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TRES CRISIS FINANCIERAS DE LOS ESTADOS UNIDOS QUE CONVIENE RECORDAR

  • INTRODUCCIÓN
  • LA CRISIS FINANCIERA DE 1819
  • LA CRISIS FINANCIERA DE 1857
  • LA CRISIS FINANCIERA DE 1873
  • CONCLUSIÓN (INDEPENDENCIA, YA)

INTRODUCCIÓN

Analizar el pasado para comprender el futuro es siempre una buena medida. A este respecto, en circunstancias económicas difíciles como las actuales, no está de más volver la vista atrás, fijarla en los Estados Unidos y evaluar, si quiera someramente, tres profundas crisis (¿estructurales o de crecimiento?) financieras cuyo origen y desarrollo nos permitirá comprender mejor el terreno que pisamos en este incierto y atribulado siglo XXI que será de aniquilación completa si no logramos que sea de avance y reconstrucción.

LA CRISIS FINANCIERA DE 1819

Las guerras napoleónicas y el año sin verano (1815) habían convertido en deficitaria la agricultura europea abriendo una importante ventana para la especulación en ese campo que la oligarquía financiera estadounidense decidió aprovechar para enriquecerse.

Los mecanismos políticos se pusieron de inmediato en marcha y en 1817 lograba crearse el Segundo Banco Nacional (después de que el Primero hubiera acabado en bancarrota y boiciteado políticamente en 1811). La operación especulativa tenía una doble vertiente: por un lado se abría el grifo del crédito para conseguir el establecimiento de nuevos colonos en territorios yermos y luego se compraba a bajo precio su producción cerealista para revenderla en Europa a precios de carestía consiguiendo ingentes plusvalías. Lógicamente, se creó una burbuja tanto de crédito como comercial. Y esta burbuja no tardó en estallar.

Para 1818 los efectos del año sin verano y de las guerras napoleónicas estaban remitiendo en Europa y los precios del grano bajaron dando al traste con el negocio de los cien inversores que manejaban la mayor parte de los depósitos del Segundo Banco (entidad privada que gestionaba el crédito del Gobierno Federal vendiéndole de paso el dinero que emitía) de modo que los depósitos en oro y plata del mismo dejaron de cubrir las emisiones de papel moneda. Más aún: a ser infinitamente menores que los vales emitidos. Tal circunstancia generó una inflación galopante que aumentó cuando al ser destituido el director del banco (William Jones) se descubrió que tanto él como sus directivos habían incurrido en lucrativos fraudes y robos de depósitos que, enriqueciéndoles a ellos, conducían al banco (privado) y al gobierno, que dependía de él, al borde de la quiebra.

El nuevo director del Segundo Banco, Langdon Cheves, tuvo como principal interés contener la inflación para salvar el valor nominal del papel moneda en manos de los cien inversores de la entidad que constituían la aristocracia financiera de los Estados Unidos. Para contener la inflación sin evidenciar la desproporción entre papel moneda y depósitos de oro y plata ni perjudicar los intereses de los grandes inversores recurrió a la restricción del crédito causando una profunda recesión que agudizó el desempleo entre las clases desposeídas del país y llevó a la ruina a los pequeños propietarios, especialmente a los colonos agrícolas cuyas adquisiciones de tierras se habían llevado a cabo en papel moneda prestado por el propio banco que ahora exigía los pagos en metálico, en oro y plata.

Para 1822 la situación financiera del Segundo Banco ya se había estabilizado pero el director Cheves mantuvo el control del crédito que ahora generaba artificales plusvalías para los grandes inversores.

En 1823 Cheves fue destituido a causa del descontento popular, pero su sucesor: Nicholas Biddle, siguió al servicio de los mismos intereses, los de los grandes inversores que se habían enriquecido a costa de la ruina de los pequeños propietarios y los trabajadores. Biddle abrió el crédito de nuevo, pero concentrándolo en los intereses industriales de los grandes inversores que se lanzaron así a aventuras empresariales que generaron una revolución industrial en el marco de la cual los trabajadores quedaron más sojuzgados y dependientes del capital que ellos manejaban y los pequeños inversores de antaño en su mayor parte fueron proletarizados mientras se creaban latifundios a costa de las pequeñas propiedades expropiadas.

La política financiera del banco continuó en la misma línea hasta que en 1832 llegó a la Visepresidencia de los Estados Unidos un representante de los pequeños agricultores, Martin Van Buren, que retiró en 1833 los créditos estatales del Segundo Banco llevándolo a la ruina, pero no sin que dejara tras de sí una poderosa élite de grandes capitalistas enriquecidos mediante la especulación del trigo y el papel moneda y los créditos industriales entre 1817 y 1833.

Martin Van Buren

LA CRISIS FINANCIERA DE 1857

Dicha élite siguió operando en un contexto de absoluta libertad bancaria que favorecía la especulación con el papel moneda, cada vez más desacreditado (de ahí la importancia histórica de las diversas fiebres del oro que sufrió el país, especialmente la de California en 1848: la gente común solo tenía acceso al papel moneda de los bancos, de valor dudoso cuando no nulo, y necesitaba oro y plata para estabilizar su situación económica, y estos circulaban poco y eran extraordinariamente caros habiéndose convertido casi en monopolio de la élite inversora, de ahí también la abundancia de asaltos a bancos y trenes que los transportasen, y la tesaurización de los metales preciosos.

