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FRACASO Y CULPA

Últimamente no dejo de ver declaraciones en la prensa de activistas del radicalismo feminista lamentándose por el fracaso de su adoctrinamiento en los jóvenes (también entre las chicas), victimizándose como de costumbre y buscando culpables. Como siempre, es parte de su estrategia, tienden a vincular la falta de calado de su adoctrinamiento totalitario con el aumento de la criminalidad (es táctica habitual demonizar al enemigo y deshumanizarlo convirtiéndolo en un ente abstracto, inmoral, agresivo y relacionado con la delincuencia) y se muestran muy preocupadas por el supuesto aumento de violaciones protagonizadas por menores. Dicho aumento es falso en esencia, no sucede nada en estos días que no sucediera antes, pero conviene generar alarma y muchos casos que antes se silenciaban, ahora se airean, esa es la diferencia: pura demagogia.

Sea como fuere, resulta interesante tanto la constatación del fracaso del adoctrinamiento feminazi en los institutos como la habitual inmadurez del análisis victimista y perplejo de las feministas. Ellas nunca se equivocan, nunca tienen la culpa de nada, si algo falla la causa es externa. Ahora, como siempre, las feministas la emprenden contra la pornografía. No es extraño, no me cansaré de repetir que la raíz del feminismo es el puritanismo evangelista anglosajón y que sufragismo y prohibicionismo siempre anduvieron de la mano.

Puesto que ellas no pueden equivocarse, si fracasan la culpa es de la inmoralidad masculina, no olvidemos que otra de las características del feminismo es su sexismo supremacista que considera al hombre un ser inferior.

Pero no debemos equivocarnos, el fracaso del adoctrinamiento feminista se basa en dos errores elementales. El primero es que no se puede ir contra la naturaleza, esta siempre se impone y lo que llevamos grabado en los genes desde el paleolítico y que, además, ha servido como cimiento de nuestro éxito como especie no puede modificarse ni revertirse. Quien luche contra nuestra íntima naturaleza fracasará siempre. Así le va a la Iglesia con el pecado y a las feministas con sus cosas absurdas en torno a la masculinidad y la feminidad…puritanismo estúpido predestinado al fracaso, insisto.

La segunda causa es la natural reacción de los adolescentes a la tiranía impuesta en muchos institutos por estas neonazis del coño. Las feministas son tan totalitarias, escasas de neuronas y fanáticas que no son capaces siquiera de comprender que han impuesto una feroz tiranía convirtiendo muchos centros educativos en verdaderos y terribles gulags feminazis con la natural consecuencia de generar odio en los sometidos y agredidos muchachos.

Como muestra aportaré aquí un botón que yo mismo presencié.

Nos encontramos en un instituto dominado por un equipo directivo fanatizado, todo mujeres, claro. Tal es el grado de aleccionamiento que en las paredes de los baños, a la altura de los ojos de los chicos en los urinarios, hay pegatinas colocadas por dicho equipo directivo aseverando que todos los hombres son maltratadores y violadores peligrosos.

Cierto día una turba de ocho o nueve chicas de trece o catorce años rodean a un muchacho de la misma edad y comienzan a zarandearle, abofetearle y escupirle insultándole con palabras como «hombre» «machirulo» y «cerdo»…¿La causa del alboroto? El chico se ha negado a hacerles los deberes. Ellas se lo habían ordenado amparadas en el supremacismo reinante en el instituto y, al negarse, lo agreden en manada. Aparece al cabo una jefa de estudios, media, averigua el caso…Y el chico acaba expulsado. ¿Alguien piensa en serio que una resolución así no va a generar desafecto y hasta odio en el muchacho, sus compañeros e incluso en los adultos subordinados laboralmente a la dictadura feminazi que obra de semejante modo?

¿Está fracasando el adoctrinamiento feminista? ¿Crece el odio hacia la mujer? ¿Y los delitos sexuales? No es la pornografía, amigas: es vuestra tiranía de carácter estalinista. Dejad la enseñanza, dejad la política y aprended a cocinar y coser, no servís para más. Lo demuestra vuestro fracaso.

