RUSIA Y LA OTAN: UNA GUERRA FUTURA

Más allá de la propaganda de guerra de la OTAN, necesitada de asustar a la población en momentos de intensa crisis geopolítica, parece que la cosa va en serio. Putin acaricia la idea de atacar algún país de la OTAN en los próximos dos o tres años. Esto sería un error, evidentemente.

Una vez que el golpe contra Ucrania fracasó enfangando a Rusia en una guerra larga y de desgaste en la que después de casi tres años no ha podido aplastar a un enemigo supuestamente inferior viéndose obligada a movilizar incluso a sus presos y a mercenarios y milicias afines con el impacto económico y social que eso conlleva y, por lo tanto, con la desafección popular que significa a pesar de la represión y la propaganda oficiales, pensar en desafiar a la OTAN por medios convencionales representa un suicidio.

¿Puede suceder? Lógicamente Putin, un señor de 73 años, está contra las cuerdas. Aceptar la derrota es perder el poder y, con él, la inmunidad de todos sus actos pasados (conocidos y por conocer). Es lógico que huya hacia adelante en una pretensión absurda y suicida para mantenerse sobre el caballo. La pregunta es ¿van a seguirle sus secuaces o asesarán y comenzarán a pensar en una salida que no les conduzca al abismo?

Si yo fuera Putin solo comería los higos de mi higuera y tendría muchísimo cuidado con los pretorianos. Aunque, como demuestra la historia de Roma, ninguna de las dos medidas suele evitar lo inevitable.

© Fernando Busto de la Vega.

DOS MISTERIOS DE LA LITERATURA

Una novela o un poema jamás son necesarios, muchos incluso pueden considerarse superfluos y, sin embargo, algunos acaban convirtiéndose en imprescindibles.

He aquí un misterio de la Literatura: cómo un efecto propio del ego individual (el escritor escribe porque quiere y lo necesita, el proceso literario es plenamente endógeno, aunque acabe convirtiéndose en exógeno) acaba convirtiéndose en patrimonio universal o, al menos, común.

Dicho esto podemos preguntarnos, dejándonos llevar por el romanticismo o el misticismo, si realmente la producción literaria es o no necesaria. Podríamos vivir sin la Ilíada o sin el Quijote ¿pero seríamos nosotros? Cuando estas obras se individualizaron y se construyeron en el magín de Homero y Cervantes ¿eran realmente un proceso endógeno e individual o, por el contrario, los autores fueron meros cauces de intereses mayores? He ahí otro misterio de la Literatura.

No es necesario profundizar más, baste la enunciación y la invitación a la reflexión como acto mistagógico. Lo demás llegará por sí solo.

© Fernando Busto de la Vega.

MEMORIA DEMOCRÁTICA (CENSURA Y PROPAGANDA)

HORACIO ECHEVARRIETA, SOCIO DE JUAN MARCH, TRAIDOR A ESPAÑA, RESPONSABLE DE LA MUERTE DE MILES DE SOLDADOS ESPAÑOLES EN EL NORTE DE ÁFRICA Y MECENAS DE LOS JEFES Y DIPUTADOS DEL PSOE EN LOS AÑOS 20 Y 30 DEL SIGLO PASADO. UNO DE LOS PROTEGIDOS POR LAS LEYES DOCTRINALES DEL PSOE MAL LLAMADAS DE MEMORIA DEMOCRÁTICA, CUANDO SOLO LO SON DE MANIPULACIÓN HISTÓRICA.

Vamos a ser serios y claros: cuando la izquierda, y especialmente el PSOE, hablan de leyes de memoria democrática en realidad están usando un eufemismo para referirse a una maniobra de propaganda y adoctrinamiento político consistente en contar la historia del modo que más le conviene para seguir aspirando al poder, presentándose como el «Bien» en un esquema artificialmente maniqueo.

No es una estrategia nueva. Lo hicieron ya con la Comisión de Responsabilidades de 1931 en las cortes republicanas. Desde entonces, la verdad oficial, que no exacta ni neutral, es que Alfonso XIII y su favorito, el general Fernández Silvestre, fueron los culpables del desastre de Annual y de las muertes de miles de soldados españoles en el Rif en 1921, pero se oculta (y siguen siendo hechos desconocidos para muchos españoles) que un número mayor de soldados españoles murieron en el periodo de 1922 a 1923 por los manejos de los diputados del PSOE que apoyaban al gobierno liberal-demócrata de García Prieto que, por influencia de socialistas y demócratas, prohibió cualquier avance de las tropas españolas hacia Axdir, la capital de los rebeldes, e incluso defenderse, razón por la cual los soldados españoles morían de enfermedades en las trincheras y debían dejarse tirotear y bombardear por el enemigo sin capacidad de defensa.

¿Por qué sucedía esto? Porque Horacio Echevarrieta, socio de Juan March, tenía intereses económicos en la República del Rif y no le convenía que esta desapareciera, de modo que se empeñó en boicotear el avance español todo lo posible sin preocuparse de que ello constituyera alta traición y costara la vida de miles de soldados españoles, generalmente de clase obrera que estaban cumpliendo un servicio militar obligatorio del que los hijos del propio Echevarrieta se librarían pagando un cuota en efectivo. Echevarrieta era vasco y amigo de Indalecio Prieto y, a través de él, se convirtió en financiador del PSOE. En otras palabras: sufragando los gastos y lujos de los diputados y gerifaltes corruptos (ya entonces eran corruptos y traidores a España) socialistas los ponía a su servicio para obstaculizar el avance del Ejército en el norte de África garantizando su monopolio de venta de tabaco en la república del Rif y su oculto negocio de tráfico de armas a costa de miles de vidas de soldados españoles de clase obrera.