Rápidamente, la inversión en las compañías de ferrocarril y de seguros crearon una nueva burbuja que estalló al arruinarse en 1857 la Ohio Life Insurance.

De nuevo la necesidad de convertir masivamente el papel moneda de dudoso valor en metales preciosos generó un pánico financiero que perjudicó los beneficios de los grandes inversores del norte que se habían enriquecido con el Segundo Banco Nacional.

Hacia 1859 la crisis se encontraba ya estabilizada, pero había supuesto una drástica disminución de las plusvalías de la oligarquía financiera del norte. La solución fue sencilla: en 1861 se desató la guerra civil que, bajo la loable excusa de acabar con la esclavitud, perseguía el insidioso objetivo de poner los estados del sur bajo la dependencia financiera de la oligarquía del norte. En 1863 se estableció la Ley Nacional de Banca, que estabilizó el sistema financiero volviendo a la senda del crédito a los industriales del norte arrastrando, junto con los efectos de la guerra y de la creciente inmigración, a gran parte de la masa estadounidense a la condición de proletarios cada vez peor pagados. Lo que activó el movimiento obrero en el paradigma de la «democracia» (cuando los liberales pronuncian esa palabra quieren decir en realidad: parlamentarismo liberal capitalista de facciones oligárquicas y lobbies en el que el pueblo es únicamente obra de mano lo más barata, explotada y sin derechos posible) y, consecuentemente, una feroz represión contra el mismo que se agudizó con los concatenados efectos de la siguiente crisis, la de 1873.

LA CRISIS FINANCIERA DE 1873

En 1870 la rivalidad entre el II Imperio Francés y Prusia condujo a una guerra que destruyó al primero permitiendo el establecimiento del II Reich Alemán con Bismarck a la cabeza.

Los alemanes impusieron a Francia ingentes reparaciones de guerra que solo admitieron cobrar en oro. Tal circunstancia les permitió erigirse en principal potencia económica mundial al precio de causar una crisis económica global al adoptar el patrón oro como respaldo de su moneda, lo que abocaba al empobrecimiento y la inflación al resto de las naciones, de pronto embarradas en un ya ineficiente patrón bimetálico.

Como no podía ser de otro modo, los Estados Unidos se vieron también afectados viéndose obligados, entre otras medidas, a romper sus tratados con los pueblos indígenas e invadir las Black Hills (que habían cedido a los sioux en el Tratado de Fort Laramie en 1868) allá por 1876, a causa de los ya imprescindibles yacimientos de oro que albergaban al tiempo que intensificaban la colonización del interior continental para multiplicar la ya deficitaria la producción agraria.

La ruptura del Tratado de Fort Laramie condujo a un recrudecimiento de la guerra contra los nativos, que perduró hasta al menos la masacre de Wounded Knee en 1890 y contó entre sus episodios con la derrota del ejército estadounidense (ya sabéis: el famoso Séptimo de Caballería de Michigan) en la batalla de Little Big Horn en 1876. Todo ello unido al surgimiento y desarrollo del movimiento obrero en zonas ya industrializadas y mineras del que hemos hablado antes.

Así las cosas, una nueva crisis, sobrevenida antes de que se pudieran superar del todo los efectos de la anterior, la de 1857, se desencadenó en 1873.

Ese año comenzó la llamada Gran Depresión de 1873-1896 que en general hemos olvidado en favor de la de 1929, pero que, por el contrario, es bueno que tengamos muy presente en momentos como los que atravesamos.

En la primavera de 1873 la Bolsa de Viena se vino abajo como consecuencia del paso de Alemania al patrón oro y, consecuentemente, las compañías ferroviarias y todas las empresas a ellas asociadas (bancos, aseguradoras…) colapsaron, dando inicio a una onda de choque que se expandió por todo el mundo. Durante veinte años, el incremento en la producción de hierro y acero desplomó los precios de estos productos uniéndose al hundimiento de los de las materas primas (grano, algodón…) en un acentuado ciclo de deflación que condujo al empobrecimiento de grandes masas de población europea impulsada a la emigración, lo que en Estados Unidos condujo a un incremento de la mano de obra que derivó en la bajada de salarios (hasta un trescientos por cien menos en 1877 en relación con 1867) y el consiguiente descontento que se tradujo en un incremento del movimiento obrero y sus movilizaciones con el ápice significativo de la Gran Huelga de Ferrocarriles de 1877 que las empresas y el gobierno estadounidense reprimieron salvajemente usando el ejército, la policía y matones privados que emplearon ampliamente el asesinato, la coacción, la violencia y la tortura dando así comienzo a la feroz represión contra el movimiento obrero y la consolidación de la hegemonía de la oligarquía financiera como centro del Estado que todavía perdura en el neoliberalismo actual que han exportado a gran parte del mundo.

Al final, los Estados Unidos salieron de la profunda crisis de 1873 mediante la guerra: arrebatando a España sus últimas provincias ultramarinas (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, las Marianas…) y apropiándose de los circuitos económicos que las unían en 1898.

CONCLUSIÓN

Ese es el ciclo: especulación, represión del pueblo que protesta por su empobreciento, crisis y guerra que enriquece más a los ricos empobreciendo más a los pobres entre los que se cuentan los «países aliados» mejor denominados «estados satélite». Así funciona el sistema impuesto por los Estados Unidos en el que estamos sumergidos como estado satélite y que, desde luego, no nos favorece.

