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CRIPTOMONEDAS (LA RUINA DE FTX Y SU ENSEÑANZA)

La plataforma de criptomonedas FTX ha quebrado de la noche a la mañana. Tal circunstancia amenaza con una devaluación en cadena de otras empresas similares lo cual significará una catástrofe económica para algunos, quizá muchos. Pero supone también una excelente lección para ellos y todos los demás.

Vivimos en el mundo de la especulación. Las cosas que tratan de vendernos no valen nada por sí mismas (ni siquiera la verdad: recordemos las recientes declaraciones de Felipe González asegurando que en lo que él llama democracia y es parlamentarismo neoliberal la verdad es lo que los ciudadanos creen que es verdad, es decir: las verdades oficiales son humo, simple propaganda sin relación con la realidad, un medio especulativo de ejercer el poder en medio de una representación que esconde la verdadera trama dictatorial que se oculta tras las bambalinas) sino por lo que otros están dispuestos a pagar por ellas.

La base práctica de la moneda, desde que se inventó, es el hecho de que una autoridad competente responde con sus fondos del valor intrínseco del símbolo que intercambiamos (la moneda en cualquiera de sus formas). Nos guste o no, para que el dinero funcione y tenga sentido debe estar respaldado por un tesoro tangible, por una autoridad solvente.

Las criptomonedas solo dependen de su cotización, de lo que la masa esté dispuesta a pagar por ellas. Es decir: no valen nada, aunque puntualmente puedan tener una cotización altísima. Crean supuesto valor de la nada, son un síntoma más de la vacua especulación neoliberal y globalista que, como la estafa tecnológica y otras tantas semejantes, nos conducen a la catástrofe económica.

Lo diré de otro modo: si produces un kilo de naranjas, podrás comer un kilo de naranjas. Si juegas a futuro conseguirás el dinero de muchos avaros ansiosos de enriquecerse con la especulación, pero es muy posible (la realidad es terca e indomable) que acabes sin tener naranjas sobre las que sustentarlo. Podría desarrollar ad infinitum este argumento, pero a buen entendedor…

© Fernando Busto de la Vega.

EL PLAN DE AHORRO ENERGÉTICO DEL GOBIERNO Y CÓMO FUNCIONA ESPAÑA

  • INTRODUCCIÓN
  • EL PLAN DE AHORRO DE 2008
  • SOBRE LA DIGITALIZACIÓN
  • SOBRE LA LUCHA CONTRA LA TEMPORALIDAD

INTRODUCCIÓN

Los Gobiernos españoles, nacionales, autonómicos o municipales, sea cual sea el partido o coalición que los dirija, son púlpitos publicitarios donde se predica constantemente al modo goebeliano, pero se reparte poco trigo. No debe extrañarnos. Entre los políticos unos vienen acostumbrados a las vacuas predicaciones eclesiásticas y otros a las interminables y soporíferas peroratas marxistas y todos, sin excepción, están en manos de “gabinetes de comunicación” especializados en bonitos discursos engañabobos llenos de lugares comunes que no quieren decir nada.

Nuestros políticos hablan mucho, dicen poco y no hacen nada (salvo extender la corrupción y conducirnos a la condición de estado fallido). Así funciona España.

Ahora anda el Gobierno de Sánchez pergeñando un cacareado plan de ahorro y eficiencia energética para la administración central que, a buen seguro, copiarán más o menos al pie de la letra las administraciones inferiores. Nada que objetar si realmente llegara a cumplir su función.

EL PLAN DE AHORRO DE 2008

Desgraciadamente, no lo hará.

No hace tanto, a causa de la crisis de 2008, se impusieron otros planes similares y yo, que trabajaba en la administración, recuerdo perfectamente como funcionaron.

El plan de ahorro consistía en que en la planta noble, donde estaban los despachos de los jefazos, se podía andar en manga corta en pleno mes de enero mientras en el resto de las plantas los funcionarios tenían que trabajar con abrigo, guantes, bufanda, gorro y hasta orejeras a causa del frío porque, para ahorrar, se les cortaba la calefacción. Lo mismo sucedía en verano: los jefes disponían de aire acondicionado y los demás, sudaban la gota gorda a menudo en edificios cuyas ventanas no siempre podían abrirse.

En España se ahorra así. Y luego dicen que no hay clases y que se pretende tender hacia el igualitarismo sin dejar nadie atrás…Pero la estructura del Estado es precisamente la más clasista y desigual. No olvidemos que muchos de los más altos estratos de la administración pública española, que no en balde se estructura piramidalmente, se cubren por pura y simple cooptación dentro de estrechos círculos de nepotismo y clase social. Hay puestos que no se alcanzan si no se ha estudiado en los jesuitas o no se pertenece a tal o cual corporación (ideológica, religiosa o sindical) o no se paga peaje a quien controla los accesos. Todo lo demás es pura demagogia. Y, claro, aunque el discurso sea uno, los efectos reales a todos los niveles son otros. Y dos efectos básicos de este estado de cosas son el clasismo feroz y la incompetencia más insidiosa y supina (los cayetanos, aunque sean de alpargata y segunda división, nunca han servido para nada. Las naciones las han construido y mantenido siempre los que vienen de abajo y saben como funciona el mundo en realidad).

