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LA OTRA HISTORIA DE JESÚS

La hegemonía de la secta cristiana en los últimos siglos ha impuesto una sola versión, la canónica y mitológica, sobre la historia de Jesús, para ellos es el Cristo o el Mesías. Esa la conocemos todos, no voy a volver a recapitularla aquí.

En cambio, existe otra, la que los propios vecinos de la Sagrada Familia, de Jesús, conocían, transmitieron y llegaron a contarle a Celso, el gran intelectual pagano que más combatió la expansión de la secta cristiana en el seno de la Civilización, de la Ecúmene, que debemos restaurar a la mayor brevedad posible para revertir los males causados por el cristianismo y las ideologías de él derivadas (desde el liberalismo al marxismo) y abandonar definitivamente la barbarie.

Según el propio Celso les explicaba a los cristianos de su época rebatiendo las mentiras mitológicas que estos defendían y acabaron imponiendo, la verdadera historia del nacimiento de Jesús era la siguiente: María era una adolescente de familia pobre que contrajo matrimonio por interés económico con un viejo acaudalado: José. Lógicamente, obligada por sus padres a la boda y ante la más que posible incompetencia sexual de su viejo esposo, la muchacha acabó cayendo en los brazos de un amante. Se trataba de un vigoroso legionario romano de origen tirio o sidonio llamado Panthera con el que acabó fugándose (¿a Egipto?) para evitar ser lapidada por adúltera. Más tarde, quizá tras la muerte del viejo José, que la convertía en una viuda más o menos respetable, regresó, pero no ya a Judea sino a Galilea, siempre para evitar las consecuencias penales de su adulterio, y allí creció y se educó Jesús con sus hermanos (Jacob, Judá, José y Simón) con el apellido de Bar Panthera, el hijo de Panthera.

Esta es la otra historia del nacimiento de Jesús, el Cristo o, para los no cristianos, Jesús Bar Panthera.

© Fernando Busto de la Vega

INFLACIÓN Y ESTAFAS

En estos días de generalizadas alzas de precios ¿Quién no se ha dedicado a recorrer tiendas y supermercados para encontrar las mejores ofertas? Yo no he sido una excepción y me he percatado de algunos hechos interesantes sobre los que conviene meditar y extraer consecuencias políticas.

En supermercados prácticamente contiguos, el mismo, exactamente el mismo producto, puede llegar a costar hasta tres veces más en uno que en otro ¿Qué nos dice eso?

Resulta evidente: con la excusa de la inflación hay quien aprovecha para estafar a sus clientes aprovechándose de ellos. Debería ser un delito, pero no lo es. Además de un delito de estafa debería considerarse, pero tampoco se hace, un acto de sabotaje, de traición al pueblo y a la nación porque dichas prácticas solo contribuyen a disparar aún más la inflación y perjudicar colectivamente a ciudadanos e instituciones.

¿Qué nos enseña este estado de cosas? Algo muy sencillo que ya sabíamos: el régimen liberal, diseñado para premiar la avaricia de los especuladores (no en vano procede de la ideología provinciana, racista, ruin y codiciosa de los burgueses centroeuropeos que se despeñaron por el abismo moral del protestantismo que justificaba entre otras cosas la rebelión contra las autoridades legales y el uso de la piratería, recomiendo en este punto vivamente leer La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, de Max Weber) y no los derechos del pueblo en su conjunto y de la nación que constituye.

El régimen liberal defiende los intereses de los estafadores y especuladores, de los oligarcas (que no solo existen en Rusia, Estados Unidos y Europa están plagadas de ellos), no los del pueblo. Ergo, es preciso cambiarlo a la mayor brevedad. Necesitamos un régimen pensado para el pueblo y la nación, no para los especuladores y explotadores.

Sugiero al lector, antes de terminar, que se de un paseo por el artículo Tres Crisis Financieras de los Estados Unidos Que Conviene Recordar de este mismo blog. Comprobará en él cómo cada crisis del sistema liberal-capitalista conduce al empobrecimiento y pérdida de derechos del pueblo (del trabajador/consumidor) y un enriquecimiento y empoderamiento de la oligarquía.

¿Vamos a seguir soportándolo? Es tiempo de cambio.