Ese es el juego tras la guerra de Ucrania y el giro del Gobierno Sánchez en el asunto del Sáhara Español (del que oportunamente hablaremos en estas mismas páginas) y es bueno que lo sepamos. Nos llevan una vez más al matadero, y es posible que esta vez sea la definitiva. Seamos conscientes y comencemos a actuar. Estados Unidos son nuestros enemigos y la OTAN no está diseñada para defendernos sino para explotarnos, controlarnos y manipularnos.

INDEPENDENCIA, YA.

© Fernando Busto de la Vega

TRES PELÍCULAS QUE HEMOS VISTO EN TELEVISIÓN Y SON PROPAGANDA DEL RÉGIMEN DE PUTIN.

  • 1-LA DANZA DE LOS OPRICHNIKS (UNA APROXIMACIÓN MUSICAL A LOS REGÍMENES RUSOS HABITUALES)
  • 2-1612, LA PELÍCULA (Y UN BONITO HOMENAJE A LA DESTREZA ESPAÑOLA, ANTECEDENTE DIRECTO Y MÁS VIRIL DE LA ESGRIMA AFRANCESADA QUE AHORA SE PRACTICA)
  • 3.- HÉROES DE GUERRA (LA OTAN Y LA ONU, SON LOS MALOS)
  • 4.- VIKINGOS (LA RUS DE KIEV EMPIEZA A IMITAR A BIZANCIO)
  • 5.- ALEXANDER NEVSKI (COMO COLOFÓN)

Comienzo esta entrada con una alucinada, kitsch, barroca y prácticamente demencial escena de la película Ivan el Terrible de Serguei Eisenstein sobre música de Serguei Prokófiev que en apariencia nada tiene que ver con el tema que nos ocupa, pero que define muy bien el tono habitual de los regímenes rusos. La película trata, como su propio título indica, sobre el reinado de Ivan el Terrible que fortaleció el poder central del zar con mano dura, crueldad extrema y salvajismo sanguinario basándose en la guardia de los Oprichniks, en su mayor parte mercenarios extranjeros destinados a combatir a los boyardos.

En general, esa ha sido siempre la naturaleza política de los regímenes rusos: centralización y tiranía basada en la dictadura, la represión y la mano dura, tanto en tiempos de los zares como de la Unión Soviética como después de 1991. Rusia jamás ha conocido una democracia y está por ver si podría sobrevivir a ella. En ese sentido, Vladímir Putin solo es un eslabón más en una larga y milenaria cadena de autócratas inspirados en el basileus bizantino. El ansia autocrática de convertirse en la Tercera Roma y el hecho de intentarlo precisamente en un territorio bárbaro y periférico que nunca logró dominar la primera (ni su lejano precedente, el imperio de Alejandro Magno) conduce a esos extremos. Y al fracaso. Como sabemos, Rusia nunca logró convertirse en la Tercera Roma y lleva camino de seguir sin conseguirlo en esta ocasión.

Pero Putin lo intenta y, como todo autócrata que se precie, tiene su programa histórico-político, su discurso justificativo y su propaganda bien articulada. Parte de esta propaganda, como es tradicional en todos los regímenes (incluidos los liberal-parlamentarios) desde que se inventó el séptimo arte, utiliza también el cine para expandirse. En el caso de Putin se ha creado, de hecho, todo un subgénero parte de cuyas producciones se ha pasado habitualmente en las televisiones occidentales ( y especialmente en España, país desde el que escribo) inocentemente o no. Esto no puedo juzgarlo. Centrémonos en tres de estas películas que son básicamente propaganda de Putin y, seguramente, habréis visto en televisión cualquier sábado por la tarde.

2.- 1612, LA PELÍCULA (Y UN BONITO HOMENAJE A LA DESTREZA ESPAÑOLA, ANTECENDETE DIRECTO Y MÁS VIRIL DE LA ESGRIMA AFRANCESADA QUE AHORA SE PRACTICA )

La película, que se presenta como de aventuras, espadas y un tanto fantástica, habla de los problemas que la caída de la dinastía Ruríkida, que gobernó Rusia desde el año 862 hasta el 1598 siendo derrocada por los boyardos causando el desorden social y la invasión extranjera (en este caso de la Mancomunidad Polaco-Lituana) y explica la necesidad, que expresa claramente hacia el final del metraje uno de los personajes, de que Rusia esté unida bajo un régimen fuerte y autocrático para mantener su grandeza.

La película, que presenta algunas escenas de estimación, se rodó en 2007 siendo dirigida por Vladimir Khotinenko. En ella participó el actor español Ramón Langa en el papel de un noble y mercenario español que instruye al joven protagonista en la Destreza Española, la mejor esgrima de la historia, ahora oscurecida por la hegemonía de la afrancesada adoptada en los Juegos Olímpicos. Como es natural, escojo como ejemplo visual de esta película la escena de la instrucción del protagonista en el combate a espada. La recreación es buena en el sentido de que expone toda la teoría geométrica que se escondía en la Destreza Española (y de la que se burlaba Quevedo, que siendo cojo y haciendo caso omiso de la misma derrotó en más de una ocasión, espada en mano, a quienes más la predicaban), pero la coreografía no se corresponde del todo con los verdaderos movimientos de la Destreza.

