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LA MÁS INQUIETANTE PELÍCULA DE TERROR DEL CINE ESPAÑOL (MARCELINO PAN Y VINO,1954)

Domingo de Ramos, llego a casa para comer algo entre las procesiones de la mañana y las de la tarde, enciendo la televisión y zapeo para encontrar algo con que entretener la pitanza. En no se qué cadena frailuna están emitiendo, como no, Marcelino Pan y Vino, a mi juicio la más inquietante película de cine de terror español de la historia.

El hecho de que el autor inicial del relato y coguionista de la película, José María Sánchez Silva, fuera un destacado periodista falangista, que la historia se desarrollara en un convento franciscano y el interlocutor del niño se encarnase en un Cristo relegado (vaya usted a saber por qué) en un desván, pareció confundir a la censura y al público. Pero si nos fijamos bien, la película es de absoluto terror.

Un niño huérfano recogido por unos frailes encuentra una entidad fantasmal en un desván apartado y entabla amistad con ella. Esta entidad, que, como hemos dicho, se manifiesta en un crucifijo diciendo ser Jesucristo en persona, va manipulando y confundiendo al niño hasta que logra matarlo.

El enfoque del narrador y del director es cándido y amparado en la intensidad religiosa y clerical que el régimen de la época imponía a las expresiones sociales y artísticas, pero se trata a todas luces una perspectiva equivocada que edulcora ingenuamente la más siniestra historia de terror gótico y psicológico que se ha llevado al cine en España. Si no me creen, vuelvan a ver la película con menos inocencia y ya me dirán…

Para terminar, confesaré (aunque será pésimo para mi reputación) que si las pacatas leyes de origen protestante que dominan las mal llamadas democracias occidentales y la economía me lo permitieran, haría una versión de la película ambientada en un convento de monjas desenfrenadas (me viene a la cabeza, como modelo, Interior de un Convento de Walerian Borowczyk), protagonizada por una adolescente (¿y por qué pienso en Valerie y su Semana de las Maravillas?) y con la imagen de una Virgen sandunguera en lugar de un Cristo, con mucho terror gótico, sentido del humor negro y altas dosis de erotismo al gusto de los setenta del siglo XX. Después de todo, va siendo hora de empezar a quebrar la feroz y kafkiana censura impuesta en los inmorales regímenes liberales por la Revolución Conservadora que se inició en Francia en 1976 y se extendió por el mundo desde Estados Unidos a partir de 1977.

Soy así, no tengo remedio.

© Fernando Busto de la Vega

PEQUEÑO APUNTE SOBRE TRADICIÓN ORAL Y LITERATURA.

Ya lo he superado, seguramente a causa de la edad y la experiencia, pero hubo una época en la que, cada vez que la investigación histórica o literaria me conducía a la constatación documental de lo que hasta entonces eran simples consejas de viejas, historias orales que había escuchado desde la infancia, una electrizante sacudida puramente física recorría mi anatomía.

El asunto puede parecer menor, pero se encuentra en la base de la comprensión de muchas obras literarias. A fin de cuentas, un escritor solo puede innovar realmente aportando su propia experiencia vital. Los moldes, independientemente de los artificios formales, son siempre los mismos y solo se diferencian con los ingredientes exclusivos de cada autor. La literatura, en cierta medida, es como el vino y el queso: un producto básicamente artesano (aunque la industrialización tienda a colonizarlo y pervertirlo) que alcanza su singularidad por los ingredientes y las condiciones ambientales de su elaboración.

No abundaré en la idea expresada en el párrafo anterior porque me conviene ser breve y lo esencial ya está enunciado.

Contaré, sin embargo, que la primera vez que experimenté ese choque de encontrar en un libro bien documentado históricamente, con su bibliografía y su sección de documentos y anexos especializados, las historias que había escuchado oralmente, fue con veintipocos años.

