INSOMNIO Y LITERATURA

Cuantos me conocen saben de sobra lo poco que duermo. Apenas dos o tres horas al día. Saben también cuanto beneficio le he sacado a lo largo de mi vida a esta particularidad fisiológica que se remonta acaso hasta mi primera adolescencia si no antes. Gran parte de cuanto sé lo he aprendido en esas largas vigilias, leyendo o paseando las noches y las madrugadas…no siempre urbanas. Montes y bosques también ofrecen enseñanzas profundas en la inquietante inmensidad de las tinieblas. Mi naturaleza noctívaga no solo me ha constituido, también me ha formado y me ha conformado como un ser creativo. Prácticamente cuanto he escrito o compuesto lo he hecho en horas que otros hubieran dedicado a dormir.

Pero, en ocasiones, las musas que visitan al escritor en la madrugada adquieren la condición de calientapollas inconstantes y efímeras. Así me ha sucedido hoy, esta madrugada. De pronto, interrumpiendo mis lecturas a eso de las tres de la madrugada (sí, era sábado, pero estaba en casa y solo a esa hora), un rayo ha hendido mi mente con el inicio de una novela que no escribiré. No obstante lo he transcrito al papel…resultaba intrigante, inquietante y un tanto inconexo. La novela a la que diera lugar sería siniestra, misteriosa y hasta filosóficamente seductora. Pero no me apetece acometerla, tampoco desperdiciar ese primer párrafo, de modo que, para romper el largo silencio de las últimas semanas, lo ofreceré en estas páginas a quienes quieran leerlo. También a quienes quieran continuar la inacabada novela, con una sola condición: que adviertan a sus lectores de las circunstancias y autoría de este primer párrafo, que dice así: « Háblale a la nada y algo te escuchará. Señala en la oscuridad y aparecerá una sombra, difusa al principio, luego cada vez más espesa y real. Pronuncia un nombre y bautizarás una realidad. Sonríele al abismo y este te devolverá la sonrisa. Ama y serás amado…quizá no por los dioses, quizá con un amor que te helará la sangre y por algún ser dispuesto a devorar tu alma…»

Y ahí queda este esbozo de novela para quien lo quiera y con las condiciones establecidas.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA PELÍCULA INJUSTAMENTE OLVIDADA: QUERIDÍSIMOS VERDUGOS (BASILIO MARTÍN PATINO, 1973)

LOS TRES VERDUGOS, NO LO OLVIDEMOS: HONORABLES FUNCIONARIOS, ACTIVOS EN EL TARDOFRANQUISMO EN UNA DE LAS CHARLAS QUE COMPARTEN ANTE LA CÁMARA DE BASILIO MARTÍN PATINO.

Nada, absolutamente nada, supera a la realidad pura y dura, al encuentro con los personajes fautores de la cotidianidad, con las personas en su propia circunstancia. Y ni siquiera son necesarias alharacas estilísticas ni admoniciones maximalistas. Basta poner una cámara neutral (si es que una cámara puede serlo, en la narración sea esta oral, escrita o audiovisual sucede lo que con las partículas subatómicas: la observación implica siempre modificación y sesgo) delante del individuo y dejarle hablar, expresarse. Lo demás sale por sí solo. En la vida corriente el equivalente es comer o tomarse un café con alguien. Un buen escritor conoce bien el proceso y sabe utilizarlo.

Pues bien, Basilio Martín Patino (1930-2017) hace poco más en la película documental que quiero recomendar hoy desde estas páginas. Logra, a base de dinero, como alguno de los participantes reconoce en el metraje, reunir a los tres verdugos activos durante el tardofranquismo y hacerles hablar entre ellos delante de la cámara. Nada produce mayor impresión, nada expresa mejor su nivel moral, su mismidad, su anodina y al tiempo terrible condición. Paralelamente (y no sé si aquí entra la manipulación política y el amarillismo melodramático) se intercalan entrevistas a familiares de ajusticiados y a los de un condenado a muerte. Basta con eso.

La película se rodó clandestinamente (más por afán peliculero del director y ansias de figurar en el imaginario heroico de la siempre hiperventilada y camandulera mítica libertaria que por necesidad: nadie se oponía a su rodaje, simplemente no se hubiera podido estrenar) allá por 1973.

