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LA LENGUA DEL DALAI LAMA

No ha pasado nada porque el Dalai Lama ha pedido perdón y ya sabemos que en este mundo regido por las normas de la hipocresía protestante anglosajona con pedir perdón basta para anular las consecuencias, intenciones y catadura moral de nuestros actos. Es aquello que también intentó el Emérito de: «lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a pasar»….curiosamente solo se pide perdón cuando te han pillado, de modo que el asunto del arrepentimiento…

Pero no quiero ir por ahí. La reflexión que me ocupa es otra.

Supongo que el lector ya sabrá de lo que hablo: ese desagradable incidente en el que el Dalai Lama pretendió hacer lengüecitas, digámoslo así, con un niño. ¡Y en una ceremonia pública!

Bien…no seré yo el que se escandalice. Solo quiero poner de manifiesto un hecho palpable: cuando un niño se acerca a un monje o sacerdote de cualquier religión vigente existen muchas posibilidades de que le pidan que chupe algo…o que se agache y mire al sagrario…

Es este un aspecto mistérico del ámbito espiritual sobre el que, creo, deberíamos meditar profundamente…en la posición del loto, con los ojos abiertos y los labios muy apretados.

En fin…yo seguiré reflexionando profundamente sobra las lenguas y su utilidad espiritual…no molesten.

© Fernando Busto de la Vega.

ALGUNOS TRÍOS

La noche y el alcohol son propicios para las confesiones y los cotilleos (salvo si sales con mi amigo F.V., insigne jurista que al tercer whisky con Fanta naranja te arrima entre muecas agresivas unos monólogos sobre códigos y jurisprudencia que hacen ameno al Aranzadi) y, lo confieso, últimamente estoy saliendo bastante, quizá demasiado, y eso hace que, como buen escritor mayoritariamente abstemio, vaya acumulando interesantes confidencias y anécdotas acaso utilizables en ulteriores novelas y relatos. No obstante, quiero compartir aquí algunas sobre tríos que me han hecho en el último mes y medio y que sé os gustarán, sois golosos.

Ignoro cómo aparecen este tipo de conversaciones y confesiones en medio de la madrugada, pero acabo llevándomelas a casa y acumulándolas a guisa de material literario. Naturalmente, sólo me interesan aquellos lances que desbordan la aburrida anécdota sexual y alcanzan la condición de historia episódica que podría añadirse a una novela para enriquecerla o servir independientemente como cuento o excusa de tal. Sin embargo, sin demasiada elaboración y a modo de celebración de la primavera y excusa para pasar un rato humanamente ameno con cierto consumo, quizá, de líquidos espirituosos, quiero consignar algunas de estas situaciones confidenciales en trance de material literario en estas páginas.

TRÍO 1

Me lo contó el vértice femenino del mismo, ahora ya divorciada y sin contacto con ninguno de los dos individuos que lo protagonizaron con ella.

Resulta que el matrimonio ya no le iba del todo bien. La chica, a sus treinta y pocos, con casi una década de anillo a cuestas, se aburría con su marido y no pudo evitar algunos escarceos fuera del matrimonio. En el gimnasio conoció a cierto tipo mazado y ciclado que la obnubiló y, fascinada con su físico, procedió de dos modos distintos: por un lado se hizo amante del tipo y por otro indujo a su marido a iniciarse en los secretos de la musculación para tener en casa un sucedáneo adecuado para sus fantasías.

Pasado un tiempo, y como, si bien su marido se musculaba, la relación continuaba haciendo aguas y ella aburriéndose en todas partes, también en la cama, decidió proponer el trío y ambos individuos aceptaron, se reunieron en una habitación de hotel para llevar a cabo la fantasía en terreno neutral y empezaron a tontear, beber y bailar en albornoz después de ducharse por separado. Al cabo los albornoces cayeron revelándoles en su esplendorosa desnudez y los abrazos y los besos prometieron un desenlace apasionado…hasta que ambos tipos repararon en la musculatura del otro y comenzaron a comentar sus ejercicios, sus dietas, a hacer poses y retarse a series de flexiones y dominadas.

