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EL PENSAMIENTO MÁGICO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Estados Unidos es un país del Tercer Mundo tanto por las condiciones socio-sanitarias en las que mantiene a sus ciudadanos como por la limitación formativa e intelectual de sus académicos que solo leen a anglosajones y a algún que otro alemán y, por lo tanto, aunque se den mucho autobombo y se dediquen a intercambiar felaciones académicas e intelectuales entre universidades con prestigio inflado por la propaganda de clase, carecen de las perspectivas culturales y doctrinales necesarias. Quieren entender cómo van a actuar los rusos, sin leer a los rusos y sus estrategas y estudiosos. Quieren entender como lo harán los iraníes, sin saber iraní ni conocer la remota y compleja historia persa. Y así todo. Les basta con encastillarse en su «verdades» históricas e intelectuales, que suelen ser mentira, y pontificar desde sus dorados púlpitos de charlatanes incultos y estultos.

Pero, sobre todo, Estados Unidos es un país del Tercer Mundo (y bastante limitado y despreciable) por la prevalencia entre su población del pensamiento mágico que vemos asomar a ambos lados del espectro político, tanto entre los wokes como entre los magas.

El problema de los Estados Unidos, lo hemos explicado más de una vez en estas páginas y en otras (leed: ¡Está vivo!…Espera, no), es que desde antes incluso de su independencia era ya una sentina de las sectas más ridículas y contraproducentes de la Reforma Protestante que, en sí misma, ya era un dislate intelectual y un agujero negro civilizatorio.

La reforma de Lutero comenzó con el provincianismo supremacista y racista de este monje alemán que, visto en la obligación de viajar a Roma, se encontró de frente con el Renacimiento y no supo asimilarlo. Además, vivió en una época en la que el racismo supremacista alemán (siempre presente) y la avaricia de sus súbditos (incluyendo a los flamencos) habían sido humilladas por los meridionales, especialmente por los españoles.

Cuando Castilla tuvo la desgracia de padecer a Felipe I el Hermoso como rey (1504-1506) los miembros flamencos, borgoñones y alemanes de su camarilla se lanzaron sobre el reino para saquearlo a manos llenas en una práctica habitual de estas etnias desde la época del imperio romano, cuando organizaban expediciones de saqueo al oeste del Rin y al sur del Danubio. Más adelante, el expansionismo del Sacro Imperio Romano Germánico convertido en instrumento de dicho supremacismo y dicha avaricia que a menudo caía en el simple y llano latrocinio les acostumbró a robar, conquistar, oprimir y saquear a sus vecinos del este. Pensaron que lo mismo iba a suceder en España. Pero se equivocaron. Los reinos españoles reaccionaron enérgicamente con una serie de revueltas (Comunidades de Castilla, Germanías de Valencia) e institucionales (cortes de Zaragoza en 1520) que frenaron la invasión alemana en España. El mismo apartamiento del poder de Juana la Loca tuvo mucho que ver con su entrega a ese latrocinio que encabezó su marido, al que estúpidamente idolatraba.

A partir de ahí, se volvieron las tornas y los españoles, que además habían descubierto y conquistado América vetando su comercio a los gringos del norte, empezaron a gobernar (por cierto: con justicia y acierto) sobre Flandes, Borgoña y otros territorios alemanes.

Los teutones, racistas y avaros, se veían en la obligación de rendir cuentas a los españoles y debían pagar impuestos en lugar de poder saquear los reinos de España. Estaban, lógicamente, resentidos. Ese fue el caldo de cultivo de las ridículas y estúpidas alharacas de Martín Lutero y de cuantos le siguieron.

Desde su mismo origen el protestantismo se basó en el rechazo a la realidad, la avaricia y el racismo supremacista de los bárbaros germanos del norte, envidiosos desde los tiempos de Roma de la superioridad moral e intelectual de los romanos, especialmente, españoles e italianos.

