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EL APOCALIPSIS SILENCIOSO

Un amigo me decía hace poco que no escuchaba chicharras en parajes donde hasta el año pasado eran habituales en verano. Yo mismo me he percatado de que tampoco se escuchan grillos en las madrugadas estivales.

Y apenas se ven golondrinas, vencejos o aviones…

Las abejas y los gorriones están desapareciendo. ¿Alguien piensa en serio que podremos sobrevivir a este apocalipsis silencioso? ¿Qué van a hacer las grandes instituciones mundiales y nuestros políticos para revertir tan grave situación? Sabemos que nada util. Estamos muertos.

Aunque todavía podríamos cambiar….es preciso dejar de creer en los dogmas impuestos y establecer otros nuevos que nos salven.

Esa es la única y verdadera revolución que necesitamos.

© Fernando Busto de la Vega.

SALUD MENTAL, EL NUEVO MANTRA

En los últimos tiempos ha surgido un nuevo mantra del «Estado de Bienestar» que nos gobierna considerándose con derecho a decidir por nosotros y a imponernos la intervención en nuestra vida diaria y personal de «expertos» destinados a diseñar nuestro comportamiento y pensamiento de acuerdo con el dogma que pretenden imponer.

Vivimos un avanzado proceso de totalitarismo «tecnocrático» que poco a poco y por diversas vías, todas ellas amparadas por unos Estados que no defienden precisamente los intereses del pueblo y en los que los parlamentos solo juegan un papel teatral para escenificar una supuesta democracia inexistente y vulnerada por los poderes que se esconden detrás del conveniente escenario.

Ahora, los medios de comunicación y políticos y funcionarios muy preocupados por la población están empezando a lanzar la idea de que, especialmente los jóvenes, tienen gran cantidad de problemas mentales y que es preciso proporcionarles ayuda psicológica.

Están tratando de convertir en enfermedad el descontento causado por políticas destinadas a empoderar y enriquecer más a los poderosos y ricos arrebatando las oportunidades a los jóvenes. En todos los regímenes totalitarios, la disidencia ha sido perseguida bajo el estigma de la enfermedad mental, se trata de un hecho histórico.

Es preciso recordar a este respecto que la «normalidad psicológica» no es un concepto neutral y aséptico sino un dogma impuesto desde el poder.

Que el Estado y los poderes económicos empiecen a dudar de la salud mental de los jóvenes y a pretender ponerlos de un modo u otro bajo tutela de funcionarios de un oculto Ministerio de la Verdad con el nombre de terapeutas y psicólogos no augura nada bueno.

Lo que viene va ser peor que el nazismo o el estalinismo….es preciso comenzar a prepararse. La sublevación será necesaria. Volvámonos locos.

© Fernando Busto de la Vega.

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MÁS DE CUARENTA GRADOS A LA SOMBRA

¿De verdad alguien cree que se puede pensar y mantener la actividad intelectual con la terrible ola de calor que nos lamina desde hace días?…Personalmente, vivo en el sopor y la abulia, descubriendo un estado vegetativo en muchos puntos concomitante con la hibernación que probablemente los acontecimientos climáticos acabarán dictaminando como propio de la especie humana.

En estas condiciones solo doy de sí para recordar la película Cuarenta Grados a la Sombra de Mariano Ozores, autor también de la letra de la canción que ilustra esta entrada innecesaria, y a Claudine Coppin y Los Exóticos, que la interpretaban en 1967.

Entonces los 40 grados a la sombra eran el tiempo del amor, ahora puede que también, pero en algunos lugares no bajamos de los 45 a la sombra y de los 36 durante la noche. En esas condiciones dudo mucho que la función erótico-reproductora esté activa. Ni en la especie humana ni en otras, lo cual, sin duda, tendrá sus consecuencias.