© Fernando Busto de la Vega

TRES CRISIS FINANCIERAS DE LOS ESTADOS UNIDOS QUE CONVIENE RECORDAR

  • INTRODUCCIÓN
  • LA CRISIS FINANCIERA DE 1819
  • LA CRISIS FINANCIERA DE 1857
  • LA CRISIS FINANCIERA DE 1873
  • CONCLUSIÓN (INDEPENDENCIA, YA)

INTRODUCCIÓN

Analizar el pasado para comprender el futuro es siempre una buena medida. A este respecto, en circunstancias económicas difíciles como las actuales, no está de más volver la vista atrás, fijarla en los Estados Unidos y evaluar, si quiera someramente, tres profundas crisis (¿estructurales o de crecimiento?) financieras cuyo origen y desarrollo nos permitirá comprender mejor el terreno que pisamos en este incierto y atribulado siglo XXI que será de aniquilación completa si no logramos que sea de avance y reconstrucción.

LA CRISIS FINANCIERA DE 1819

Las guerras napoleónicas y el año sin verano (1815) habían convertido en deficitaria la agricultura europea abriendo una importante ventana para la especulación en ese campo que la oligarquía financiera estadounidense decidió aprovechar para enriquecerse.

Los mecanismos políticos se pusieron de inmediato en marcha y en 1817 lograba crearse el Segundo Banco Nacional (después de que el Primero hubiera acabado en bancarrota y boiciteado políticamente en 1811). La operación especulativa tenía una doble vertiente: por un lado se abría el grifo del crédito para conseguir el establecimiento de nuevos colonos en territorios yermos y luego se compraba a bajo precio su producción cerealista para revenderla en Europa a precios de carestía consiguiendo ingentes plusvalías. Lógicamente, se creó una burbuja tanto de crédito como comercial. Y esta burbuja no tardó en estallar.

Para 1818 los efectos del año sin verano y de las guerras napoleónicas estaban remitiendo en Europa y los precios del grano bajaron dando al traste con el negocio de los cien inversores que manejaban la mayor parte de los depósitos del Segundo Banco (entidad privada que gestionaba el crédito del Gobierno Federal vendiéndole de paso el dinero que emitía) de modo que los depósitos en oro y plata del mismo dejaron de cubrir las emisiones de papel moneda. Más aún: a ser infinitamente menores que los vales emitidos. Tal circunstancia generó una inflación galopante que aumentó cuando al ser destituido el director del banco (William Jones) se descubrió que tanto él como sus directivos habían incurrido en lucrativos fraudes y robos de depósitos que, enriqueciéndoles a ellos, conducían al banco (privado) y al gobierno, que dependía de él, al borde de la quiebra.

El nuevo director del Segundo Banco, Langdon Cheves, tuvo como principal interés contener la inflación para salvar el valor nominal del papel moneda en manos de los cien inversores de la entidad que constituían la aristocracia financiera de los Estados Unidos. Para contener la inflación sin evidenciar la desproporción entre papel moneda y depósitos de oro y plata ni perjudicar los intereses de los grandes inversores recurrió a la restricción del crédito causando una profunda recesión que agudizó el desempleo entre las clases desposeídas del país y llevó a la ruina a los pequeños propietarios, especialmente a los colonos agrícolas cuyas adquisiciones de tierras se habían llevado a cabo en papel moneda prestado por el propio banco que ahora exigía los pagos en metálico, en oro y plata.

Para 1822 la situación financiera del Segundo Banco ya se había estabilizado pero el director Cheves mantuvo el control del crédito que ahora generaba artificales plusvalías para los grandes inversores.

En 1823 Cheves fue destituido a causa del descontento popular, pero su sucesor: Nicholas Biddle, siguió al servicio de los mismos intereses, los de los grandes inversores que se habían enriquecido a costa de la ruina de los pequeños propietarios y los trabajadores. Biddle abrió el crédito de nuevo, pero concentrándolo en los intereses industriales de los grandes inversores que se lanzaron así a aventuras empresariales que generaron una revolución industrial en el marco de la cual los trabajadores quedaron más sojuzgados y dependientes del capital que ellos manejaban y los pequeños inversores de antaño en su mayor parte fueron proletarizados mientras se creaban latifundios a costa de las pequeñas propiedades expropiadas.