Pero la Reforma, sobre todo en el ámbito calvinista, pero no solo en él, tuvo un efecto mucho más nocivo. La idea de que cualquiera podía interpretar las escrituras a su libre albedrío e incluso recibir directamente revelaciones divinas sin que estas fueran fiscalizadas por un estamento racional y doctrinal competente dio vía libre a un sinfín de iluminados sin base mística, cultural o doctrinal que dieron origen a un desmadre de sectas ridículas, absurdas y ayunas de todo fundamento intelectual o espiritual.

Con gente como los cuáqueros o los metodistas las compuertas del pensamiento mágico e irracional se abrieron para las grandes masas germánicas que habitaban en lo que serían los Estados Unidos y ese fue el caldo de cultivo de la conformación e independencia de esta nación destinada desde el minuto uno a ser tercermundista y regida por un pensamiento mágico (que encontramos desde el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe, hasta nuestros días con los wokes y los magas). Estados Unidos es el pasado, lo fue siempre, incluso cuando logró convencer al mundo de que era el presente y el futuro.

Estamos aburridos de oír hablar del Realismo Mágico del boom de la literatura hispanoamericana de los sesenta y setenta (en realidad un invento de las poderosas editoriales catalanas para borrar el legado español en América y complacer a su burguesía supremacista y afrancesada con regustos de marxismo de salón), pero no estaría de más comenzar un profundo estudio sobre el Realismo Mágico anglosajón que podríamos remontar, no sé…¿A Washington Irving? y que en mayor medida que en el sur del continente afectó a la política y la sociedad. Quizá lo hagamos.

Y quede aquí, que esta entrada empieza a ser demasiado largo y enjundiosa para un simple blog.

© Fernando Busto de la Vega.

ELOGIO DEL LIBERTINAJE (Y DEL HEROISMO CABALLERESCO)

Salvo por el hecho de que la fama negativa de los Borgia responde más bien a la xenofobia de los italianos contra una familia española que recogieron los protestantes para justificar su quebrantamiento del orden jurídico internacional (ruptura que les condujo entre otras cosas a naturalizar la piratería como acto comercial) y dejando aparte mi desdén por Orson Welles, a quien estoy lejos de considerar un genio (todo lo más un émulo tardío de las vanguardias europeas, especialmente alemanas) suscribo la frase que ilustra el vídeo de esta entrada («En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras, matanzas , pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento; en Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, paz y democracia y ¿cuál fue el resultado? El reloj de cuco»). El puritanismo y el dominio gris de los comerciantes que constituyen la base del parlamentarismo liberal capitalista (que, por mucho que insista, no es ni se parece a la democracia) bloquea la creatividad (imponiendo una censura omnipresente a diversos niveles) y conduce a la decadencia moral, cultural y artística.

Es preciso, si queremos sobrevivir, librarnos del liberalismo y todas sus mentiras (incluida la de la igualdad, que es la más nociva de todas. Guste o no hay pueblos que hicieron y expandieron la Civilización y otros que todavía hoy se niegan a aceptarla y parecen incapaces de asimilarla y deben, por lo tanto, ser gobernados).

La moral calvinista del liberalismo capitalista, basada en el puritanismo bíblico y la codicia económica propia de los provincianos burgueses alemanes del XVI que se extendió con el protestantismo permitiendo el auge de clases desprovistas de educación, ayunas del sello glorioso de la caballerosidad medieval (no resulta extraño que los judíos fueran, a la postre, los grandes beneficiados del auge del protestantismo pues jamás se habían visto inmersos en la gloriosa tradición europea y helenística del héroe que devino en la figura del caballero, solo fueron especuladores y usureros y esa conculcación de los valores heroicos les vino como anillo al dedo para expandir sus negocios), es una forma de decadencia acentuada desde la Revolución Francesa y la caída del imperio español.

Y no debemos equivocarnos, la izquierda (incluyendo a progres y wokes) ha heredado ese germen de decadencia y la moral pacata del liberalismo, no olvidemos que Marx era un judío alemán crecido y educado en pleno Romanticismo, movimiento que significó la culminación de la mentalidad calvinista-protestante, y legó a sus émulos y seguidores toda esa moral decadente y puritana de la que todavía hacen gala los marxistas y afines. El anarquismo tiene la misma raíz, ergo la izquierda, incluso en su vertiente supuestamente más revolucionaria, cumple el mismo papel que el liberalismo capitalista: la degradación de la grandeza humana que conduce de cabeza a la decadencia social, moral y cultural.

