EL SACO DE HOTEI

HOTEI, DIBUJADO POR KANO TAKANOBU EN 1616. TODAVÍA HOY LA LECCIÓN ESPIRITUAL QUE DEJÓ RESPONDIENDO A DOS PREGUNTAS PROFUNDAS SIN PRONUNCIAR PALABRA ES DE IMPORTANCIA Y UTILIDAD.

Aunque actualmente a Hotei se le considera en muchos países del ámbito budista un dios o un buda, en realidad era un simple seguidor del zen que alcanzó la iluminación y vivió el resto de su existencia terrena conforme a ella.

En su faceta de dios amable y sonriente siempre dispuesto a ayudar y proteger a los niños, las mujeres, las mascotas, a defender el hogar y la inocencia se parece mucho a otro de los dioses del universo alejandrino que se cuenta entre los más preciados de mi larario, el egipcio-cartaginés Besos. Un amable y deforme enano que cumplía esas mismas funciones en el Mediterráneo y dio nombre a Ibiza.

EL DIOS BESOS, PROTECTOR DE NIÑOS, MASCOTAS, MUJERES DESAMPARADAS, DE LO INOCENTE, LO HERMOSO Y LO BELLO AL QUE, COMO PAGANO, SIGO VENERANDO.

Pero como dios Hotei carece de interés. Tan solo confirma esa enseñanza que tratan de negar las religiones monoteístas y, especialmente abrahámicas, de que cualquier ser humano, e incluso cualquier animal, puede alcanzar la divinidad, la condición de dios, si alberga y ejerce virtudes extraordinarias. Tú también, lector, podrías llegar a convertirte en un dios si desterrases la mediocridad de tu vida y te entregases a la grandeza.

El verdadero interés de Hotei, su verdadera enseñanza espiritual, es la que nos lo presenta en su aspecto puramente humano, cuando andaba por los caminos desarrapado y con un saco al hombro. Asumió la identidad del payaso, del loco que representa una oportunidad de risa y felicidad, siquiera pasajera, en la triste vida de los otros. Solía ejercer de bufón con los niños que topaba por las aldeas y les regalaba dulces y juguetes. Cuando alguien serio, alguien que representaba el poder y el orden, se le acercaba, él simplemente extendía la mano y mendigaba. Un hombre que ha alcanzado la iluminación no se digna a tratar con la pompa mundana y mucho menos con los poderosos que se creen poderosos. Únicamente les saca lo que puede para repartirlo adecuadamente. Las limosnas que obtenía Hotei iban a engrosar las golosinas de su saco.

EL LOCO DEL TAROT, UNA REPRESENTACIÓN DE AQUEL QUE HA ALCANZADO EL SATORI Y ADOPTA EL PAPEL DEL PAYASO PARA REPARTIR FELICIDAD Y ESPERANZA AL MUNDO. SI OS FIJÁIS: COMO HOTEI TAMBIÉN LLEVA UN SACO; COMO BESOS TAMBIÉN LLEVA UN CINTURÓN, APRENDED A VER.

Muchos, los ignorantes, le consideraban un loco, alguien despreciable, un simple mendigo…pero los sabios, aquellos que eran verdaderamente sabios, sospechaban, es difícil ocultarle la propia iluminación a otro que la ha alcanzado, que Hotei, en realidad, era un maestro zen, alguien que había alcanzado el satori y lo expresaba en el mundo .

Para comprobarlo sin lugar a dudas, un maestro zen le interpeló un día preguntándole delante de otros maestros cual era el camino hacia la iluminación. Hotei sonrió y, sin pronunciar palabra, dejó su saco en el suelo. Acto continuo, el mismo maestro le preguntó cómo debía vivirse después de la iluminación y Hotei recogió su saco, comenzó a andar y, cerca de allí, hizo reír a unos niños entre los que repartió golosinas.