Es preciso señalar también que Ramón Langa, cuando habla en español en la versión original rusa de la película se limita a recitar con total desvergüenza a Miguel Hernandez. Se ve que no le dieron texto y le dejaron improvisar.

3.- HÉROES DE GUERRA ( LA OTAN Y LA ONU SON LOS MALOS)

Coproducción ruso-serbia del año 2019, dirigida por Andrey Volgin y protagonizada por Emir Kusturica. Es un producto del género bélico en el que se glorifica la toma del aeropuerto de Slatina en Kosovo por las fuerzas rusas, que protegían el régimen del criminal de guerra Milosevic contra la OTAN y la ONU que son presentadas como los malos del cuento bombardeando hospitales y protegiendo a terroristas islamistas albano-kosovares.

Finalmente, en Pristina, donde se encontraba el aeropuerto de Slatina, cuando sucedieron los hechos narrados, allá por 1999, los rusos se retiraron maniatados tanto por la presión occidental (aunque el general inglés Dannat se negó a enfrentarse a las fuerzas rusas) y a la negativa de Bulgaria, Hungría y Rumanía de permitir el paso de aviones militares rusos por sus espacios aéreos. Sin embargo en la película en cuestión se habla de este incidente, el conocido históricamente como Incidente de Prístina, como «la primera victoria rusa después de la caída de la Unión Soviética».

4.- VIKINGOS ( LA RUS DE KIEV EMPIEZA A IMITAR A BIZANCIO)

La película trata de cómo el príncipe ruríkida Vladimir I unifica los dispersos territorios de sus antepasados, la ,Rus de Kiev, con una ejército de mercenarios varegos (que recuerda a la Guardia Varega del emperador de Bizancio) y la convierte en un estado fuerte y poderoso con la conversión al cristianismo y su matrimonio con Ana Porfirogénita, la hermana del emperador Basilio II de Bizancio. Es, exactamente, el inicio de las aspiraciones de Rusia en convertirse en la Tercera Roma, el inicio de la ideología oficial de la Rusia imperialista que ha llegado hasta el día de hoy y justifica las acciones de Putin, también aliado con la Iglesia Ortodoxa Rusia.

Para colmo, la película acepta y promocionada la leyenda nacionalista eslavista de que Vladimir, aunque hijo de un príncipe varego de la Casa de Rurik, descendía en realidad de una princesa eslava, lo que conduce directamente al paneslavismo que subyace en el imperialismo ruso. Toda una joya de la demagogia.

La dirigió en 2016 Andrei Kravchuk.

ALEXANDER NEVSKI (COMO COLOFÓN)

Y, para terminar esta aproximación a la propaganda cinematográfica del imperialismo ruso encarnado en nuestros días por Putin, retornamos a la Unión Soviética, a Eisenstein y hasta a Prokofieff recordando esa maravilla del cina, de la paranoia nacionalista (justificada en aquel caso) y de la afirmación antieuropeísta de Rusia como entidad histórica que es la batalla sobre el hielo que frenó la expansión de la Orden Teutónica en una Rusia unida bajo un dirigente fuerte y autocrático: Alexander Nevsky.

© Fernando Busto de la Vega

CINCO JOYAS ERÓTICAS DEL MEDIEVO ESPAÑOL.

  1. INTRODUCCIÓN
  2. ROMANCE DE LA GENTIL DAMA Y EL RÚSTICO PASTOR
  3. WALLADA
  4. ALFONSO X: NO QUIERO DONCELLA FEA
  5. DOS JOYAS DEL ROMANCERO
  6. FIN.

1.-INTRODUCCIÓN

La imagen mayoritaria que suele tenerse sobre la Edad Media, especialmente en lo que a España respecta, está llena de lugares comunes y clichés estereotipados que nada tienen que ver con la realidad o, al menos, solo presentan una parte de la misma. Solo vemos guerras, plagas, clérigos, hambre e ignorancia, pero la gente de esa época, aparte de legarnos un corpus cultural amplísimo y de la mayor importancia, especialmente en España que, junto con Italia, se constituyó en los cimientos del Renacimiento, también se divertía, amaba y gozaba y, a veces, con más libertad que nosotros mismos. La actual es una época pacata y triste, la Edad Media era, en cambio, un periodo más natural y menos afectado por el puritanismo y, por lo tanto, más feliz y creativo. La Edad Media condujo al Renacimiento, la actual nos lleva (independientemente de pandemias y guerras) a una nueva Era Oscura, la civilización se diluye en medio de las mareas de estulticia progre y de integrismo liberal-capitalista. Es así. Cada día que pasa nos acercamos un poco más a la barbarie.

2.-ROMANCE DE LA GENTIL DAMA Y EL RÚSTICO PASTOR.

El conservadurismo de estos días puritanos y estúpidos modelados por el protestantismo germánico en todas sus vertientes (incluyendo el progresismo o lo que se disfraza de tal para perpetuar valores puritanos y pueriles) es muy probable que se muestre de acuerdo con la actitud del protagonista de este romance, un rústico pastor casado y con hijos que, atareado con el cuidado de su ganado rechaza los ofrecimientos sexuales de una gentil dama que pasea aburrida y descalza por el vergel al que se dirige a la hora de comer. Y eso que la muchacha es hermosa, ella misma se describe en el romance:

«hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadita en la cintura,
blanca soy como el papel;
la color tengo mezclada;
como rosa en el rosel;
las teticas agudicas,
que el brial quieren romper;
el cuello tengo de garza
los ojos de un esparver;
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.
«

A lo que el pastor responde:

– Ni aunque más tengáis,
señora, no me puedo detener.

