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TRUMP Y LA OTAN

De que el tirano Trump es imbécil ya no queda ninguna duda. De que sus actuaciones espasmódicas guiadas por la avaricia y la soberbia (pecados capitales del imperialismo yanqui) están abismando a los Estados Unidos en la decadencia, tampoco.

Su estulticia e ignorancia supina (es lo que en español castizo se denomina un gilipollas y un tonto a las tres) que no son exclusivas en su persona, sino un mal generalizado en los oligarcas yanquis que presumen de despreciar y desconocer la historia, le lleva a malinterpretar la propia estrategia de su nación. Cuando dice que la Unión Europea se instituyó para fastidiar a los Estados Unidos, olvida que la impulsaron desde Washington para conseguir un mercado extenso y sin fronteras interiores para sus productos y para especular. Cuando se queja de la OTAN, olvida que fue un instrumento de los gringos para protegerse en Europa occidental de la Unión Soviética.

Insiste, el memo, en que va a retirarse de la OTAN sin percatarse del hecho de que, solo, sin sus aliados, Estados Unidos es incapaz de derrotar a Irán (como fue incapaz de derrotar a Vietnam, a Corea del Norte, Afganistán y, si lo miramos bien, a Iraq). Todos ellos países tercermundistas y débiles enfrentados a una superpotencia. ¿Cuál será el lugar en el mundo de los Estados Unidos si prescinden de la OTAN?

Claro que permanecer en la OTAN significa respetar a los aliados, consultarles y tener en cuenta sus opiniones y ceñirse a unas reglas, a la legislación internacional. Y es aquí donde el tirano Trump encuentra el problema. No quiere aliados, sino súbditos, no quiere reglas, sino imponer sus caprichos e intereses. ¿El resultado? El próximo e irremediable declive de unos Estados Unidos aislados y sin aliados de envergadura.

En cuanto a Europa, olvida el tipo que las alianzas vienen y van y que el enemigo de ayer puede ser el socio de mañana. ¿Nos abandonan los Estados Unidos? Perfecto ¿Qué nos impide aliarnos con Rusia o con China? En el presente el único impedimento para ese giro de alianzas son los innumerables políticos, jerarcas y altos funcionarios de la Unión Europea que de un modo u otro permanecen a sueldo de los Estados Unidos. Pero se les puede (y ojo: debe) purgar. El otro impedimento es la OTAN, si esta se desmantela y regresamos a la Unión Europea Occidental con la adición de Canadá, su doctrina y objetivos dejarán de tener vigencia y el cambio de alianzas será no solo posible, sino necesario.

Para terminar quiero hacer un pequeño inciso sobre España. Andan por ahí algunos yanquis muy radicales (y bastante ignorantes) clamando por llevarse las bases de España…¿Y…? ¿Cuál es el problema? No somos un país tercermundista que necesite mendigar la presencia de los Estados Unidos en su territorio para sobrevivir, sino un Estado del primer mundo y autosuficiente. Cierto que la economía local de Rota y Morón se verían puntualmente afectadas por la pérdida de ingresos que la marcha de los americanos significaría, pero hemos tenido otras bases (Zaragoza, Torrejón…) de las que se fueron sin que ello hubiera generado hecatombe ninguna. Al contrario: esa marcha contribuyó a mejorar la vida de las ciudades y a disminuir la delincuencia (desde asesinos en serie a violadores, pasando por camorristas de toda índole, la soldadesca yanqui solo aporta suciedad y problemas a las ciudades en las que cae).

¿Qué se llevan esas bases a Marruecos? ¿Y qué? Sabemos que Estados Unidos siempre favoreció a Marruecos porque en el fondo es una potencia enemiga de España. Desde que se establecieron en Tánger en 1787 aprovecharon la circunstancia para usar el país como base de corsarios gringos contra España y para estimular una piratería berberisca antiespañola que ellos mismos combatieron en Trípoli cuando se dirigía contra otras naciones. Podía, a partir de ahí, hacer una larga enumeración de agravios, pero baste decir que los Estados Unidos arrebataron el Sáhara Español a España para entregárselo a Marruecos. No son nuestros aliados, sino nuestros enemigos ancestrales. Si se van de España, eso que salimos ganando. Caerán las caretas, seremos más libres para construir nuestro futuro.