Mi madre, Diamantina, era asturiana. En consecuencia no fueron pocos los veranos que pasé en Asturias, y, obviamente, incontables las historias relacionadas con el maquis que me contaron, sobre todo porque en los años cuarenta mis abuelos habían tenido un restaurante frecuentado por la alta sociedad de Oviedo (se servía marisco y pescado de calidad en un momento de la posguerra que resultaba muy difícil de encontrar) y que funcionaba como enlace y refugio para muchos maquis y su red de apoyo. A veces el gobernador civil y los cabecillas de la Falange asturiana y hasta los jefes de la Guardia Civil estaban cenando allí mientras en el sótano o en la trastienda se escondía uno bajado del monte o que pretendía subir o en la mesa de al lado alguien escuchaba disimuladamente.

Mi abuelo, taxista en Buenos Aires y Montevideo y minero en las Cuencas asturianas, era un militante de UGT que había participado en la revolución de 1934 y en la guerra civil, ello le convertía en carne de paredón y, de salvarse, de eterno represaliado. Por suerte para él (y su posteridad, entre la que me cuento), estaba casado, como el propio Marx, con la hija de un noble, un marqués, y, del mismo modo que él salvo la vida de algunos familiares de mi abuela (es lo que tienen las guerras civiles y las revoluciones sociales: puedes odiar al enemigo de clase, pero acabas, salvo que seas un hijo de la gran puta, ayudando a tus amigos, vecinos y familiares del otro bando), en 1939 le salvaron la suya y le ayudaron a montar aquel restaurante.

Puede el lector considerar la cantidad de historias de maquis que yo escuché en mi infancia y el choque casi eléctrico cuando encontré muchas de ellas corroboradas documentalmente, y hasta con fotografías de los protagonistas, en un sesudo libro de investigación histórica.

Por cierto, el restaurante de marras, del que hablaré con más detenimiento en otro lugar (y puede que sirva de base para alguna futura novela) y que, entre otras cosas, permite rectificar y contextualizar adecuadamente cierto poema de Miguel Hernández y libros más o menos fantasiosos escritos sobre su protagonista, que en mi familia fue siempre conocida con desdén como «La Manquele», cerró a causa de un hecho que también quiero consignar aquí como tradición oral para dar ocasión a historiadores futuros a verificarla si así lo desean y si encuentran la documentación adecuada.

Había uno de los policías de la Brigada Político Social, la encargada de perseguir, detener y torturar a los disidentes políticos del franquismo, que sufrió un drama personal. Su mujer le engañó con otro, o así lo creyó él, quedando embarazada. El tipo (mejor: tipejo) cuando el niño nació, y en evidente estado de ebriedad (y quién sabe si estupefaciente), le introdujo los dedos por la fontanela y le reventó la cabeza. No le sucedió nada. Todo el mundo miró para otro lado y bastó con declarar muerto al neonato por causas naturales para dar carpetazo al asunto.

Sin embargo, lo sucedido era del dominio público y cuando el prominente cornudo-torturador se presentó en el restaurante de mi abuelo, este le impidió la entrada diciéndole, literalmente, que en su casa no entraban asesinos hijos de puta. El tipejo se puso chulo, mi abuelo, Gregorio, se mantuvo firme y, finalmente, el policía sacó su pistola reglamentaria poniéndosela en la cara. Pero mi abuelo estaba prevenido y, armado desde su época de revolucionario, le apuntaba a su vez con su propia pistola (que yo mismo tuve en las manos décadas más tarde, como apreciada reliquia familiar) a la entrepierna. La cosa quedó en tablas…o, para mejor decir: ganó mi abuelo, ya que el policía fue retirado del local por algunos compañeros suyos más sensatos.

En cualquier caso, menos de una semana después, el restaurante estaba cerrado con excusas burocráticas.

Por aquella época mi madre no había cumplido los veinte años y otro policía de alto rango, un tal Cuervo, tuvo la desvergüenza de ofrecerse a anular el cierre a cambio de ciertos favores…y eso acabó de estropearlo todo. La respuesta de mi madre, siempre digna, no se redujo al bofetón, de hecho lo descalabró de un par de botellazos en la cabeza y no hubo ya vuelta atrás. Ahí acabó el negocio de hostelería de la familia.

Llegados a este punto, seguramente el lector seguirá intrigado por la fotografía que ilustra este artículo. Diré que también tiene que ver con la tradición oral y con mi madre.