La política financiera del banco continuó en la misma línea hasta que en 1832 llegó a la Visepresidencia de los Estados Unidos un representante de los pequeños agricultores, Martin Van Buren, que retiró en 1833 los créditos estatales del Segundo Banco llevándolo a la ruina, pero no sin que dejara tras de sí una poderosa élite de grandes capitalistas enriquecidos mediante la especulación del trigo y el papel moneda y los créditos industriales entre 1817 y 1833.

Martin Van Buren

LA CRISIS FINANCIERA DE 1857

Dicha élite siguió operando en un contexto de absoluta libertad bancaria que favorecía la especulación con el papel moneda, cada vez más desacreditado (de ahí la importancia histórica de las diversas fiebres del oro que sufrió el país, especialmente la de California en 1848: la gente común solo tenía acceso al papel moneda de los bancos, de valor dudoso cuando no nulo, y necesitaba oro y plata para estabilizar su situación económica, y estos circulaban poco y eran extraordinariamente caros habiéndose convertido casi en monopolio de la élite inversora, de ahí también la abundancia de asaltos a bancos y trenes que los transportasen, y la tesaurización de los metales preciosos.

Rápidamente, la inversión en las compañías de ferrocarril y de seguros crearon una nueva burbuja que estalló al arruinarse en 1857 la Ohio Life Insurance.

De nuevo la necesidad de convertir masivamente el papel moneda de dudoso valor en metales preciosos generó un pánico financiero que perjudicó los beneficios de los grandes inversores del norte que se habían enriquecido con el Segundo Banco Nacional.

Hacia 1859 la crisis se encontraba ya estabilizada, pero había supuesto una drástica disminución de las plusvalías de la oligarquía financiera del norte. La solución fue sencilla: en 1861 se desató la guerra civil que, bajo la loable excusa de acabar con la esclavitud, perseguía el insidioso objetivo de poner los estados del sur bajo la dependencia financiera de la oligarquía del norte. En 1863 se estableció la Ley Nacional de Banca, que estabilizó el sistema financiero volviendo a la senda del crédito a los industriales del norte arrastrando, junto con los efectos de la guerra y de la creciente inmigración, a gran parte de la masa estadounidense a la condición de proletarios cada vez peor pagados. Lo que activó el movimiento obrero en el paradigma de la «democracia» (cuando los liberales pronuncian esa palabra quieren decir en realidad: parlamentarismo liberal capitalista de facciones oligárquicas y lobbies en el que el pueblo es únicamente obra de mano lo más barata, explotada y sin derechos posible) y, consecuentemente, una feroz represión contra el mismo que se agudizó con los concatenados efectos de la siguiente crisis, la de 1873.

LA CRISIS FINANCIERA DE 1873

En 1870 la rivalidad entre el II Imperio Francés y Prusia condujo a una guerra que destruyó al primero permitiendo el establecimiento del II Reich Alemán con Bismarck a la cabeza.

Los alemanes impusieron a Francia ingentes reparaciones de guerra que solo admitieron cobrar en oro. Tal circunstancia les permitió erigirse en principal potencia económica mundial al precio de causar una crisis económica global al adoptar el patrón oro como respaldo de su moneda, lo que abocaba al empobrecimiento y la inflación al resto de las naciones, de pronto embarradas en un ya ineficiente patrón bimetálico.

Como no podía ser de otro modo, los Estados Unidos se vieron también afectados viéndose obligados, entre otras medidas, a romper sus tratados con los pueblos indígenas e invadir las Black Hills (que habían cedido a los sioux en el Tratado de Fort Laramie en 1868) allá por 1876, a causa de los ya imprescindibles yacimientos de oro que albergaban al tiempo que intensificaban la colonización del interior continental para multiplicar la ya deficitaria la producción agraria.

La ruptura del Tratado de Fort Laramie condujo a un recrudecimiento de la guerra contra los nativos, que perduró hasta al menos la masacre de Wounded Knee en 1890 y contó entre sus episodios con la derrota del ejército estadounidense (ya sabéis: el famoso Séptimo de Caballería de Michigan) en la batalla de Little Big Horn en 1876. Todo ello unido al surgimiento y desarrollo del movimiento obrero en zonas ya industrializadas y mineras del que hemos hablado antes.