Se estrenó en abril de 1977, en plena Transición, y cosechó apenas 250 000 espectadores pasando en gran medida desapercibida. Más tarde, en los ochenta y quizá en los noventa, se emitió alguna vez por televisión en horarios de madrugada. Poco más.

Sin embargo, es una película, un documental, absolutamente imprescindible. Un documento vivo de la realidad que pretende narrar, sin manierismos, sin afectaciones moralistas, sin la deriva histérica, mixtificadora y populista de los actuales documentales dirigidos por niñatos (más bien niñatas) sin experiencia vital ni formación cultural adecuada.

Una reliquia de cuando hasta los anarquistas como Basilio Martín Patino eran señores inteligentes, con clase y cultura. Flor de otras épocas y silencioso escarnio de la actual.

Hay que verla.

© Fernando Busto de la Vega.

TRACTORADAS Y LEGITIMIDAD SINDICAL

Estamos asistiendo a un fenómeno significativo y muy interesante.

En el marco de las protestas de los agricultores españoles las asociaciones mayoritarias de estos (COAG, ASAJA y UPA) se han visto desbordadas por otra hasta ahora marginal y despreciada por los sucesivos gobiernos hasta el punto que el actual se niega a recibirles por no pertenecer al marco vertical y perfectamente domesticado establecido por el ilegítimo régimen de 1978 (y sus políticos intrusos).

La realidad está empezando a desbordar al escenario y la coreografía institucional.

Durante décadas, e inconcebiblemente, la población (les falta mucho para ser considerados ciudadanos) ha comulgado con el teatrillo institucional, el corralito establecido por nuestros amos coloniales en el que toda disensión queda amortiguada por el consenso interno de la oligarquía cleptocrática dominante y las cúpulas beneficiadas de las distintas asociaciones.

No nos equivoquemos, entre los llamados sindicatos de clase ha sucedido igual. Al menos desde el abandono de su escaño por Nicolás Redondo padre en 1987, UGT,CCOO, CSIF (en el mundo funcionarial) y últimamente en muchos sectores incluso la CGT, se han comportado como sindicatos verticales y complacientes empeñados en dos tareas principales: contentar al poder establecido y beneficiar a una cierta generación en detrimento de las venideras. Casi todos los logros sociales de aquella generación de la transición los vamos a pagar con creces los que venimos detrás. Es por eso, entre otras cosas, que acabaremos viviendo peor que nuestros padres.

Esa masa generacional seguirá rindiendo beneficios demográficos y electorales al ilegítimo régimen durante algunas décadas más, no en balde la esperanza de vida en nuestro país es ridículamente elevada (desear una vejez prolongada refocilándose en el propio deterioro y en convertirse en una carga inerme es inmoral y despreciable además de ridículo), y esta rémora generacional continuará soportando un régimen pernicioso e ilegítimo básicamente perjudicial para el resto. Una vez más, seremos los demás, los que venimos detrás, quienes deberemos pagar el egoísmo y la ceguera de esa generación.

Ahora bien, en el ámbito laboral dicha generación está llegando al final de su vida útil. Pronto serán historia, pensionistas…y los sindicatos que han protegido sus privilegios a costa de penalizar a las generaciones que vienen detrás se enfrentarán a una pérdida de apoyo, de legitimidad…¿Qué sucederá entonces?

Las viejas estructuras se resquebrajan. Convendría ir organizando las nuevas, prevenir el futuro y ser sus protagonistas, no sus espectadores.

Desgraciadamente, la mayor parte de vosotros sois chusma. Ergo nos volverán a crear un futuro que beneficie a los de siempre. Cambiarán las siglas, se mantendrá la pirámide. Es triste.

© Fernando Busto de la Vega

PD.- Un saludo, querido Unga-unga, que sé que te divierten estas alusiones al «ilegítimo régimen»…y abre las ventanas, tú ya me entiendes.

UN PAR DE PELÍCULAS JAPONESAS QUE VER EN ESTOS TIEMPOS DE FEMINISMO PURITANO DE ORIGEN ANGLOSAJÓN.

MEIKO KAJI HUYENDO POR TOKIO DEL POLICÍA QUE HA LOGRADO ESPOSARLA EN EL METRO, PERO AL QUE LE HA CORTADO EL BRAZO A NAVAJAZOS PARA LIBRARSE DE ÉL. JOSHUU SASORI: KEMONO-BEYA (1973).

