LAS MUJERES Y EL SÍNDROME DE PETER PAN

«NO QUIERO QUE ME VEAN COMO A UNA VIEJA, TODAVÍA SOY ATRACTIVA Y PUEDO LIGAR POR AHÍ, PERO ME DISCRIMINAN POR SER MENOPÁUSICA»…

Vale, el rollito MILF lo compro…aunque, como es universalmente conocido, soy mucho más de jovencitas, pero todo tiene su límite y nada hay más triste que alguien que no acepta su condición natural y lo que esta supone para su atractivo físico.

Cierto, soy culpable: a mi edad y con mi físico sigo peleando en las grandes ligas, pero con pleno conocimiento de causa y aceptación de la decadencia que me afecta. Soy consciente de mi barriga, de mi cabeza rapada, de…todo, pero, mira: de momento el porcentaje de éxito y la calidad del servicio siguen manteniéndome en un buen nivel. Hay tíos más guapos, más jóvenes, más musculosos, con mejores coches y más dinero, incluso con la polla más grande (esto último es triste admitirlo), pero yo sigo llevándome gratis y por la cara mi cuota de amor y belleza de calidad. Lo digo siempre: algún día caeré, pero, de momento, sigo en pie.

Y cuando caiga, habré caído. Lo aceptaré sin lamentaciones ni dramas, con la eterna sonrisa con la que miro la vida. Será, desde luego, un descanso…eso de ligar, estresa; estresa mucho. Y sale por un pico…que si vamos aquí, que si vamos allá, que si hay que comprar ropa interior de calidad (mis amigos siguen riéndose de mis calzoncillos de seda para las grandes ocasiones)… y luego están los hoteles, porque si te las llevas a casa…bueno, soy un solterón de los habituales: tengo que dedicar horas a limpiar el piso para que no me arruguen la nariz al entrar, y resulta un coñazo. Así que o pagas el hotel o una asistenta, el caso es que hay que gastar.

Pero a lo que íbamos: las mujeres de cierta edad (fajas moldeadoras, olor a crema, rodillas arrugadas, muslos frailones, melindres adolescentes en el corazón…) y su síndrome de Peter Pan.

Que las mujeres andan alobadas con la tontuna del feminismo no es ninguna novedad, que la ideología las ha desconectado por completo de la realidad y de la naturaleza, tampoco.

Por azar me encuentro en la página web de un periódico de tirada nacional este especial para subscriptores (no sé quién pagará por leer o escuchar algo así, pero ellos conocerán su negocio) sobre la menopausia.

Naturalmente, ni soy subscriptor ni voy a perder el tiempo con un reportaje semejante, pero me llaman la atención algunos de los titulares que destaca el medio para atraer lectoras (lectores, no: eso ya lo digo desde aquí). Dice una de las aludidas: «No queremos que se nos vea como viejas» y otra: » Parece que si no puedes tener hijos no eres ni mujer ni atractiva»…

No diré nada. Me limitaré a encogerme de hombros y recordar, a quien quiera recordarlo, cual es la función última de la hembra de la especie: asegurar una descendencia sana y de alta calidad. Por Helena se puede y se debe asediar Troya, por la mamá de Helena o su abuelita, pues ya…Estamos olvidando la dinámica de la naturaleza y las funciones naturales que aseguran no solo la supervivencia de la especie sino la calidad de algunas estirpes claramente superiores y eso nos conduce a la catástrofe.

Hay una clara diferencia entre las MILF y las señoras ajadas. A estas últimas, un último consejo: pagad y se os follará. Yo no, claro: los profesionales adecuados. Ya no tenéis belleza, pero sí dinero…aprovechadlo…¡Ah, no! que la prostitución es esclavitud y debe prohibirse (¿o solo la que puedan aprovechar los hombres?).

En fin, dejo el siguiente vídeo como testimonio de mi simpatía por las MILF y las niñas bonitas y para limar asperezas. O no, me da igual…¿a quién le importan las viejas?

© Fernando Busto de la Vega.

