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EL FRACASO DEL IV REICH ALEMÁN

Toda vez que dividimos la historia alemana de finales del siglo XIX y hasta mediados del XX en II Reich (1871-1918), República de Weimar (1918-1933) y III Reich (1933-1945), podemos asumir el convencionalismo de denominar República de Bonn a la Alemania occidental de 1949 a 1990 y IV Reich a la Alemania unificada desde 1990. Cierto es que formalmente, el Estado al que nos referimos sigue siendo oficialmente la República Federal Alemana y no ha mutado formalmente de nombre ni de intenciones, pero es preciso reconocer que la reunificación con la RDA y el traslado de la capital desde Bonn a Berlín sí supuso un cambio de aspiraciones internas y de percepción interna.

La reunificación alemana en 1990 potenció el papel hegemónico de Alemania dentro de Europa y, aunque no militarmente, sí financiera e industrialmente (que a la postre fueron siempre la base del imperialismo alemán) la condujo a su vieja aspiración de dominación continental. Durante todo el siglo XIX estuvo combatiendo para que la capital del poder europeo fuera el Berlín prusiano y no la Viena de los Habsburgo o el París de los diferentes regímenes que se sucedieron en Francia. La pugna comenzó con Federico II de Prusia (1740-1786) y perduró hasta la derrota alemana en la I Guerra Mundial. Después, el nazismo intentó un nuevo asalto que acabó con Berlín sometida a Washington y Moscú.

A partir de 1990 parecía posible recuperar el viejo sueño no propiamente hegemónico sino imperialista y el entusiasmo de las élites alemanas creció, al par que su soberbia y su racismo, que conforman parte consustancial de la personalidad alemana, hasta el rompeolas de la crisis de 2008 cuando se manifestaron en su desesperado intento de salvar sus intereses a costa de naciones consideradas inferiores como España, Italia, Portugal y, sobre todo, Grecia. Y triunfaron en el aspecto táctico, aunque fracasaron en el estratégico. Pudieron hacerse pagar las «deudas» y sobrevivir a base de esclavizar a sus supuestos socios en la UE, pero dejaron demasiado a la vista su verdadera naturaleza moral e ideológica. Nada, por otro lado, que no supiera toda Europa desde la Edad Media, incluso desde el Imperio Romano.

Bien, con todo, el IV Reich alemán siguió adelante. Una vez salvado de la crisis de 2008 con el dinero ajeno continuaron su campaña de ascenso a la hegemonía regional y, en consecuencia, de discreta rebeldía contra la potencia dominante en la región (Estados Unidos desde 1945, que nunca ha sido aliado de Europa, sino amo) que, lógicamente, no iba a quedarse cruzada de brazos viendo como su imperio sobre pequeños y dóciles Estados vasallos en Europa se debilitaba a medida que crecía un nuevo gallo continental.

Estados Unidos apoyó el ascenso alemán mientras este sirvió de eficaz herramienta geoestratégica para debilitar a la Unión Soviética e impedir el asentamiento de la nueva Rusia. Cuando comenzó a amenazar su dominio continental, naturalmente se puso en contra. Y contó en ese giro con el apoyo de una potencia emergente y ambiciosa que, a pesar de haber ingresado en la UE, dispone de su propio plan imperialista, me refiero, claro está, a Polonia y su Intermarium (o Miedzymorze) del que hablábamos en un artículo reciente.

La lucha geoestratégica de Polonia desde su mismo surgimiento ha sido abrirse espacio entre Alemania y Rusia y ello la convierte, de facto, y sean cuales sean las circunstancias temporales, en enemiga de ambas. Ahora, como siempre. Ahora, erigiéndose en eficaz siervo y aliado de los Estados Unidos contra la hegemonía alemana y, por ende, contra la marcha de la Unión Europea.

En sus designios por alzarse con la hegemonía en Europa liberándose del dominio de los Estados Unidos potenciando de paso su potencia económica e industrial, Alemania no tenía más horizonte que la alianza con Rusia, aunque fuera simplemente económica. Fue así como en 2012 (solo cuatro años después del éxito político y económico que significó para el IV Reich la crisis de 2008) firmaron con Rusia la construcción de sendos gasoductos (Nord Stream 1 y 2) para transportar combustible ruso a Alemania a través del Báltico, lo que perjudicaba los planes estadounidenses, que planeaban controlar ese mismo transporte a través de Ucrania, a Polonia, que tenía en marcha sus propios gasoductos y, naturalmente, a Noruega, que aspiraba a vender su producción en Alemania. Demasiados enemigos para un solo proyecto.