© Fernando Busto de la Vega.

LA MUERTE DE UN LEÓN (Y SU VIDA)

El mundo está así: existen determinados leones en África cuya muerte se publicita y llegamos a conocer conmoviéndonos con ella sin que los millares de muertes evitables de humanos de ese mismo continente nos importen lo más mínimo. Esa es nuestra naturaleza y no voy a deplorar lo que todos deploramos. Prefiero filosofar en positivo.

La noticia difundida por diferentes medios indica que Bob Junior, conocido como el Rey del Serengueti, ha sido asesinado, tras siete años de dominio, por tres jóvenes leones advenedizos aliados contra él, que ya era viejo.

Ese es el fin de todos nosotros: tarde o temprano la enfermedad o los enemigos acabarán con nosotros. Moriremos y acabaremos siendo cadáveres olvidados y pútridos en cualquier campo o en cualquier fosa sin que ya nadie nos recuerde. Sic transit gloria mundi. Lo sabemos. Pero en la vida y la muerte de Bob Junior tenemos todos una gran enseñanza y, especialmente, los adocenados y degenerados occidentales.

El poder, el triunfo y la gloria son pasajeros, nuestro fin es el desastre y el olvido, pero no valemos nada si no tenemos el valor y la audacia de luchar y vencer, de alcanzar nuestras metas, que deben ser altas, grandes y loables convirtiéndonos en reyes, en conquistadores. Al cabo es menester saber marchar con altivez y dignidad, combatiendo a ser posible contra nuestros enemigos.

El ansia de gloria y de triunfo y el valor para mantener el orden que establezcamos y morir en combate cuando llegue el momento son valores fundamentales de la ética verdadera. Las religiones abrahámicas imponen la sumisión a un dios, el dogma y la humildad como valores básicos de la vida. Las dhármicas la resignación y el abandono del mundo. Yo soy pagano, seguidor de Zeus-Ahura Mazda y todos los dioses y diosas que apoyan a los fuertes, a los héroes, a los valientes que buscan la propia deificación con actos grandes y las virtudes firmes de la areté al servicio del Recto Orden. Para mí la muerte en combate contra tres jóvenes advenedizos del rey Bob Junior es honorable, deseable y le abrirá sin duda las puertas del Elíseo.

Desgraciadamente no existen hombres a mi alrededor, en Occidente, a los que pueda respetar del mismo modo que a este león y eso nos conducirá a la extinción.

© Fernando Busto de la Vega.

¿NUEVAS SEXUALIDADES?

Hubo un tiempo no tan lejano en el que los maricones eran maricones (o mariquitas, si les sobraba pluma), las bolleras, bolleras y los heteros «normales» sin que nadie se preocupase de más ni le importase en realidad lo que los demás hicieran en su cama. Eran tiempos en los que todos disfrutábamos de mayor libertad, mejor salud mental y mucho mejor humor.

En ese escenario, obviamente, había cosas que mejorar. Una evolución pendiente en cuestiones de igualdad de derechos legales que la sociedad en su conjunto asumió no como un enfrentamiento sino como acto de justicia y respeto mutuo. En una sociedad libre y democrática nadie quiere ser menos que otro, ni que otro sea menos que uno. Así, dentro de ese marco, los asquerosos machirulos patriarcales y blancos entre los que me cuento, asumimos las reivindicaciones ajenas de mujeres y personas cuya sexualidad les dificultaba, por simples cuestiones legales, disponer de los mismos derechos (pensemos en las parejas homosexuales que no podían disfrutar de las ventajas que ofrece el matrimonio legal o en las madres solteras abandonadas a su suerte, aunque su suerte se la hubieran buscado ellas con actitudes irresponsables). Esos avances no fueron una conquista sino una cesión. No olvidemos nunca que las mujeres solo tienen derecho al voto porque los hombres se lo otorgaron. El sufragismo no consiguió nada, la conciencia de justicia e igualdad de los hombres fue el verdadero motor de esos avances.