Cierto: un hombre fiel e industrioso…también un imbécil. En conjunto el primer romance de la historia en merecer ser puesto por escrito, una joya erótica del medievo español.

Dejo una versión en vídeo:

3.- WALLADA

Hace años le escribí un poema de amor a esta cordobesa nacida a finales del siglo X y que a comienzos del XI, en plena disolución del califato a cuya dinastía pertenecía, era una Omeya, hija del califa Muhamad II, y sigo enamorado de ella (como de Safo). Y no es para menos. Alta, de buen talle y bonita figura, pelirroja, ojos azules…hoy hubiera sido una influencer de fama mundial. Entonces, al modo de la época, también lo fue. A los diecisiete años, huérfana y millonaria, abrió su casa a la poesía y el amor (los dos únicos pecados tolerables a mi modo de ver) y vivió una época de gloria, en la que demostró además su cultura, su inteligencia y su educación (lo que la invalidaría hoy como influencer) antes de desdibujarse en la madurez dentro del harem de Ibn Zaydún.

La bella y altiva poetisa (escribió: » yo, ¡por Dios!, merezco la grandeza y sigo orgullosa mi camino!») tenía todas las virtudes y todos los defectos de las mujeres inolvidables, incluso el de ser malvada y deslenguada, faceta en la que nos dejó algunas pequeñas joyas eróticas (y muy malintencionadas) del medievo español tales como el poema:

Enhorabuena, al-Asbahī, por los beneficios
que has recibido del Señor del Trono, del Benefactor;
has conseguido con el culo de tu hijo
lo que no consiguiera
con el coño de Būrān su padre al-Hasan.

O bien (y dirigiendo el poema a su amante principal con el que acabaría casándose después de una juventud disoluta, como debe ser la de las mujeres hermosas y los hombres de genio):

A pesar de sus méritos, Ibn Zaydum ama 
las vergas que se guardan en los calzones; 
si hubiera visto la polla en las palmeras, 
se habría convertido en pájaro ababil.
 
Por supuesto hay algunas otras joyas, incluso más románticas y canónicas, de Wallada, pero dejo al lector el placer de descubrirlas por sí mismo si es que no las conoce ya. 


4.-ALFONSO X EL SABIO: NO QUIERO DONCELLA FEA.

La labor cultural de este rey castellano es bien conocida y no voy a perder tiempo aquí rememorándola. Su faceta política es, sin embargo, cuestionable, pero tampoco nos ocupará en estas páginas. Nos ceñiremos a su actividad poética en el campo de las cantigas galaico-portuguesas (que también forman parte del medievo español) y, especialmente, de alguna humorística y hoy totalmente incorrecta políticamente bajo el totalitarismo tiquismiquis, acomplejado y malhumorado del feminazismo dominante.

El buen rey se permitía expresar sus gustos en cuanto a las mujeres y decía bien claro (aunque en el gallego del siglo XIII) que no deseaba en su alcoba jóvenes feas, mal educadas (que se pediesen en su puerta o hiciesen algo peor), ni peludas. Debo decir que yo coincido al cien por cien con él. Nos hubiéramos llevado bien este Alfonso y yo.

Para aliviar la larga lectura que ya llevas a cuestas, lector amigo, he decidido darte esta píldora en formato audiovisual avisándote de que la letra, después de una larga introducción musical, comienza en el minuto y cincuenta segundos.

5.- DOS JOYAS DEL ROMANCERO

De estas dos joyas del romancero español, la primera, llena de encanto, vuelve a transitar por la incorrección política (una menor engañada y violada), pero es digna de conocerse, dice así:

Yo me era mora Moraima, 
morilla de un bel catar,
cristiano vino a mi puerta,
cuitada, por me engañar;
hablóme en algarabía,
como aquel que bien la sabe:
-Ábreme las puertas, mora,
así Alá te guarde del mal.
-¿Cómo te abriré, mezquina,
que no sé quién te serás?
-Yo soy el moro Mazote, 
que un cristiano dejo muerto,
tras mí venía el alcalde.
Si no me abres tú, mi vida,
aquí me verás matar.
Cuando esto oí, cuitada,
comencéme a levantar,
vistiérame una almejía
no hallando mi brial,
fuérame para la puerta
y abríla de par en par. 

No es preciso decir más. Como es posible que el lector no esté muy instruido en los ropajes y costumbres  de la época, la situación viene a ser esta: el cristiano llega ante la puerta de la morilla de madrugada, fingiendo huir de la justicia (en esa época un alcalde era más un juez que un edil) y la convence para que le de asilo. Ella, que está en la cama y, por ende, desnuda, busca en la oscuridad su ropa y, no encontrándola, se cubre con un manto pequeño que cumple muy escasamente su función, lo demás ya se lo imagina el lector.