Mientras la obra iba construyéndose, la paciencia de los enemigos del proyecto se mantuvo soterrada. Pero, al cabo, cuando entró en funcionamiento, la acción ejecutiva se hizo necesaria e imparable. El presidente Biden, cuyo hijo, como sabemos, tenía intereses en Ucrania, impuso sanciones a las empresas constructoras y explotadoras del Nord Stream en mayo de 2021 y en febrero de 2022 amenazó con inutilizarlo si Rusia invadía Ucrania, lo que hizo que el canciller alemán Scholz interrumpiera el flujo del mismo. Importó poco, el 26 de septiembre de 2022 en medio de unas maniobras bálticas de la OTAN con dicho mar atestado de buques de guerra, helicópteros y aviones estadounidenses, el Nord Stream fue volado. Hubo investigaciones, y se callaron sus resultados, aunque sabemos extraoficialmente (todo se acaba sabiendo) que fue un acto de terrorismo, hostilidad y sabotaje de los Estados Unidos (en tiempos de Biden, no de Trump, el imperialismo yanqui es un continuo) con ayuda de Noruega y Polonia. Quedaba así abortado el intento de independencia de suministro frente a los Estados Unidos de Alemania y su IV Reich. Quedaban, por otro lado, a salvo los intereses de Polonia y Noruega.

Ya previamente se habían impuesto desde Washington las sanciones contra Rusia que, en la práctica, debilitaron a la Unión Europea y la convirtieron en un cliente cautivo del gas licuado procedente del fracking de los Estados Unidos. Un gas y un petróleo de menor calidad y tres veces más caros.

Luego llegó Trump, un continuador más agresivo de la política imperialista de los Estados Unidos, no un innovador.

Podemos decir así que la guerra de Ucrania de 2022 fue una trampa yanqui para debilitar a la Unión Europea y supuso el fracaso del IV Reich alemán. En ese sentido, Trump es una buena noticia: han caído las caretas, ahora ya podemos seguir el camino que nos interesa a la integridad de los europeos y que no pasa por seguir bajo la tutela gringa.

¡Independencia!

© Fernando Busto de la Vega.

TRUMP Y EL NAZISMO

Detesto ser autorreferencial y aludir a mis libros en este blog, pero en ocasiones como la presente resulta necesario.

Hay mucha gente en los Estados Unidos y fuera de ellos escandalizada y asustada por el uso de lemas nazis y actitudes proclives a simular las del III Reich en la administración y el entorno de Trump.

Junto al miedo y al escándalo, muestran también asombro ¿Cómo han podido los Estados Unidos llegar a esto? Es sencillo: como ya expliqué en el ensayo « ¡Está vivo! …espera, no», el nazismo y la ideología estadounidense (incluido el progresismo y el wokismo) proceden del mismo tronco ideológico germánico-protestante y este del racismo, la avaricia, el provincianismo, la ignorancia y el supremacismo del núcleo austrasiano de Europa que encarnó Martin Lutero incapaz de aceptar la hegemonía del mundo mediterráneo y de comprender el Renacimiento.

Esta reacción racista y provinciana que representó en Alemania (entendiendo como tal el ámbito germánico desde Londres a Estocolmo) la Reforma se vehiculó hacia la modernidad a través del pietismo, el evangelismo, el liberalismo, la masonería y el Romanticismo, mientras que en el mundo judío de la Europa central se manifestó mediante el sionismo y, sobre todo, el marxismo. De aquellos polvos, estos lodos.

Aunque pueda parecer paradójico y resulte difícil de aceptar sin ahondar debidamente en las raíces de todas estas manifestaciones ideológicas, marxismo, liberalismo, progresismo, feminismo y nazismo proceden de la misma raíz puritana, supremacista, totalitaria (porque el parlamentarismo liberal estuvo siempre ligado a lo censitario, la ortodoxia religiosa y la exclusión racial avanzando en sentido contrario solo a costa de la progresiva necesidad de estabilización y ampliación de la base institucional en un mundo cada vez más diverso y menos dispuesto a dejarse excluir) y perversamente provinciana que maduró a partir de la renuencia de Lutero a abandonar sus prejuicios anclados en el siglo XIII y aceptar la modernización que representaba el Renacimiento. Así las cosas, aunque las diferentes ramas ofrezcan aparentemente frutos distintos, en realidad la esencia (la composición molecular de estos, si lo preferimos) es la misma y fácilmente pueden transmutarse en un proceso aparentemente alquímico que no es tal, sino adaptación al medio y a los intereses de la clase dominante.