En nuestra adolescencia y juventud las noches de verano eran el territorio propio del amor y el sexo, ahora, por lo visto, el calor cambia los hábitos sociales y de la especie. No deja de ser un dato curioso del cual extraeré seguramente interesantes consecuencias en otoño, cuando las temperaturas me permitan salir del sopor. Ahora, mi licuado cerebro solo puede aportar estas líneas inconexas y lastimeras.

Por cierto, otra canción sobre los 40 grados: Los Iracundos, banda uruguaya:

Aquí lo dejo.

© Fernando Busto de la Vega.

PUSSY RIOT, DOGMA Y REALIDAD.

La prensa española y la televisión en prime time (por ejemplo: no hace mucho El Hormiguero) no dejan de publicitar al grupo ruso de activistas «feministas» y «LGTBI» Pussy Riot como si se tratara de verdaderas estrellas, como si contasen con el masivo seguimiento del público y la gente se identificara mayoritariamente con lo que representan. Sin embargo, es público y notorio que han debido suspender su gira española por el bajo nivel de venta de entradas. En otras palabras: no son nadie y nadie, o poquísimos, se identifican con el grupo y desean ver sus actuaciones.

He ahí un excelente ejemplo de la doble realidad que vivimos en España: el dogma que ciertos lobbies poderosos y subvencionados (que, por cierto, tienen como efecto incidir negativamente en la demografía y promocionar la extinción de las líneas genéticas que nos han caracterizado durante milenios) imponen desde las instituciones y los medios de masas y el verdadero interés del pueblo.

No voy a extraer las conclusiones del evidente hecho para no verme opacado por ciertos algoritmos. Diré, simplemente, que sería bueno reflexionar sobre esto. Pensad.

¿Quién maneja nuestra barca que a la deriva nos lleva?

© Fernando Busto de la Vega.

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FALTA DE PERSONAL Y TRADICIONES PATRIAS

Es ya sabido: falta personal, no hay obreros lo suficientemente inocentes y necesitados para seguir aguantando las jornadas infinitas en régimen de semiesclavitud y los sueldos de miseria así como los contratos de irrisoria duración que los patronos explotadores que pueblan nuestro tejido económico consideran «lo natural».

La solución, y mira que tiene bemoles el asunto, ya la dio Biden, el presidente de los Estados Unidos: paguen más. Y, añado: mejoren las condiciones sociales y laborales del trabajador.

Pero no, nuestro izquierdista y progresista Gobierno ya ha encontrado la solución ideal al problema, que es la de siempre: importar emigrantes que ejerzan de esquiroles quebrando las rodillas de los trabajadores patrios (y extranjeros ya aclimatados). En otras palabras: la respuesta del Gobierno «izquierdista» a la explotación laboral del trabajador español (y extranjero asimilado) consiste no en estimular la responsabilidad social y patriótica del elemento explotador sino en favorecerlo introduciendo en el mercado laboral lumpemproletariado, inmigrantes desesperados que acepten las jornadas interminables, los sueldos ridículos y los contratos, incluso esclusivamente verbales, de mierda.

Eso es lo que da de sí la democracia liberal y lo que cabe esperar de los partidos parlamentarios por mucho que se reclamen de izquierdas.

¿No basta esto para hacer una revolución? Es evidente que no. Tenéis alma de lacayos y así os va.

A este respecto, y como prueba de que nada ha cambiado, ni va a cambiar, quiero reproducir a continuación una entrada que publiqué el 13 de febrero de 2013 en mi blog Disidente Por Accidente.

Es lo que sigue:

«LA PERPLEJIDAD DE LOS PATRONOS.

Al surrealismo le pusieron nombre (como casi siempre) los franceses, pero no cabe duda de que constituye la más íntima naturaleza del ser hispano. Y, desde luego, no pasa día sin que esa naturaleza se manifieste convirtiendo en caricaturas sardónicas todos los desesperanzados textos picarescos de nuestra historia literaria.