Y, frente a la inocencia de la mora Moraima, será bien recordar el descaro de la infanta Urraca Fernández cuando corre al lecho de muerte de su padre el rey para recriminarle que no le deje herencia. Hay que recordar que esta Urraca, pieza fundamental de la historia del Cid, mantuvo un ardiente romance incestuoso con su hermano el rey Alfonso VI, diez años más joven que ella y al que sedujo cuando era todavía un adolescente, prácticamente un niño. El romance expresa así el enojo de la infanta doña Urraca:

—Morir vos queredes, padre, ¡San Miguel vos haya el alma! 
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara: 
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada, 
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria, 
a don García a Galicia con Portugal la preciada, 
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada! 
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada; 
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara, 
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia; 
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma. 
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla? 

Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca. 
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra, 
que mujer que tal decía merecía ser quemada. 
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba, 
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada, 
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada. 
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga! 
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla. 

FINAL

Las citadas son solo pequeñas muestras de un conjunto amplio y en exceso desconocido por el gran público. Volveremos sobre el tema más adelante y con mayor detenimiento en obras concretas.

© Fernando Busto de la Vega

UN HIJO DE ALFONSO XII CICLISTA (Y MEDALLISTA OLÍMPICO)

Quién iba a decirnos que el primer medallista olímpico español iba a ser hijo de un rey. Claro que hijo ilegítimo y compitiendo por Francia, pero…

Aunque, para ser sinceros, el medallero de los Juegos Olímpicos de París en 1900 es un asunto complejo, controvertido y arduo que complica sobremanera las afirmaciones taxativas. 

Durante mucho tiempo se atribuyó la condición de primer medallista español en los Juegos Olímpicos, precisamente en 1900, a Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, diputado y más tarde senador vitalicio, primero en escalar, junto con su guía Gregorio Pérez «El Cainejo», el Naranjo de Bulnes e impulsor de la Ley de Parques Naturales y la creación del Parque Natural de los Picos de Europa. Este señor, que a pesar de ser marqués goza de mi simpatía, obtuvo la medalla de plata en la disciplina de tiro al pichón. Sin embargo, modernas revisiones de lo que fueron aquellos juegos de 1900 tienden a descartar dicha disciplina como olímpica ya que sus participantes no eran amateurs y recibieron importantes premios en metálico. Por otro lado, don Pedro Pidal no se ganaba la vida como tirador profesional, vivía de su fortuna personal y de sus cargos políticos, para entonces había sido ya diputado en la legislatura de 1896-1898, y se dedicaba a cazar osos, escalar montañas y practicar la puntería con el tiro al pichón. Pero no seré yo quien discuta el actual consenso sobre su no medalla. 

Los mismos que descabalgaron al marqués de Villaviciosa de su condición de medallista olímpico, se la conceden, y en este caso en la máxima categoría, la del oro, a los pelotaris José de Amézola y Francisco Villota, que participaron en un torneo de cesta-punta en competición con una pareja francesa que no se presentó al encuentro dejándoles ganadores por incomparecencia. 

El lío con el medallero olímpico de aquellos Juegos proviene del hecho de no haberse celebrado como tales sino en conjunción con la Exposición Universal que también tuvo lugar en París en aquel 1900 que inauguraba el siglo. Se celebraron en el marco de ambos eventos concatenados innumerables competiciones de todo tipo que historiadores posteriores se han dedicado a ir calibrando y discriminando para decantar las puramente olímpicas de las profesionales. 

Por ese motivo, los méritos del marqués de Villaviciosa y los pelotaris Amézola y Villota quedan envueltos en una nebulosa de duda y discusión bastante molesta para quienes buscan datos mondos y certezas tranquilizadoras. 

Sin embargo, la medalla de plata de Fernando Sanz y Martínez de Arizala, hijo ilegítimo de Alfonso XII y hermanastro de Alfonso XIII, en la prueba de sprint dentro de la disciplina de ciclismo en pista, es cierta e incontrovertible, aunque compitiera como francés y se la apunten los franceses. 

La propaganda monárquica bajo el franquismo consiguió convertir a Alfonso XII en una figura atractiva en contraste con la desastrosa gestión de su hijo reinante, Alfonso XIII, era un modo de legitimar y popularizar la dinastía borbónica a través de la idealización romántica de hechos lo suficientemente remotos como para ser manipulados fácilmente, pero lo suficientemente cercanos como para ser recordados. 

De este modo dicha propaganda hizo hincapié en la desgraciada historia de amor entre el joven y atractivo rey, Alfonso XII, que murió a los veintisiete años, y su prima, María de las Mercedes de Orleans, que murió con dieciocho a los pocos meses de haber contraído matrimonio y causando la devastación de su amante esposo que abandonó la corte retirándose al palacio de Riofrío. 

Dicha propaganda está detrás de populares canciones como el Romance de la Reina Mercedes compuesto en 1948 por Quintero, León y Quiroga y estrenado por Concha Piquer, aunque lo popularizó Paquita Rico, y las películas ¿Dónde Vas, Alfonso XII? (1958) y ¿Dónde Vas, Triste de ti? (1960) ambas protagonizadas por Vicente Parra e hitos de la aventura romántica decimonónica del imaginario popular, especialmente femenino, de la época. Y, hay que admitirlo, se trató de una campaña propagandística de primer orden y excelentes resultados. 


Naturalmente, la verdad histórica es muy diferente, y mucho menos amable. 