Diremos, para terminar, que el marxismo fue una estrategia para contrarrestar su exclusión y conseguir su predominio social y político de los judíos centroeuropeos y sigue cumpliendo ese papel para minorías raciales y sociales excluidas por el supremacismo racial y económico de los germano-protestantes, pero en modo alguno se diferencia en su esencia ideológica de lo que estos sustentan porque procede de la misma raíz: el Romanticismo cultural y político.

Leed ¡Está vivo!…Espera, no. Os divertiréis y aprenderéis mucho, incluso de vosotros mismos.

© Fernando Busto de la Vega.

EL DILEMA ELECTORAL

Es indudable que en España nos encontramos ya en pleno ciclo electoral, lo que no deja de suponer una encrucijada peligrosa sin opciones de futuro.

Dos son los grandes problemas que asolan a España, y que inutilizan el ilegítimo régimen de 1978 convirtiéndolo en una autopista hacia un estado fallido: la oligarquía cleptocrática dominante que no ha sido alterada desde 1975 y sí en cambio fortalecida y enriquecida por el régimen y la clase media inmovilista, inclinada a la especulación y la avaricia y de moral mimetizada con la oligarquía que, dada su mentalidad y en gran medida su edad, es un factor de anquilosamiento y decadencia y, en segundo lugar, la inadecuación ideológica y programática de los partidos a las necesidades de la nación y la sociedad.

El régimen de 1978 se construyó desde fuera de la nación en una inmundo colusión de intereses entre el imperialismo yanqui y los grupúsculos políticos atados a tradiciones de pensamiento ancladas en un pasado periclitado y lealtades a poderes externos. Ningún partido que pueda aspirar a representación parlamentaria representa los intereses de la sociedad ni trabajaba para el bien de la nación, todos, sin excepción, imponen maximalismos ideológicos sectarios y alejados de la realidad y sirven a quien les paga, que no suele ser un agente interno, sino externo. En otras palabras: ejercen la traición y distan de ser soluciones para nuestros problemas.

En la derecha tenemos a VOX, que solo es fascista en el relato anacrónico y enloquecido de la izquierda. En realidad es un grupúsculo ultraneoliberal al servicio de la política desestabilizadora de los Estados Unidos. En otras palabras: un nido de traidores a España y de politicuchos mercenarios al gusto de los que sustentaban dictaduras bananeras en la América hispana. En otras palabras: merecen cárcel y paredón por el mero hecho de pertenecer a dicho partido, según sea su grado de responsabilidad e implicación. Si fueran fascistas, como afirman los alucinados izquierdistas, tendrían un programa social (del que carecen) y dignidad patriótica (que no han conocido ni de lejos, como es lógico en mercenarios al servicio de la CIA).

Vox, por lo tanto, constituye un problema grave para el futuro no solo del régimen sino de la nación, cualquier solución de futuro pasa por su eliminación radical.

El PP (partido Popular) tampoco sirve a los intereses de España ni de su sociedad. Herederos de una democraciacristiana agostada por las intensas irradiaciones de la Escuela de Chicago y erigido en portavoz no solo de la oligarquía cleptocrática sino de la clase media inmovilista y especuladora que la sustenta, es parte del problema, del cáncer terminal que sufrimos, no de la solución. Además, arrinconado en su lucha por el supuesto centro político, por el relato de la izquierda en cuestiones de género y feminazismo ni siquiera será útil en el poder para erradicar tan nefastas manifestaciones del marxismo degenerado.

¿Y la izquierda? La izquierda tampoco nos sirve para salir adelante.