Hubo una época en la que, aunque parezca mentira viendo el melón pelado que ahora corona grotescamente mi amplia estructura, yo tenía pelo (negro y ondulado) y lo llevaba largo. Precisamente por sus ondulaciones y su cantidad, a veces adoptaba inconcebibles y algo cómicos volúmenes y mi madre, mandándome (casi siempre sin éxito) a peinarme, me repetía «pareces Kammamuri».

Durante décadas nunca supe quién podía ser el tal Kammamuri, ella lo ignoraba también por completo, se limitaba a usar una frase hecha que ya utilizaba mi abuela.

Resultó, hechas las indagaciones pertinentes, que Kammamuri fue un faquir (aunque él prefería referirse a sí mismo como derviche) originario de la India portuguesa que ganó enorme fama circense en España durante los años veinte y treinta del siglo XX. Solía enterrarse durante semanas enteras para reaparecer después sano, salvo y sonriente (que yo sepa ejecutó este truco en Madrid y en Zaragoza allá por 1933), se hizo crucificar en el Circo Price y protagonizó otros muchos espectaculares números similares. Al parecer, mi abuela debió asistir a alguna de sus funciones y se quedó con lo espectacular de su melena a lo afro. Lo demás, tradición oral.

© Fernando Busto de la Vega

FECHANDO LOS AÑOS DE MARICASTAÑA Y LA TANA

  • INICIO
  • LOS TIEMPOS DE MARICASTAÑA
  • EL AÑO DE LA TANA (O DE LA NANA)
  • EN CONCLUSIÓN

INICIO

En tiempos extraños y absurdos como estos en los que las lumbreras del Ministerio de Educación imponen una catastrófica reforma educativa que precipitará la edad oscura a la que nos dirigimos sin aparente remedio y deciden que la Historia debe estudiarse sin referencias cronológicas, es bueno nadar contracorriente y dedicarse a establecer cronologías relativas y absolutas sobre todo lo fechable. Hoy, en concreto, voy a hacerlo con dos expresiones imprecisas del vocabulario español que vienen a referirse a épocas antiguas y lejanas, pero de datación poco clara. Me refiero a los años de «la tana» y a los tiempos de «Maricastaña».

Abordaremos este problema de datación en sus dos vertientes: cronología relativa y absoluta.

En lo tocante a la cronología relativa, y como demostrará la absoluta, podemos afirmar que el año de la tana corresponde a una fecha más cercana que los tiempos de Maricastaña.

Antes de continuar, debo aseverar que no solamente dataremos en este artículo ambas expresiones, también las ubicaremos geográficamente. Procedamos, pues.

LOS TIEMPOS DE MARICASTAÑA

Resulta que María Castaña es un personaje histórico, una gallega de posibles que dirigió una revuelta de la ciudad de Lugo contra su obispo, Pedro López de Aguilar, en el año 1386. Durante dicha revuelta fue asesinado el mayordomo del obispo y los tribunales eclesiásticos castigaron, una vez pacificada la ciudad, a María Castaña y sus familiares a pagar una tremenda multa pecuniaria y perder en favor del obispo varios campos y posesiones rurales.

De modo que podemos afirmar que el Año de Maricastaña es, exactamente, el de 1386. Y, sí, ha llovido mucho desde entonces a pesar de las sucesivas y pertinaces sequías.

EL AÑO DE LA TANA (O DE LA NANA)

Más moderna, y también históricamente más vidriosa, es la locución referida al Año de la Tana.

La Tana es la por ahora última evolución de un tema que puede rastrearse en textos escritos en castellano al menos hasta el siglo XVIII y que va variando según nos remontamos en el tiempo. La Tana es previamente la Nana y en un principio la Nanita.

Así que el Año de la Tana es originariamente el año de la Nanita. Y no tendríamos ninguna noción de a qué nos referimos si no fuera por algunos registros parroquiales manchegos que nos informan de que, precisamente en 1634, anduvo por aquellos parajes, ganándose la vida de pueblo en pueblo, una juglaresa enana que causó gran impresión y no poco regocijo a lo largo y ancho de La Mancha y que era conocida como La Nanita, aféresis, sin duda, de enanita.