María de las Mercedes de Orleans, que murió de tifus y tuberculosis, padecía ambas enfermedades, a los dieciocho años de edad, cinco meses después de su boda, en 1878, era hija del duque de Montpensier un ambicioso príncipe francés, hijo de Luis Felipe I de Francia, que aspiró a la corona española siendo su candidatura derrotada en las Cortes por la de Amadeo de Saboya (1870), intentó alcanzarla por las malas mediante un golpe de Estado que incluyó el asesinato del general Prim (1870) y asesinó en duelo, ese mismo año, a su primo el duque de Sevilla, Enrique de Borbón, primo de Isabel II, hijo del infante Francisco de Paula, del que se decía, y los retratos así parecen corroborarlo, que era hijo no de Carlos IV sino de Manuel Godoy, el príncipe de la Paz. 

Finalmente, el duque de Montpensier, Antonio de Borbón, que también había aspirado a hacerse con un trono en Ecuador bajo protección francesa, fue expulsado de España, logrando regresar gracias al oportuno matrimonio de su hija con el nuevo rey. 

Este, por su parte, me refiero obviamente a Alfonso XII, tampoco tenía una realidad mucho más clara. 

Era hijo de Isabel II, pero no de su consorte real, el infante Francisco de Asís de Borbón, impedido físicamente para la procreación (padecía un defecto en el pene que impedía la eyaculación y le obligaba a orinar sentado) y que mantuvo una relación estable de carácter homosexual con un amante con el que se fue a vivir, abandonando a la reina, durante su exilio parisino. Este amante era Antonio Ramos Meneses, a quien el propio Alfonso XII, en cierto sentido moderno su hijastro, le concedió el título de duque de Baños en 1875. 

Entre los muchos candidatos a la paternidad de Alfonso XII, que, según las propias leyes de la monarquía quedaría incapacitado para reinar por sí y sus herederos a causa de esta irregularidad en su nacimiento, fue el valenciano Enrique Puigmoltó, conde de Torrefiel, uno de tantos militarotes de buena planta y continente altivo y festivo que le gustaban a Isabel II desde que, a los doce años, cayese prendada del general Espartero.

El futuro rey nació en Madrid en 1857, pero muy pronto conoció el exilio. En 1868 Isabel II sufrió una rebelión y fue expulsada de España a causa de la corrupción generalizada del régimen que había instaurado y que sería la tónica general de todos los regímenes borbónicos posteriores, incluido, como hemos visto y seguiremos viendo, el actual. 

Alfonso XII regresó a España y al trono, no obstante, en 1874, mediante el golpe de Estado dirigido por el general Martínez Campos. 

La historiografía monárquica, para suavizar el acto y tratar de engañar a los menos avisados, suele referirse a la algarada de Martínez Campos como «pronunciamiento», pero, en la práctica, un pronunciamiento era un golpe de Estado. 

Una vez en el poder, Alfonso XII estableció el régimen turnista regulado por la constitución de 1876, que sería una nueva orgía de autoritarismo, corrupción y explotación del país por una élite cleptocrática y acabaría, tras el filofascistoide esparadrapo de la dictadura de Primo de Rivera, en la Segunda República en 1931, nuevo intento de sacudirse el yugo corrupto de los Borbones y que desembocó en una nueva sublevación, la de 1936, y un nuevo régimen turnista y corrupto, el de 1978, que todavía padecemos. 

Si bien el matrimonio entre Alfonso XII y María de las Mercedes de Orleans en 1878 se nos suele presentar como una bonita historia de amor, en realidad fue un medio típicamente dinástico para zanjar las diferencias entre dos ramas rivales de la familia. Este mismo medio ya se había intentado para acabar con la disidencia de la rama carlista casando a Isabel II con el heredero del príncipe Don Carlos María Isidro, pero no funcionó. Los carlistas no deseaban ser consortes sino reyes. Los Montpensier, sin embargo, tenían menos derechos al trono español, ni siquiera eran Borbones de primera división y menos después del derrocamiento de Luis Felipe I en Francia en 1848, y el padre de la novia ya había sido amortizado como figura política durante el Sexenio Revolucionario, aunque mantenía sus excelentes contactos con el lobby azucarero y esclavista cubano, apoyo necesario y utilísimo para el nuevo monarca, especialmente después de la Paz de Zanjón que ese mismo año acabó con una década de guerra civil en Cuba. 

Fue simple política, lo que no quita que el rey sintiera sinceramente la pérdida de su joven esposa y prima. 

Con todo, solamente cinco meses después de la muerte de esta, volvía a contraer matrimonio con María-Cristina de Habsburgo-Lorena, procedente de una rama menor de los Habsburgo emparentada con los Borbones y que sería la madre de Alfonso XIII y regente de España desde 1885 hasta 1902. 

Más o menos por las mismas fechas, el rey tomó como amante a la famosísima contralto Elena Sanz y Martínez de Arizala que triunfaba en toda Europa, pero especialmente en París. Con ella tuvo dos hijos: Alfonso, que vivió hasta 1970, y Fernando, nacido en Madrid en 1881 y muerto en Pau en 1925, nuestro medallista olímpico, por Francia. 

Naturalmente, en cuanto Alfonso XII murió en 1885, la época de Elena Sanz en España, terminó. 

