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CRIPTOMONEDAS (LA RUINA DE FTX Y SU ENSEÑANZA)

La plataforma de criptomonedas FTX ha quebrado de la noche a la mañana. Tal circunstancia amenaza con una devaluación en cadena de otras empresas similares lo cual significará una catástrofe económica para algunos, quizá muchos. Pero supone también una excelente lección para ellos y todos los demás.

Vivimos en el mundo de la especulación. Las cosas que tratan de vendernos no valen nada por sí mismas (ni siquiera la verdad: recordemos las recientes declaraciones de Felipe González asegurando que en lo que él llama democracia y es parlamentarismo neoliberal la verdad es lo que los ciudadanos creen que es verdad, es decir: las verdades oficiales son humo, simple propaganda sin relación con la realidad, un medio especulativo de ejercer el poder en medio de una representación que esconde la verdadera trama dictatorial que se oculta tras las bambalinas) sino por lo que otros están dispuestos a pagar por ellas.

La base práctica de la moneda, desde que se inventó, es el hecho de que una autoridad competente responde con sus fondos del valor intrínseco del símbolo que intercambiamos (la moneda en cualquiera de sus formas). Nos guste o no, para que el dinero funcione y tenga sentido debe estar respaldado por un tesoro tangible, por una autoridad solvente.

Las criptomonedas solo dependen de su cotización, de lo que la masa esté dispuesta a pagar por ellas. Es decir: no valen nada, aunque puntualmente puedan tener una cotización altísima. Crean supuesto valor de la nada, son un síntoma más de la vacua especulación neoliberal y globalista que, como la estafa tecnológica y otras tantas semejantes, nos conducen a la catástrofe económica.

Lo diré de otro modo: si produces un kilo de naranjas, podrás comer un kilo de naranjas. Si juegas a futuro conseguirás el dinero de muchos avaros ansiosos de enriquecerse con la especulación, pero es muy posible (la realidad es terca e indomable) que acabes sin tener naranjas sobre las que sustentarlo. Podría desarrollar ad infinitum este argumento, pero a buen entendedor…

© Fernando Busto de la Vega.

COSAS BUENAS DE LA GUERRA DE UCRANIA

Las máscaras han caído, el rey está desnudo.

Hay que admitirlo: las guerras desatascan la historia. No son buenas, no son deseables, tienen efectos inmediatos absolutamente nocivos, pero quiebran las barreras que estancan hasta la putrefacción el poder y la ideología establecidos y permiten la llegada y establecimiento de nuevas ideas. La guerra de Ucrania, que tantos problemas nos está causando y que tan peligrosa resulta, tiene, por lo tanto, sus cosas buenas. Enumeremos algunas.

El siglo XIX demostró que el capitalismo solo genera miseria, explotación, destrucción social y medioambiental y represión estatal (aunque el régimen sea parlamentario) y los comienzos del siglo XX dejaron claro, no solo a través de la revolución rusa, sino también de la acción de un poderoso sindicalismo de clase, que la asimetría social causada por él resultaba insostenible. Llegó entonces el turno de la socialdemocracia y del keynesiasmo que basaban su filosofía en corregir las reconocidas deficiencias del capitalismo redistribuyendo, vía impuestos y estado del bienestar, parte de la riqueza acaparada por la oligarquía para que esta pudiera seguir en su puesto y beneficiándose del sistema. Socialdemocracia y keynesianismo son una forma de mantener a los ricos siendo ricos, no de preocuparse por los pobres o un intento de verdadera democracia.

A partir de 1976, sin embargo, todo cambió.

A lomos de la Revolución Moral Conservadora impulsada desde la Casa Blanca por Nixon y Ford después de su derrota frente a la libre exhibición de Garganta Profunda y que secundó Jimmy Carter, a la postre un evangelista sureño, los neoliberales radicales de la Escuela de Chicago se lanzaron a la conquista del Estado, de todos los Estados, logrando convertir su ideología en dogma a nivel mundial.

La culminación de ese tsunami neoliberal (y por lo tanto moralmente perverso en su puritanismo, egoísta, sectario, ocultamente teocrático y profundamente racista) fue la crisis de 2008 con la demonización de los europeos meridionales, que fuimos extorsionados, humillados, insultados (recuérdese el apelativo de PIGS) y estafados hasta casi la destrucción. En esa ocasión, en gran medida por la connivencia de gobiernos nacionales que eran simples títeres de la colonización germanico-protestante-neoliberal-globalizadora, el dogma impuesto por la Escuela de Chicago se impuso plenamente y con todas sus consecuencias imperialistas y racistas.

La crisis actual, la de 2022, nos ha permitido contemplar al rey completamente desnudo.

Resulta que ni Alemania, ni Inglaterra ni siquiera los Estados Unidos y los países nórdicos eran tan eficientes ni se encontraban en posesión de una verdad tan incontestable. Resulta que Alemania e Inglaterra se han sumido en el caos por sus propias contradicciones e ineficiencias, resulta que Francia no funciona, resulta que la globalización ha sido un fiasco que nos conduce a la falta de provisiones y a la carestía (léase inflación), resulta que los dogmas sagrados de 2008 son el origen de los actuales problemas y que los soberbios germanos judeo-calvinistas de entonces nos han conducido a una ratonera de difícil salida…

Algo bueno ha tenido la guerra de Ucrania: han caído las caretas, se han evidenciado las mentiras y estafas de nuestros “socios”…pero hay que tener cuidado, ello no significa que estemos en el umbral de un mundo nuevo. Cuando pase la crisis, volverán a intentar imponernos las mismas mentiras, a estafarnos del mismo modo…Estemos en guardia para que eso no suceda y verdaderamente un nuevo mundo, mejor, más viable y más justo se abra ante nosotros.

© Fernando Busto de la Vega.