Así las cosas, una nueva crisis, sobrevenida antes de que se pudieran superar del todo los efectos de la anterior, la de 1857, se desencadenó en 1873.

Ese año comenzó la llamada Gran Depresión de 1873-1896 que en general hemos olvidado en favor de la de 1929, pero que, por el contrario, es bueno que tengamos muy presente en momentos como los que atravesamos.

En la primavera de 1873 la Bolsa de Viena se vino abajo como consecuencia del paso de Alemania al patrón oro y, consecuentemente, las compañías ferroviarias y todas las empresas a ellas asociadas (bancos, aseguradoras…) colapsaron, dando inicio a una onda de choque que se expandió por todo el mundo. Durante veinte años, el incremento en la producción de hierro y acero desplomó los precios de estos productos uniéndose al hundimiento de los de las materas primas (grano, algodón…) en un acentuado ciclo de deflación que condujo al empobrecimiento de grandes masas de población europea impulsada a la emigración, lo que en Estados Unidos condujo a un incremento de la mano de obra que derivó en la bajada de salarios (hasta un trescientos por cien menos en 1877 en relación con 1867) y el consiguiente descontento que se tradujo en un incremento del movimiento obrero y sus movilizaciones con el ápice significativo de la Gran Huelga de Ferrocarriles de 1877 que las empresas y el gobierno estadounidense reprimieron salvajemente usando el ejército, la policía y matones privados que emplearon ampliamente el asesinato, la coacción, la violencia y la tortura dando así comienzo a la feroz represión contra el movimiento obrero y la consolidación de la hegemonía de la oligarquía financiera como centro del Estado que todavía perdura en el neoliberalismo actual que han exportado a gran parte del mundo.

Al final, los Estados Unidos salieron de la profunda crisis de 1873 mediante la guerra: arrebatando a España sus últimas provincias ultramarinas (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, las Marianas…) y apropiándose de los circuitos económicos que las unían en 1898.

CONCLUSIÓN

Ese es el ciclo: especulación, represión del pueblo que protesta por su empobreciento, crisis y guerra que enriquece más a los ricos empobreciendo más a los pobres entre los que se cuentan los «países aliados» mejor denominados «estados satélite». Así funciona el sistema impuesto por los Estados Unidos en el que estamos sumergidos como estado satélite y que, desde luego, no nos favorece.

Ese es el juego tras la guerra de Ucrania y el giro del Gobierno Sánchez en el asunto del Sáhara Español (del que oportunamente hablaremos en estas mismas páginas) y es bueno que lo sepamos. Nos llevan una vez más al matadero, y es posible que esta vez sea la definitiva. Seamos conscientes y comencemos a actuar. Estados Unidos son nuestros enemigos y la OTAN no está diseñada para defendernos sino para explotarnos, controlarnos y manipularnos.

INDEPENDENCIA, YA.

© Fernando Busto de la Vega

SIETE LIBROS PARA RELEER EN 2022

FERNANDO BUSTO DE LA VEGA
  • INTRODUCCION
  • 1.- EL IGUALITARISMO COMO REVUELTA CONTRA LA NATURALEZA (MURRAY ROTHBARD, 1974)
  • 2.- LESBIAN NATION: THE FEMINISM SOLUTION (JILL JOHNSTON, 1973)
  • 3.- EL CIERRE DE LA MENTE MODERNA (ALAN BLOOM, 1987)
  • 4.-EL AZAR Y LA NECESIDAD (JACQUES MONOD, 1970)
  • 5.-LA AGRESIÓN INTERNACIONAL (VICENTE BLANCO GASPAR, 1973)
  • 6.- LA DESNACIONALIZACIÓN DE LA MONEDA (FRIEDERICH HAYEK, 1976)
  • 7.- EL VARÓN DOMADO (ESTHER VILAR, 1971)

INTRODUCCIÓN

Sin duda, el año que vivimos, 2022 según la cuenta de Dionisio el Exiguo en la versión del papa Gregorio XIII a partir de su bula Inter Gravissimas que condujo a que en 1582, como es ampliamente sabido, al jueves 4 de octubre siguiese el viernes 15 de ese mismo mes, va a resultar un año decisivo.