No disponemos de datos fidedignos, o al menos yo nos los conozco, pero es de suponer que la nueva regente presionaría al Gobierno del momento, presidido entonces por Sagasta, la expulsase del país. Fue así como regresó a París y como sus hijos, jamás legalmente reconocidos por el rey, adquirieron la nacionalidad francesa. 

Fernando, que recibiría ese nombre por su bisabuelo, Fernando VII, fue conocido en Francia y durante su corta carrera deportiva, como Fernand Sanz. Naturalmente, su máximo triunfo fue la medalla de plata olímpica en velocidad individual de los Juegos Olímpicos de París en 1900 que obtuvo por detrás de Georges Taillandier, que también le venció en el Gran Premio de París de 1902, y por delante del estadounidense John Henry Lake, bronce en aquella cita. 

En 1902 quedó tercero en el Gran Premio de París y, tratándose de un pistard, no llegó a participar en el Tour de Francia, que comenzó a disputarse al año siguiente. 

De modo que ya lo sabéis: un hermanastro francés de Alfonso XIII fue ciclista y ganó una medalla de plata olímpica en 1900.

© Fernando Busto de la Vega

CUIDADO CON LOS CORREDORES DE EVACUACIÓN, ZELENSKI.

Yo comencé este blog ilusionado con la idea de escribir sobre literatura, arte, cultura en general, etimología y, acaso, con un poco de suerte, ir promocionando mis novelas y publicaciones pasadas y futuras, por desgracia, y citando el famoso poema de José Agustín Goytisolo, la vida nos arrastra como un aullido interminable y estalló la guerra de Ucrania (quién sabe si la Tercera Guerra Mundial) desviando mis buenas intenciones hacia la actualidad y la natural inclinación hacia la acción por la justicia, la paz y el orden.

De modo que, de momento, parezco forzado a elucubrar y opinar sobre lo que sucede y puede suceder en Ucrania o a causa de la invasión rusa, asuntos que también parecen apasionar a mis lectores. A este respecto, quiero añadir hoy una nueva reflexión que no resultará vana.

Desde pequeño fui un apasionado de la Historia. Muchos desdeñan esta disciplina como inútil, pero ello se debe solo o bien a su ignorancia o bien a su afán por manipular el pasado en su propio beneficio necesitando auditorios ignorantes que crean sin crítica ni referencias válidas las mentiras propagandísticas que les cuentan para manipularlos. Pero la utilidad de la Historia como ciencia y disciplina, incluso como complemento de la cultura personal, es precisamente esa: entender el presente y poder predecir escenarios futuros gracias al conocimiento del pasado y encontrar ejemplos paralelos para situaciones actuales.

Es por ello que, basándome en el conocimiento de la Historia cercana, y si estuviera en disposición de hacerlo, le daría al presidente Zelenski el consejo que enuncio en el título de este artículo: cuidado con los corredores de evacuación rusos. Desconfía de los griegos incluso cuando te traigan regalos.

Parece evidente que tanto el presidente Zelenski como su equipo son eficientes, conocen bien su trabajo y las condiciones de la guerra y no les falta patriotismo ni valor, pero en un escenario en el que la capital, Kiev, pueda llegar a estar cercada y, por lo tanto aislada del resto de Ucrania dificultando o impidiendo por completo las labores de comandancia general de la Presidencia, resultará siempre tentador abrirse paso hacia lugares mejor comunicados, desde donde poder dirigir la defensa con mayor eficacia y ahí es donde reside el peligro y entra en juego la Historia.

Hay que recordar en este punto el asalto ruso a Grozni en 2000 y las peripecias de Shamil Basayev y sus hombres intentando huir de la ciudad cercada y desabastecida para continuar una guerra de guerrillas en las montañas. Recordemos que la inteligencia militar rusa, alegando que solo deseaban ya conquistar la ciudad al menor coste posible, les abrió un «corredor secreto de evacuación» para que la abandonaran. Este corredor estaba minado (y de hecho, Basayev perdió una pierna al pisar una mina y hubo otros 200 muertos y un número similar de mutilados en el campo minado de Aljan-kala) y conducía a una emboscada de los Spetsnaz ayudados por misiles, artillería y bombardeos aéreos. Los islamistas chechenos fueron prácticamente aniquilados.

Hasta ahora, según las informaciones llegadas hasta occidente, miembros de la inteligencia rusa han canalizado filtraciones que han permitido al presidente Zelenski librarse de varios intentos de asesinato organizados por spetsnaz, mercenarios de Wagner y chechenos kadyrovtsy. Ello no significa que sean fuentes seguras y que no cambien de orientación en un escenario futuro que fuerce la fuga de Kiev. Ni siquiera podemos descartar que la inteligencia rusa esté desarrollando una elaborada estrategia de engaño para ganarse la confianza del presidente ucraniano y su equipo y poder cazarlos más fácil y espectacularmente después. A fin de cuentas, un presidente asesinado mientras defiende su capital es un mártir y su imagen siempre se elevará incólume contra el invasor, la figura de un presidente muerto mientras huye de su capital se puede manipular fácilmente para inducir al derrotismo de los invadidos.

Desconfíe de sus fuentes rusas, amigo Zelenski, desconfíe…y no pierda de vista las implicaciones propagandísticas de una muerte en combate.

© Fernando Busto de la Vega