Tenemos que cambiar de paradigma, retornar a la idea heroica y caballeresca, al paganismo que permite a cualquier ser humano alcanzar la condición de dios si demuestra la grandeza necesaria, al hombre que, manteniendo la ecuanimidad apolínea del nada en exceso, sabe que todo le está permitido y que las grandes acciones limpian por sí mismas las miasmas de los grandes placeres. Es preciso inaugurar la época salvaje de los héroes libertinos que nos conduzcan al nuevo nivel superior de civilización.

Sé que la mayor parte de vosotros no entenderá lo que estoy diciendo. Vivimos todavía entre tinieblas, pero yo confío en el Sol Invicto y en Cronos-Zerván, la luz regresará en forma de relámpago justo antes del alba.

© Fernando Busto de la Vega.

AMALIA DE HOLANDA, MAFIAS, BANDAS LATINAS Y LA INOPERANCIA DEL PROGRESISMO

La noticia no deja de ser llamativa. Al parecer, Amalia de Holanda, la princesa heredera de los Países Bajos, está siendo amenazada por una mafia de origen marroquí, pero asentada y desarrollada en Holanda, cuyo jefe, Ridouan Taghi, ha sido encarcelado y maquina con matarla como forma de presionar al Estado neerlandés. Lógica consecuencia del equivocado enfoque ideológico del liberalismo y el progresismo que padecemos en Europa y del calvinismo político e ideológico dominante.

En España la proliferación de bandas latinas está disparando la delincuencia y amenaza con convertir el país en un lugar inhabitable como, de hecho, lo son aquellos países de donde proceden los miembros de estas bandas. Todo ello sin que se haya puesto coto todavía a las mafias gitanas, porque son mayoritariamente gitanas, de la droga. Pero la ideología dominante hace que no se pueda informar, ni siquiera en el régimen interno policial, sobre la entidad étnica de los delincuentes. Mientras se inventan y se promocionan delitos puramente ideológicos y destinados a imponer una doctrina política determinada (y perjudicial a la vez que inoperante) como la violencia machista o el delito de odio, se permite que las mafias en general y las organizadas por extranjeros en particular arraiguen, se desarrollen y alcancen la capacidad de llegar a chantajear al Estado, o a barrerlo de zonas determinadas (todos esos barrios en los que por una razón u otra no entra ni siquiera la policía, barrios cuya composición étnica, por imperativos de la inquisición progre, dejo a la perspicacia del lector)…

Ese es el camino que llevamos. El liberalismo progre es ineficaz, peor aún: contraproducente y, si permitimos que siga dirigiendo nuestros destinos, acabará destruyendo Europa.

Un delincuente, sea cual sea su origen étnico o social, no es ni puede ser considerado una víctima. Se ha convertido en un depredador, un parásito, que debe ser eliminado. Una célula cancerígena que debe ser erradica para preservar la salud del organismo social. Cualquier excusa, forma de pensamiento o ideología que impida la persecución implacable y eficaz de esos entes gangrenosos resulta indeseable y nociva. Es la hegemonía social de las personas honradas expresada a través de un Estado fuerte e implacable con el crimen y el vandalismo disolvente la que debe imperar en las calles y campos de los países avanzados. El progresismo liberal nos conduce de cabeza a la anarquía y el caos. Acabemos con él antes de que acabe con todo.

Muchos me tildarán de racista y ultraderechista por decir abiertamente estas cosas. Y ese es el problema: su ciego fanatismo ideológico que les impide el raciocinio convirtiéndoles en ladrillos de una dictadura perjudicial y destructiva, de un muro obsesivo y gris financiado por enemigos de los pueblos europeos que de algún modo antes que después deberemos soslayar para llevar a cabo las actuaciones necesarias para convertir en una realidad tangible la verdadera democracia.

© Fernando Busto de la Vega.