Hoy, miércoles de ceniza para quienes siguen el calendario litúrgico cristiano, resacón de carnaval para los juerguistas y víspera de San Valentín para las románticas, hemos podido asistir a una de esas manifestaciones surrealistas del casticismo costumbrista hispánico.

A saber: el conciliábulo de la patronal. De la CEOE.

Resulta que en la guerra civil del PP uno de los amiguitos de la Aguirre, Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, ha visto como le llegaban a la línea de flotación unos torpedos de procedencia desconocida (quien sabe si lanzados desde Toledo o Génova): la denuncia pública de que pagaba sobresueldos en negro a sus empleados.

Naturalmente, la hipocresía exigía tratar el asunto, montar un bonito paripé de decencia y preocupación. Organizar una camarilla de crisis para fingir probidad e higiene moral. En resumen: formar junta para analizar las acusaciones y pedir, fuera de la sala y en voz muy bajita, la dimisión del jerifalte acusado.

Y se ha hecho. En España, ya lo sabemos, lo de darse sonoros golpes de pecho y entonar farisaicos «pésame-señor» sin absolutamente ningún propósito de enmienda es casi un deporte nacional.

Y, como también estaba previsto, no ha sucedido nada. Ni el tal Arturo Fernández ha dimitido ni ha habido rechinar de dientes ni ruido de metafóricos sables. Se han limitado a cumplir el expediente y a fondear en apostadero cubierto para ver si pasa la marejada y todo puede seguir igual. Si el temporal arrecia ya sabemos que dejarán hundirse el barco dañado para salvar la flota. Es el habitual modus operandi.

Pero, más allá de la liturgia del revoloteo en torno al nido, imagino tanto la sonrisa cínica de las aves que lo efectúan (muchos buitres, no pocas gaviotas) cuanto la perplejidad que habrá presidido todas sus devociones públicas.

¿Castigar a Don Arturo? ¿Y a fin de cuentas, por qué?

¿Qué ha hecho el vicepresidente de la CEOE que no venga marcado en el más profundo ADN de los patronos a los que vicepreside? Analicemos sus actos. A saber:

1.- Explotar a sus trabajadores pagándoles miserias para obligarles a desbordar el horario laboral si quieren llegar a conseguir un sueldo que cubra mínimamente sus necesidades de subsistencia, aumentando de este modo sus plusvalías a costa de actos que pueden conceptuarse como traición al pueblo y terrorismo social. Y, puesto que son hechos que comprometen gravemente la recuperación económica de la nación, deben considerarse también actos de traición a España.

2.- Estafar a sus clientes. No disponemos de datos para analizar sus márgenes de beneficio ni la calidad de sus productos y servicios, pero sí sabemos que gran parte de su imperio procede del trato de favor recibido por sus contactos políticos lo que de facto impide la libre competencia y constituye en sí mismo una estafa tendiendo a la prevaricación, el cohecho y las prácticas monopolísticas.

3.- Engañar a Hacienda comprometiendo por un lado las bases de cotización de sus trabajadores, condenándolos a bajas pensiones en el futuro y a subsidios de desempleo miserables  en el presente, y, por otro, detrayendo dinero público, lo que en la práctica supone robar al conjunto del pueblo y por lo tanto se inscribe en el ámbito de la traición a España.

Esas son las culpas del señor Fernández. Y de ahí proviene la perplejidad de los empresarios. ¿Qué ha hecho don Arturo que no sea el abc, el día a día, la ideología misma de sus colegas empresarios?

El problema para España no son las acusaciones que se le hagan a este individuo sino la patronal en sí. Un estamento inmoral, indigno, despreciable, cuya ideología y métodos son incompatibles con la democracia, la decencia, la paz social y el progreso económico. Y no existe modo de frenar esa nociva dinámica ideológica sin alterar definitivamente las relaciones de poder y la estructura económica y social de España.

¡Sublevaos! »

Pues eso, de aquellos polvos, estos lodos. Y seguimos sin sublevarnos. Qué se le va a hacer.

© Fernando Busto de la Vega

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