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¿ESPAÑA DEMOCRÁTICA?

Una democracia requiere un pueblo soberano que decida su propio destino. Cuando un país pertenece a una serie de organizaciones (UE, OTAN, ONU…) que le dictan sus leyes y el modo en que debe organizarse interiormente imponiéndole, además, políticas y valores que no son necesariamente los suyos, no puede ser considerado una democracia por mucho que se vote regularmente. En todo caso sería factible hablar de un sistema liberal parlamentario que, como no permite decidir nada, solo puede ser considerado una dictadura encubierta.

Pero la cosa es peor. Nuestra vida política está estructurada en partidos de férrea disciplina (se votan siglas, no personas) que, en esencia, presentan esta disposición ideológica y de acción política:

A)—NÚCLEO CONSTITUCIONALISTA: en 1948, tras la derrota del Eje y el inicio de la Guerra Fría, Estados Unidos, que dominaba Europa, y había convertido al sector occidental en una colonia, impuso un sistema político de estabilidad y sometimiento a sus designios que se basaba en la alternancia política de tres corrientes «moderadas» que, en la práctica, se limitaban a aplicar las líneas generales de las políticas que marcaban los amos imperialistas: socialdemócratas, liberales y democratacristianos. Esa es la alternancia básica en toda Europa (con inclusiones posteriores como los Verdes). Esa Gran Coalición de facto es simple imposición dogmática. Trasladan a los diferentes países lo que marcan los Estados Unidos bien sea directamente, bien mediante instituciones interpuestas (con la ONU a la cabeza).

B)— DERECHA VOCINGLERA: Los medios controlados por la oligarquía, es decir el poder establecido: nos la venden como «extrema derecha» y la «izquierda» domesticada trata de que los veamos como fascistas cuando no son sino ultraliberales con prejuicios racistas, clasistas y religiosos. En conjunto vienen a imponer en España el ideario trumpista surgido de la realidad social y política estadounidense que poco tiene que ver con la española.

C)—ULTRAIZQUIERDA SIN CONCIENCIA DE CLASE: Entre estos hay comunistas camuflados que todavía no han aceptado el fracaso estructural e histórico de su ideología, agentes de dictaduras tercermundistas y flipados de todo pelaje, pero, sobre todo, son portavoces de la ideología woke surgida en las universidades estadounidenses que se tienen por «izquierdistas» y en absoluto están relacionadas con la realidad social, cultural, histórica o política de España.

D)—SEPARATISTAS DE TODA LAYA: Estos son los caciques de siempre que, en el centro se encuadran en PSOE, PP y otros partidos regionalistas, pero en la periferia encubren su condición con el nacionalismo antiespañol y en el supremacismo racista (véase catalanistas y vasquistas), pero no por ello dejan de ser caciques y hacer políticas caciquiles. Se les tolera en el régimen de 1978,y hasta se les da alas, por intereses imperialistas de los Estados Unidos que, de este modo, debilitan a España y la ponen al borde de la ruptura impidiéndole fortalecerse y alcanzar su lugar en el mundo que, desde luego, no está bajo la bota yanqui.

Esa es la estructura política de España. Todos los partidos organizados del sistema transmiten e imponen políticas e ideas extranjeras, principalmente estadounidenses, en lugar de escuchar al pueblo y aportar soluciones y relatos ajustados a la realidad española. A eso le llaman España democrática.

Digo yo que va siendo hora de cambiar esa situación ¿no?…

España debe ser una verdadera democracia y, para ello, el régimen ilegítimo de 1978 debe ser derribado porque está diseñado para mantener una dictadura encubierta al servicio del imperialismo gringo y en modo alguno permite la verdadera y libre expresión del pueblo español.

Remito a un artículo anterior sobre el caciquismo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

ÉTICA Y VEHÍCULOS AUTÓNOMOS

Mi amiga Silvia, que cavila demasiado y siempre anda proponiéndome angustiosos y complejos dilemas éticos, hubo una época en que se interesó por los que se derivan de la programación de los vehículos autónomos. Cosas tales como, si la inteligencia artificial ha de elegir entre la vida de quienes van a bordo o la de los peatones cual debe ser su decisión.

