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FALTA DE PERSONAL Y TRADICIONES PATRIAS

Es ya sabido: falta personal, no hay obreros lo suficientemente inocentes y necesitados para seguir aguantando las jornadas infinitas en régimen de semiesclavitud y los sueldos de miseria así como los contratos de irrisoria duración que los patronos explotadores que pueblan nuestro tejido económico consideran «lo natural».

La solución, y mira que tiene bemoles el asunto, ya la dio Biden, el presidente de los Estados Unidos: paguen más. Y, añado: mejoren las condiciones sociales y laborales del trabajador.

Pero no, nuestro izquierdista y progresista Gobierno ya ha encontrado la solución ideal al problema, que es la de siempre: importar emigrantes que ejerzan de esquiroles quebrando las rodillas de los trabajadores patrios (y extranjeros ya aclimatados). En otras palabras: la respuesta del Gobierno «izquierdista» a la explotación laboral del trabajador español (y extranjero asimilado) consiste no en estimular la responsabilidad social y patriótica del elemento explotador sino en favorecerlo introduciendo en el mercado laboral lumpemproletariado, inmigrantes desesperados que acepten las jornadas interminables, los sueldos ridículos y los contratos, incluso esclusivamente verbales, de mierda.

Eso es lo que da de sí la democracia liberal y lo que cabe esperar de los partidos parlamentarios por mucho que se reclamen de izquierdas.

¿No basta esto para hacer una revolución? Es evidente que no. Tenéis alma de lacayos y así os va.

A este respecto, y como prueba de que nada ha cambiado, ni va a cambiar, quiero reproducir a continuación una entrada que publiqué el 13 de febrero de 2013 en mi blog Disidente Por Accidente.

Es lo que sigue:

«LA PERPLEJIDAD DE LOS PATRONOS.

Al surrealismo le pusieron nombre (como casi siempre) los franceses, pero no cabe duda de que constituye la más íntima naturaleza del ser hispano. Y, desde luego, no pasa día sin que esa naturaleza se manifieste convirtiendo en caricaturas sardónicas todos los desesperanzados textos picarescos de nuestra historia literaria.

Hoy, miércoles de ceniza para quienes siguen el calendario litúrgico cristiano, resacón de carnaval para los juerguistas y víspera de San Valentín para las románticas, hemos podido asistir a una de esas manifestaciones surrealistas del casticismo costumbrista hispánico.

A saber: el conciliábulo de la patronal. De la CEOE.

Resulta que en la guerra civil del PP uno de los amiguitos de la Aguirre, Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, ha visto como le llegaban a la línea de flotación unos torpedos de procedencia desconocida (quien sabe si lanzados desde Toledo o Génova): la denuncia pública de que pagaba sobresueldos en negro a sus empleados.

Naturalmente, la hipocresía exigía tratar el asunto, montar un bonito paripé de decencia y preocupación. Organizar una camarilla de crisis para fingir probidad e higiene moral. En resumen: formar junta para analizar las acusaciones y pedir, fuera de la sala y en voz muy bajita, la dimisión del jerifalte acusado.

Y se ha hecho. En España, ya lo sabemos, lo de darse sonoros golpes de pecho y entonar farisaicos «pésame-señor» sin absolutamente ningún propósito de enmienda es casi un deporte nacional.

Y, como también estaba previsto, no ha sucedido nada. Ni el tal Arturo Fernández ha dimitido ni ha habido rechinar de dientes ni ruido de metafóricos sables. Se han limitado a cumplir el expediente y a fondear en apostadero cubierto para ver si pasa la marejada y todo puede seguir igual. Si el temporal arrecia ya sabemos que dejarán hundirse el barco dañado para salvar la flota. Es el habitual modus operandi.

Pero, más allá de la liturgia del revoloteo en torno al nido, imagino tanto la sonrisa cínica de las aves que lo efectúan (muchos buitres, no pocas gaviotas) cuanto la perplejidad que habrá presidido todas sus devociones públicas.

¿Castigar a Don Arturo? ¿Y a fin de cuentas, por qué?

¿Qué ha hecho el vicepresidente de la CEOE que no venga marcado en el más profundo ADN de los patronos a los que vicepreside? Analicemos sus actos. A saber:

1.- Explotar a sus trabajadores pagándoles miserias para obligarles a desbordar el horario laboral si quieren llegar a conseguir un sueldo que cubra mínimamente sus necesidades de subsistencia, aumentando de este modo sus plusvalías a costa de actos que pueden conceptuarse como traición al pueblo y terrorismo social. Y, puesto que son hechos que comprometen gravemente la recuperación económica de la nación, deben considerarse también actos de traición a España.