El Año de la Nanita fue muy recordado no solo en La Mancha, también en Aragón y otras zonas adyacentes, no por las famosas actuaciones de aquella cómica de la legua por lo demás desconocida para la gran historia, si no por tratarse de un año de hambre. Hubo sequía, malas cosechas, escasez y carestía. Fue, en resumen, un malísimo año en el que quizá la única alegría de aquellos pueblos manchegos fue la visita de la Nanita a quien se recordaba con cariño para olvidar el hambre y la necesidad aunque estas fueron tan señaladas que todavía recordamos el Año de la Nanita o de la Tana como un momento destacado y singular.

EN CONCLUSIÓN

Resumiendo: que el tiempo de Maricastaña nos conduce a una revuelta en Lugo sucedida en 1386 y encabezada por una prominente burguesa lucense y el año de la tana viene a resultar 1634 y nos remite a la gira por La Mancha de cierta oscura juglaresa acondroplásica que alegró fugazmente la vida de pueblos y aldeas sumidos en la crisis económica y el hambre.

© Fernando Busto de la Vega

¿EL MEJOR FINAL DE LA HISTORIA DEL CINE? (AMANECER EN PUERTA OSCURA, 1957)

  • PARA EMPEZAR
  • LA TRAMA
  • LA PRODUCCIÓN
  • LA TRADICIÓN MALAGUEÑA

PARA EMPEZAR

Cuando hablamos de «historia del cine» estamos acostumbrados a referirnos, en exclusiva, a la del norteamericano o, en todo caso, la extendemos al francés, el italiano y una parte ínfima del japonés. Hasta ahí llegan los confines de nuestro conocimiento.

En España, además, aparte de prestarle escasa atención a nuestro propio cine, quedan preteridas todas aquellas películas de temática más o menos religiosa o taurina y las que pueden ser identificadas con la ideología del franquismo, lo que da a entender bien a las claras la estrechez de miras, la falta de cultura, el sesgo sectario y la profunda estulticia de la numerosa caterva de «intelectuales» que padecemos. Desde que comencé este blog tuve como propósito socavar esas posiciones anquilosadas y casposas que perjudican el desarrollo de la cultura y el arte españoles e impulsar la necesaria revisión de las perspectivas culturales, ideológicas y artísticas instauradas por ciertas élites a lo largo del siglo XX. Perspectivas no solo equivocadas y anticuadas sino perjudiciales. Algo de eso comencé a trabajar en Sobre Felipe Trigo y las Mixtificaciones de la Gauche Divine y seguiré aquí.

LA TRAMA

Tres condenados a muerte aguardan su ejecución en la que será la última noche de sus vidas. Dos de ellos, Pedro y Andrés, son víctimas de las condiciones sociales de la época (siglo XIX) y en un altercado laboral han dado muerte al propietario y el capataz de la mina en la que trabajaban en condiciones de casi esclavitud, una de tantas minas que el corrupto liberalismo español de la época (que perdura en nuestros días) ha entregado al capital extranjero para que se beneficie explotando los recursos naturales (entre los que se cuentan el mineral y la mano de obra nativa). Estalla una huelga y hay muertos. Pedro y Andrés han de echarse al monte para eludir la represión de las autoridades.

En la sierra los dos huidos se unen al bandolero Juan y, cuando tratan de embarcar para América, son capturados y condenados a muerte en Málaga. En esta ciudad existe la tradición (que luego abordaremos y explicaremos con cierto detalle) de que un condenado a muerte sea liberado por el mismísimo Jesus el Rico, en un juicio de Dios.

Los familiares de los condenados aguardan en las puertas de la cárcel, angustiados y esperanzados al igual que ellos. Ahora es una fuerza divina (o el simple azar) quien decidirá el destino no solo de tres familias, sino también el de las familias de sus víctimas.