OTAN, no. Bases fuera.

© Fernando Busto de la Vega.

GROENLANDIA

Nadie más contrario que yo al expansionismo imperialista de los Estados Unidos y al matonismo de Donald Trump, pero conviene examinar con desapasionamiento las cuestiones que pueden arrastrarnos a la guerra o, como mínimo, a la pérdida de la dignidad y, haciéndolo, no podemos si no constatar dos extremos incómodos para nuestra posición geoestratégica: el primero que Dinamarca no desarrolló bien su trabajo en Groenlandia al aplicar los típicos protocolos germánico-protestantes en su relación con la población de la isla (supremacismo, racismo, exlusivismo) y que los Estados Unidos han adquirido históricamente un cierto patronazgo (interesado, es cierto) sobre dicha población. Dediquémosle unos minutos a tan interesante asunto.

Lo primero que debemos entender es que no fueron los daneses quienes llegaron a Groenlandia en el siglo IX fueron noruegos e islandeses. Y precisamente a Noruega se supeditó la población nórdica groenlandesa en 1281. Más tarde, Noruega fue absorbida por Dinamarca y cuando finalmente se disolvió su unión en 1814, Copenhague se quedó con Groenlandia.

En cualquier caso, el asentamiento noruego llegó a su final a comienzos del siglo XV, desapareciendo sin dejar noticia de su final y probablemente a manos de los nuevos invasores procedentes de Alaska y origen inuit.

Dinamarca no volvió a preocuparse de Groenlandia hasta 1607, cuando la exploró y reclamó como propia, aunque no comenzó a repoblarla hasta 1721. Desde esa fecha y hasta 1940, Groenlandia no fue sino una posesión danesa condenada por las políticas de Copenhague a la pobreza y el aislamiento.

Cuando los nazis invadieron Dinamarca en 1940, el gobernador danés de Groenlandia quedó aislado y buscó el protectorado de los Estados Unidos, que se establecieron en la isla en 1941 para frenar el avance nazi en la zona. Su llegada supuso el inicio de la abundancia para la población groenlandesa hasta entonces aislada del mundo por las políticas coloniales de Dinamarca. Groenlandia comenzó a recibir productos industriales y modernos de los Estados Unidos y pasó del siglo XIX (o XVII) al XX. Esto asentó un vínculo cordial y fuerte entre groenlandeses y yanquis.

En 1946 Estados Unidos le propuso a Dinamarca comprarle Groenlandia (un proyecto que ya se había acariciado en 1867) y Copenhague se negó en redondo. Para asegurar su dominio, en 1953 incluyó a Groenlandia como un condado más de Dinamarca, pero aplicando políticas poco realistas y empáticas: los groenlandeses que pretendiesen cursar estudios superiores eran obligados a hacerlo en Dinamarca, que no estableció universidades en Groenlandia, y durante dos largas décadas se aplicaron a las mujeres groenlandesas que no eran de raza danesa la esterilización forzosa con la idea de aniquilar a los aborígenes de origen inuit y consolidar una población germánica pura (una bonita política supremacista aria después de la derrota del III Reich llevada a cabo por una supuesta democracia occidental). Políticas estas citadas, y otras que sería largo enumerar que, obviamente, suscitaron la indignación y el desapego de los groenlandeses.

En 1972 surgieron nuevos problemas: Dinamarca ingresó en la Comunidad Económica Europea, pero Groenlandia, a pesar de ser un condado más desde hacía veinte años, quedó al margen. Ello obligó a Copenhague a otorgarle la autonomía en 1979. Más tarde, a comienzos del siglo XXI, Dinamarca asumiría el euro como moneda, Groenlandia permanecería en la antigua corona danesa, con la trascendencia económica que ello suponía.

La autonomía, impulsada por los intereses políticos y económicos de Dinamarca, no en virtud de los derechos de los groenlandeses, tuvo, de todos modos, el efecto de paliar las políticas racistas de los daneses (señaladamente el fin de las esterilizaciones forzosas de mujeres no germánicas) y aupar en el autogobierno a los partidos independentistas.