SOBRE LA DIGITALIZACIÓN

Y, ya que estamos metidos en harina sobre cómo funciona realmente España, no estará de más que dediquemos un pequeño espacio a la digitalización de la administración pública.

Nos hablan de modernización, de mejora de los servicios…la típica prédica, ya la conocemos. El Estado en España, lo repito, es un enorme púlpito desde el que se profieren constantes mentiras para apaciguar a una ciudadanía concebida como rebaño y generalmente muy mal informada por no decir escasamente formada, lo que, desgraciadamente, es más cierto en las franjas de menor edad. Ignorancia que sigue intensificándose y fomentándose a través de las desastrosas y maquiavélicas reformas educativas que padecemos.

Si el Estado español estuviera concebido para cumplir su función y fuera eficiente, nada habría que oponer a la digitalización, pero todos sabemos de la incompetencia de los funcionarios (especialmente los situados más arriba en el escalafón y procedentes, como hemos explicado, de determinados grupos sociales, muchos de ellos “patas negras” de tradición familiar y enchufe disimulado) y de la naturaleza artera del Estado que no se concibió nunca para el beneficio de la ciudadanía sino como estructura de poder de los de siempre sobre los de siempre.

La digitalización, mal llevada, peor implementada y vergonzosamente desarrollada viene, y vendrá, a ser una excusa para hurtar servicios al ciudadano. En la pandemia lo hemos visto ya (teléfonos que no se respondían, páginas web bloqueadas…)

En conjunto el proceso viene a recordarme al de comarcalización de Aragón.

En el ápice de dicho proceso trabajaba yo en los Servicios Sociales de la Diputación General de Aragón (socialistas y peperos se empeñan en denominarla Gobierno de Aragón para limitar su significado histórico) y pude comprobar, desde mi modesta posición, los efectos de dicha comarcalización que, por cierto, cursó sin poner en jaque a las diputaciones provinciales, no fuera a ser que alguien se quedase sin sinecura. En resumidas cuentas consistió en transferir las competencias, pero no la financiación, a las delegaciones comarcales. De este modo, si alguien acudía a los servicios provinciales se le remitía a los comarcales con la excusa de haberse transferido las competencias y en los servicios comarcales los ciudadanos eran incluidos en listas de espera que nunca terminarían porque se carecía de financiación para implementar los servicios, de modo que el resultado final fue que el gobierno podía presumir propagandísticamente de su enorme compromiso social y territorial, pero, en la práctica, había suprimido los servicios al ciudadano ahorrando un dinero cuyo destino final fue siempre más que dudoso.
España funciona así. No es un Estado al servicio del pueblo, es una estructura parásita y cicatera que, mande quien mande, tiene una simple función extractiva y represiva. Lo demás son cuentos.

La digitalización, y lo hemos visto ya, seguirá ese mismo camino: sustraer los servicios y el acceso a la administración del ciudadano mientras los gobiernos sacan pecho hablando de modernización y demás zarandajas.

SOBRE LA LUCHA CONTRA LA TEMPORALIDAD

He aquí otra milonga del Estado.

Nos cuentan ahora que la voluntad de la administración es luchar contra la interinidad en sus filas.

Es preciso advertir que toman la iniciativa presionados por Bruselas y con la firme intención de burlar las órdenes recibidas desde Europa.

No nos engañemos: en esto, como en todo, el Estado español es un ente feroz de explotación laboral y un nido de peligrosos trileros de mentalidad franquista (si bien ahora el antiguo “sindicato vertical” ha sido sustituido por los llamados “agentes sociales”: los sindicatos y la patronal funcionando con la misma dinámica verticalista de antaño solo que camuflada en siglas y facciones en competición por los recursos emanados del Estado).

En efecto: los sindicatos mayoritarios han asumido el papel de los verticales franquistas y se han constituido en parásitos de ese Estado extractivo y represor beneficiando a sus propios cuadros sin preocuparse en modo alguno por la clase obrera o la ciudadanía en general.

Cuando derribemos el ilegítimo y ya prácticamente fallido Estado español e instauremos el renovado que necesitamos para ganar el futuro, los sindicatos no deberán escapar ni a la demolición ni a los castigos por alta traición de quienes nos han conducido al desastre.

En suma, y para resumir, lo de la “lucha contra la temporalidad” en la administración pública consiste en que las administraciones centrales, autonómicas y municipales puedan librarse, mediante legislación y “procesos de estabilización” amañados, de los empleados interinos que llevan a menudo dos décadas o más trabajando para ellas y tienen derecho a trienios, sexenios y demás para sustituirlos por otros más baratos favoreciendo en el proceso tanto a los candidatos procedentes de la protección nepotista de los estratos superiores como a los cuadros de los sindicatos mayoritarios.

Una estafa más.

España funciona así. No hay que darle más vueltas.

© Fernando Busto de la Vega