Esta es la gran lección de Hotei: dejad vuestro saco, vaciaros para ser llenados. Luego recoged de nuevo el saco que sois y caminad repartiendo sonrisas y bondad. Lo demás, no importa. Ni el poder, ni la fama, ni la reputación, ni el dinero…nada. Sonreíd y haced que otros sonrían, apreciad la belleza y lo bueno y haced que otros se sientan atraídos hacia eso…sed indulgentes con los ignorantes que os desprecien u os ataquen…vosotros ya veis más allá.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA INMIGRACIÓN

No deja de resultar significativo que el barrio de los teóricos y activistas de izquierdas y de la progresía no sea nunca un barrio pobre, de clase popular. Ya desde el conde de Saint-Simon, incluyendo a Marx (que estaba casado con una baronesa prusiana a cuya costa vivió) y a Bakunin y Kropotkin (que pertenecían a la nobleza rusa) y alcanzando el elíseo de Galapagar, los demagogos de izquierdas han sido siempre ricos. Por ello suelen tener muy poca perspectiva sobre la realidad de la clase obrera e imponer férreos fanatismos en absoluta desconexión con el sentido común y los hechos objetivos.

Es por eso que la izquierda siempre fracasa. Porque es una revolución impuesta de arriba a abajo por activistas que, en el fondo, son rehenes de su clasismo y consideran que ellos son mejores que las masas y por ello deben dirigirlas, mangonearlas y vivir a su costa, explotándolas.

Uno de los fanatismos más radicales del izquierdismo, de ese izquierdismo de ricos que nunca piensa en los intereses nacionales ni en los de la clase obrera, sino tan solo en utopías irrealizables cuya consecución se supedita siempre al poder tiránico de los demagogos que las proponen de espaldas al mundo, es el de la inmigración.

Para empezar, en este aspecto, como en todos, para asegurar su hegemonía y fingir superioridad moral, juegan siempre al maniqueísmo. Ellos poseen la verdad absoluta y son los buenos y quienes no les acatan se convierten de inmediato en ultraderechistas y fascistas.

Desgraciadamente para mí, yo creo en la razón, la realidad y el sentido común y, al contrario que esos apóstoles de la progresía, me codeo con gusto con todo tipo de gente, desde los más bajos estratos sociales a los más altos (antes más, últimamente solo veo a los ricos de lejos) y ello me aporta una perspectiva más amplia y certera.

Y debo decir que no soy excesivamente optimista en cuanto a la inmigración.

Pondré dos ejemplos que hablan por sí solos. Por razones que no hacen al caso, mantengo cierta amistad con algunas adolescentes de origen marroquí, hijas, por lo tanto, de inmigrantes, que han nacido y se han criado en España, donde han gozado de todos los derechos y beneficios que el país otorga a sus naturales. Uno llegaría a creer que estas chicas se sentirían identificadas con España o, al menos, experimentarían una cierta simpatía por ella. No sucede así. Hablan español, se han librado del hiyab, estudian, a sus dieciséis y diecisiete años están lejos de verse obligadas a un matrimonio forzado…pero jamás pronuncian la palabra España. Y, cuando se refieren a ella, es siempre con desprecio y el pulgar hacia abajo sin querer escuchar qué habría sido su vida de no haber salido de Marruecos. Si esto es así con estas chicas, y no son las únicas que he conocido en semejantes circunstancias, imagínense qué sucederá con los chicos a quienes, además, imbuyen en las mezquitas de los valores coránicos directamente enfrentados a la igualdad entre sexos.

Si alguien ha soñado alguna vez con una integración posible es que no ha estado nunca a pie de calle. La estación final de este intento de asimilación es el ejemplo de Francia…y ya sabemos que conduce a la islamización y a la sustitución del elemento europeo por el africano.

Pondré otro ejemplo.

Conozco y suelo hablar con algunas asistentes y trabajadoras sociales que experimentan la realidad a pie de calle, en primera línea de fuego, y tampoco se muestran demasiado esperanzadas. En ellas, la ilusión y las expectativas de antaño se van convirtiendo poco a poco en pesimismo.

Estas amigas se ocupan de asesorar a eso que viene en llamarse menas subsaharianos, o sea: negros adolescentes africanos que llegan a España con la idea de enriquecerse rápidamente y regresar en Mercedes a sus aldeas.

El primer problema con el que se encuentran estos chicos, aparte de la ilegalidad de su acceso al país, es el de la educación. Cualquier joven español o criado en España ha pasado por la enseñanza obligatoria desde la infancia hasta los dieciséis años y, por lo tanto, les lleva una media de doce años de instrucción. Hasta el más tarugo de los educados en España aventaja al más avispado de los menas subsaharianos en más de una década de instrucción. Pero este es un hecho que los negros africanos no quieren escuchar ni aceptar…

Teniendo en cuenta dicho abismo educativo, incluso derivarlos a cursos de formación profesional que les garanticen unas mínimas posibilidades de encontrar un empleo medianamente útil a su supervivencia resulta muy difícil por no decir imposible. Están condenados de antemano, por mucho empeño que ponga el Estado, a ser temporeros de baja cualificación y, por lo tanto, a no alcanzar sus sueños perpetuándose en la marginalidad y el fracaso.