Quienes me siguen, y oye: no son pocos ni pocas, lo cual agradezco y me sorprende en estos tiempos de decadencia moral, cultural y política, ya saben que estoy hasta los cojones (permítaseme la locución vulgar) de las beatas de sacristía reconvertidas en burguesas progres y que han camuflado su pacato puritanismo en altisonante palabrería feminista. Ya lo he dicho muchas veces: son la misma mierda con diferente vestido.

Por eso, porque es necesario desengrasar, salir del lodo tóxico, castrante y traumatizante de esas feminazis progres de sacristía, las clásicas solteronas o malcasadas retorcidas, amargadas y deseosas de imponer sus problemas mentales al mundo, es preciso contrarrestar su hegemónica propaganda con saludables bocanadas de aire fresco, irreverente y en todo contrario a sus discursos ponzoñosos y paroxísticamente ridículos y enfermizos.

En ese sentido, de momento, nos queda Japón como país libre (aunque no por ello incólume a los arrebatos del puritanismo anglosajón, omnipresente y psicopático). Y hacia allí voy a mirar hoy para recomendar a mis lectores, y lectoras, algunas películas que necesitan ver sí o sí para desintoxicarse del pútrido ambiente feminista y puritano que nos imponen.

En primer lugar quiero reivindicar la carrera cinematográfica de Meiko Kaji en los setenta. Ya Tarantino nos la rescató como cantante en Kill Bill, pero Tarantino no deja de ser un yanqui gazmoño. Es preciso ir mucho más allá.

En esta entrada he comenzado con el principio de la tercera entrega de la serie Prisionera Escorpión, porque siempre me ha apasionado ese comienzo de película y esas escenas en las que la rea perseguida, esposada por un policía en el metro, logra salir del mismo dejando al madero en el interior del vagón y cortándole el brazo a navajazos para huir después, con el brazo cortado colgando de las esposas, por Tokio, pero toda la serie merece la pena ser vista.

En ella, y la anterior, conocida internacionalmente como Stay Cat Rock, no existe la pacatería ni la ñoñería del feminismo woke. Las protagonistas femeninas (interpretadas por Meiko Kaji) habitan un mundo brutal que las agrede, las viola y las machaca, pero logran hacerle frente con valor y salvajismo saliendo adelante y triunfando. No necesitan hablar de feminismo, porque son mujeres fuertes que triunfan y sobreviven. En ese sentido, hay que decirlo, se parecen mucho a mis personajes femeninos.

Meiko kaji en la piel de sus personajes: ¿objeto sexual? Puede, pero desafiante y vengativa, muy lejos de las muñequitas de porcelana hipersensibles y tocadas del ala del actual feminismo.

En esa misma línea de mujeres fuertes sin afectación histérica ni melindres ridículos, víctimas permanentes de todo lo que sucede a su alrededor y no pueden someter a sus órdenes inmediatas y a sus preocupantes fobias indicadoras de una enfermedad mental ya cada vez menos latente, quiero recomendar la película Gun Woman, de 2014, protagonizada por Asami Sugiura y cuya trama dejaré en silencio para quien desee conocerla lo haga por su cuenta y riesgo. Tan solo, como indicación y demostración de lo que estoy diciendo, acabaré esta entrada con un fotograma casi final de dicha película y su protagonista.

GUN WOMAN (2014), UNA PELÍCULA QUE DEBERÍA EMITIR TVE EN PRIME TIME, PERO NO LO HARÁ, LA CENSURA DEL FEMINISMO WOKE PURITANO LO IMPEDIRÍA. LO HA IMPEDIDO HASTA AHORA. ES MOMENTO DE EMPEZAR A EXIGIR LIBERTAD Y PLURALIDAD. ¡ABAJO LA DICTADURA DEL PURITANISMO FEMINAZI!

© Fernando Busto de la Vega.

AMANTES SIN SEXO

El otro día pude asistir a una curiosa conversación mantenida por tres niñas de doce años. A dos de ellas las habían visto morreándose y sobándose y la tercera acudía a testimoniarles su sorpresa y su pasmo, no sabía que fueran novias, les dijo. La respuesta que recibió resultó antológica y, además de hacerme sonreír, no dejó de conducirme a la reflexión.

—No somos novias—le respondió muy convencida y llena de alborozo una de las interpeladas.

—Solo somos amigas que se besan…y a veces se magrean—sentenció la segunda, no con menos entusiasmo.