LOS DISTURBIOS EN FRANCIA Y EL FRACASO DEL LIBERALISMO (Y EL COMUNISMO)

Ya en 1934 Enrique Santos Discépolo escribía el tango Cambalache afirmando: «que el siglo XX es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue». Ahora podemos afirmar también que fue un fracaso absoluto cuyo legado estamos sufriendo y pagando con creces.

Y lo peor es que, aunque lo parezca, nada ha cambiado. El mundo en el que vivimos sigue siendo el impuesto en 1945, en otras palabras: la ideología que destrozó el mundo, no solo Europa, sigue vigente. Por lo tanto: los errores continúan repitiéndose una y otra vez y la crisis se ahonda sin que ninguna institución de las existentes sirva en absoluto para frenar la espiral descendente que nos conduce al desastre.

Los disturbios cíclicos bajo diferentes excusas que sufre Francia (y también Estados Unidos) son un buen ejemplo de este fracaso que alienta latente en las periferias deprimidas donde los neodamois fueron hacinados y marginados durante décadas como simple mano de obra barata y campo de acción demagógica del progresismo y de esa izquierda sin rumbo dividida en dos grandes corrientes: aquella que, manejada por Moscú o Pequín, buscaba la ruina de los Estados occidentales y de su influencia a través del fomento del racismo antieuropeo o antiblanco (del que no se habla porque es contrario a los dogmas dominantes hacerlo) aun dentro de esos mismos países occidentales utilizando para ello la inmigración, y aquella otra, tildada de socialdemócrata, que buscaba sostener el estatus económico de sus votantes burgueses manteniendo a los inmigrantes y pobres en barrios apartados y tratando de mantenerlos alejados de la disidencia y la delincuencia mediante «acción social», esto es: sobornos. Mientras que la derecha simplemente los abandonaba a su suerte confiando por entero en la represión.

Hemos visto ya que ese modelo ha fracasado, que los regímenes liberales que lo promovieron son cascarones vacíos sin valores firmes que proponer e imponer y sin capacidad de seducción y absorción. El parlamentarismo liberal progresista y capitalista instaurado en 1945 en Europa por el dominio colonialista de los Estados Unidos ha dejado de ser útil, ha fracasado. Debemos, por lo tanto, arrumbarlo al vertedero de la historia, olvidar de una vez el siglo XX y comenzar en serio el XXI, que no puede continuar con las mismas premisas, ideologías y oligarquías que el anterior. Necesitamos una revolución verdadera y profunda que no puede ser complaciente con el pasado (ni liberal ni marxista) y es preciso recuperar los grandes valores de la Civilización e imponerlos por los medios precisos, sean estos los que sean. La fuerza y la violencia son un camino desagradable, pero a menudo necesario para la regeneración. No olvidemos que padecemos serios problemas (no solo sociales) y es preciso solucionarlos con rapidez y eficacia.

Por cierto, será bueno que el lector dedique también algunos minutos a constatar que al otro lado del Atlántico, en las Américas del norte y del sur, el mismo modelo ideológico, político y social ha generado similares problemas. No es una casualidad lo que sufre Europa, es una consecuencia global de unas ideologías equivocadas impuestas por los intereses de unas oligarquías perjudiciales y parasitarias.

Necesitamos una revolución antiliberal y antiprogresista, también antimarxista y antimaoísta, que fluya hacia arriba (contra las oligarquías) y hacia abajo (contra el lumpen-proletariado irrecuperable para la civilización). Es difícil, ya lo sé. pero cruzarse de brazos y ser condescendiente con el desastre que se nos aproxima para erigirse en individuos grises, inertes y políticamente correctos no solucionará nada, mimetizarse con las imperantes ideologías e intereses que nos han conducido a este abismo, tampoco.

Revolución o caos, esa es la disyuntiva.

Y os conozco: será el caos. Fracasaremos.

© Fernando Busto de la Vega.

HONREMOS HOY A APOLO Y DIONISOS

Honremos hoy a Apolo.

Señor de los lobos, protege mis pasos en la oscuridad de la noche. Dirígeme hacia el amanecer.