2.- Estafar a sus clientes. No disponemos de datos para analizar sus márgenes de beneficio ni la calidad de sus productos y servicios, pero sí sabemos que gran parte de su imperio procede del trato de favor recibido por sus contactos políticos lo que de facto impide la libre competencia y constituye en sí mismo una estafa tendiendo a la prevaricación, el cohecho y las prácticas monopolísticas.

3.- Engañar a Hacienda comprometiendo por un lado las bases de cotización de sus trabajadores, condenándolos a bajas pensiones en el futuro y a subsidios de desempleo miserables  en el presente, y, por otro, detrayendo dinero público, lo que en la práctica supone robar al conjunto del pueblo y por lo tanto se inscribe en el ámbito de la traición a España.

Esas son las culpas del señor Fernández. Y de ahí proviene la perplejidad de los empresarios. ¿Qué ha hecho don Arturo que no sea el abc, el día a día, la ideología misma de sus colegas empresarios?

El problema para España no son las acusaciones que se le hagan a este individuo sino la patronal en sí. Un estamento inmoral, indigno, despreciable, cuya ideología y métodos son incompatibles con la democracia, la decencia, la paz social y el progreso económico. Y no existe modo de frenar esa nociva dinámica ideológica sin alterar definitivamente las relaciones de poder y la estructura económica y social de España.

¡Sublevaos! »

Pues eso, de aquellos polvos, estos lodos. Y seguimos sin sublevarnos. Qué se le va a hacer.

© Fernando Busto de la Vega

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¿CENSURA EN WORDPRESS?

Comentando un par de curiosidades de las que me he percatado.

Dos títulos recientes de este blog: Putas y Feministas y Las Amantes Centrípetas y los Cornudos Pasivo-Agresivos. Afortunadamente, pueden leerse íntegros en la versión pública del blog, solo faltaría…Pero en la privada, en esa sección de «mensajes» que maneja el autor, resulta que las palabras «putas» y «cornudos» no se pueden ver. Han desaparecido de los títulos que quedan así: Y Feministas y Las Amantes Centrípetas y los Pasivo-Agresivos. No deja de ser curioso que WordPress me aplique la censura a mí, que he escrito ambos títulos y ambos artículos y, evidentemente, sé lo que son las putas y los cornudos y no me asusto de esos vocablos plenamente castellanos y parte del idioma español. Un idioma que, al contrario que el inglés originario de los tipos que pergeñaron WordPress, siempre fue libre, explícito y concreto.

La pregunta que me hago es: ¿si incurren en una censura tan pueril y ridícula dentro de mi propio espacio de trabajo, qué otras iniciativas similares tomarán al margen de mi conocimiento?

Y añado una exhortación: no traten al español como al inglés, son dos universos culturales y mentales completamente diferentes.

Solo algunos ejemplos en abono del uso de ciertas palabras y conceptos en la alta cultura hispana: Gracias y Desgracias del Ojo del Culo, publicado por Don Francisco de Quevedo en 1628 ; Izas, Rabizas y Colipoterras (todos sinónimos de puta), publicado en 1964 por Camilo José Cela que basó el título en un poema del Cancionero de Amberes de 1557 o, del mismo autor: La Insólita y Gloriosa Hazaña del Cipote de Archidona, publicada en 1979 y de la que hasta se hizo una película cuyo inicio ilustra esta entrada. O la novela Coños, publicada en 1995 por el conservador y ultracatólico autor Juan Manuel de Prada.

Un poquito de seriedad y mentalidad adulta, que estamos en España. Y vosotros, desarrolladores, si no lo estáis, creced y españolizaos. El rancio puritanismo anglosajón y protestante es ya el pasado y siempre fue una forma inferior de civilización y cultura. Es triste que los bárbaros del norte dominen el mundo romano, pero todo se andará…paciencia y barajar.

© Fernando Busto de la Vega.

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DIFERENCIA ENTRE DEMOCRACIA Y PARLAMENTARISMO LIBERAL

Vivimos en un régimen totalitario que nos machaca con la ortodoxia dominante día y noche: en la escuela o los institutos, desde los medios de comunicación y hasta desde la publicidad. Por eso, porque estamos programados para creer lo que se nos dice y no cuestionarlo, comulgamos con ruedas de molino como que parlamentarismo liberal y democracia son la misma cosa. Es falso.