Nos encontramos ante un innegable y trascendente punto de inflexión. Sin duda, en estos días un ciclo termina y se abre otro nuevo y aterradoramente diferente sumiéndonos en una desasosegante incertidumbre ante lo incontrolable de la novedad que nos aguarda.

Bien es cierto, y esto me parece lo más aterrador, que el futuro al que nos dirigimos se definirá en gran medida por decantación de los más groseros y mal digeridos légamos del presente, especialmente en su versión filosófico-ideológica. Por ese motivo me parece interesante repasar en este quicio desquiciado del siglo, en este abismo hacia una nueva época oscura a la que inevitablemente nos despeñamos, algunos libros. En esta entrada he seleccionado siete no a causa de mi afinidad intelectual con ellos ni por mi rechazo a sus tesis. Todo lo contrario. Parto de una equidistancia ciertamente perversa y viciosa, casi luciferina, sin excluir ni renunciar a la liviana impudicia del azar, para realizar una selección de títulos que proponer a mis lectores como piedra angular de una panorámica consciente, de una perspectiva subjetiva ante la bilis que el presente acabará vomitando sobre el futuro.

Cada cual juzgará bajo la consciente condena de su libre albedrío sobre la perversa propuesta y sus consecuencias epistemológicas. Yo me limito a ofrecer los dados para el hábil trile intelectual. Lo demás será cosa (y culpa) vuestra.

1.- EL IGUALITARISMO COMO REVUELTA CONTRA LA NATURALEZA (MURRAY ROTHBARD, 1974)

Pongámonos en contexto: en 1976 Milton Friedman, adalid de la Escuela Económica de Chicago (es decir: del neoliberalismo salvaje que todavía padecemos), ganó el Nobel; en 1982 sería George Stigler, otro de los sobrevalorados propagandistas de dicha tendencia, quien recibiría igual galardón. En 1975 la contraofensiva moral de la Revolución Conservadora comenzaba en Francia de la mano del insustancial (he leído sus memorias) Guiscard D´Estaing extendiéndose rápidamente a los Estados Unidos. En 1979 Margaret Thatcher llegaba a la presidencia del gobierno en Inglaterra y en 1981 Ronald Reagan a la de los Estados Unidos. Era el momento de la revancha de la extrema derecha y del liberalismo extremo frente a la contracultura marxista dominante en décadas anteriores. Dicha reacción no partía de la nada, estaba abonada. Entre otros por ensayos como este: «Egalitarianism as a revolt against nature» publicado en 1974 en la Libertarian Review por el judío (no es un dato racista, sino de índole cultural no exento de interés, no en vano dicho enasayo viene a culminar en pleno siglo XX toda la ideología desarrollada por ese pueblo desde la Edad Media europea, no significa, por lo tanto, innovación alguna sino constatación de una condición cultural acreditada durante siglos y que conllevó la misma fundación de la ciudad de Nueva York, donde nació el autor: geografía y origen son rasgos a menudo desdeñados, pero fundamentales para comprender la filosofía y la ideología) neoyorquino Murray Rothbard.

Ensayo que no deja de ser interesante revisitar en nuestros días.

2.- LESBIAN NATION: THE FEMINIST SOLUTION (JILL JOHNSTON, 1973)

En resumen: el patriarcado capitalista oprime a las mujeres haciéndolas creer que son heterosexuales cuando, en realidad, todas nacen esencialmente homosexuales. La heterosexualidad femenina es a un tiempo una forma de dominación/violación del patriarcado capitalista sobre las mujeres alienadas por una sociedad represora y artificial y una indigna forma de colaboracionismo de las mujeres con dicha maligna estructura impuesta a sangre y fuego por la innata violencia del macho. Las mujeres concienciadas solo deberían practicar sexo con otras mujeres e implementar el separatismo lésbico, porque, además, como dicen, solo una mujer conoce de verdad el cuerpo de otra mujer y puede proporcionarle placer.

En otras palabras: como soy lesbiana y fea, voy a ver como organizo las cosas para seducir jovencitas que, aunque fueran ciertamente lesbianas, no me prestarían atención porque mi edad y mi físico me sacan completamente del mercado sexual. No obstante, alienándolas con un idealismo que me haga parecer guay…o, si lo preferimos: la estrategia de tantos profesores de universidad cincuentones, calvos y entrados en carnes para seducir discípulas llevada al terreno bollo.