Dedicamos algunas horas y no pocos ociosos cafés a dilucidar estos asuntos.

Mi posición era siempre defender el subjetivismo. Decía que pensaría una cosa u otra dependiendo de cual fuera mi posición en el problema, si me encontrara a bordo del vehículo o fuera el peatón a punto de ser atropellado. Este tipo de conclusiones enervaban a Silvia que me acusaba de eludir el verdadero problema, el del programador.

Finalmente, y después de jugar un rato, yo acababa exponiendo mi verdadera postura, que no ha cambiado al respecto: tripular y usar un vehículo autónomo es una dejación de nuestra libertad y responsabilidad individual. En aras de la comodidad delegamos en un programador ajeno y en una inteligencia artificial tanto el placer de conducir nuestro propio destino como la responsabilidad inmediata de hacerlo. Y este es solo un síntoma de la infantilización y esquematización moral y social a la que estamos siendo sometidos, con nuestro muelle consentimiento, por la cada vez más deshumanizada era cibermoderna.

Nos estamos domesticando a nosotros mismos y no para ser perros de caza o de compañía sino para convertirnos en aves de corral encerradas en grandes recintos de explotación sin horizontes ni problemas, donde toda nuestra responsabilidad individual quedará bajo la supervisión de ese superego anónimo que, sin embargo, tiene razón social, intereses definidos y nos conduce a un solo lugar: el matadero.

Todo nos conduce en esa dirección. Hasta sectas polémicas como el feminazismo o el wokismo cuando reclaman «entornos seguros» (es decir: controlados) y claman contra la responsabilidad individual (aquello de volver sola y borracha a casa o abortar de inmediato y sin más reflexión si no se han sabido controlar los propios instintos uterinos) siguen esa senda: la de esquematizar e infantilizar al ser humano y la sociedad separando al ser humano de su libertad de acción y la consiguiente responsabilidad.

¿Digo con esto que debemos prescindir de los vehículos autónomos?

Digo que debemos seguir al frente de nuestro propio destino: aceptar los múltiples inconvenientes e incomodidades que ello comporta para disfrutar de las indudables ventajas y satisfacciones personales y morales que conlleva.

Seamos libres, seamos adultos.

BIZARRO, «ESA ARMA»…GUÍA DE CASTELLANO PARA POSTGRADUADOS ESPAÑOLES.

Hay dos tipos de universidades en España: las públicas, destinadas a que los hijos de la clase obrera puedan llegar a ser profesores de instituto o funcionarios de grado medio; y las privadas, destinadas a que los retoños de las clases altas puedan acumular títulos y másteres que justifiquen sus predestinados puestos directivos en la administración pública o las empresas privadas. Ninguna de las dos tiene ni la más remota ambición cultural ni el más mínimo prurito de excelencia idiomática (máxime cuando el ilegítimo régimen de 1978 ha abandonado algunas de ellas a los delirios etnogenésicos de ciertas élites compradas por intereses extranjeros que algún día habrá que purgar a conciencia).

No me extenderé demasiado.

Existe un problema grave y es que en televisión y en cine (de la industria editorial hablaremos en otro momento), la inmensa mayoría de los que llegan a guionistas o traductores proceden de las facultades de Ciencias de la Información donde nunca se ha enseñado a escribir ni hablar correctamente el español. Propongo al lector un ilustrativo ejercicio: obtenga cualquier crónica del primer tercio del siglo XX o de finales del XIX y léala. Con toda seguridad, su autor carecía de ningún título universitario y hasta es muy probable que su educación formal fuera rudimentaria, pero encontrará el lector que sabía escribir y expresarse perfectamente en lo que llamaremos «el idioma de Cervantes». Por el contrario, lea cualquier periódico moderno, escuche la radio o vea la televisión…Todos esos medios están atestados de licenciados y graduados…¿podríamos aplicar aquí aquello de lo que Natura no da, Salamanca no lo presta?…No, porque, precisamente, lo que se trasluce de ese estado de cosas es el pésimo papel de la «salamanca» de turno en el desempeño de sus funciones, lo que, a su vez, nos habla bien a las claras del paupérrimo y vergonzoso nivel de catedráticos, profesores y de las instituciones mismas (que sería menester cerrar, limpiar y restablecer).

