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¡UNA DE NOSOTRES, DE NOSOTRES…!

Pues parece que la cantante Billie Eilish ha dado una entrevista en la que afirma ser lesbiana. Nada que objetar, cada cual es libre de follar como y con quien le de la gana, en eso creo que todos estamos de acuerdo.

El problema viene cuando los titulares de determinada prensa juegan no a la ideología y la propaganda sino a la desinformación facciosa y es interesante señalarlo porque nos ayuda a comprender el mundo en el que vivimos y el modo en el que ciertos grupos fácticos se arrastran hacia el poder, la imposición de su totalitarismo enfermizo y la captación de fondos públicos de diversos modos, entre ellos, como hacían los nazis y los comunistas, retorciendo ideológicamente la realidad.

Decíamos que Billie Eilish se ha declarado lesbiana. Pero hay titulares, por ejemplo en La Vanguardia de Barcelona, en el Diario de Las Américas de Miami o el San Diego Red que interpretan su declaración de otro modo. Dicen que se ha declarado, ojo: «miembro de la comunidad LGTBI». En otras palabras: que el mero hecho de tener una determinada tendencia sexual te incluye por defecto en una ideología política determinada y en un club fáctico preciso.

La inclinación sexual del individuo y la militancia política son dos cosas diferentes, lo sabemos, resulta evidente. Pero, no. En determinados ambientes totalitarios se consideran la misma cosa. Por supuesto esa militancia supuesta queda al servicio de los intereses de un «colectivo» representado en realidad por sus dirigentes. Tengamos esto en cuenta. La militancia en cualquier lobby solo beneficia a quienes lo dirigen y van a alcanzar dirigiéndolo puestos políticos y beneficios económicos. Además, estas militancias impuestas desde los propios colectivos son monolíticas, no admiten matices ni disidencias. Demuestran la concepción estalinista de dichos colectivos y el apego de los dirigentes a sus puestos prominentes y, de facto, la verticalidad de los mismos y su consiguiente falta de democracia interna y de renovación de élites.

Los propios militantes por defecto de este «movimiento» deberían empezar a desmarcarse de él. Es obvio que «algunes» les están utilizando para sus propios fines y que lo hacen imponiéndoles la militancia y la ortodoxia, por ende privándoles de su libertad individual y de su propio criterio.

Hay que ser ciudadano antes que maricón.

Explico la frase lapidaria: el ser humano es mucho más que su inclinación sexual. Hay muchos más problemas comunes a la sociedad que dicha inclinación sexual, convertirla en militancia solo sirve para crear guetos, divisiones y enfrentamientos que conducen al ascenso de las cúpulas directivas no solo del dicho movimiento, sino también de las de los opuestos. Al cabo la polarización está al servicio del medro personal de unos cuantos que se enfrentan agriamente en público y comparten los beneficios de su asalto al poder y los fondos públicos en privado.

Es preciso frenar esa deriva. Acabar con los radicalismos totalitarios que nos convierten, queramos o no, en militantes o enemigos.

Hay unos valores superiores que debemos reclamar: la convivencia en paz, la libertad individual y la justicia social.

Y otros problemas más acuciantes: la supervivencia de la especie, la gestión equilibrada de los recursos…

Seamos sensatos y libres. Frenemos el totalitarismo en todas sus formas.

© Fernando Busto de la Vega.

¿CON ISRAEL O CON EL ISLAM?

Hay que recordar que la izquierda española, por pura inercia (llevan décadas sin renovarse ideológicamente y sin adecuarse a la realidad nacional e internacional) y estupidez sigue apoyando a los árabes en contra de Israel por el mero hecho de que la Unión Soviética lo hacía para socavar el poder de Estados Unidos en Oriente Medio. Es posible, no lo sé, que Moscú (y desde luego Teherán) continúe sufragando alguno de los chiringuitos de esos militantes que siguen en 1936 y sin percatarse del paso del tiempo.

Por supuesto, discutir con ellos es inútil. El fanatismo y la estulticia son inmunes a los hechos y los argumentos. En consecuencia, no pierdo el tiempo en hacerlo.

Aún así, los hay pesados y molestos y, aunque los evites, te siguen para convertirte o demostrarte lo mala persona que eres.

He tenido que sufrir a uno así no hace demasiado y zanjé la aburrida perorata con un simple ejemplo. A menudo los detalles muestran la realidad mejor que horas de discursos.

El tipo en cuestión es uno de esos zangolotinos que, peinando canas, sigue empeñado en vestir con camisetas y bermudas (hasta que hace frío, eso sí: luego usa ropa de abrigo cara y renovada cada año) y le expliqué la diferencia entre Israel y lo que representan Hamas y otras organizaciones similares chiitas o sunnitas de un modo gráfico.

—Pasea por Tel Aviv—le dije— en bermudas y luego intenta hacerlo por las calles de Teherán o Kabul y entonces opina.