Transcurre la madrugada y la cofradía en pleno, portando el trono de Jesús el Rico, se acerca lenta y ceremonialmente a la cárcel. Es el momento de la reflexión, del examen de conciencia, de la esperanza y la resignación…El momento de la justicia humana ha pasado, todos: condenados, familiares, el Estado y el pueblo se enfrentan al destino, a lo inefable, a lo incomprensible…

Y el misterio, en su sentido místico más profundo, se produce. Es al mismo tiempo un acto arbitrario y sin sentido que jamás comprenderán los deslumbrados por ideologías superficiales (desde el protestantismo al marxismo pasando por el liberalismo ),que solo serán capaces de entender en todo lo sucedido la epidérmica preponderancia teocrática de la Iglesia Católica en una sociedad atrasada y cifraran en esta percepción trivial de lo que ocurre en la pantalla su interpretación del argumento y su trasfondo filosófico, y un desafío espiritual y moral para quienes participan en el mismo (el condenado que se salva, los que morirán al amanecer, los familiares, las víctimas, el Estado, el pueblo…)

He puesto al alcance del lector la parte final de la película (si bien el último clip acaba un poco antes que la misma, cuya conclusión muestra a Juan siguiendo el trono de Jesús el Rico) para quienes no hayan visto la película, y quizá no la conozcan, puedan juzgar por sí mismos.

Pasaremos ahora a otros apartados interesantes.

LA PRODUCCIÓN

Cuando echamos una mirada al equipo de producción de esta película a la que la presión de la censura limitó fuertemente en lo referente a su crítica social y política, nos encontramos con la caleidoscópica complejidad de la sociedad del momento que trascendía de lejos la mirada reduccionista y simplista que solemos dedicarle desde nuestras soberbias trincheras de «sociedad democrática, moderna y progresista» asignándole etiquetas prefabricadas como «franquismo» o «España en blanco y negro».

En la base del proyecto se encuentran dos productoras ( Atenea Films y Estela Films) que resultan por sí mismas y en virtud de las personalidades de sus fundadores y directores ya un buen ejemplo de dicha complejidad personal, ideológica, artística y política de una sociedad constreñida, pero no diseñada, por un régimen en concreto.

Atenea Films fue fundada por la actriz, dramaturga, guionista y productora aragonesa Natividad Zaro (Borja, 1901- Madrid 1978) que comenzó su andadura artístico-intelectual frecuentando la tertulia de Valle-Inclán, durante la II República mantuvo compañía teatral en sociedad con Cipirano Rivas Cherif (que había trabajado en las de Irene López de Heredia y Margarita Xirgu, estrenado obras de García Lorca y era cuñado de Manuel Azaña) y, siendo una feminista militante, se relacionó estrechamente con el círculo literario e intelectual de Falange hasta el punto que su productora encarnó, ya en pleno franquismo, el brazo de las inquietudes ideológicas y sociales del sector más purista (y hedillista) de la misma que, a su modo, ejercía la oposición frente a las políticas de clase del franquismo.

Sé que para muchos resultará un choque enterarse de que el falangismo presentaba un sector opositor al régimen y con inquietudes de justicia social y donde las mujeres (más allá de la ñoñería de Pilar Primo de Rivera y la Sección Femenina) encontraban un ámbito para el avance social de su sexo implementando medidas de carácter feminista dentro del régimen (otro día hablaremos de Mercedes Formica y la reforma del Código Civil que impulsó, a favor de las mujeres, en 1958, tan solo un año después de la filmación de la película que nos ocupa y que tan injustamente olvidada está por el sectario feminismo progre y rojo de nuestros días), pero era así. No debemos olvidar que en la simiente misma de Falange, además de los señoritos que se nucleaban en torno a José Antonio Primo de Rivera, estaban también los miembros de las JONS, encabezados por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, partidarios de un radicalismo nacional-sindicalista de clara raigambre social y obrerista (aunque no marxista o anarquista) que sería deliberadamente traicionada y postergada por el franquismo llevándoles a la oposición. Una oposición y un activismo que los «demócratas» y «progres» de hoy no quieren reconocer y ocultan en la medida que pueden.