Y no olvidemos tampoco a Dionisos.

Señor del éxtasis, condúceme ante mi esposa celestial. Que la niebla del mundo no oculte su brillo eterno y podamos beber, como siempre, de la misma copa.

¡Evohé!

© Fernando Busto de la Vega.

TÉCNICA DEL GOLPE DE ESTADO (UN LIBRO A REDESCUBRIR, ESPECIALMENTE POR PRIGOZHIN)

Ya sé que recomendar un libro escrito por un fascista convicto y confeso como Curzio Malaparte está muy mal visto en estos días de puritanismo progre, pero, amigos, la verdad y el conocimiento hay que buscarlos en todas partes. Quien se adhiere a una sola opinión, a una sola línea política, a una sola religión es, por definición, un imbécil y un tirano en potencia. En la vida, para ser sabio y útil, es preciso desayunar con Dios y cenar con el Diablo.

De modo que sí, voy a aconsejar a todo el mundo la lectura del libro Técnica del Golpe de Estado publicado en francés por el citado Curzio Malaparte en 1931. Y se lo recomiendo especialmente a Yevgueni Viktorovich Prigozhin, todavía jefe de las tropas del Grupo Wagner, porque parece que no la domina, circunstancia que, sin duda, le conducirá a la cárcel o a la muerte.

Sin entrar en las conclusiones de Malaparte que el propio lector podrá conocer leyendo el libro sugerido, añadiré un consejo de mi propia cuenta.

A saber: los golpes de Estado no se paran. Si te lanzas, hay que llegar hasta el final, sea este la muerte o la victoria. Amagar y no dar es labrarse el fracaso y la desgracia. Después de lo sucedido en Rostov y de la falta de coraje para llegar hasta Moscú Prigozhin está muerto y se lo ha ganado por sus propias torpezas. Una de dos: u obedeces y mantienes la disciplina o, si la rompes, llegas hasta las últimas consecuencias. A veces un pequeño contingente motivado (y se puede motivar a los mercenarios si se sabe hacerlo) que actúa con audacia y velocidad puede llegar a triunfar contra un tirano. Arrepentirse y creer las promesas del tirano parando a medio camino es estúpido.

En otras palabras: Adiós Prigozhin, tú te lo has buscado.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA NOVIA FINLANDESA

Aunque lo diga el poeta, cualquier tiempo pasado no siempre nos parece mejor. A menudo, sí más raro.

Será porque son las cuatro de la mañana de un sábado de junio y estoy comiendo tortilla de patata con pan duro acompañada de ron con zumo de melocotón justo después de que mi última acompañante se haya marchado tras casi treinta horas seguidas de aguantarme sin querer esperar siquiera al segundo amanecer que gloriosamente nos hubiera encontrado juntos (hubo hogueras de San Juan, restaurante hindú, copas, bailes y largas horas de intimidad que no alcanzaron al desayuno dominical) y esto, quizá, me induce a la nostalgia y un cierto asomo de triste derrota (de hecho, estoy a pique de ponerme a escuchar a todo volumen aquella canción de Hilario Camacho intitulada «Tristeza de Amor»…¿La recuerdan?: » Tristeza de amor, juego cruel, jugando a ganar, has vuelto a perder…»).

En realidad, seré sincero, mi adorable acompañante de estas últimas horas, y lo digo porque sé que no lee este blog (ni lo conoce siquiera), me da un poco igual. Es joven, es hermosa, alegre…pero la olvidaré con facilidad. Mis verdaderos intereses andan lejos: en Canarias, en Viena, en brazos de otro tipo, en la lujosa piscina de un tercero, este francés, ubicada en cierta urbanización de alto standing algo provinciana, convirtiendo su terraza en la selva tropical en los intervalos que le dejan el trabajo y su pasión por el satisfyer…

Se dice pronto: seis mujeres a las que podría amar con locura y que por distintas razones, aunque me llaman, me envían correos y hasta me alientan y tratan con dulzura, no puedo tener a mi lado en madrugadas como esta en las que debo sustituirlas por otras igual de buenas, pero a las que no amaré y por las sobras de alguna cena pasada con un mejunje extraño y experimental (el ron con zumo de melocotón) para pasar las horas de triste insomnio hasta el café con leche y churros del alba.

