigo, son simples delirios de la IA generativa.

© Fernando Busto de la Vega.

ROMPER POR WHATSAPP

Hasta ahora que lo he hecho por primera vez, las personas que rompían por WhatsApp me parecían despreciables, ridículas y patéticas. En cambio, probada la experiencia, confieso que he disfrutado (resulta cómoda, rápida y aséptica) y, además, me siento de lo más moderno, cool e in. ¡Por fin he entrado en el siglo XXI!

La cosa fue sencilla. Le envié a la destinataria en cuestión una acumulación de emoticonos y símbolos que venían a decir: «me aburres, no te aguanto más, hasta aquí hemos llegado, que te den» y, acto seguido, la bloqueé sin posibilidad de réplica. Nada de discutir ni soportar las amargas críticas y acerbos insultos del enemigo.

Si la ruptura se hubiera realizado en persona la bronca habría alcanzado niveles estratosféricos y al final hubiéramos acabado reconciliándonos. Siempre nos reconciliamos.

De haber recurrido al tradicional método literario, la cosa habría transitado por derroteros inútilmente eruditos y versallescos tales como: «No eres ni frío ni caliente y por tibio te escupirá Dios de su boca, cita del Apocalipsis que Prisciliano dedicó a su detractor y perseguidor Itacio como definición de su personalidad y que yo debo aplicarte a ti, cariño (bueno: ex-cariño). Tú también eres tibia y por eso te esputo de mi vida, excretándote con determinación y sin remordimiento alguno. Además, tienes las tetas pequeñas…el culo magnífico, eso sí». Y luego seguirían veinte o treinta párrafos cada vez más farragosos y confusos…me internaría por los cerros de Úbeda y quizá el mensaje se perdiera entre las anfractuosidades de un texto complejo y largo que ella jamás leería hasta el final, motivo por el cual quizá no llegase nunca a enterarse de que la dejaba.

Mucho mejor el WhattsApp…

Por cierto, cari, ya te hecho de menos ¿volvemos?

Lástima que ella, por principios ideológicos (y ganas de tocar los cojones), nunca lea este blog de un «escritor pijo» como yo. La he perdido para siempre…(¡snif!).

© Fernando Busto de la Vega.