El PSOE (Partido Socialista Obrero Español) ha sido siempre un partido antiespañol en su misma esencia. Un partido con un comportamiento puramente partidista. Fue republicano hasta 1934 porque la monarquía no le permitía prosperar (en 1922-1923 apoyó los intereses espurios de su patrón, el industrial Horacio Echevarrieta, causando más muertes en la guerra de Marruecos que el desastre de Annual y, para eludir el bulto en 1931 dirigió una comisión parlamentaria para cargarle la culpa del desastre a Alfonso XIII oscureciendo su nefasto papel obstruccionista en el periodo citado, jugada que emulan en nuestros días con la Ley de Memoria Histórica, que consiste principalmente en establecer la censura y un relato dogmático que les beneficie a ellos permitiéndoles erigirse en el centro político del régimen de 1978 y adalides de la democracia. Todo ello no obstó para que la UGT colaborara con la dictadura de Primo de Rivera mientras su otra mano, el PSOE, cabildeaba con los republicanos).

Cuando perdieron las elecciones de 1933 abandonaron su republicanismo para pasarse al golpismo (revolución de Asturias, 1934) y más tarde, en 1936, se inscribieron en el Frente Popular al servicio de los intereses de Stalin.

En 1974 una nueva hornada de militantes, descabalgó a los procedentes de la república (Rodolfo Llopis) siendo financiados por la CIA a través de la Fundación Frederick Ebert del SPD alemán, lo que se tradujo en los ochenta en la reflotación de la empresa automovilística pública SEAT con dinero del erario público español y su privatización en favor de Volkswagen. Así como la asunción de los principios del imperialismo yanqui (atlantismo incluido) y su conversión en un partido estabilizador del régimen que a Washington le interesaba en España, el de 1978 (débil por el autonomismo, desprovisto de bomba atómica y sometido a intereses ajenos a través de la OTAN).

EL PSOE no ha dejado nunca, desde 1974, de estar en sintonía con las fluctuaciones ideológicas de la izquierda estadounidense. No ha tenido discurso propio ni plan de país más allá de su condición de partido al servicio de los intereses yanquis. Fue así, mediante su seguidismo de las alas más o menos izquierdistas del Partido Demócrata de los Estados Unidos, como implantó en España ideologías wokes procedentes del puritanismo protestante anglosajón y totalmente contrarias a los intereses y tradiciones españolas como el feminismo o la ideología de género, que proceden de un liberalismo masónico irracionalista y perjudican (por ejemplo, afectando a la demografía y la desestructuración familiar) el futuro de la nación. En esto son, por lo tanto, tan traidores a los intereses de España y del pueblo como VOX y del mismo modo acreedores a una eliminación radical si pretendemos cimentar un futuro para España.

En cuanto a PODEMOS, SUMAR y demás ralea, hay dos cosas que decir: la primera es que no son, aunque lo pretendan, herederos del 15-M. Este movimiento no fue en modo alguno un movimiento de izquierdas, sino colonizado por la izquierda. Yo, que participé en la primera manifestación en Zaragoza que desembocó en la plaza del Pilar donde los comunistas tenían un tenderete electoral fui testigo de su desconcierto (tenía amigos entre ellos que se sorprendieron incluso de la manifestación, de la que permanecían ajenos). Esto fue en mayo y solo a partir de julio empezó a sentirse el entrismo de comunistas y separatistas en el movimiento, que pervirtieron, desactivaron (su entrada significó la estampida de la mayor parte de sus participantes, hubo un momento crucial en la acampada de Madrid cuando las feministas radicales, a las que nadie hacía caso empezaron a insinuar, sin pruebas ni acciones judiciales, que sufrían agresiones sexuales) y patrimonializaron indebidamente un movimiento que englobó a amplias capas de la sociedad y cuyo origen y motivación está lejos de ser aclarada y presenta, por cierto, muchas afinidades con las revoluciones de colores del Este, lo que hace sospechar que estuviera teledirigido por potencias ajenas, especialmente yanquis.

La segunda, es que su ideología mezcla tres componentes nefastos y absolutamente destructivos del futuro español: por un lado, han heredado el antiespañolismo del liberalismo radical y republicano compuesto e impulsado por masones del siglo XIX. En la medida en la que siguen reclamando como propio el legado de la II República, son herederos de esos masones antiespañoles que siguiendo ideologías liberales anglosajonas contribuyeron desde comienzos del siglo XIX a la destrucción de España y la conversión de sus pedazos en colonias de los ingleses y los yanquis. Precisamente de esa vinculación a la masonería liberal proviene el segundo componente nefasto para el futuro de España de su ideología: el wokismo, más exacerbado todavía que en el PSOE e igualmente destructivo. Finalmente, la impregnación marxista y muy a menudo maoísta, junto con los flujos de financiación de enemigos de España, desde el bolivarianismo al imperialismo ruso o chino, los convierte en agentes del enemigo y acreedores de fin similar a los activistas de VOX.