Entonces, en esos tiempos no tan lejanos en los que todo era sencillo (cada cual se encamaba con quien deseaba sin que a los demás les importara más allá del clásico cotilleo de las viejas del visillo sin necesidad de etiquetas, banderas, leyes o explicaciones) predominaban la madurez, la sensatez y el respeto mutuo.

Pero como siempre sucede con las «cruzadas» los más hiperventilados, azuzados desde universidades y ambientes «intelectuales» donde la tolerancia y la apertura intelectual habían permitido el ascenso de enfermos (y, sobre todo, enfermas) mentales retorcidos y llenos de odio y traumas con ansias de imponer sus disturbios mentales con fervor y métodos dignos de Savonarola (clérigo al que tanto se asemejan, aunque sus dogmas sean otros), acabaron tomando el poder y, con él, las subvenciones estatales que les hacen poderosos. Y ahí se acabó.

Ahora existen no sé cuantos géneros, tendencias sexuales y rarezas etiquetadas que no han mejorado en nada la convivencia social, antes bien la han empeorado, y una caterva de individuos e individuas con graves problemas de identidad que deberían estar bajo cuidado psiquiátrico tratan de imponer al conjunto de la sociedad sus desvaríos narcisistas a fuerza de decretos, represión y adoctrinamiento provocando, de paso, graves problemas psicológicos a los adolescentes sometidos a su mierda mental.

La democracia debe servir a una sociedad madura y sensata, no a desequilibrados perniciosos. La ideología queer y de género ha demostrado ya sus limitaciones y su calidad de excusa autorreferencial de personas con graves perturbaciones mentales. Habrá que actuar en consecuencia.

Los sanos deben gobernar y establecer las normas. Los enfermos ser cuidados y atendidos debidamente. Los degenerados, reeducados o eliminados. Ese es el camino de la supervivencia, de la civilización…retomemos la senda correcta.

Ah, y por cierto: en la cosa de la jodienda no hay nada nuevo. El problema de estos apóstoles del progre-wokismo-queer es siempre el mismo: una pavorosa incultura e ignorancia. Un adanismo procedente del narcisismo (ese mirarse constantemente la entrepierna y regodearse en los propios caprichos) que les ha impedido estudiar y aprender…incluso relacionarse con personas ajenas a sus delirios.

© Fernando Busto de la Vega.

VACAS SEXYS

Hace ya unos cuantos años trabajé en la Consejería de Agricultura de la Diputación General de Aragón. En esa época, tanto en las paredes como encima de las mesas, teníamos las instalaciones adornadas con calendarios de vacas premiadas en diferentes concursos (y completamente en cueros, claro, salvo la escarapela del premio). Incluso en las publicaciones institucionales editadas por dicha consejería aparecían las fotografías de estas bellezas vacunas machista y eróticamente explotadas y exhibidas.

Ahora me siento culpable.

He descubierto gracias a las descerebradas hiperventiladas de PACMA que la fotografía que encabeza este artículo es idéntica en todo a la que sigue:

Y sé por las puritanas del feminazismo (tan semejantes a los curas) que todo es pecado…si lo mira un hombre blanco heterosexual, si la que mira es una lesbiana gorda, vegana, racializada y sin depilar entonces es de lo más cool y moderno.

© Fernando Busto de la Vega.

PARIDAD Y CLASISMO

La izquierda dejó de ser izquierda hace mucho tiempo, si es que alguna vez lo fue. Ahora, y desde hace mucho, es un a modo de «movimiento progresista» que, mediante la sectorialización de la masa obrera y los enfrentamientos y atomizaciones subsiguientes está conduciéndonos a la utopía ultraliberal del capital frente al individuo solitario y desprotegido. Todo el movimiento progre, incluso entre aquellos grupúsculos intransigentes que siguen creyéndose de izquierda radical, es puro avance del dominio capitalista, de los capitalistas más poderosos que aspiran a un mundo de unos pocos tiranos con poder omnímodo sobre miles de millones de siervos. Es el modelo hacia el que pretenden dirigirnos con el señuelo de lo que ellos llaman «democracia», «izquierdismo» y «progresismo».