Por otro lado, su desconocimiento del idioma y de los usos sociales les aparta del contacto habitual con el resto de los ciudadanos que habitan España y los aísla en guetos autorreferenciales. De ahí que, cuando consiguen algo de dinero, en lugar de adquirir la ropa que vestiría cualquier español, compren prendas deportivas de vivos colores y marcas rimbombantes procurándose una apariencia llamativa y ridícula que incide de nuevo en el aislamiento y la dificultad de integración y consecución de un trabajo normal. Su propia ignorancia les condena, y no quieren escuchar, especialmente si son mujeres, las trabajadoras sociales, blancas quienes tratan de ilustrarles.

No entraré aquí, porque se nos va el tiempo, en los sudamericanos que, habiéndose criado e incluso nacido en España, no prescinden de las gorras de béisbol y los atuendos pandilleros y acaban integrados en bandas de delincuentes latinos.

Es triste decirlo, y hay que añadir que siempre existen excepciones, pero la perspectiva de la integración de los inmigrantes es pesimista.

La solución es que las mujeres españolas reasuman su papel biológico y social y se dediquen de nuevo a dar hijos a la patria…y aquí chocamos de nuevo con otro dogma fanático de la izquierda. Una izquierda manipulada y sostenida por nuestros enemigos.

Una izquierda que me tachará de fascista sin querer comprender que lo que expongo aquí no viene dictado por el odio ni por la ideología, sino por la experiencia y la observación objetiva. Al contrario que ellos, yo sí habito en los barrios obreros.

© Fernando Busto de la Vega.

¡SOY BATMAN! (Y EL TÍO DEL BOTIJO)

En su libro Cartas Finlandesas (1898), escrito durante su época de cónsul en Helsinki (entonces una ciudad bajo soberanía sueca), Ángel Ganivet hablaba, entre otras cosas, del famoso dramaturgo Bjorn Bjornson (1859-1942), nacido en Oslo, entonces también bajo dominio sueco, y afirmaba que, con ese nombre, que significaba Oso Hijo del Oso, en España no hubiera podido hacer carrera puesto que todo el mundo asumiría desde su cuna que era un tipo destinado a hacer el oso y se lo tomarían a guasa.

España es así. Pase lo que pase, hay cachondeo…y mucho escepticismo.

Eso puede verse ya en los romances y crónicas de la Edad Media. Allí donde en Francia y Alemania hay fabulación e inclinación a lo maravilloso, en España aparece el realismo más crudo. Está también en Velázquez y su interpretación de las fábulas mitológicas…

Es por eso que uno de los signos más nítidos de la aculturación en la que vivimos en esos aciagos días de decadencia terminal es la popularización del concepto de superhéroe y la ideología irracional, tendente a lo maravilloso y a la depreciación del mérito, el honor y la hidalguía individuales (los superhéroes no lo son por su propia valía, sino por accidente) que desde Marvel, Disney y otras compañías del imperialismo anglosajón vienen inculcándonos como fina lluvia ácida que amenaza con diluir en cal de olvido los vetustos, venerables y nobles mármoles de nuestra propia esencia.

Podría prolongar esta elegía jeremiaca durante decenas de párrafos, pero prefiero resumir el antagonismo entre lo que somos y estamos dejando de ser y lo que pretenden que seamos con una simple anécdota inventada.

¿Alguien imagina qué hubiera sucedido si un tipo en pijama y disfrazado de mamarracho se le hubiera presentado a nuestro abuelo o bisabuelo, el de la boina, la cachaba y el botijo diciéndole: «soy Batman»…?

Pues eso.