En cuanto a los «nacionalistas», separatistas y federalistas varios ¿Qué decir? Ellos mismos se definen como enemigos de la continuidad de España y, puesto que, en primer lugar toda su argumentación es falsa, procedente de ensoñaciones decimonónicas del romanticismo masónico y la avaricia insolidaria de sus respectivas oligarquías regionales, y en segundo ya conocemos en América el destino de las repúblicas escindidas de la unión española (convertirse en colonias de ingleses y yanquis, ahora de China y por momentos de Rusia, ahí está Cuba) queda claro que no son opciones viables ni ventajosas ni siquiera para los ciudadanos habitantes de esas regiones, hay que combatirlas, por lo tanto, con la misma saña que a Vox o las izquierdas.

Y así están las cosas en la encrucijada electoral de 2026. España se va por el sumidero y el régimen de 1978 no ofrece solución alguna que nos permita seguir adelante, antes al contrario, convierte a España en un régimen fallido. Necesitamos una revolución (política y social, claro), pero sobre todo moral e ideológica. Ya vamos tarde. Diría, incluso, que estamos muertos.

© Fernando Busto de la Vega.

LOS BOOMERS, MILENIALS, EQUIS, ZETAS Y LA GEOPOLÍTICA

La queja generacional es un clásico de aquellos que van encontrándose de bruces con la madurez, la realidad desnuda y la quiebra de los sueños e ilusiones que llevan aparejadas. Ahora son los integrantes de las nuevas generaciones que llegan a la vida adulta quienes caen en ese lugar común del ser humano y hasta publican libros culpando de sus desgracias a las generaciones anteriores, especialmente a esa que hemos dado en denominar boomers. Y, en parte, tienen razón, pero no deja de ser un análisis parcial, quejumbroso, sentimental y que aporta muy poco a la resolución de un futuro común para el conjunto de la sociedad.

Por eso aquí, siempre de forma somera y superficial, como corresponde al formato elegido, queremos llevar el análisis un poco más allá. Mirar entre bambalinas y señalar a los verdaderos culpables o, para mejor decir, las tramoyas y escenarios que nos han conducido al punto actual que solo podremos desentrañar con éxito si llegamos a comprender con precisión y más allá de las quejas generacionales y sentimentales. No podemos ser como niños que lloran porque les niegan un capricho, sino como adultos que buscan el modo racional de acercarse lo más posible a su consecución.

No cabe negar que los boomers disfrutan una situación social y económica privilegiada que, en conjunto, impide el ascenso en dichas áreas a quienes les siguen en edad. Tampoco puede negarse que en su gran mayoría aprovechan su beneficiosa situación para entregarse a la explotación y la especulación, lo que induce distorsiones y problemas en los proyectos de sus hijos y nietos. Pero lo que debemos tener en cuenta es que esta generación alcanzó su posición en virtud de dos agresivas estrategias imperialistas bien arraigadas en su momento: el crecimiento económico y la creación del estado del bienestar con bases ideológicas keynesianas para frenar la expansión del comunismo durante la Guerra Fría y, la estrategia de la tensión, implementada mediante polarización, inseguridad ciudadana y terrorismo de diverso signo para aterrorizar a una población que podía perder lo poco que había ganado en la etapa anterior y convertirla así en una generación conservadora y timorata.

Los demás, sufrimos las consecuencias del fin de la Guerra Fría y la sustitución del keynesianismo por el neoliberalismo salvaje de la Escuela de Chicago cuyos últimos y más salvajes coletazos, son las propuestas nihilistas de gente como Trump, Milei o los lameculos españoles del trumpismo (léase Vox y PP).

El problema que dificulta nuestras vidas no es generacional (aunque también), es imperialista. Sufrimos las estrategias sociales y políticas que Washington aplicó y aplica en Europa y la América hispana para sostener su posición hegemónica, su condición de imperio. Es ahí donde debemos incidir para liberarnos y encontrar un futuro viable.

Insurrección total frente al imperialismo gringo y cambios estructurales profundos, ese es el camino.

