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LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES EL FUTURO

Giant robot exploding on city street with people running away and debris flying

La mayor parte del negocio digital consiste en vender humo deformando la realidad con añagazas propagandísticas basadas en el desconocimiento técnico de inversores y clientes. Esta es la realidad.

Cuando un espejismo deja de tener gancho o demuestra sus limitaciones de inmediato se crea otro y, a la postre, consiste todo en ir arrebatando a la gente (llámalo mercado, llámalo pueblo) su autonomía, su independencia y su privacidad para consolidar poderes omnímodos que no diferencian demasiado lo privado de lo público, el Estado de las grandes corporaciones. Es, en definitiva, tanto en oriente como en occidente, un método de asentar un totalitarismo de magnates y oligarcas en el que la mayor parte de la población esté en manos de unos pocos tiranos preapocalípticos. Por ese motivo, deberíamos ir poniéndole límites en nuestras vidas (y con nuestras leyes) al excesivo protagonismo tecnológico.

En ese contexto, la IA no es sino un espejismo más conducente a la imposición de la tiranía absolutista y totalitaria de las empresas que la impulsan y los Estados a su servicio (o, en el caso de China, del Estado y las empresas a su servicio, en este aspecto el orden de los factores apenas cambia el resultado final. Tan peligrosa es China para la libertad del mundo como Elon Musk, Mark Zuckerberg, los restantes oligarcas tecnológicos anglosajones y los Estados Unidos).

Ahora nos la venden como el santo grial, la respuesta a todas las preguntas…pero en modo alguno representa el futuro.

¿Por qué?

Muy sencillo: por dos factores claves.

El primero es que consume demasiada energía y requiere instalaciones masivas fácilmente accesibles al sabotaje y el ataque directo (acabar con la IA y con internet no precisa de sofisticados métodos electrónicos, basta con atacar la electricidad y el agua que mantienen en funcionamiento los grandes nodos de procesamiento de datos o, directamente, destruir estos y sus interconexiones, de modo que pequeños equipos analógicos y decididos podrían hacer saltar por los aires, incluso literalmente, no solo la Inteligencia Artificial, sino internet en su conjunto). Comandos organizados y armados con los medios e instrucciones de los años setenta bastarían para acabar con la IA atacando sus soportes físicos. Es tan sencillo como eso. Y da que pensar.

Por otro lado, insisto en el consumo de energía. El mantenimiento de los grandes centros de procesamiento de datos es, sencillamente, insostenible. Máxime en un contexto de calentamiento global que exija cada vez más refrigeración y, por ende, mayor consumo de agua y otros recursos primarios. Ergo, con el tiempo, la IA se vendrá abajo. Pasarán quizá décadas, pero su fin es ineluctable. Eso sin contar con la escasez de muchos de los componentes necesarios para hacer funcionar esta industria.

El segundo factor es su funcionamiento. Aunque pueda parecernos casi milagrosa, lo cierto es que la programación de la IA está dirigida a hacerla mediocre y la mediocridad siempre implosiona y se derrumba en la obsolescencia. Pensemos que la idea germinal de toda esa babel digital está en el funcionamiento de los hormigueros y los enjambres y que, por ende, se premia la ruta media. En otras palabras: la IA se nutre de senderos prefabricados por la media de los usuarios y no está dotada de mayores entendederas; es, por lo tanto, tendente a la mediocridad y la falta de originalidad en las respuestas a problemas complejos. Para obnubilarla y anularla bastará con presentarle señuelos aparentemente trascendentales y complejos, pero sin relevancia real mientras se la circunvala con operaciones menores preconcebidas en secuencia y con una finalidad determinada no previsible en los primeros pasos de dichas secuencias.

Pienso en un futuro próximo en el que quizá debamos sublevarnos contra los tiranos y luchar por nuestra libertad como especie e individuos. Yo, que soy previsor, ya me estoy preparando. Pero, tranquilos, mientras tanto sigamos utilizando la IA y, para predicar con el ejemplo, ilustraré esta entrada con imágenes elaboradas con ella.

Quiero terminar esta entrada citando a Futurama: « Tus labios, mis labios…¡El Apocalipsis!»

Rusty robot sitting on a stool smoking a pipe beside a broken robot in a workshop filled with mechanical parts.
En mis tiempos…cuando éramos los mejores…

© Fernando Busto de la Vega.

INFLACIÓN Y ESTAFAS

En estos días de generalizadas alzas de precios ¿Quién no se ha dedicado a recorrer tiendas y supermercados para encontrar las mejores ofertas? Yo no he sido una excepción y me he percatado de algunos hechos interesantes sobre los que conviene meditar y extraer consecuencias políticas.

En supermercados prácticamente contiguos, el mismo, exactamente el mismo producto, puede llegar a costar hasta tres veces más en uno que en otro ¿Qué nos dice eso?

Resulta evidente: con la excusa de la inflación hay quien aprovecha para estafar a sus clientes aprovechándose de ellos. Debería ser un delito, pero no lo es. Además de un delito de estafa debería considerarse, pero tampoco se hace, un acto de sabotaje, de traición al pueblo y a la nación porque dichas prácticas solo contribuyen a disparar aún más la inflación y perjudicar colectivamente a ciudadanos e instituciones.

¿Qué nos enseña este estado de cosas? Algo muy sencillo que ya sabíamos: el régimen liberal, diseñado para premiar la avaricia de los especuladores (no en vano procede de la ideología provinciana, racista, ruin y codiciosa de los burgueses centroeuropeos que se despeñaron por el abismo moral del protestantismo que justificaba entre otras cosas la rebelión contra las autoridades legales y el uso de la piratería, recomiendo en este punto vivamente leer La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, de Max Weber) y no los derechos del pueblo en su conjunto y de la nación que constituye.

El régimen liberal defiende los intereses de los estafadores y especuladores, de los oligarcas (que no solo existen en Rusia, Estados Unidos y Europa están plagadas de ellos), no los del pueblo. Ergo, es preciso cambiarlo a la mayor brevedad. Necesitamos un régimen pensado para el pueblo y la nación, no para los especuladores y explotadores.

Sugiero al lector, antes de terminar, que se de un paseo por el artículo Tres Crisis Financieras de los Estados Unidos Que Conviene Recordar de este mismo blog. Comprobará en él cómo cada crisis del sistema liberal-capitalista conduce al empobrecimiento y pérdida de derechos del pueblo (del trabajador/consumidor) y un enriquecimiento y empoderamiento de la oligarquía.

¿Vamos a seguir soportándolo? Es tiempo de cambio.

© Fernando Busto de la Vega