¿Cuenta Dinamarca con los suficientes partidarios unionistas en Groenlandia como para enfrentarse a las ambiciones yanquis? Y si no es así ¿Cual es la causa? ¿Defender la posesión danesa de dicha isla con tropas europeas favorecería los intereses de los groenlandeses o los designios nacionalistas y racistas de una Dinamarca que quizá tiene demasiadas verdades incómodas a las que enfrentarse?

En suma, y para no alargarnos, ante este asunto hay que evitar la visceralidad y recurrir al frío raciocinio y a la calibración exacta de los pros y contras geoestratégicos.

© Fernando Busto de la Vega.

LA GUERRA CON RUSIA

El miedo es siempre una buena herramienta para manipular los acontecimientos y, por ello, siempre conviene ser escéptico, mantenerlo bajo control y examinar los asuntos con frialdad y discernimiento. Es preciso preguntarse qué píldora desean hacernos tragar y a quien beneficia que la engullamos.

Ahora el soniquete redundante e insistente es que Rusia planea atacar a la OTAN en breve, motivo por el cual sus miembros deben incrementar su rearme. Bien, yo soy un partidario acérrimo del rearme de Europa tanto en el aspecto puramente armamentístico como tecnológico y humano. Sin embargo, este rearme no puede seguir nutriéndose de aparatitos estadounidenses que Washington puede desconectar cuando le apetece (el equivalente moderno de los fusiles coloniales que Inglaterra vendía a los maharajas hindúes) y no puede tener otro objetivo que robustecer y estimular la independencia estratégica de Europa frente a sus competidores, incluyendo los Estados Unidos que nunca han sido aliados sino amos.

De modo que sí: soy absolutamente partidario de aumentar el gasto militar europeo (y español), de sustituir el obsoleto armamento manejado remotamente por Washington y avanzar definitiva y decididamente en la implementación de la independencia militar europea. Pero ello debe llevarse a cabo como un fin en sí mismo y con el claro objetivo de sacudirse el yugo yanqui.

Lo que no es de recibo es vivir en el miedo que atiza en el continente la CIA y acabar gastando más dinero en los juguetitos controlados de la industria armamentística estadounidense que, no nos engañemos, será lo que al final suceda (tanto la OTAN como la UE son polichinelas movidos por los hilos de Washington y por ello organismos de supeditación totalmente ineficaces para los intereses de Europa y sus pueblos).

Con respecto a Rusia debemos ser claros. La invasión de Ucrania supuso un grave desliz para Moscú. La «Operación Militar Especial» prevista por el Kremlin debía seguir un esquema ya anticuado de operaciones relámpago. Cuando las fuerzas especiales destinadas a capturar a Zelensky en la primera noche del conflicto fracasaron en su intento y la guerra se desencadenó empantanándose, Rusia, gane o pierda en Ucrania, perdió.

Cuando todo esto acabe Rusia se encontrará tan desgastada, endeudada y debilitada que difícilmente se atreverá a arremeter contra la OTAN. Por el contrario, si no fuera por el hecho nuclear, sería el momento perfecto para que la OTAN atacara y aniquilara a Rusia.

No va a existir una guerra contra Rusia en la próxima década, está incluso por ver si Putin saldrá vivo del actual atolladero. Si lo consigue, evidentemente China le empujará a continuar sus enfrentamientos, sería una hábil estrategia para eliminar a Rusia como rival sometiéndola como colonia al tiempo que debilitaba a Europa y la separaba de la alianza con los Estados Unidos que no se comprometerían en la península euroasiática si ello debilitaba sus posiciones en el Pacífico. Pero Putin sería estúpido si cediese a las presiones chinas en ese sentido.

No habrá guerra con Rusia. De un modo u otro la paz está cerca…no es buena idea volver a comprarle armas manipuladas a los Estados Unidos y seguir alimentando su industria armamentística cuando podemos desarrollar y potenciar la nuestra.

© Fernando Busto de la Vega.

TRUMP, LA ESTUPIDEZ DEL ESPECULADOR

Que Trump es un cantamañanas parece fuera de toda discusión. Que tiene la inteligencia justa para pasar el día y la moral propia de un narcisista ególatra y sin formación, también. Sin embargo, hay que decirlo: Donald Trump es la quintaesencia destilada del protestantismo germánico: paleto, supremacista, racista, avaro, ignorante, inclinado a la violencia y el robo en todas sus formas…en otras palabras: es la máxima y más prístina encarnación de lo que representan los Estados Unidos. Y, como tal, acabará siendo la causa no ya de su ocaso, sino de su destrucción.