De todos los atentados contra el castellano ( y su historia) hay dos que me enervan en especial y que denunciaré aquí.

1º— BIZARRO : en español, bizarro significa apuesto, valiente, bien parecido, bien adornado. El significado que le dan los modernillos actuales (empezando por algunos muy exitosos que van de intelectuales y presumen de haber leído muchos libros) y que se acerca a extraño, raro, grotesco procede del inglés, es un innoble anglicismo que debe ser erradicado. ¡Hablad en español, cojones!

2ª—»ESA ARMA»…Harto estoy de escuchar en los doblajes de películas cacofonías como «esa arma», «esa agua»… Recordemos a Pedro Arias de Ávila, que acabó siendo conocido como Pedrarias Dávila a guisa de apresurado hipocorístico. El castellano es proclive a ese tipo de evoluciones que lo aproximarían al italiano, cosa que nunca se ha deseado. Así las cosas, dos áes juntas a fin y comienzo de palabra darían indeseados vocablos como «es´arma» o «es´agua» o «l´arma» o » l´agua»…por ese motivo es norma que cuando una palabra acaba en «a» y la siguiente comienza por la misma vocal, la primera cambie y termine en «e»: «ese arma», » ese agua» de manera que se mantiene la integridad de las palabras y el idioma haciéndolo elegante e inteligible. A ver si aprendemos…

Quedo a la espera de insultos y acaloradas críticas, gracias.

© Fernando Busto de la Vega.

SUECIA COMO PROBLEMA (PARA LA OTAN Y PARA SÍ MISMA)

Estocolmo, en su versión idílica.

No debemos engañarnos, Suecia, desde su mismo origen, ha sido un estado imperialista y con ansias de dominio mundial. De hecho, su tan cacareada neutralidad y su rechazo a entrar en la OTAN durante décadas respondía más un intento de buscar notoriedad por cauces no subordinados a los Estados Unidos y la Unión Europea que a su posicionamiento ideológico puramente propagandístico.

No es este lugar para hacer un detallado recorrido por la historia sueca. Para ilustrar su pulsión expansionista e imperialista bastará señalar algunos hitos, por ejemplo: cómo el naciente reino surgido en el centro de lo que hoy consideramos Suecia sometió a las tribus gautas del sur y de las grandes islas circundantes en el siglo X, cómo sus hombres descendieron por los grandes ríos rusos engendrando nuevos estados que acabarían dando origen a Rusia, como sometieron Finlandia (que estuvo en manos suecas entre 1154 y 1808) y Noruega (unida a Suecia entre 1814 y 1905), cómo sometieron Estonia y Letonia, que estuvieron gobernadas por Suecia entre 1561 y 1721, cómo se inmiscuyeron en el reino de Polonia-Lituania entronizando una rama segundona de la Casa de Vasa que reinó en esa enorme porción de territorio entre 1589 y 1668, cómo participaron en la guerra de los Treinta Años generando el llamado Periodo Sueco (1630-1635) intentando imponer su poder sobre Alemania, siendo frenados por los españoles en la batalla de Nördlingen (1634) a pesar de lo cual dominaron parte de Pomerania y otras zonas de Alemania hasta 1815, como arrebataron la provincia de Escania, que todavía poseen, a Dinamarca en 1658 , es preciso citar también la invasión de Rusia por Carlos XII de Suecia en 1708, que acabó con su derrota en la batalla de Poltava…