Tan sencillo como eso. En Tel Aviv no sucedería nada, en Teherán o Kabul, y en muchas otras ciudades y pueblos islámicos, como poco acabaría apaleado y en la cárcel.

Sabiendo esto ¿a quién vamos a apoyar?

Y nótese que hablo de un hombre en bermudas, ¿Qué habría que decir de una mujer en minifalda, pantalón corto o con escote?…recomiendo similar experimento. La que apoye a Hamas y demás yihadistas que pasee en camiseta de tirantes y minifalda por Tel Aviv y luego lo intente por Teherán, Damasco, Bagdad o Kabul…incluso por Argel o Rabat. Es posible que en estos dos últimos escenarios no tuviese problemas con la policía, pero difícilmente regresaría al hotel intacta…si es que regresaba. Es un hecho constatado y constatable.

Entonces, repito la pregunta ¿a quién debemos apoyar a Israel o al islam?

© Fernando Busto de la Vega.

MINISTERIO DE IGUALDAD (O DE LA VERDAD)

RELEVO TOTALITARIO EN EL MINISTERIO DE LA VERDAD

En España ha habido cambio de Gobierno, lo que, en la práctica, significa poco. Pero no deja de ser interesante hacerse algunas preguntas y extraer algunas conclusiones en un momento semejante.

Empezaremos por el Ministerio de Igualdad.

Uno de los soniquetes más machacones del feminismo militante es el de la paridad. Además, se supone que dicho ministerio, como su propio nombre indica, es de «igualdad», sin embargo ni paridad ni igualdad: la experiencia demuestra que solo lo pueden ocupar mujeres. Sabemos la que se organizaría si lo ocupara un hombre, no somos tontos. Y eso implica un cosa: sexismo…es decir: desigualdad. Una desigualdad deseada y tolerada porque va en la dirección adecuada para el movimiento feminista que no busca igualdad sino revancha y privilegio. En cierto sentido, las feministas, como los nacionalistas periféricos (a los que se ha vendido el actual Gobierno) y los negros de Estados Unidos, se inventan la historia para apropiarse de las supuestas afrentas sufridas por gente asimilable en siglos pasados (que se juzgan interesadamente con parámetros actuales cargados de ideología) y utilizar ese victimismo impostado para obtener beneficios y privilegios.

Item más: sabemos que la mujer que ocupe el Ministerio de Igualdad ha de tener una ideología muy concreta, pertenecer al susodicho movimiento feminista. Ergo, debemos concluir que no nos encontramos ante un organismo imparcial, sino ante una barbacana ideológica que no se encuentra (como deberían encontrarse todos y cada uno de los ministerios) al servicio de la totalidad de los ciudadanos sino de una facción política que busca, mediante él, imponer su ideología. Es, en la práctica, un Ministerio de la Verdad. Puro totalitarismo.

No pasa nada, lo sufriremos. Pero no en silencio.

© Fernando Busto de la Vega.

TOCQUEVILLE Y EL TOTALITARISMO DEMOCRÁTICO (ES DECIR: LIBERAL)

Releer a Alexis de Tocqueville (1805-1859) en los tiempos que corren tiene su interés y su miga. Especialmente si nos ocupamos de La Democracia En América (1835-1840) y, con mayor detenimiento, en su cuarta y última parte que anda ahora desgajada como volumen independiente con el título El Despotismo Democrático (Página Indómita, 2023).

Explica Tocqueville en la obra citada el modo en que el dogma de la igualdad y la búsqueda de la libertad individual acaba poniendo todo el poder en el Estado que, asumiendo funciones previamente delimitadas al ámbito privado o social y desarrollando otras con afán de servicio o protección (las llamadas políticas sociales son un buen ejemplo moderno y podemos observar in situ cómo su desarrollo corre parejo con una acentuación del totalitarismo estatal y la consiguiente pérdida de libertad e intimidad del ciudadano, especialmente aquel que por su posición económica o personal cae en manos de los funcionarios y los procedimientos estatales establecidos), acaba concentrando el poder y erigiéndose en un ente con vocación absolutista y, lo que es peor y sabemos desde el siglo XX: totalitaria.

Tocqueville casi llega a adivinar el devenir del totalitarismo del siglo XX que, tanto en el campo izquierdista como en el derechista surge, precisamente, de esa asunción del control y poder por parte del Estado moderno.

Lo que ni Tocqueville ni el mismísimo Marx llegaron a imaginar, vivieron en tiempos en los que el Estado centralista burgués (el Estado burgués capitalista es siempre centralista, aunque asuma formas federalistas) era demasiado rudimentario, es el modo en que el Estado se vacía rápidamente de contenido convirtiéndose, desde el liberalismo burgués, desde eso mal llamado «democracia» que nos venden como panacea occidental, en un coto cerrado de la oligarquía dominante. El Estado, con el liberalismo burgués, acaba dejando de ser res pública, el asunto público de todos los ciudadanos, para convertirse en el medio de legitimización y dominio de un solo grupo, al que a veces (y a eso juegan los grupúsculos «progresistas», «wokes» y similares) se puede obligar al pactismo y a la cesión de parcelas de poder bien regadas de dinero público.

