Ojo que no seré yo el que se queje, pero basta pasear por las calles para percatarse de que la ocasión de disfrazarse en Halloween es para muchas, especialmente adolescentes, e incluso niñas crecidas, un modo de poner en valor sus atributos recién adquiridos o en vías de desarrollo. Abundan los disfraces de diabla-sexy, vampira-sexy, bruja-sexy… hasta zombi-sexy. De hecho, y, obviamente con cierta exageración, podemos hablar de un nuevo concepto: el porno-halloween.
Un porno-halloween totalmente perturbador (revolucionario si deseamos verlo así) y absolutamente ilegal si atendemos a la edad de quienes, motu proprio, lo convierten en tal con la complacida anuencia de sus papás (si alguien decidiera fotografíar algunos de los atuendos que pueden verse en fiestas y en las calles en quienes los llevan y subirlos a la red, tendría problemas)…
Nada que sorprenda a quien haya presenciado los atuendos de algunas de estas encantadoras nínfulas en ciertas clases de Educación Física o, simplemente, en el día a día de los institutos.
Ni me quejo, ni lo censuro ni lo defiendo, esta es una simple observación antropológica que lleva aparejada alguna pregunta evidente que no haré sobre las ya antiguas (¿podríamos decir obsoletas?) leyes de consentimiento sexual.
¿Será que la sociedad va por un camino y los legisladores, como siempre, por otro? ¿Será que el peso de ciertos lobbies ejerce un efecto distorsionador sobre la acción legislativa y el comportamiento social generando contradicciones de cierto interés para el filósofo y el literato?
Mal vamos si disfrazamos a nuestros hijos como espantajos y los llevamos a pedir caramelos al modo anglosajón en el transcurso de una fiesta que ni sabemos escribir ni pronunciar.
La aculturación a la que estamos sometidos y que vosotros, padres irresponsables e indecentes, y vosotros, «docentes» indeseables, fomentáis en fechas como estas solo conduce al lugar que nuestros enemigos desean: la disolución de España y el abandono de su misión providencial en el mundo que ni siquiera conocéis ni respetáis (así de asilvestrados estáis).
¿Quién de vosotros, de menos de sesenta años, sigue rindiendo el debido tributo a sus muertos y antepasados? ¿Quién de vosotros sigue las tradiciones españolas más allá de comer huesos de santo o panellets? Y muchos de vosotros ni eso, porque engordan o por cualquier otra razón absurda …
¿En qué teatros sigue reponiéndose el Don Juan Tenorio de Zorrilla, honda y progresivamente abandonada tradición teatral, y por lo tanto cultural, que debería replicarse en cines y televisiones? ¿Quién de vosotros tendría la conciencia nacional y de la cultura hispánica suficiente para acudir a estas representaciones concebidas exactamente como eso, como tradición cultural?
Por este camino vamos mal, vamos a la disolución, a la extinción nacional, a la esclavitud, a la colonización cultural, ideológica y mental.
¿Halloween? Dejad de ser mierda colonizada y empezad a comportaos como debéis para llevar a España al lugar que le corresponde.
En circunstancias como estas creo que también yo puedo clamar: Llamé al Cielo y no me oyó …
Alejandro Magno, fundador de la civilización como ecúmene helenística.
Vivimos todavía en la era de 1945 que no terminó ni de lejos después de la caída de la Unión Soviética. De ahí la confrontación entre bloques que presenciamos y que tan a pique está de conducirnos a la extinción.
Naturalmente, las circunstancias nos obligan a elegir bando y no hacerlo podría conducirnos a acabar aniquilados o sojuzgados por el contrario. Pero también hay que ser muy conscientes del escenario en el que nos movemos y de lo que deseamos para el futuro.
En 1945 se impusieron dos mundos contrapuestos, dos bandos incompatibles que, además, y esto es lo importante, lo fundamental, son en todo contrarios a la civilización, al Recto Orden que debemos restablecer si pretendemos sobrevivir como especie, como sociedad y como individuos.
Por un lado, nos encontramos con el universo marxista-conservador y contrario a la primacía europea (que es consustancial al surgimiento, expansión y mantenimiento de la civilización surgida como unidad, como Ecúmene, con el avance de Alejandro Magno hacia Asia después de haber comprendido su destino en Siwa) que se las daba de revolucionario, pero que, en la práctica, servía de vehículo imperialista a regímenes totalitarios cuyos guías no se habían librado en absoluto de los prejuicios medievales que arrastraban las atrasadas sociedades campesinas de las que provenían y que, pasado el marxismo, allí donde cayó, en otros lugares se mantiene con idénticas premisas, solo fueron capaces, como la Rusia de Putin, de seguir manteniendo sus esquemas mentales atrasados y medievales, cristianos en suma.
Por otro lado, en occidente se impuso el mundo de los masones y los sionistas, los mismos que se sublevaron en tiempos de los Macabeos contra la civilización que representaban los Seleúcidas como herederos de la gesta de Alejandro y que todavía hoy hacen todo lo posible por socavar y enterrar la civilización para imponer su barbarie.
Zeus-Amón, que reveló su destino a Alejandro en el oasis de Siwa.
De eso debemos ser muy conscientes: hay dos bandos, ambos igualmente representantes de la barbarie y enemigos de la civilización, que amenazan con destruir el mundo. La supervivencia se encuentra en el retorno a la ecúmene, a la civilización helenística, al camino correcto, al Recto Orden. Ese es el horizonte que debemos exigir más allá de este conato (quién sabe si al cabo realidad) de tercera guerra mundial.