No hay que olvidar tampoco los establecimientos suecos en África, donde dominaron la llamada Costa de Oro sueca, en la actual Ghana (1650-1663), ni su intento de establecerse en América del Norte, donde fundaron Nueva Suecia en 1638, en la actual zona de Delaware, territorio que en 1655 les arrebataron los holandeses…

Como vemos, la pulsión imperialista sueca cursó con fuerza y se resolvió en un enorme fracaso a lo largo del siglo XVII (en gran parte debido a su enfrentamiento con España), rematado con la derrota de Carlos XII en Poltava ante Rusia, ante la que acabó perdiendo también Estonia , Letonia (1721) y Finlandia (1808). El enfrentamiento entre Rusia y Suecia viene de antiguo.

Sea como fuere, a comienzos del siglo XIX quedaba perfectamente claro que Suecia no estaba llamada a ser una de las grandes potencias mundiales. La pérdida de Finlandia produjo en el seno del país diferentes movimientos y golpes de Estado e impulsaron al parlamento a buscar la protección de Napoleón, entonces en auge, eligiendo como heredero al trono a uno de sus generales: Jean Baptiste Bernadotte, que reinaría como Carlos XIV…y también en esto fracasó Suecia, porque cuando Carlos XIV Juan heredó el trono en 1818, el poder de Napoleón se había esfumado e Inglaterra, Austria y Rusia emergían como grandes potencias dominantes.

Ello condujo a un siglo y medio de estancamiento en el que la pobreza y la emigración a los Estados Unidos, así como el atraso en todos los campos y la marginalidad dentro del escenario político mundial, convirtieron a Suecia en un país secundario y sin proyección. Fue esa debilidad política y económica la que mantuvo a Suecia neutral en ambas guerras mundiales a pesar de las simpatías proalemanas de las instituciones y gran parte de sus ciudadanos que, sobre todo en la segunda, contrapesó el largo gobierno socialdemócrata (1936-1976).

El asunto del gobierno socialdemócrata y la colaboración con la Alemania nazi de Suecia es complejo y vidrioso. Simplificando mucho, podemos decir que el fracaso de los partidos conservadores en la gestión económica a lo largo del último cuarto del siglo XIX y de los primeros compases del XX asociado a un proceso de industrialización tardío que los socialdemócratas aseguraron como pacífico y estable, llevó al pueblo, beneficiado por las políticas sociales de estos, a mantenerles en el gobierno, lo que en modo alguno alteraba las simpatías suecas hacia Alemania y su expansión, a la que se ayudó mediante exportaciones de materias primas que enriquecieron a los empresarios y sostuvieron los servicios sociales a las clases medias y obreras, lo que situaba a Suecia en una posición complicada y equívoca que, en cualquier caso, supo hacerse perdonar por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial a partir de 1945, después de todo, Estados Unidos estaba promocionando regímenes parlamentarios de índole liberal en el que democratacristianos, liberales y socialdemócratas se alternasen en el gobierno manteniendo a otros elementos fuera del poder y buscando aliados contra la URSS, que no en vano era el tradicional enemigo de Suecia.

De nuevo, y por vía bastarda, en el bando de los vencedores después de casi siglo y medio (1814-1945) Suecia decidió aprovechar la coyuntura y el «mirage», el espejismo hipócrita de su régimen socialdemócrata para volver a erigirse en una potencia mundial o, al menos, ganar peso político internacional, y lo hizo de una forma artera, muy propia del fariseísmo protestante y de la retórica socialdemócrata: situándose artificialmente en un plano moral superior y pretendiendo defender grandes principios generales en los que escondía sus verdaderos intereses imperialistas. En resumen: Suecia utilizó a la ONU para salir del ostracismo y volver a tener un papel de peso en el mundo.