La llamada democracia liberal acaba siendo, lo es ya en todos los países de occidente, un cascarón vacío, una máscara que esconde el totalitarismo de unos pocos (cada vez menos y más poderosos) y la desposesión de sus derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos reconvertidos en consumidores y productores, es decir: en esclavos.

Puesto que se necesita la ceguera de los dominados para ejercer la dominación, el Estado, usando todos los medios a su alcance, desde la televisión y la educación a la publicidad que regula adecuadamente para transmitir sus mensajes ideológicos, adquiere como principales funciones la propaganda y la represión cuando aquella falla y el descontento induce a la protesta, para justificarse y dar la impresión de utilidad y servicio al ciudadano. Pero no lo olvidemos: precisamente esa «utilidad» y ese «servicio» es lo que propicia y justifica la centralización del poder estatal y su acaparamiento cada vez de mayor poder hasta alcanzar un sentido absolutista, despótico y autoritario que se pone al servicio no de los ciudadanos sino de un grupo privilegiado auxiliado por una pequeña galaxia de grupúsculos parasitarios.

La democracia liberal capitalista es un peligro para la libertad y desarrollo de la sociedad en cuanto individuos interrelacionados, la socialdemocracia progresista uno de los más peligrosos y temibles caballos de Troya del totalitarismo.

Sé que el ciudadano europeo, especialmente el adocenado español moderno, tendrá grandes dificultades para comprender lo que digo y me cancelará de su mente tachándome como ultraderechista, facha o algo similar. Es lo esperable: el totalitarismo liberal hace bien su trabajo de adoctrinamiento.

Hay que dejar de creer en los dogmas insuflados desde el poder para recuperar la libertad. Os animo a ello.

© Fernando Busto de la Vega.

CATALUÑA (NO CATALUNYA)

YA QUE ESTAMOS EN MISIÓN DIDÁCTICA HABRÁ QUE RECORDAR QUE LAS BARRAS QUE SE HAN APROPIADO LOS CATALANISTAS INDEBIDAMENTE SON LAS BARRAS DE ARAGÓN CONCEDIDAS POR EL PAPA AL REY DE ARAGÓN SANCHO RAMÍREZ EN 1068 COMO PARTE DEL INFEUDAMENTO DEL REINO AL PONTÍFICE. LOS CATALANES LAS HAN HEREDADO COMO MUESTRA DE SU HISTÓRICO SOMETIMIENTO A ARAGÓN. TÉNGASE SIEMPRE EN CUENTA. ANTES QUE A MADRID, CATALUÑA LE DEBE PLEITESÍA A ZARAGOZA.

Es triste tener que enseñar español a los españoles a estas alturas, y más que el culpable de ello sea el propio Estado sometido a un régimen ilegítimo pensado por nuestros enemigos para debilitarnos y llevarnos a la disolución, pero en fin: la pedagogía es un deber moral.

A ver, en España se habla español (los dialectos pueden tolerarse como curiosidad etnológica o fósiles culturales, pero no como instrumentos políticos de disensión ni como excusas de las oligarquías comarcales o los grupúsculos de izquierda al servicio de imperialismos ajenos para diluir la unidad nacional) y, por lo tanto, es preciso que volvamos a recordar cómo se habla y cómo se escribe.

Verbi gratia: es Cataluña, no Catalunya; Lérida, no Lleida; Gerona, no Girona…y es Pedro, no Pere; Miguel, no Miquel…y, esta es buena: Aureolo no Oriol.

Lo de Aureolo como nombre catalán es interesante porque, en realidad, se refiere a un conde franco que gobernó en territorio aragonés, «frente a Huesca y Jaca» según las crónicas, y expone claramente no solo las constantes apropiaciones culturales e históricas del catalanismo, también sus endebles bases si a la realidad nos referimos. Como el nacionalismo vasco, el catalán no pasa de ser la validación acrítica de un puñado de fantasías y leyendas románticas elevadas a ridículo dogma.

Y ya que hablamos del prefabricado nacionalismo vasco, tan próximo al nazismo en cuanto a su fantasía racista, bueno será repetir la lección: Álava, no Araba; Vizcaya, no Bizkaia; Guipúzcoa, no Guipuzkoa; etc.

Y Orense, no Ourense, La Coruña, no A Coruña…

La unidad indiscutible de España debe sustentarse en unas leyes, una educación, unos derechos y obligaciones y un idioma únicos. Todo lo demás, es traición.

Como pude verse aquí, lo dicho sobre los dialectos catalán, vasco y gallego sirve también para otros, incluido el aragonés.

© Fernando Busto de la Vega.