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LA PAYASADA DE LEÓN XIV EN ESPAÑA

Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán español, y esta inapelable realidad es aplicable a las payasadas que el papa León XIV ha venido a predicar a España, especialmente en relación con la invasión de migrantes africanos que estamos sufriendo.

Hay que explicarle al papa, y a quienes comulgan (siendo católicos o progres) con sus posiciones, que un país, un continente, no es una ONG, no es una maquinaria destinada a sacrificar el presente y el futuro de sus nacionales para satisfacer las desordenadas ambiciones de naturales de otras regiones, sino un instrumento para el mantenimiento de la prosperidad y el progreso de esos nacionales (que son, junto a sus antepasados, quienes con su esfuerzo, trabajo, estudio y predisposición la han instalado en la vanguardia económica, social y cultural del mundo) así como la defensa y expansión de la Civilización, papel que España, como sabemos, cumplió sobradamente en el pasado y está destinada a cumplir en el futuro.

Ello es incompatible con arruinarse aceptando pasivamente la invasión de elementos culturalmente inferiores que en la mayoría de los casos (puedo afirmarlo por mi experiencia profesional diaria) ni saben leer ni escribir y mucho menos manejar la nueva tecnología ni adaptarse a las costumbres europeas ni desean aprender ni adaptarse. Antes al contrario, importan a Europa las suyas hasta el punto de corroer los barrios en los que se hacinan y cuyos bancos se atestan de negros tumbados o repantigados descalzos y con las barrigas al aire, vagueando durante todo el día y toda la noche y de moros gritando y acosando mujeres en todas las esquinas (donde muchos de ellos se dedican a trapichear) …¿Le parece al lector bienintencionado una descripción racista y xenófoba? Eso es porque no ha sufrido esta invasión. Le recomiendo, si tiene ocasión, que se pasee por el barrio de las Delicias de Zaragoza o el del Gancho de la misma ciudad y luego opine. Si no puede trasladarse a Zaragoza, no importa: España y Europa están llenos de barrios semejantes, degradados hasta el extremo por la inmigración africana y americana.

¿Es de recibo que alguien, cualquier figurón internacional, cualquier ideología estúpida, nos obligue a soportar esto? ¿A aceptar unos procesos inasimilables que nos convierten, paso a paso, en países del tercer mundo? La inmigración depaupera la sociedad europea y ese es un hecho incontrovertible. Seguir en la misma línea que hemos seguido hasta ahora y que defiende el papa, solo tiene un final: la destrucción de Europa y su conversión en un territorio arrasado, alejado del progreso, la riqueza y la civilización, en un continente fallido hundido en la miseria, la ignorancia y el islam.

Es preciso recordarle a ese payaso vestido de blanco que llaman León XIV y tuvo la humorada de viajar a Canarias para defender políticas tan desastrosas, que los migrantes africanos son en su mayor parte musulmanes y lo primero que hacen, en cuanto llegan a España, es organizar una mezquita. No una iglesia ni un centro de estudios de cultura europea: una mezquita, mientras que los americanos, aparte de introducir las bandas de delincuentes hasta hace un par de décadas por completo desconocidas en Europa, suelen apiñarse en otra de las sectas que amenaza a la civilización: las iglesias evangélicas.

De modo que la inmigración, además de delincuencia, pobreza e involución, inunda España de dos de las más peligrosas sectas que amenazan a la Civilización en el mundo: el islam y el evangelismo. Ya solo por eso debería controlarse con microscopio quién entra en España y como se comporta. Porque las actuales políticas son disolventes y destructivas y solo pueden ser impulsadas por memos absolutos o traidores. Da lo mismo, ambas categorías deben ser apartadas del poder a la mayor brevedad y castigadas duramente por sus crímenes. El papa-payaso es un propagandista de estas políticas y, por ende, cómplice de estos crímenes.

Es preciso explicarle también a León XIV que España es una tierra repoblada. Según avanzó la Reconquista, nuestra gloriosa y costosa liberación del yugo musulmán, proceso secular que salvó a Europa y la convirtió en lo que es hoy, fueron repoblándose las tierras que los moros abandonaban. Y se hizo con método y unas líneas políticas muy claras. En primer lugar, se elegía repobladores que mejoraran la raza. No cualquiera podía instalarse en las tierras liberadas de la frontera. Por regla general se trataba de gentes del norte de la península sin mezclas perjudiciales (Roma, con su legado genético unido al de celtas e íberos, y los visigodos eran la materia de la repoblación a la que se unían, gentes procedentes del norte de los Pirineos). Y esto fue así desde las primeras repoblaciones en el siglo VIII hasta el siglo XVIII cuando siglos después de acabada la Reconquista se decidió repoblar Sierra Morena y se hizo con alemanes católicos. Porque esta es la segunda parte de la ecuación: España se construyó con la dirección genética adecuada y la estructura ideológica precisa. En ese sentido, la Inquisición (tan denostada por los anglosajones y germanos protestantes porque les impidió eficazmente mangonear en España) no fue un instrumento de atraso, sino de defensa de la unidad cultural y moral que llevó a España a convertirse en la Nueva Roma llevando la Civilización no solo a América, sino al orbe entero.