Esto se vio muy claramente en su papel predominante en la formación de los Cascos Azules (que nos venden como fuerzas de paz, pero son medios de imposición de intereses económicos y nacionales determinados sobre escenarios precisos) y en su lamentable intervención, bajo el paraguas de la ONU en el Congo (1960-1964) donde volvió a fracasar militarmente y perdió a un secretario general de la organización, Dag Hammarskjold, obligando finalmente a la intervención de mercenarios europeos para poner a salvo a los ciudadanos blancos que los sublevados congoleños apoyados por la Unión Soviética, China y Cuba (el propio Che Guevara estuvo en el escenario) sometían a un salvaje genocidio que nunca se denominó como tal porque las víctimas eran blancos de origen europeo y religión mayoritariamente católica. El racismo solo se identifica en determinadas situaciones y porque conviene a ciertos intereses, pero se obvia cuando los afectados por el mismo son los blancos, especialmente si son europeos y católicos. Pero hay que decirlo alto y claro: no denominar genocidio a lo padecido por los blancos en el Congo en la década de los sesenta es puro y simple racismo.

Pero volvamos a Suecia.

A pesar del nuevo fracaso imperialista, de la incapacidad para desarrollar la versión maximalista de sus ambiciones, Suecia continuó amparándose en la ONU y en su propaganda de defensa de los derechos humanos y la promoción internacional de un «progresismo» hipócrita y capitalista que, a través de la socialdemocracia, ha calado en la izquierda hasta pudrirla y desdibujarla engendrando el enfermizo, indeseable y totalitario «wokismo» actual ,para seguir implementando su programa intervencionista en el Tercer Mundo con el fin de convertirse en una potencia internacional aunque sea de segunda división.

En gran medida, la propaganda socialdemócrata sueca (que ha impregnado también a otros partidos que se alternan con ella en el poder) no es sino la venta del «mirage», del espejismo, sueco y funciona a las mil maravillas mostrando una realidad inexistente e inspirando un voluntarismo ideológico que no deja de enmascarar el puritanismo protestante, los intereses económicos de las élites empresariales suecas y las ansias imperialistas de los modernos varegos con piel de cordero. Una mentira decadente que engendra decadencia y que tuvo durante décadas, y en cierto modo sigue teniendo, la virtud de minar las posiciones del tradicional enemigo ruso. La socialdemocracia socavó el comunismo mientras existió la URSS y actualmente, a través del «wokismo de aparente baja intensidad», contradice los posicionamientos conservadores de la nueva Rusia putinesca.

Pero Suecia no deja de ser un nación imperialista e intervencionista que, asustada, busca ahora el redil al que siempre se opuso (la OTAN) y se encuentra, a la hora de integrarse en él, los problemas que su intervencionismo imperialista ha creado. Erdogan, el presidente turco, ya se ha opuesto a la entrada de Suecia en la OTAN a causa de la parcialidad de esta nación en la causa kurda que, en la práctica, tiene como objetivo único minar y quebrantar la unidad territorial turca, siria e iraquí permitiendo que Suecia, amparándose en el camuflaje de los derechos humanos, de los derechos de los pueblos y de la ONU pase de no pintar nada en Oriente Medio a convertirse en una potencia media con mucho que decir y mandar siempre desde la hipocresía que caracteriza su política interior y exterior, la piel de cordero que disimula su condición de lobo.

Este es el primer problema que el cambio aparente de rumbo de Suecia (que volverá a su camino individual y egoísta en cuanto pase el peligro) se encuentra públicamente en este intempestivo viraje. Habrá otros muchos, acaso menos públicos y acaso más adelante. Pero hoy por hoy Suecia representa un problema para la OTAN, para la comunidad internacional y para sí misma. Es preciso que abandonemos el espejismo de país exitoso que tan bien saben vender y asumamos su condición de entidad tóxica tanto internacional como nacionalmente.

© Fernando Busto de la Vega

Diversas fotos de mendigos en Suecia procedentes de una noticia en la que se da cuenta de que los ayuntamientos suecos van a cobrar a los mendigos por pedir en la calle.

imagen de los disturbios en Estocolmo que los medios, especialmente españoles, prefieren silenciar para mantener el mirage sueco y sustentar la imposición de su ideología en España.

