
Nadie puede dudar del cariño profundo e incondicional que le profeso a mi amiga MKT (aunque tiene esa habilidad innata para sacarme de mis casillas un par de veces al trimestre), pero, amigos, hoy, sábado 26 de agosto de 2023, creo que la detesto un poco. Vaya, la odio a muerte.
¡Qué ardor de estómago!…
Confieso que ayer fue un día largo: comida con amigos (ella incluida, también Sergio y Censorino P.) y sobremesa de terraceo hasta las mil. Pero como tantos otros días de asueto y sano abandono estival al dolce far niente que no han acabado, y menos este verano, con un ardor de estómago semejante.
De modo (y volvemos al asunto de los mejunjes y brebajes que tanto juego ha dado este verano) que mi deplorable condición actual (entregado al bicarbonato y las gaseosas de sobre El Tigre) solo puede ser consecuencia de su ¿podemos llamarlo cóctel? favorito, que me enseñó ayer.
Yo, que soy de buen natural y me dejo arrastrar con facilidad, pasé horas contándole mis tristes cuanto ridículos problemas amorosos y escuchando sus consejos mientras bebía aquel mejunje que, a decir verdad, no está malo del todo y que se compone de café solo largo mezclado con refresco de limón y aderezado todo ello con mucho hielo.
Así pasamos horas y horas. Mientras Sergio y Censorino, más inteligentes, hablaban de coches, de política, de historia y yo que sé de qué más mientras se entregaban a los cubalibres y los gin tonics, yo torturaba a MKT con los azares de mis amoríos complejos y en ciernes con cierta señora a la que amo, odio e ignoro a partes iguales y que me tortura in absentia durante sus vacaciones convirtiendo el mes de septiembre en un misterioso enigma con hechuras de gato de Schrödinger ¿Qué pasará? ¿Qué misterio habrá? ¿Podrá ser en algún momento nuestra gran noche? mientras trasegábamos impenitentes cafés solos con refresco de limón y mucho hielo (no sé aún que nombre tiene este combinado, propongo el MJ o el maracas)…
Nos separamos pasadas las once de la noche y yo seguí viaje con mi amigo Sergio hacia madrugadas de décadas pasadas visitando los restos humeantes de zonas que él solía frecuentar cuando todos teníamos pelo. Hubo cervezas y pinchos…quizá alguno de estos tenga parte de culpa en mi detestable estado actual.
Sea como fuere, a eso de los dos de la madrugada comenzó el atroz ardor de estómago que a estas horas en las que escribo: las cuatro de la tarde del día siguiente pasadas continua enervante y cruel. ¡Ay MKT como te detesto en estos aciagos momentos!
Y, lo peor es que dentro de unas horas, recuperado o no, volveré a salir. Hay que aprovechar las vacaciones y el verano.
Solo queda un último apunte: iba a ilustrar esta entrada con una fotografía de la mise en place tomada directamente en los locales visitados del maracas este, pero gracias a los amigos Censorino y Sergio no hay ni una sola sin alguna mano apareciendo por la escuadra haciendo la higa. De modo que, el intolerable sabotaje de este par de unga-ungas, me impide ofrecer ese resquicio de realidad inmediata a mis lectores reduciéndome a la impostura de las imágenes ajenas.
El infierno arde en mis entrañas, pero sigo queriéndote MKT.
© Fernando Busto de la Vega.