Una de las pancartas propagandísticas que estos hierofantes del progresivo golpe del capitalismo oligárquico que estamos sufriendo es el de la paridad que ahora ese partido que nunca fue socialista ni obrero y que desde hace décadas dejó de ser español, nos trata de vender como la panacea del avance social y feminista, como un camino indispensable hacia un nuevo paraíso…

Pero es bueno sentarse a un lado del camino, no dejase arrastrar por el tumulto, respirar, escuchar y darse cuenta de las cosas.

Resulta que los propios jerifaltes (y jerifaltas, que son peores) del PSOE definen la paridad que tratan de imponer mediante una Ley de Paridad de Género y otras iniciativas igualmente totalitarias y chuscas, como el «reparto del poder entre los géneros»…teniendo en cuenta que bajo el wokismo los géneros son fluidos y pueden cambiar de un día para otro y que no solo existen dos sino multitud, eso de la paridad va a presentar muchas y divertidas (por no decir ridículas y deleznables) dificultades.

Aunque, sin entrar en eso, la definición de paridad ya nos presenta un panorama antidemocrático, antisocial y preocupante. Recordemos: el reparto igualitario del poder entre hombres y mujeres…suena bien, pero esconde un profundo clasismo.

Esa paridad procede de las primeras aspiraciones del feminismo original, pero debemos recordar que la base ideológica del feminismo, que sigue alimentándolo hasta nuestros días, es el racismo y el clasismo mezclado con el puritanismo evangelista anglosajón y especialmente estadounidense. Las primeras feministas lo fueron porque les indignaba que siendo de la raza superior, la clase alta y la religión correcta se les privase del voto cuando había hombres de razas inferiores (hispanos, negros, chinos…), clase humilde y religiones heréticas que pudieran votar. Eso no ha cambiado.

Luego, cuando accedieron al voto y a la vida política estas feministas se lanzaron a la imposición de su puritanismo intransigente: censura, prohibicionismo, leyes contra la libertad sexual…y siguen en eso.

Otra cosa que molestaba a esas señoras de raza aria y radicalismo evangélico era quedar excluidas de la dirección de las empresas de sus familias que, generalmente, heredaban sus hermanos. De ahí su ansia de paridad. De repartir el poder y el dinero entre los sexos…

Pero cuidado: la paridad está reñida con las políticas sociales. El poder y el dinero se reparten entre los miembros de la misma clase, no se admiten huéspedes venidos de abajo.

Cuando los progres hablan de paridad están hablando en primer lugar de limitar el reparto a los grupos sociales que ya tienen el poder y, en segundo, de bloquear cualquier posibilidad de ascenso real a las clases sociales medias y bajas.

Yo, que atesoro una larga experiencia de trabajo en institutos de educación secundaria de barrios poco favorecidos de una capital de provincia, he tratado centenares, miles quizá, de chicos y chicas de gran talento a los que se negará la posibilidad de acceder a ese reparto de poder. Serán paritarios en la miseria porque no han podido cursar sus estudios en los colegios privados adecuados, no tienen vínculos de parentesco con los oligarcas necesarios y están descartados desde su matriculación (desde su cuna en realidad) para alcanzar el reparto de poder.

Así que tengámoslo en cuenta y dejemos de tragarnos la propaganda progre: la paridad es un bien que solo beneficia a las mujeres de cierta clase social. Todos los demás, sea cual sea su sexo y su género, están destinados a ser siervos. Paridad quiere decir clasismo, oligarquía y tiranía capitalista.

© Fernando Busto de la Vega.