EL PLAN DE AHORRO ENERGÉTICO DEL GOBIERNO Y CÓMO FUNCIONA ESPAÑA

  • INTRODUCCIÓN
  • EL PLAN DE AHORRO DE 2008
  • SOBRE LA DIGITALIZACIÓN
  • SOBRE LA LUCHA CONTRA LA TEMPORALIDAD

INTRODUCCIÓN

Los Gobiernos españoles, nacionales, autonómicos o municipales, sea cual sea el partido o coalición que los dirija, son púlpitos publicitarios donde se predica constantemente al modo goebeliano, pero se reparte poco trigo. No debe extrañarnos. Entre los políticos unos vienen acostumbrados a las vacuas predicaciones eclesiásticas y otros a las interminables y soporíferas peroratas marxistas y todos, sin excepción, están en manos de «gabinetes de comunicación» especializados en bonitos discursos engañabobos llenos de lugares comunes que no quieren decir nada.

Nuestros políticos hablan mucho, dicen poco y no hacen nada (salvo extender la corrupción y conducirnos a la condición de estado fallido). Así funciona España.

Ahora anda el Gobierno de Sánchez pergeñando un cacareado plan de ahorro y eficiencia energética para la administración central que, a buen seguro, copiarán más o menos al pie de la letra las administraciones inferiores. Nada que objetar si realmente llegara a cumplir su función.

EL PLAN DE AHORRO DE 2008

Desgraciadamente, no lo hará.

No hace tanto, a causa de la crisis de 2008, se impusieron otros planes similares y yo, que trabajaba en la administración, recuerdo perfectamente como funcionaron.

El plan de ahorro consistía en que en la planta noble, donde estaban los despachos de los jefazos, se podía andar en manga corta en pleno mes de enero mientras en el resto de las plantas los funcionarios tenían que trabajar con abrigo, guantes, bufanda, gorro y hasta orejeras a causa del frío porque, para ahorrar, se les cortaba la calefacción. Lo mismo sucedía en verano: los jefes disponían de aire acondicionado y los demás, sudaban la gota gorda a menudo en edificios cuyas ventanas no siempre podían abrirse.

En España se ahorra así. Y luego dicen que no hay clases y que se pretende tender hacia el igualitarismo sin dejar nadie atrás…Pero la estructura del Estado es precisamente la más clasista y desigual. No olvidemos que muchos de los más altos estratos de la administración pública española, que no en balde se estructura piramidalmente, se cubren por pura y simple cooptación dentro de estrechos círculos de nepotismo y clase social. Hay puestos que no se alcanzan si no se ha estudiado en los jesuitas o no se pertenece a tal o cual corporación (ideológica, religiosa o sindical) o no se paga peaje a quien controla los accesos. Todo lo demás es pura demagogia. Y, claro, aunque el discurso sea uno, los efectos reales a todos los niveles son otros. Y dos efectos básicos de este estado de cosas son el clasismo feroz y la incompetencia más insidiosa y supina (los cayetanos, aunque sean de alpargata y segunda división, nunca han servido para nada. Las naciones las han construido y mantenido siempre los que vienen de abajo y saben como funciona el mundo en realidad).

SOBRE LA DIGITALIZACIÓN

Y, ya que estamos metidos en harina sobre cómo funciona realmente España, no estará de más que dediquemos un pequeño espacio a la digitalización de la administración pública.

Nos hablan de modernización, de mejora de los servicios…la típica prédica, ya la conocemos. El Estado en España, lo repito, es un enorme púlpito desde el que se profieren constantes mentiras para apaciguar a una ciudadanía concebida como rebaño y generalmente muy mal informada por no decir escasamente formada, lo que, desgraciadamente, es más cierto en las franjas de menor edad. Ignorancia que sigue intensificándose y fomentándose a través de las desastrosas y maquiavélicas reformas educativas que padecemos.