En ese sentido, Atenea Films había producido ya películas como Surcos (1951) en la que la propia Natividad Zaro fue, además de productora, coguionista junto al director José Antonio Nieves Conde y el escritor Gonzalo Torrente Ballester, ambos militantes falangistas, el primero hedillista y el segundo, militante del Partido Galleguista durante la república, afín al círculo de Dionisio Ridruejo dentro de Falange. No será preciso decir que Surcos es la primera película abiertamente crítica con el régimen franquista y de severa crítica social que emergió en la posguerra…

FOTOGRAMA DE SURCOS

Estela Films, por su parte, fue fundada en Barcelona por un catalanista de derechas, Jorge Tusell que, enseguida, se trasladó a Madrid para convertirse en el presidente de la Agrupación Sindical de Productores Cinematográficos, es decir: jerarca del ramo dentro del sindicato único franquista, y vincularse con los intereses propagandísticos de la democracia cristiana española (al mismo tiempo dentro y fuera del régimen) para poner en marcha un proyecto similar al que la Democrazia Cristiana italiana impulsaba en aquel país para producir un cine «popular» que llevase al pueblo un producto comercial que, a la vez, transmitiera la ideología social de la Iglesia Católica y el partido a ella adscrito. Esta coincidencia estratégica y de intereses, estuvo en la base del sistema de coproducciones que tanto impacto iba a tener en el cine español y mundial y del que nos ocuparemos en otra entrada.

Durante la transición, Tusell se puso al servicio del catalanismo pujolista fundando el Centre Productor de la Imatge en asociación con José María Forn, director que venía de fundar el Institut del Cinema Catalá…

Los guionistas de Amanecer en Puerta Oscura fueron el director de la película, José María Forqué, la productora, Natividad Zaro (dos aragoneses) y el dramaturgo madrileño, afiliado al Partico Comunista de España e implicado después en diversos atentados de ETA (incluidos el asesinato de Carrero Blanco y el atentado de la calle Correo) Alfonso Sastre, autor de Oficio de Tinieblas o La Taberna Fantástica.

José María Forqué, acaso más conocido por el populacho actual como padre de la actriz Verónica Forqué que por su obra cinematográfica, nació en Zaragoza en 1923 muriendo en Madrid en 1995. En 1957 venía de dirigir películas claramente ideológicas producidas por Estela Films, como Embajadores en el Infierno y en los sesenta daría a luz obras absolutamente magistrales de la comedia como Usted Puede Ser Un Asesino (1961) o Atraco a las Tres (1962) que recomiendo encarecidamente al lector.

Podríamos seguir con el análisis del casting, encabezado por un sobreactuado Paco Rabal, pero ya nos estamos alargando demasiado.

LA TRADICIÓN MALAGUEÑA

La tradición retratada en Amanecer en Puerta Oscura es bien conocida en Málaga y también en el resto de España. No obstante, para completar esta entrada, la resumiré aquí.

La imagen de Jesús el Rico es la clásica figura articulada con raíces en la Edad Media y que se perpetuó durante el Renacimiento y el Barroco. Desde su concepción parece destinada precisamente a la elección aleatoria de un preso. No obstante, esta costumbre atávica del juicio de Dios quedó en descrédito en tiempos de la incipiente Ilustración y fue preciso renovarla y justificarla con una leyenda contemporánea que callase las bocas de sus detractores. Fue así como se aprovechó un hecho sucedido durante el reinado de Carlos III, rey claramente innovador y contrario a las costumbres antiguas para conseguir la perpetuación de un uso en decadencia.

La existencia de una virulenta epidemia dejó a la ciudad sin hombres aptos para sacar los tronos en procesión. En esta tesitura los presos malagueños, milagrosamente sanos al parecer, pidieron permiso a las autoridades para sacar ellos en procesión a Jesús el Rico con el cual, por razones obvias, tenían una vinculación especial. Al serles denegado el permiso se amotinaron, salieron en masa de la cárcel en la noche del martes al miércoles santo y sacaron en procesión a Jesús el Rico hasta el alba regresando luego todos, sin excepción, a la cárcel. Admirado por su disciplina, el rey prorrogó el uso decadente permitiendo la formación de una cofradía (1756) y otorgándole el privilegio de liberar a un preso condenado a muerte en la madrugada del Miércoles Santo.

Es bastante más que dudoso que las procesiones y liberaciones se mantuvieran en vigor a lo largo de todo el siglo XIX toda vez que la influencia liberal condujo a la práctica extinción de las órdenes monásticas entre 1837 y 1877 y con ella a la decadencia de las procesiones y cofradías que sustentaban siendo necesario refundar la cofradía de Jesús el Rico en 1938, como medio de propaganda de los vencedores de la Guerra Civil.