Quizá por eso ando medio nostálgico y haciéndome el veterano escritor atormentado.

En cualquier caso, no puedo dejar de pensar en cierta novia finlandesa que tuve una vez y que constituye uno de esos casos desastrados de la biografía de todo literato que se precie. Un caso exótico y raro que, lógicamente no podía durar.

La chica en cuestión decía llamarse Lumi…(la conocí en Stuttgart, y allí el nombre no tenía importancia, cuando se empeñó en venir a España la cosa cambió, claro).

Lumi era como uno supone que deben ser las finlandesas: alta, rubia…y absolutamente obsesionada con el vodka y el existencialismo. La pobre no hablaba más que finés y sueco, idiomas del todo ignotos para mí, de modo que nuestras largas y sesudas conversaciones que se apoyaban tristemente en nuestros rudimentos de inglés, ruso y alemán, tendían a ser animadas contiendas mímicas, pero como ambos éramos intelectuales, los conceptos nos complicaban mucho la vida. Intente si no el lector escenificar mímicamente ideas como angustia vital, nada, absurdo, pathos o reflexión primaria…

Para ser sinceros, Lumi resultaba un auténtico coñazo. Era una acérrima seguidora del cine de Ingmar Bergman y se pasaba el día entero viendo sus películas en sueco. Por si fuera poco, también le entusiasmaba Fassbinder y, cuando descansaba de Bergman, veía las películas de Fassbinder en alemán con subtítulos en finlandés…Yo trataba de contraatacar poniéndole Los Bingueros y La Ciudad No Es Para Mí, pero a los pocos minutos de metraje entraba en cólera y me arrojaba a la cabeza la botella de vodka que acababa de vaciar, nunca se dio la circunstancia de que me tirara una que contuviera aún algo de licor.

A menudo, cuando ya la tajada iba avanzada, le daba por entonar largos y agresivos monólogos en cueros ante el espejo, al que insultaba y gritaba hasta caer vencida por el Koskenkorva Viina, el Lonkero o el aquavit sobre la alfombra, muy poco elegantemente despatarrada, roncando cual camionero y babeando sin cuento ni tino. Al principio yo, galante, la recogía en brazos y la llevaba a la cama donde la arropaba…al cabo descubrí que prefería quedarse allí y despertarse en medio de su propia miseria (y de su propio vómito u orines) de modo que la dejaba donde caía, pero asegurándome de colocarle un plástico debajo, por si las moscas.

Lo más curioso de todo es que Lumi deseaba sobre todas las cosas aprender a bailar el tango y creo que por algún mal entendido de nuestras largas conversaciones filosóficas en lenguaje mímico y quizá por el hecho de ser yo español (o sea: latino a grandes rasgos para ella) estaba convencida de que era un consumado maestro de dicha danza. Nunca la desengañé. Con tal de que dejase de dar la vara con Bergman y Fassbinder, de insultarse desnuda en el espejo y de darle a los espirituosos de su patria, cualquier cosa. Y es así como, a lo largo de los escasos meses que duró nuestra relación, le di diarias lecciones de lo que ella creyó que era tango y podíamos describir mejor como contorsiones, desplazamientos y poses ridículas y sin sentido aderezadas con oportunas palmadas y «jeys» de lo más raciales.

¿Por qué la aguanté?

Bueno, era muy guapa, estaba el sexo, que compensaba medianamente todo lo demás…Pero, sobre todo, me gustaba el efecto que causaba en mis amigos y en los amigos de mis amigos cuando la presentaba diciendo:

— Esta es Lumi, mi novia finlandesa.

¡Quedaba tan exótico y me hacía tan guay! ¿Soy superficial?

Que nadie se preocupe: pagué cara mi superficialidad. Acabó dejándome por un senegalés bajito y bizco.

© Fernando Busto de la Vega.