Si el Estado español estuviera concebido para cumplir su función y fuera eficiente, nada habría que oponer a la digitalización, pero todos sabemos de la incompetencia de los funcionarios (especialmente los situados más arriba en el escalafón y procedentes, como hemos explicado, de determinados grupos sociales, muchos de ellos «patas negras» de tradición familiar y enchufe disimulado) y de la naturaleza artera del Estado que no se concibió nunca para el beneficio de la ciudadanía sino como estructura de poder de los de siempre sobre los de siempre.

La digitalización, mal llevada, peor implementada y vergonzosamente desarrollada viene, y vendrá, a ser una excusa para hurtar servicios al ciudadano. En la pandemia lo hemos visto ya (teléfonos que no se respondían, páginas web bloqueadas…)

En conjunto el proceso viene a recordarme al de comarcalización de Aragón.

En el ápice de dicho proceso trabajaba yo en los Servicios Sociales de la Diputación General de Aragón (socialistas y peperos se empeñan en denominarla Gobierno de Aragón para limitar su significado histórico) y pude comprobar, desde mi modesta posición, los efectos de dicha comarcalización que, por cierto, cursó sin poner en jaque a las diputaciones provinciales, no fuera a ser que alguien se quedase sin sinecura. En resumidas cuentas consistió en transferir las competencias, pero no la financiación, a las delegaciones comarcales. De este modo, si alguien acudía a los servicios provinciales se le remitía a los comarcales con la excusa de haberse transferido las competencias y en los servicios comarcales los ciudadanos eran incluidos en listas de espera que nunca terminarían porque se carecía de financiación para implementar los servicios, de modo que el resultado final fue que el gobierno podía presumir propagandísticamente de su enorme compromiso social y territorial, pero, en la práctica, había suprimido los servicios al ciudadano ahorrando un dinero cuyo destino final fue siempre más que dudoso.
España funciona así. No es un Estado al servicio del pueblo, es una estructura parásita y cicatera que, mande quien mande, tiene una simple función extractiva y represiva. Lo demás son cuentos.

La digitalización, y lo hemos visto ya, seguirá ese mismo camino: sustraer los servicios y el acceso a la administración del ciudadano mientras los gobiernos sacan pecho hablando de modernización y demás zarandajas.

SOBRE LA LUCHA CONTRA LA TEMPORALIDAD

He aquí otra milonga del Estado.

Nos cuentan ahora que la voluntad de la administración es luchar contra la interinidad en sus filas.

Es preciso advertir que toman la iniciativa presionados por Bruselas y con la firme intención de burlar las órdenes recibidas desde Europa.

No nos engañemos: en esto, como en todo, el Estado español es un ente feroz de explotación laboral y un nido de peligrosos trileros de mentalidad franquista (si bien ahora el antiguo «sindicato vertical» ha sido sustituido por los llamados «agentes sociales»: los sindicatos y la patronal funcionando con la misma dinámica verticalista de antaño solo que camuflada en siglas y facciones en competición por los recursos emanados del Estado).

En efecto: los sindicatos mayoritarios han asumido el papel de los verticales franquistas y se han constituido en parásitos de ese Estado extractivo y represor beneficiando a sus propios cuadros sin preocuparse en modo alguno por la clase obrera o la ciudadanía en general.

Cuando derribemos el ilegítimo y ya prácticamente fallido Estado español e instauremos el renovado que necesitamos para ganar el futuro, los sindicatos no deberán escapar ni a la demolición ni a los castigos por alta traición de quienes nos han conducido al desastre.

En suma, y para resumir, lo de la «lucha contra la temporalidad» en la administración pública consiste en que las administraciones centrales, autonómicas y municipales puedan librarse, mediante legislación y «procesos de estabilización» amañados, de los empleados interinos que llevan a menudo dos décadas o más trabajando para ellas y tienen derecho a trienios, sexenios y demás para sustituirlos por otros más baratos favoreciendo en el proceso tanto a los candidatos procedentes de la protección nepotista de los estratos superiores como a los cuadros de los sindicatos mayoritarios.

Una estafa más.

España funciona así. No hay que darle más vueltas.

© Fernando Busto de la Vega