Al cabo, la chica acabó en cueros, viendo la televisión en la cama hasta dormirse mientras sus dos amantes seguían sudorosos y testosterónicos compitiendo en la alfombra para ver quien alcanzaba mayor número de sentadillas.

Las cosas no siempre terminan como uno esperaba.

TRÍO 2

Otro matrimonio. Ignoro como llegaron a la idea del trío porque mi confidente es el tercero en discordia. En cualquier caso, está claro que hay gente que se deja arrastrar y no está preparada para modernidades de ese tipo.

El asunto es que, al principio, todo fue bien. El marido y el tercero, que eran incluso amigos, se compaginaron adecuadamente y la mujer supo cumplir con su papel de gozne y centro de las atenciones…hasta que las cosas fueron a más.

Cuando la temperatura incendió la habitación y el sudor empezó a mezclarse sin recato con otros fluidos el marido comenzó una defensa al hombre. Allí donde el tercero buscaba hueco aparecía el marido desplazándolo a menudo incluso con codazos, empujones y patadas, cosa que fue enfureciéndoles a ambos mientras la mujer trataba por todos los medios de suavizar las tensiones y reconducir aquello hacia su finalidad primera…No lo consiguió. En uno de aquellos forcejeos, a menudo en posturas complicadas, el tercero le propinó un pollazo con su sedimento de líquido seminal incontrolado en la cara al marido, este se indignó y la cosa acabó en pelea salvaje.

La mujer, espantada, hubo de llamar a la policía que intervino para separar a los enfurecidos machos que salieron detenidos del nidito de amor.

TRÍO 3

Tres chicas, universitarias, experimentando, se meten en la ducha…resultado: tres piernas y dos brazos rotos tras resbalón colectivo, ningún orgasmo…y el tenerse que hacer rescatar a gritos y en cueros.

TRÍO 4

Tipo que convence a dos chicas hetero y sufre un gatillazo. Acaba lloriqueando en una esquina mientras ellas, en cueros y en la cama, cotillean vestidos en el móvil sin hacerle caso.

TRÍO 5

Otro tipo que se lleva al catre a una adolescente y a su mejor amiga, mayores de 16 años, todo legal aunque escandalice a algunos…resulta que ambas son vírgenes y se lo confiesan cuando ya no queda más remedio. No añadiré nada más al lance.

TRÍO 6

Otro trío lésbico de jovencitas, de nuevo universitarias. In media res las pilla la abuela de una de ellas…y se pone tontorrona: fuga en masa.

Cosas de la primavera y del placer. Glorifiquemos a Afrodita y Eros.

Y a título informativo, algunos consejos antes de un trío.

© Fernando Busto de la Vega.

EL ATAQUE DE LOS SUPERCERDOS MEGAINTELIGENTES

Mira tú que…

Diré, en primer lugar, que para escribir esta entrada me he preparado, a modo de refuerzo psicológico (estoy muy afectado) un buen bocadillo a base de jamón de Teruel. Y añadiré que de todas las hecatombes que amenazan con aniquilar la civilización acabo de descubrir la peor: los supercerdos megainteligentes de Canadá que rondan la frontera de los Estados Unidos y parecen dispuestos a invadir este país arrasándolo y llegando a instalarse en una Nueva York postapocalíptica.

La película promete ser buena y su argumento, extraído de la realidad, no puede ser mejor.

Hete aquí que los granjeros de Canadá estaban descontentos con el tamaño de sus cerdos, los querían de más volumen y peso para sacarles mayor rendimiento económico (cosas del capitalismo descerebrado y de la codicia elevada a dogma sagrado que padecemos) y empezaron a mezclarlos con jabalíes de tal modo que consiguieron una nueva subespecie porcina de gran capacidad cárnica (es decir: enorme) y gran adaptación al clima así como una inteligencia que supera con creces la del cerdo estabulado y destinado a morir joven y sin experiencia.