© FERNANDO BUSTO DE LA VEGA.

TRUMP Y LA DESTRUCCIÓN DE EUROPA

Algo que siempre me sorprende es lo mal informados que están mis amigos bien informados y cuanto dependen sus conocimientos (incluso especializados) de los argumentarios académicos ( y, no nos engañemos, por ello mismo propagandísticos) de los Estados Unidos o, en general, el espectro anglosajón. Por otra parte, cuando lees a los especialistas anglosajones en geopolítica, geoestrategia o futuro en general, únicamente te encuentras con pomposos analistas autorreferenciales, que solo han leído en inglés y a los amigos o enemigos que tienen cerca y desconocen todo del rival o de escenarios complejos no procesados previamente por sus analistas.

En fin, esto viene a cuento porque no hace mucho se expusieron algunas ideas generales sobre la estrategia de Trump en Europa y muchos de estos amigos bien informados se sorprendieron y se escandalizaron de que el azafranado carcamal pretendiera separar a Polonia y Hungría de la Unión Europea conformando con ambos países el núcleo de una nueva realidad geopolítica y estratégica.

Esto ni es nuevo, ni es idea de los Estados Unidos.

Polonia viene defendiendo desde sus revoluciones nacionalistas de los siglos XIX y XX, la estrategia denominada en polaco Miedzymorze y en latín intermarium que viene a reivindicar el papel rector de la unión polaco-lituana desde la Unión de Lublin en 1569 hasta el primer reparto de Polonia en 1772. Se trata, en la práctica de un proyecto nacionalista, supremacista e imperialista de Polonia que busca establecer su poder entre el Báltico y el mar Negro y entre este y el Adriático, que la convierta en la potencia dominante en detrimento de Alemania y de Rusia.

Siguiendo el esquema inicial de la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania) establecida con la Unión de Lublin, el proyecto se presenta como un a modo de federación bajo el predominio polaco que en su máxima expresión incluiría a Polonia, Hungría, la parte occidental de Ucrania, Rumanía y los antiguos países de Yugoslavia así como las repúblicas bálticas y, si se deja, incluso Finlandia. De este modo Polonia recuperaría su hegemonía regional (y hasta continental) y no muy lejos de ese proyecto anda la implementación acelerada de su rearme, y, con la alianza de los Estados Unidos, debilitar a la Unión Europea y a Rusia, lo que dejaría a los norteamericanos sin contrapesos reseñables en Europa.

No debemos pensar que este plan es una innovación moderna salida de la nada. Lo exportaron a los Estados Unidos los exiliados políticos polacos que llegaron allí en el último cuarto del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. De hecho, conviene que vayamos dándonos cuenta, para comprender al imperio bárbaro de los yanquis, que la mayor parte de sus doctrinas y afinidades proceden del pasado y están arraigados en una historia que se oculta, pero no varía. Del mismo modo que para entender su afinidad con Marruecos (y cómo perjudica eso a España y hace que los Estados Unidos nunca puedan ser considerados por Madrid como verdaderos aliados) hay que comprender que este fue el primer país que reconoció la independencia de los Estados Unidos (1777), debemos entender que la doctrina del Miedzymorze llegó allí con el general Pulaski en 1777. Era este un noble polaco descendiente de los reyes de ese país que, tras fracasar en una sublevación contra Rusia tras el Primer Reparto de Polonia, se exilió en los Estados Unidos uniéndose a su ejército, fundando su caballería y dotándola de las eficaces tácticas de los ulanos polacos (y de ahí que fuera siempre una caballería ligera tal y como la vemos en los western), salvándole la vida en una ocasión a Washington y muriendo en combate en 1779.

En los Estados Unidos no hay nunca nada nuevo bajo el sol. Son un país escasamente dinámico, ideológica y socialmente inmovilista y poco preparado para los desafíos del futuro. Por ello el lodo estratégico en el que se revuelca tampoco tiene nada de novedoso. Será bueno tenerlo en cuenta.

También que Europa se debate entre las aspiraciones imperialistas de Alemania, Francia, Polonia, Hungría, Inglaterra y, claro está, Rusia y los Estados Unidos. Sin olvidar a China y el mundo musulmán. Si queremos tener una ligera idea de lo que nos aguarda, hay que estar atentos a todo eso.

© Fernando Busto de la Vega.