El parlamentarismo liberal que padecemos, basado en la desigualdad y preparado para dar ventajas a los hijos de las clases altas dominantes perjudicando a los de las clases bajas (en otras palabras: burlando la igualdad de oportunidades que es básica en la democracia) es un régimen pensado para que las facciones oligárquicas se turnen en el poder sin efusión de sangre y sin que nada cambie en esencia. Habrá quien piense que la existencia de partidos «izquierdistas» o «antisistema» en al ámbito parlamentario cambia las cosas. Error: esas siglas no dejan de representar facciones más o menos explícitas de la oligarquía. Hagamos un experimento: ¿cuantos diputados y líderes políticos proceden o han procedido realmente de la clase obrera? ¿Qué medidas en favor de la clase obrera defienden los actuales partidos de «izquierdas»? Mucha defensa del colectivo LGTBI (que ganó su legitimidad en las instituciones internacionales como la ONU a mediados de los 90 a cambio de asumir el ideario burgués-capitalista, de ahí su obsesión por el matrimonio) y de los inmigrantes (cuya abundancia beneficia al capital perjudicando al obrero nacional, enfrentado a una competencia que baja los salarios y las exigencias sociales y laborales), mucho multiplicar los chiringuitos de nombres rimbombantes donde colocar a militantes y amiguitos…pero muy poco defender al obrero o al ciudadano de clase media cuya defensa, a día de hoy, ha de hacerse en clave nacional y no internacionalista.

Es así, no hay que darle más vueltas.

En cambio, la democracia verdadera, que no tiene por qué adoptar formas parlamentarias de corte liberal ni derivar hacia el lodo de la partitocracia, se basa en la defensa de los intereses del ciudadano, no del capital ni de la ortodoxia internacional sea marxista o capitalista, y se estructura en torno a la igualdad de oportunidades: misma enseñanza pública para todos, misma capacidad de acceso a puestos de responsabilidad para todos y compromiso de prosperidad para todos, lo que contrasta con el acaparamiento de recursos, riqueza y poder por parte de las oligarquías. El primer paso de la democracia es quebrar el espinazo de la oligarquía corrupta, incompetente y cleptocrática que nos domina y se esconce en el juego partidista del parlamentarismo liberal-capitalista. Pueblo y nación son una misma cosa, no puede articularse la nación en la división entre honestiores y humiliores, entre oligarquía y clase sometida, y mucho menos venderla a cualquier clase de sucio internacionalismo, es decir: entregar nuestro destino a instancias que no podemos votar ni controlar y a las que, como pueblo y como nación, no les importamos nada. Es más: en la mayor parte de los casos nos odian y nos desprecian por ser quienes somos.

El parlamentarismo liberal, desde su implantación en España en 1833, nos pone en manos de nuestros enemigos de siempre…y así nos va.

Es hora de dejar paso a la DEMOCRACIA.

Si te ha gustado esta entrada, conviene que leas también esta, esta y esta.

© Fernando Busto de la Vega

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PUTAS Y FEMINISTAS

Obsérvese lo nutrido y mayoritario del movimiento. Menos de una docena sosteniendo la pancarta para una ley que nos embutirán si o sí de manera «democrática» y por mayoría parlamentaria.

Andan las feministas empeñadas en prohibir la prostitución en España, nada que nos deba extrañar si tenemos en cuenta que los tres grandes logros del feminismo en los Estados Unidos fueron la Mann Act de 1910 (que luego se integró en la legislación de la ONU a partir de 1946) , la censura en el cine y la implementación de la Ley Seca en 1919. No podemos pasar por alto que las feministas de los Estados Unidos (cuya ideología y acciones copian las nuestras, ayunas de originalidad y estatura intelectual y moral, podemos tildarlas sin faltarles al respeto de simples cantamañanas de querencias miméticas) eran las mismas que militaban en el Movimiento por la Templanza, puramente prohibicionista y transmisor (como el actual feminismo) del puritanismo protestante más radical.

Habitualmente nos venden el feminismo como algo moderno y progresista, pero es mentira. Se sitúen bajo las banderas que se sitúen, las feministas únicamente transmiten una ideología pasada de moda, que ya era ridícula y anticuada en el siglo XIX. Son las beatas histéricas de sacristía de antaño, reorganizadas y disfrazadas de progresistas.

Por cierto, la Historia ha demostrado que en ningún lugar donde el puritanismo feminista ha hecho prohibir la prostitución esta ha dejado de existir. Al contrario. Tampoco ha liberado a nadie de la trata. Precisamente, la prohibición potencia el papel de las mafias y somete con más fuerza a las personas prostituidas al poder de organizaciones criminales. Este es un hecho en todos, TODOS, los países donde el puritanismo feminista ha conseguido sus fines. A pesar de lo cual, las estúpidas feministas españolas, presas de su ansia mimética y totalitaria, de su preocupante histerismo peterpanesco (porque el feminismo tal y como lo conocemos es una manifestación de la falta de experiencia vital de sus defensoras y de su inmadurez rayana en la adolescencia problemática) insisten en seguir una senda que nos consta inútil y hasta perjudicial.