Como siempre pasa en estos casos, y nunca se explica debidamente, estos supercerdos de nueva creación, acaso por su enorme inteligencia, lograron escapar de las granjas y retornar a la vida salvaje de sus antepasados silvestres. Mientras esto sucedía en diversas explotaciones, lo que exigiría una profunda investigación, nadie pensó en perseguirlos creyendo que el invierno les aniquilaría. Pero mira por donde, aprendieron a hacer iglús o, lo que viene a ser lo mismo, cuevas en la nieve que forran de hierba para protegerse y aislarse del frío, y llegaron a reproducirse. Ahora su población está disparada, es incontrolable y, como son listos, en lugar de hozar por los montes, asaltan los campos por las noches, arrasándolos. Por lo visto, los granjeros canadienses no están capacitados, o eso dicen, para combatirlos en horarios nocturnos y estos bichos se han adaptado, como sus antepasados jabalíes, a moverse de noche. Un horror.

Durante más de tres décadas, mientras estuvieron en Canadá sin mirar al sur, a nadie parecieron importarles las andanzas de estos supercerdos megainteligentes, solo ahora que amenazan con extenderse por los Estados Unidos se desata el histerismo. Ya sabemos que los Estados Unidos son un país histérico…lo que no acabo de comprender y tener claro es si los yanquis temen a los supercerdos como agentes apocalípticos o como inmigrantes ilegales. En este último caso dicho temor estaría excusado y sería puramente racista. Lo inteligente sería regularizarlos y permitirles desarrollar sus vidas como ya lo hicieron algunas estrellas del espectáculo como Porky Pig o Miss Piggy con quien aquello de joder la marrana alcanzó un nuevo significado en las intimas fantasías de muchos adolescentes y niños de la época.

Así que nada, quedo a la expectativa, nervioso, intentando saber si los supercerdos megainteligentes que amenazan Estados Unidos son una especie de invasión zombi porcina o una causa social que defender. Que alguien me lo explique.

Mientras tanto, ¡qué bocata!

© Fernando Busto de la Vega.

DON HILARIÓN, UN SUGAR DADDY DE ANTAÑO.

Una de las cosas que más me revienta del siglo XXI es ese adanismo basado en la absoluta ignorancia del pasado que conduce a pensar que todo lo relacionado con el amor o el sexo es una invención reciente que adquiere carta de naturaleza en cuanto los yanquis (campeones de la represión y el puritanismo que andan descubriendo el mundo ahora) lo identifican y le ponen un nombre en inglés. Pero lo cierto es que, mal que les pese a los millennials y a la generación Z, todo estaba ya inventado en la época de los romanos e incluso milenios antes. Desde el género fluido al fenómeno queer o el poliamor. Con otros nombres, otras costumbres y mayor o menor publicidad, pero todo existía ya.

Ahora, el sensacionalismo de la prensa (reducto provinciano, conservador y cutre donde los haya en nuestra sociedad) se dirige con fingido asombro y enquistado escándalo a las relaciones entre sugar daddies y sugar babies como si fueran el colmo de la modernidad y de la decadencia. Se olvidan de las queridas a las que los próceres del franquismo les «ponían piso» y una mercería o boutique, o de las cortesanas del siglo XIX…

Esa relación interesada y más o menos encubiertamente sexual entre un hombre de edad acaudalado y jovencitas que se dejaban querer y mantener procurando ofrecer lo menos posible a cambio (más alegría y adulación que sexo) ha existido siempre. Pondré un ejemplo señero: el Don Hilarión de La Verbena de la Paloma.

La Verbena de la Paloma es un sainete lírico, una zarzuela del género chico, con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón estrenada el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid. La historia es, o debería ser, bien conocida: un boticario entrado en años pretende, con el beneplácito de la tía de ellas, a dos jóvenes de la clase obrera (una morena y una rubia hijas del pueblo de Madrid) y se las lleva a la verbena de la Paloma donde tiene que enfrentarse con el novio despechado de una de ellas. Un sugar daddy de antaño.

Añado que, según el libretista, la historia está basada en hechos reales, lo que demuestra que ya en el Madrid de 1894 había sugar daddies y sugar babies, aunque los americanos no le hubieran puesto nombre y agencias especializadas al fenómeno. También que he citado La Verbena de la Paloma, pero podría haber recurrido a novelas como La Dama de las Camelias ( Alejandro Dumas hijo, 1848) o Nana (Emile Zola,1880), bibliografía, sobra.