Desde entonces son incontables las lesbianas salidas, feas y sin gracia que han cantado esta canción a jovencitas de buen ver en institutos, universidades, cursillos y demás. Del mismo modo que ahora se investiga la pederastia en la Iglesia Católica llegará un día, y lo digo sin acritud ni escándalo, más bien con una sonrisa socarrona y pícara, que se tendrá que investigar la de tantas y tantas profesoras, líderes de opinión y femigurús del feminazismo. Es así, y todos (y todas) lo sabemos.

Todo sea por follar…

La de la foto de abajo es Jill Johnston, la autora del libro.

Personalmente he decidido inaugurar esta entrada con mi propia fotografía para que las indignadas por mi agresivo machismo podáis despellejarme con toda libertad, mala baba y franqueza juzgando mi físico con conocimiento de causa. Un beso. O no, lo que sea menos asquerosamente machista.

3.- EL CIERRE DE LA MENTE MODERNA (ALAN BLOOM, 1987)

En estos tiempos de totalitarismo woke y de dogmatismo pseudo progresista la lectura de The Closing of the American Mind: How Higher Education Has Failed Democracy and Impoverished the Souls of Today´s Students, que ese era el título original del libro publicado en 1987 por el catedrático estadounidense Alan Bloom, ha devenido una lectura prioritaria.

No perderé el tiempo en reseñas, resúmenes o escolios innecesarios, basta con que señale el camino a los actuales lectores que seguramente han olvidado ya o desconocen este trabajo y les proponga un reto que les resultará, si deciden aceptarlo, de lo más interesante e iluminador.

4.- EL AZAR Y LA NECESIDAD (JACQUES MONOD, 1970)

Tener presente en toda ocasión a Demócrito de Abdera (que entre otras cosas dijo: «todo lo existente es producto del azar y de la necesidad») resulta una buena medida en aras de la cordura epistemológica. El premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1965, el francés Jacques Monod, lo entendía así y por ese motivo partió de dicha proposición para articular su estudio sobre la naturaleza ontológica de la evolución y el punto de involución al que ha llegado la especie humana precisamente a causa de su progreso acelerado en los últimos siglos.

Le Hasard et la Nécessité, Essai Sur la Philosophie Naturelle de la Biologie Moderne, título original del ensayo, vio la luz en 1970. Medio siglo más tarde, me gustaría conocer la opinión de los lectores sobre si sus tesis siguen vigentes o deben ser refutadas en todo o en parte.

5.- LA AGRESIÓN INTERNACIONAL (VICENTE BLANCO GASPAR, 1973)

En las actuales circunstancias este estudio publicado por el Instituto Francisco de Vitoria del CSIC en 1973 y firmado por Vicente Blanco Gaspar, resulta de lo más recomendable y esclarecedor aportando perspectivas del todo necesarias en momento de incertidumbre moral y desorientación jurídica como el que atravesamos.

6.- LA DESNACIONALIZACIÓN DE LA MONEDA (FRIEDERICH HAYEK, 1976)

La concesión del premio Nobel no supone crédito alguno en referencia a los méritos del agraciado. Esta realidad podemos constatarla año a año con cada concesión del sobrevalorado (e ideológicamente escorado) galardón y, bien mirado, en todas sus categorías. Hayek, que recibió el de Economía en 1974, dentro del impulso al neoliberalismo salvaje que empezaba a dominar a las oligarquías mundiales de la época, es claro ejemplo de lo dicho.

El tipo era el clásico hooligan del capitalismo extremo empeñado en dirigir a la civilización a una nueva época feudal dominada por grandes corporaciones privadas no controladas por el Estado. Corporaciones capaces, incluso, de emitir sus propias monedas.

Vivimos en una época tendente al monopolio en pleno capitalismo de la vigilancia (Google, Apple, Amazon,Microsoft…) y de criptomonedas (Bitcoin, Ethereum…) sin emisor acreditado ni respaldo real, basadas en la simple especulación. Volver, por lo tanto, sobre este despropósito de Hayek puede y debe resultar más que interesante.