Pero no debe extrañarnos. Sabemos ya que el feminismo no tiene nada que ver con la verdad y la justicia, es totalitarismo dictatorial y ansia de poder y subvenciones. Por eso no se debe debatir con las feministas, sino barrerlas, como a los nazis o los estalinistas, del concierto social.

Ello no obstante, no estará de más que, sucintamente, analicemos cómo plantean el problema y de qué modo pintoresco y sin base alguna racional ni objetiva defienden la prohibición.

Más claro no puede quedar: el feminismo es puritanismo y prohibicionismo. Las beatas de sacristía de siempre haciéndose pasar por modernas.

Como en el asunto de la llamada «violencia de género» ,se inventan una «realidad» maniquea y falsa que justifique su victimismo y la imposición de su supremacismo en la habitual táctica totalitaria.

Escuchándolas parece que solo las mujeres son prostituidas y solo los hombres ejercen el proxenetismo y pagan por servicios sexuales. ¿Habrá que decir que esto es falso? Hay hombres que se prostituyen (y son prostituidos, pero de esta trata no se habla, no interesa) del mismo modo que hay mujeres proxenetas y mujeres que pagan por servicios sexuales tanto de hombres como de otras mujeres. Es así, pero el feminismo, fiel a su relato de ideología alejada de la realidad y empeñado en imponer manu militari unas leyes determinadas que no parten, como vemos, de la evaluación objetiva de la realidad ni del deseo de liberación y justicia, sino del supremacismo, el ansia de poder y de recibir privilegios y fondos públicos así como de una patológica y malsana voluntad de controlar la libertad sexual y reproductiva del elemento masculino (que, libremente, es difícil, por no decir imposible, que las elija como parejas sexuales: a los hombres les gustas las mujeres sensatas, inteligentes y equilibradas) siguen en sus trece, continúan con su agenda prohibicionista, sus mentiras y su histerismo…todo ello con la connivencia de los medios de comunicación y la mayoría de partidos políticos, sindicatos y poderes económicos en un entorno de decadencia terminal en lo político, lo social, lo cultural y lo moral.

Solo quiero añadir una última cosa: yo nunca he ido de putas, pero si las feministas se salen con la suya, empezaré a frecuentarlas. Será un acto revolucionario y de disidencia.

Del porno y las violaciones hablaremos otro día.

© Fernando Busto de la Vega.

FERIA DEL LIBRO

Gregorio Marañón, uno de los más insulsos y pestíferos «intelectuales» españoles firmando libros en la Feria del Libro de Madrid, allá por el franquismo.

Cuando hablamos de Feria del Libro estamos refiriéndonos, quizá sin darnos cuenta, a un intento de monopolio del hecho literario por una determinada élite que pretende controlar no solo el mercado sino también los límites ideológicos y estéticos del concepto «alta cultura». Esto siempre fue así.

La diferencia con el pasado es que lo que ahora llamamos «intento de monopolizar» entonces era un monopolio completo en manos de ciertas oligarquías con determinada ideología. Existían editoriales que se reclamaban vanguardistas y de izquierdas, otras clásicas y de derechas y apenas podía el autor esquivar su dominio del mercado.

La tecnología ha aportado resquicios por los que el autor puede expresarse con mayor independencia y libertad apartándose de un mercado monopolístico más monopolizado que nunca por la preponderancia de los gigantes del sector que se ocultan tras la diversidad de sellos que han absorbido y junto a los cuales existen una serie de satélites «independientes» que tratan de abrirse paso y ser reconocidos como representantes de la «alta cultura» mimetizándose con los grandes. Por supuesto, los medios de comunicación de masas apoyan este intento de monopolio tanto por cuestiones de afinidades accionariales como por su condición de cadenas de transmisión del poder oligárquico que se oculta tras la ortodoxia cultural y el ansia de monopolizar el mercado. Es un síntoma más de la estructura piramidal, autoritaria y exclusivista de la sociedad en la que vivimos.

Pero el monopolio está amenazado…y eso traerá consecuencias. Vivimos tiempos de cambio y el cambio es siempre revolucionario, aunque la revolución a menudo se mezcle en la avalancha renovadora con el lodo. Mojémonos, ensuciémonos…el tiempo decantará el detritus y hará flotar el metal valioso.

© Fernando Busto de la Vega.