NOTA.- La segunda fotografía representa a Liane de Pougy, famosa cortesana de finales del XIX y principios del XX, bailarina, escritora, bisexual reconocida y, finalmente, monja en su vejez.

© Fernando Busto de la Vega.

ABANDONAR A MITAD DE POLVO (DESIGUALDADES DE LA VIOLENCIA FEMINISTA)

Que el feminismo fomenta la desigualdad, desprotege al hombre y establece una violencia institucional y social contra los varones heterosexuales a los que comienza por demonizar y acaba por arrebatarles la presunción de inocencia no solo en sede judicial sino a todos los niveles, es un hecho incontrovertible. Quien lo niegue, miente o es estúpido (mejor sería decir estúpida o estúpide, que todos nos conocemos ya).

Pero en esto, como en todo, sirve mejor de explicación algún ejemplo chusco que miles de páginas de argumentación.

Todos sabemos que en la actual situación, y respaldada por las leyes feministas y represivas, una mujer puede poner fin al sexo, al coito, cuando le de la gana sin dar explicaciones ni poder ser siquiera cuestionada. Da lo mismo que el hombre lleve minutos penetrándola y se encamine hacia la culminación o que ella decida interrumpir in media res una hasta entonces entusiasta felación. En cuanto dice: ya me he aburrido, solo queda encogerse resignadamente de hombros y transigir. Por supuesto, todos lo sabemos, tal circunstancia es aprovechada por muchas solo para ejercer su violencia contra el hombre: se le lleva a un punto de no retorno y se le abandona con desprecio y arrogancia. Si el tipo, pensando en su propio bien, transige, es objeto de burlas y desprecios. Si, cegado por la pasión, persevera en su intento, acaba siendo acusado de violación y crucificado en los juzgados y los medios (o las redes) al amanecer. Las leyes feministas favorecen el abuso y la provocación contra el varón y hay una minoría significativa de jovencitas (y no tan jovencitas) adoctrinadas que gustan de practicar esta provocación para humillar o encarcelar a hombres, especialmente jóvenes inexpertos, todos los fines de semana. Pero no se habla de eso. Yo lo sé porque me lo han contado víctimas y, entre risas malvadas, verdugas que actúan con premeditación, alevosía y sabiendo muy bien lo que hacen y a quién se lo hacen, aunque su aspecto general sea inocente, virginal y dulce.

En el otro plato de la balanza, y tampoco se habla de ello, están las posibilidades efectivas que tienen los hombres para interrumpir un acto sexual motu proprio. ¿Qué sucede si un hombre decide, a mitad de coito o de cunnilingus, retirarse y parar? La furia de la hembra defraudada se desata. La renuncia es contada en el número de los gatillazos y el tipo una vez más ridiculizado y vilipendiado in situ (y generalmente a gritos y con arrebatos de cólera y golpes) y a posteriori urbi et orbe por redes sociales y chismes presenciales en aquelarres de amigas y amiguis determinadas a penalizar la renuncia con el desdén y la burla cuando no con una denuncia por violación…para lo cual hay que alterar los hechos, si bien eso no importa porque a ellas siempre se las debe creer.

Pensemos en estos hechos que sottovoce suceden todos los fines de semana en nuestros pueblos y ciudades, especialmente entre adolescentes y jóvenes, y detrás de los cuales siempre hay una o varias cuarentonas de mala baba adoctrinando a sus pupilas y buscando, lo digo a menudo porque es cierto, llevárselas a la cama con unas milongas u otras. A mi el lesbianismo, la bisexualidad y la pasión de las cuarentonas por las adolescentes no me incomodan, me parecen bien. La toxicidad feminista que despliegan algunas de estas safos decadentes y psicopáticas para obtener sus fines son, en cambio, además de inmorales, delictivas.

Pero la omertá se impone, la represión y la censura del feminismo ocultan sucias realidades que nadie se atreve a denunciar y muchos, retirados del mundo por sus matrimonios o sus años, ni siquiera son capaces de ver.

Conviene también ver esta entrada sobre la ley del sí es sí, o esta sobre los discursos misóginos en internet o esta sobre las claves de la estrategia feminista.

© Fernando Busto de la Vega