Esa debe seguir siendo, en el siglo XXI, la política rectora de nuestro desempeño como nación: una defensa cerrada de nuestro legado genético y cultural que excluye por definición el asentamiento de negros, moros y otras razas secundarias en nuestra tierra sagrada. Otra cosa es avanzar hacia el tercermundismo y la destrucción. Convertir a Europa en una África 2.0 en plena y desastrosa involución.

Por otro lado, ante un panorama en el que se le está regalando la nacionalidad española a gente que ni siquiera es capaz de hablar correctamente el español, a menudo ni de balbucear un par de palabras, habría que recordar a los traidores que nos gobiernan que español se es, por constitución inmemorial, por derecho de sangre. Todo lo demás, aunque se haya legislado en las ilegítimas cortes del ilegítimo régimen de 1978, es traición, es contrafuero. Y deberá pagarse.

Lo dejo aquí.

Clown in bishop attire with colorful robe and mitre holding a staff at seaside
UN PAPA-PAYASO

© Fernando Busto de la Vega.

AMALIA DE HOLANDA, MAFIAS, BANDAS LATINAS Y LA INOPERANCIA DEL PROGRESISMO

La noticia no deja de ser llamativa. Al parecer, Amalia de Holanda, la princesa heredera de los Países Bajos, está siendo amenazada por una mafia de origen marroquí, pero asentada y desarrollada en Holanda, cuyo jefe, Ridouan Taghi, ha sido encarcelado y maquina con matarla como forma de presionar al Estado neerlandés. Lógica consecuencia del equivocado enfoque ideológico del liberalismo y el progresismo que padecemos en Europa y del calvinismo político e ideológico dominante.

En España la proliferación de bandas latinas está disparando la delincuencia y amenaza con convertir el país en un lugar inhabitable como, de hecho, lo son aquellos países de donde proceden los miembros de estas bandas. Todo ello sin que se haya puesto coto todavía a las mafias gitanas, porque son mayoritariamente gitanas, de la droga. Pero la ideología dominante hace que no se pueda informar, ni siquiera en el régimen interno policial, sobre la entidad étnica de los delincuentes. Mientras se inventan y se promocionan delitos puramente ideológicos y destinados a imponer una doctrina política determinada (y perjudicial a la vez que inoperante) como la violencia machista o el delito de odio, se permite que las mafias en general y las organizadas por extranjeros en particular arraiguen, se desarrollen y alcancen la capacidad de llegar a chantajear al Estado, o a barrerlo de zonas determinadas (todos esos barrios en los que por una razón u otra no entra ni siquiera la policía, barrios cuya composición étnica, por imperativos de la inquisición progre, dejo a la perspicacia del lector)…

Ese es el camino que llevamos. El liberalismo progre es ineficaz, peor aún: contraproducente y, si permitimos que siga dirigiendo nuestros destinos, acabará destruyendo Europa.

Un delincuente, sea cual sea su origen étnico o social, no es ni puede ser considerado una víctima. Se ha convertido en un depredador, un parásito, que debe ser eliminado. Una célula cancerígena que debe ser erradica para preservar la salud del organismo social. Cualquier excusa, forma de pensamiento o ideología que impida la persecución implacable y eficaz de esos entes gangrenosos resulta indeseable y nociva. Es la hegemonía social de las personas honradas expresada a través de un Estado fuerte e implacable con el crimen y el vandalismo disolvente la que debe imperar en las calles y campos de los países avanzados. El progresismo liberal nos conduce de cabeza a la anarquía y el caos. Acabemos con él antes de que acabe con todo.

Muchos me tildarán de racista y ultraderechista por decir abiertamente estas cosas. Y ese es el problema: su ciego fanatismo ideológico que les impide el raciocinio convirtiéndoles en ladrillos de una dictadura perjudicial y destructiva, de un muro obsesivo y gris financiado por enemigos de los pueblos europeos que de algún modo antes que después deberemos soslayar para llevar a cabo las actuaciones necesarias para convertir en una realidad tangible la verdadera democracia.

© Fernando Busto de la Vega.