La racanería e ignorancia del tipo y de sus seguidores raya a tal nivel de indigencia mental que no acaban de comprender el mundo en el que viven, el sistema de defensa y alianzas que les permiten todavía, y a pesar de todas sus deficiencias y la carga que su ideología e intereses representan para el mundo en su conjunto, continuar siendo una potencia mundial. En decadencia cada vez más acentuada, pero potencia (nuclear) al cabo.

Anda el chisgarabís zanahorio por esos parajes parlanchines de la campaña electoral afirmando que sus aliados (Taiwán, los países de la OTAN) deberán pagar su defensa si quieren que Estados Unidos siga amparándolos. Parece no comprender el zangolotino que tanto la Europa Occidental como Taiwán son colchones que garantizan la supervivencia y el poder de los Estados Unidos. Si cae Taiwán, nada parará a los chinos hasta California. Si caen Berlín o Londres nada parará a los rusos hasta Nueva York.

Si los aliados de Estados Unidos se ven compelidos a situaciones enojosas por causa de este país, de la potencia imperialista que deben contentar, muy bien pueden acabar cambiando de rumbo y aliándose con sus enemigos: ¿Qué quedaría de la «América Grande» de Trump si Taiwán se integrase en la China comunista y los europeos occidentales llegasen a acuerdos con Moscú?…Trump y sus seguidores, incapaces de ver más allá de sus propias narices, fían sus exabruptos y sus exigencias a la existencia de élites políticas, económicas y sociales de carácter colonial que garantizan el statu quo existente. Pero el hartazgo bien puede acabar derribándolas. La legitimidad social de la UE, la OTAN y demás instituciones del entramado imperialista estadounidense nunca fue grande, ahora cada vez mengua más. El siglo XXI tanto en Europa como en los Estados Unidos será un siglo de revoluciones para evitar la decadencia evidente y la destrucción que nos amenaza. Pero Trump, un imbécil en toda la extensión de la palabra, es incapaz de comprenderlo. Ha sido toda su vida un explotador y un especulador, un estraperlista respaldado por la legalidad dudosamente ética liberal-capitalista, y sigue pensando en esos términos. Y la avaricia acaba rompiendo el saco, ya lo sabemos (nosotros que tenemos dos dedos de frente, lo sabemos).

Por cierto: ¿llegó a conseguir que México pagara el muro aquel famoso?…

¡Que estemos en manos de viejos chochos sin inteligencia, cultura, sensatez ni dignidad! Cada día es más preciso restablecer el orden y la civilización.

© Fernando Busto de la Vega.

RUSIA Y LA OTAN: UNA GUERRA FUTURA

Más allá de la propaganda de guerra de la OTAN, necesitada de asustar a la población en momentos de intensa crisis geopolítica, parece que la cosa va en serio. Putin acaricia la idea de atacar algún país de la OTAN en los próximos dos o tres años. Esto sería un error, evidentemente.

Una vez que el golpe contra Ucrania fracasó enfangando a Rusia en una guerra larga y de desgaste en la que después de casi tres años no ha podido aplastar a un enemigo supuestamente inferior viéndose obligada a movilizar incluso a sus presos y a mercenarios y milicias afines con el impacto económico y social que eso conlleva y, por lo tanto, con la desafección popular que significa a pesar de la represión y la propaganda oficiales, pensar en desafiar a la OTAN por medios convencionales representa un suicidio.

¿Puede suceder? Lógicamente Putin, un señor de 73 años, está contra las cuerdas. Aceptar la derrota es perder el poder y, con él, la inmunidad de todos sus actos pasados (conocidos y por conocer). Es lógico que huya hacia adelante en una pretensión absurda y suicida para mantenerse sobre el caballo. La pregunta es ¿van a seguirle sus secuaces o asesarán y comenzarán a pensar en una salida que no les conduzca al abismo?

Si yo fuera Putin solo comería los higos de mi higuera y tendría muchísimo cuidado con los pretorianos. Aunque, como demuestra la historia de Roma, ninguna de las dos medidas suele evitar lo inevitable.

© Fernando Busto de la Vega.