EL VARÓN DOMADO ( ESTHER VILAR, 1971)

La médica, psicóloga y socióloga argentina Esther Katzen, más conocida como Esther Vilar, sostenía en este ensayo, publicado originalmente en la República Federal Alemana como Der Dressierte Mann allá por 1971, el hecho (¿evidente?) de que la mujer no es oprimida por el hombre y el patriarcado sino que, por el contrario, manipula el sistema y a los individuos masculinos de la especie mediante el sexo para asegurar su propio bienestar utilizando mecanismos similares a los del experimento del perro de Pavlov, ofreciendo como estímulo el disfrute de sus atractivos sexuales, siempre ferozmente racionados y condicionados a su conveniencia.

En la segunda parte de este ensayo: El Varón Polígamo (1974) ahonda en las conclusiones de ese planteamiento señalando las ventajas que el sistema patriarcal proporciona a las mujeres (por ejemplo, y lo estamos viendo en Ucrania por mucho que el feminismo radical a través, entre otras, de ciertas ministras que han demostrado sobradamente su dogmatismo y su indigencia intelectual así como su engolfamiento en la culpable demagogia política, se empeñe en asegurar que la peor parte de las guerras las sufren las mujeres, los hombres son obligados a combatir mientras que las mujeres, no.) y demostrando que es el hombre quien lleva la peor parte del patriarcado.

No está de más repasar estos libros en estos tiempos.

Y lo dejamos aquí, de momento. Más adelante volveremos sobre textos más o menos conocidos que resultaría interesante releer en nuestros días. Si lo deseáis, podéis hacer sugerencias al respecto, con un poco de suerte me descubriréis libros que todavía desconozco y debería leer. Gracias por anticipado.

© Fernando Busto de la Vega

¿Y SI FUERA COSA DE LA EDAD?

Decía Manuel Fraga Iribarne que a los cuarenta años te entra la prisa. El tiempo empieza a acelerarse y comprimirse y cada vez quedan menos ocasiones de alcanzar las más íntimas ambiciones. Él, en 1962, justo cuando cumplía los cuarenta,, se convertía en ministro de Información y Turismo, puesto que mantuvo hasta los cuarenta y siete. Después llegaron las maniobras políticas para alzarse a la cabeza del Gobierno (1969-1989) que le convirtieron, admitámoslo sin ambages, en un fracasado si bien, durante quince años, entre los sesenta y ocho y los ochenta y tres pudo gozar de una dorada satrapía autonómica sobre la que jugar a gobernar.

Pero no es de Fraga Iribarne de quien quiero ocuparme, sino de Putin y su cuadrilla de silovikis.

A menudo no reparamos en el hecho, a mi modo de ver crucial, de que todos ellos transitan ya por el inicio de su séptima década de vida. El tiempo se les acaba y durante el último cuarto de siglo solo han sido capaces de auparse al poder y mantenerlo en medio de una mediocridad apabullante y una corrupción galopante. Bien mirado, ante la Historia no son nada. Apenas unos robaperas de cuarta que no han sabido recuperar el poder y la influencia de los que disfrutaba la URSS en la que se educaron. Esta es una verdad que su propaganda puede ocultar a sus súbditos actuales, pero que perdurará inmisericordemente desnuda durante siglos, milenios…aunque los milenios, admitámoslo, estaban destinados a olvidarlos como irrelevantes y mediocres de mantener su perfil del último cuarto de siglo.

Tienen setenta años, los lujos y los privilegios dejan de tener importancia (¿de qué sirve poder pagarte las mejores putas si ya no se te levanta o disponer de los licores más caros si te elevan la tensión arterial y te provocan acidez de estómago?) y se enfrentan a la eternidad. A la necesidad impúdica de dejar un legado.

Ignoro cuales son sus creencias religiosas y si alguno de ellos piensa en llegar al otro lado con un expediente limpio. Lo cierto es que, como demuestran los hechos, se ha apoderado de ellos el pánico a la irrelevancia histórica.

¿Y si todo este asunto de Ucrania fueran solo cosas de la edad?

Los yayos mandamases rusos son conscientes de su mediocridad y están dispuestos a ganarse un lugar en la posteridad (aunque sea sombrío y despreciable) a costa de la sangre de los jóvenes propios y ajenos. Terrible forma de vampirismo erostratista en absoluto infrecuente en la Historia.

Los dioses nos guarden de los viejos fracasados que disponen de demasiado poder (y armas nucleares).

© Fernando Busto de la Vega