Alguien me dirá que la respuesta cultural a los superhéroes anglosajones es Superlópez…personaje dibujado por un leonés (Juan López Fernández) reconvertido en independentista catalán, lo que habla muy a las claras del batiburrillo patrio y lo urgente que es poner orden en la política, pero también en la cultura…alguien, decíamos, podría reclamar que el antagonismo con lo anglosajón perdura en Superlópez…y es posible, pero es un síntoma minúsculo (y mixtificado por la traición a España de su autor) en medio de un océano de propaganda enemiga. Eso sin contar que el mismo Superlópez es un ejemplo claro de aculturación: no existiría como parodia sin la contaminación del Supermán yanqui en la cultura española.

Vamos mal, y no hay signos de resistencia ni renacimiento. Es triste.

© Fernando Busto de la Vega.

EL MUNDIAL DE SEXO Y LA PUREZA EN EL DEPORTE

Hay cosas que nos sorprenden y que no somos capaces de ver venir. Cosas inauditas que nos llenan de pasmo y estupor.

Por ejemplo: el hecho de que el sexo llegara a convertirse en un deporte (con aspiraciones olímpicas) y que su primer campeonato mundial, que iba a celebrarse en Gotemburgo (Suecia, dónde si no), acabara como el rosario de la aurora. Los participantes se amotinaron contra la organización y no habrá competición ni campeones, de momento.

Según declaraciones de la organización, una Federación Sueca de Sexo Deportivo (o algo así), el problema tiene que ver con la pureza e integridad moral en el ámbito deportivo.

Dicha Federación reunió un grupo de actores y actrices porno para llevar a cabo las pruebas gimnástico-sexuales que pretendían ser grabadas y retransmitidas en directo y se llevó el disgusto de comprobar que este grupo de «deportistas» consumían alcohol y drogas, y hasta se dopaban con Viagra, antes de participar en sus competiciones, lo que, evidentemente, iba en contra del espíritu olímpico que se pretendía insuflar a este nuevo deporte. De modo que se procedió a las sanciones y las amonestaciones y los participantes reaccionaron sublevándose contra la organización y boicoteando el campeonato que quedó en agua de borrajas.

¿Quién iba a suponer todo esto?

Yo, por mi parte, estoy indignadísimo, como la Federación Sueca de Sexo Deportivo. El porno miente demasiado. Hay que escenificarlo a pelo, sin drogas, alcohol ni excitantes…y, a ser posible, en jornadas matutinas de lunes a viernes. ¿Qué es eso de tolerar la participación de golfos y golfas politoxicómanos y de mal vivir en las escenas pornográficas? ¿Qué es eso de mancillar el sagrado deporte del sexo olímpico con sustancias indeseables e indeseadas? ¡Esto tiene que cambiar ya!…Acaso para conseguir un deporte sexual como Dios manda deba promocionarse en colegios e institutos a ser posible de intensa influencia religiosa y con espartana disciplina. De ese modo se conseguirán participantes de moral intachable que puedan participar en campeonatos serios y decentes. Imagino también las exhibiciones de Navidades y fin de curso en los salones de actos de esos centros pulcros y dignamente decorosos y las competiciones sabatinas con los padres forofos insultándose entre sí y a los árbitros (digo yo que habrá árbitros en el sexo olímpico como en todos deportes)…

Otro mundo, vaya.

© Fernando Busto de la Vega.

LAS HORMIGAS MACHO Y EL RON-COLA

REGULA MÜHLEMANN. SOPRANO SUIZA.

Escribo de madrugada, empapando la tristeza y la resignada desesperación en abundante ron-cola mientras escucho a todo volumen (pero con auriculares) a Regula Mühlemann y Anna Netrebko…mujeres a las que podría amar, pero que nunca conoceré…como a Safo, Bice o Wallada…

Un zángano de hormiga, un macho alado, pierde su corta vida recorriendo arriba y abajo mi carísimo y nuevo monitor de ordenador en lugar de buscar a la reina con la que reproducirse y crear un nuevo imperio…Pronto serán las tres de la madrugada de un domingo en el que, como él, yo también pierdo el tiempo en paraísos aparentes, en espejismos inútiles.

ANNA NETREBKO EN SUS BUENOS TIEMPOS.

Podría estar acompañado de alguna mujer, pero eso no cambiaría las cosas. Seguiría buscando y fingiendo encontrar paraísos aparentes pronto disueltos en amarga realidad.

El amor es una droga poco aconsejable a ciertas edades…y sin embargo…

No me hagáis caso, parla il vino (Le Nozze di Figaro, para los que necesitéis la referencia para entenderme).

© Fernando Busto de la Vega.