La puntualización entre paréntesis del título es necesaria porque el mundo de la autolesión es extenso y presenta muchas y complicadas vertientes. En otra ocasión, quizá, hablaré de aquella chica que conocí (y con la que por razones obvias estuve muy poco tiempo) que se quemaba el cuerpo con cigarrillos cuando era feliz o alcanzaba un orgasmo. Pero ahora vamos a ocuparnos de un asunto serio.
Estamos viendo a los jóvenes rusos rompiéndose piernas y brazos para no acudir a una guerra sangrienta y perdida que les convertirá no en héroes sino en asesinos, torturadores y, quizá, mutilados y muertos. Bien mirado, no deja de ser una forma de deserción y puede juzgarse moralmente con cierta dureza. Pero habla también, muy claramente, de la legitimidad del régimen de Putin y de su aceptación social. Negarse a servir a un tirano es lícito y hasta encomiable, lo cual cambia por completo nuestra percepción del hecho que tratamos. Quizá los jóvenes rusos que se autolesionan o que directamente huyen y desertan para no participar en una campaña claramente criminal puedan ser conceptuados como héroes después de todo.
Pero más allá del aspecto ético y moral del tema que nos ocupa, quiero poner de relieve su implicación política. Que los jóvenes se autolesionen para no ser reclutados no es nada nuevo. En la antigua Roma muchos campesinos se cercenaban el pulgar derecho para no poder sujetar la lanza ni la espada y quedar de este modo exentos de un reclutamiento obligatorio que les ceñía al yugo militar durante la mitad de sus vidas. Lo que subyacía en aquel comportamiento que podemos considerar antipatriótico era que a los campesinos romanos las conquistas de la clase senatorial y los jugosos negocios de la clase ecuestre les resultaban indiferentes. Ellos no ganaban nada con las conquistas, solo ponían el esfuerzo, la sangre y la vida. Su máxima aspiración era seguir felices y pacíficos en sus aldeas. El imperio era cosa de los ricos y poderosos.
Por regla general esto sucede en todas las guerras. Los beneficios son de los ricos que no van al frente y el sacrificio de los pobres que no obtienen ningún beneficio. En momentos como este, en el que tan cerca estamos de una confrontación mundial y una aniquilación global, quizá deberíamos recordar este extremo y empezar a autolesionarnos colectivamente.
Frente a la codicia de los poderosos quizá deberíamos, todos, empezar a enfatizar la hermandad entre los pueblos y los seres humanos y la paz como valor universal.
Sé que los cristianos, los judíos, los budistas y los menos agresivos de los musulmanes tienen una moral muy bien definida al respecto. Yo soy pagano y en el paganismo tres son los principios básicos de la moral política: Diké, Eunomía y Eirené, es decir: Justicia, Buen Gobierno y Paz. De modo que podemos entendernos. Todos hemos recibido el mismo mensaje divino de paz y buena voluntad, ha llegado el momento, me parece a mí, de ponerlo en valor. No nos dejemos seducir por el Demonio, lo llamemos como lo llamemos y lo representemos como lo representemos.
Los antiguos egipcios, en el Libro de los Muertos, enseñaban a escapar de las trampas de los demonios pescadores y a evitar al poderoso demonio Apofis que acechaba en las aguas del río celeste que conducía al paraíso. Estamos en ese punto.
Salvo el de Estados Unidos en relación con la guerra de Vietnam (y el asunto merece un estudio en profundidad que todavía no se ha abordado con seriedad), ningún régimen ha podido sobrevivir a una guerra impopular que, además, se pierde. La Rusia de Putin no será una excepción. El problema son los tiempos de la caída y lo que pueda suceder en ellos.
La Historia resulta siempre un referente eficaz y útil para comprender el presente y predecir con éxito el futuro. A ese respecto podemos establecer interesantes paralelismos entre lo que supone la guerra de Ucrania para la Rusia actual y lo que supuso la Guerra del Rif para la España del siglo pasado.
Evidentemente, la Guerra del Rif condujo indefectiblemente a la caída del régimen canovista y a la proclamación de la república en 1931. El problema fueron los tiempos. El primer desastre de aquella guerra, en la que murieron reservistas que llevaban menos de una semana en filas a causa de la ineptitud de sus mandos profesionales fue el Desastre del Barranco del Lobo, en 1909. Esta debacle condujo de inmediato a las enérgicas protestas de la Semana Trágica que no hicieron caer al régimen. Ni siquiera llegaron a tambalearlo. La guerra siguió, hubo avances y éxitos, también muchos españoles muertos, heridos y enfermos y un nuevo desastre, el de Annual, en 1921 que condujo a la dictadura de Primo de Rivera en 1923. Veintidós años transcurrieron entre el primer desastre y las primeras protestas tumultuarias, casi revolucionarias, y el fin del régimen.
Putin, derrotado, o en proceso de derrota, en Ucrania, caerá sin duda. La pregunta es cuando y qué llegará a hacer para mantenerse en el poder y reivindicarse (o vengarse). No solo hablo de la represión en el interior de Rusia y los crímenes de guerra en Ucrania. Desgraciadamente, dispone de armas nucleares…y esperemos que de subalternos sensatos y valientes. En momentos como este, los valores universales que conforman a las personas, sean cuales sean sus creencias e independientemente de su nacionalidad y posición social, profesional y política, son la única esperanza de la Humanidad. Y deberíamos reflexionar a fondo sobre este extremo en el futuro. Si es que llegamos a tenerlo.