Este es el efecto de la Ley de Responsabilidades del Congreso de la II República de 1931. Conocemos, por ejemplo, los intereses accionariales del conde de Romanones en las minas del Rif, pero ni siquiera hemos oído hablar de Horacio Echevarrieta, un traidor responsable de la muerte de miles de españoles…pero afín al PSOE.

Con las leyes de Memoria Democrática sucede lo mismo. Nos venden una «verdad histórica» que solo es propaganda de parte, de los izquierdistas y especialmente del PSOE y los comunistas. La verdad, es otra cosa y no importa.

© Fernando Busto de la Vega.

REVOLUCIÓN Y MORAL

La realidad es irrelevante y los secretos de Estado solo importan en relación con el enemigo, con los otros Estados, no con el pueblo. Esto lo demostró Julian Assange con Wikileaks en 2010. El tipo puso al alcance de la sociedad entera las miserias y delitos de los Estados y de las élites y ¿Qué sucedió? Nada. No hubo revoluciones, ni vuelcos electorales de trascendencia…nada. A la gente le dio igual. Él, lógicamente, sufrió las represalias de las agencias y poderes afectados y nada ha cambiado quince años después. Ningún régimen ha caído, ningún Estado se ha resquebrajado, nadie se acuerda ya de aquello. Importante lección a tener en cuenta.

Si buscas una revolución esta no guardará relación ni con la realidad, ni con la exposición de la inmoralidad del régimen ni del Estado, ni con el generalizado conocimiento de secretos vergonzosos o delictivos perpetrados por las élites. Por lo tanto, si buscas una revolución puedes estar seguro que no será una acción virtuosa o moral, tan solo una maniobra política.

Constatado esto, ¿Qué podemos decir? ¿Estoy lanzando un mensaje inmovilista y conservador? No.

Yo, sin duda, en mi juventud fui de los más absurdos idealistas y dispuestos revolucionarios que pudieran encontrarse. Tengo a mi favor que aprendo de la realidad y que estudio constantemente los libros, las teorías y las realidades objetivas. A día de hoy sigo queriendo pelear del modo que sea por un mundo mejor…pero sé que la revolución no es un asunto moral, ni relacionado con la virtud ni con la verdad. Simplemente política destinada a derribar un grupo de oligarcas y encumbrar a otro. Quizá, con suerte, el pueblo pueda lograr algún beneficio en el transcurso del cambio, la pregunta es si este compensaría el caos, la sangre, la violencia, las venganzas…

Hay mucho que preguntarse al respecto y quizá, con el tiempo, las respuestas obtenidas acaben engrosando un libro de filosofía bastante pesimista. Veremos.

© Fernando Busto de la Vega.

DEJANDO CLARAS ALGUNAS COSAS

Lógicamente, los ficheros de algunas agencias nunca se cierran y los caminos de ciertos «Señores» son inescrutables y configuran de modo curioso la realidad.

De pronto, no sabes cómo, te encuentras en el parque al que sueles ir a pasear en tu ciudad de provincias, en la que vives retirado para no mancharte con las inmundicias de ciertos ambientes, una hermosa mujer que conociste hace demasiado tiempo en tierras lejanas. Ya no es tan joven como entonces, pero sigue siendo atractiva. Conocen tu talón de Aquiles. Te reconoce, te saluda…la miras con silenciosa ironía, intentando parecer cándido y sincero, como si no supieras a qué viene.

Te recalca, por si lo has olvidado, que no es rusa sino kazaja…aunque de los kazajos de origen ruso. Te invita a cenar, a unas copas…le dices claramente: «non serviam» y desaparece lindamente sin pagar la cuenta.

Estas cosas pasan a veces.

Recuerdo a este respecto cierta conversación en la Escalerona de Gijón cuando tenía diecisiete años con un coronel de vacaciones en la que ya dejé sentados bien claros algunos principios irrenunciables que me costaron la pérdida de la financiación de algún proyecto en el que, por otra parte, ya había perdido interés.

Ahora quizá sea preciso dejar por escrito, sin entrar en pormenores, algunos de ellos: jamás seguiré a quien no garantice la grandeza y unidad de España, jamás obedeceré a ningún tirano, jamás optaré por la guerra mientras existan caminos de paz…

Ignoro si en un futuro próximo tendremos que matarnos por las ambiciones y la estupidez de viejos mandatarios en Moscú, Washington (que deberíamos escribir Guasintón) o Pequín (no Beijing), pero sé que tarde o temprano deberemos reconciliarnos, establecer la paz entre nuestros pueblos más allá de la crueldad de los sátrapas del mal y, llegados a ese punto, y en este mismo instante como acto preventivo, quiero manifestar en este lado del mundo el verdadero pensamiento de la mayor parte de los rusos. Utilizaré para ello una canción del grupo disidente y perseguido Ic3peak que me parece lo suficientemente elocuente:

Bueno, dos canciones:

NOTA: Adoro la voz y las capacidades vocales de Nastya Kreslina, y me parece preciosa. Estas intimidades carecen de interés público, pero ya que hablo más de la cuenta, que sea con todas las consecuencias.

© Fernando Busto de la Vega.