—Eso: nos besamos, nos abrazamos, nos sobamos y bueno…tú sabes, pero no…—corroboró la primera, jovial.

—¡Ah, ya me parecía a mí! No me pegaba nada que fuerais novias—suspiró con alivio la tercera sucediéndose un triple abrazo colectivo y entusiasta.

Todo ello me hizo pensar en los límites y definiciones de las relaciones afectivas y sexuales quizá en estos tiempos que corren más ambiguas y desdibujadas que nunca. Si bien, estoy convencido, la claridad taxativa a la que estamos acostumbrados los nacidos y crecidos en el siglo XX no dejaba de ser en su momento una simple convención, un modo de explicar situaciones complejas de un modo sencillo. Ya se sabe, y se decía ya en el siglo XX, que cada pareja es un mundo y a menudo su complejidad las hace incomprensibles a los demás siendo el modo más sencillo de zanjar la cuestión sin entrar en intimidades innecesarias simplificar la respuesta: somos novios, somos amantes, somos amigos con derechos, no somos nada…

Estas disquisiciones propias de escritor, inclinado por tanto al análisis casi entomológico de la conducta humana, sus abismos, complejidades, contradicciones, cambios y evoluciones, me poseyeron durante algunos minutos haciéndome flotar al pairo en el flujo creativo de mi propia mismidad.

Hubo un momento en que casi estuve dispuesto a iniciar una novela con semejante conversación, pero el entusiasmo pasó pronto. ¿Una novela erótico-sentimental protagonizada por dos niñas de doce años? ¿Quién me iba a publicar semejante cosa en un mundo histérico, pacato y puritano como el que padecemos?¿Quién iba a comprarla si se publicaba? ¿Cuántas amigas modernas, feministas y profundamente conservadoras creyéndose progres y modernas iban a dejar de hablarme y comenzar a zaherirme y denunciarme públicamente?…Por no aguantarlas…

En consecuencia, deseché pronto la idea de las dos «amigas de doce años que se morrean, se soban y se masturban mutuamente sin ser novias», he ahí un efecto flagrante y muy gráfico de la censura social impuesta por el neopuritanismo progre que nos controla encerrándonos en gulags virtuales y determinando el contenido último de la literatura y el arte.

Pero seguí pensando sobre las relaciones, sus complejidades y sus ambigüedades llegando a otros puertos, alguno sin duda fruto de los años y la experiencia.

Es probable que nunca llegue a escribir ninguna novela sobre el asunto, pero mucho más interesante y productivo que el de las «amigas adolescentes que se besan» es el de los amantes, no los cónyuges, que ya no follan.

Que el sexo dentro del matrimonio es cada vez un acontecimiento más extraño según pasan los años es un lugar común, incluso del humor cotidiano y popular. Se habla mucho menos de los amantes que van dejando de verse desnudos y refocilarse mutuamente, acaso porque se sobrentiende que cuando eso sucede dejan de ser amantes y se convierten en amigos o extraños. Puede ser.

Por regla general, el fin de la pasión significa el fin del amor y de la relación en las parejas incursas en el adulterio. Pero no siempre es así. La complejidad y la ambigüedad también atacan a dichas parejas. A veces, la pasión, la diversión y el entusiasmo lúbrico que surgen al principio, quizá a los treinta y cinco de ella y los cuarenta de él, se ven interrumpidos por los hechos fortuitos de la vida: un cambio de residencia, una enfermedad, dificultades para verse sin riesgo, miedo a romper el matrimonio y las consecuencias económicas y personales subsiguientes…y al cabo de los años, dos, tres, cinco, siete…como por arte de magia, el sexo desaparece. Sigue todo lo demás: el amor, la vinculación, la confianza, incluso el deseo (dormido o aplazado, pero persistente)… aunque los actos puramente físicos se extinguen. Se convierten en amantes sin sexo. ¿O son ya solo buenos amigos, muy íntimos, que en otros tiempos se vieron desnudos pero ya no follan? Pienso que la diferencia radica en los celos y la sinceridad. Si cualquiera de ellos toma nuevas parejas sexuales sin ocultarlo y sin que el otro se ofenda, son ya viejos amigos (y amigos viejos), de lo contrario…

En fin, meditaciones laberínticas de un escritor que, lo sé, no debería compartir con sus lectores.

© Fernando Busto de la Vega.