En ese sentido, lo que se ve en la película no deja de ser un anacronismo interesado, impulsado al servicio del poder nacional-católico por las productoras del film, falangista la una y asociada a Acción Católica la otra. En suma: una emocionante ficción destinada a obviar y hacer olvidar la fase de decadencia y desaparición del fenómeno de la Semana Santa a lo largo de un siglo, entre 1837 y el estallido de la Guerra Civil en 1936. Venía a decirse que en España, salvo en los aciagos años «rojos» de la II República jamás se había extinguido el poder clerical.

Hoy en día, como muestra el vídeo adjunto, correspondiente a la de 2017, sigue manteniéndose la liberación del preso, pero el juicio de Dios se ha reducido a un ridículo bailecito del objeto sagrado cuyo papel ha sido usurpado por la burocracia y el Consejo de Ministros de un Estado oficialmente laico, pero curiosamente tolerante con los privilegios del nacional-catolicismo clerical siempre y cuando se respete el poder decisorio (entregado en la práctica a una casposa cacicada) del gabinete de turno…

Lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega

SIETE LIBROS PARA RELEER EN 2022

FERNANDO BUSTO DE LA VEGA
  • INTRODUCCION
  • 1.- EL IGUALITARISMO COMO REVUELTA CONTRA LA NATURALEZA (MURRAY ROTHBARD, 1974)
  • 2.- LESBIAN NATION: THE FEMINISM SOLUTION (JILL JOHNSTON, 1973)
  • 3.- EL CIERRE DE LA MENTE MODERNA (ALAN BLOOM, 1987)
  • 4.-EL AZAR Y LA NECESIDAD (JACQUES MONOD, 1970)
  • 5.-LA AGRESIÓN INTERNACIONAL (VICENTE BLANCO GASPAR, 1973)
  • 6.- LA DESNACIONALIZACIÓN DE LA MONEDA (FRIEDERICH HAYEK, 1976)
  • 7.- EL VARÓN DOMADO (ESTHER VILAR, 1971)

INTRODUCCIÓN

Sin duda, el año que vivimos, 2022 según la cuenta de Dionisio el Exiguo en la versión del papa Gregorio XIII a partir de su bula Inter Gravissimas que condujo a que en 1582, como es ampliamente sabido, al jueves 4 de octubre siguiese el viernes 15 de ese mismo mes, va a resultar un año decisivo.

Nos encontramos ante un innegable y trascendente punto de inflexión. Sin duda, en estos días un ciclo termina y se abre otro nuevo y aterradoramente diferente sumiéndonos en una desasosegante incertidumbre ante lo incontrolable de la novedad que nos aguarda.

Bien es cierto, y esto me parece lo más aterrador, que el futuro al que nos dirigimos se definirá en gran medida por decantación de los más groseros y mal digeridos légamos del presente, especialmente en su versión filosófico-ideológica. Por ese motivo me parece interesante repasar en este quicio desquiciado del siglo, en este abismo hacia una nueva época oscura a la que inevitablemente nos despeñamos, algunos libros. En esta entrada he seleccionado siete no a causa de mi afinidad intelectual con ellos ni por mi rechazo a sus tesis. Todo lo contrario. Parto de una equidistancia ciertamente perversa y viciosa, casi luciferina, sin excluir ni renunciar a la liviana impudicia del azar, para realizar una selección de títulos que proponer a mis lectores como piedra angular de una panorámica consciente, de una perspectiva subjetiva ante la bilis que el presente acabará vomitando sobre el futuro.

Cada cual juzgará bajo la consciente condena de su libre albedrío sobre la perversa propuesta y sus consecuencias epistemológicas. Yo me limito a ofrecer los dados para el hábil trile intelectual. Lo demás será cosa (y culpa) vuestra.

1.- EL IGUALITARISMO COMO REVUELTA CONTRA LA NATURALEZA (MURRAY ROTHBARD, 1974)

Pongámonos en contexto: en 1976 Milton Friedman, adalid de la Escuela Económica de Chicago (es decir: del neoliberalismo salvaje que todavía padecemos), ganó el Nobel; en 1982 sería George Stigler, otro de los sobrevalorados propagandistas de dicha tendencia, quien recibiría igual galardón. En 1975 la contraofensiva moral de la Revolución Conservadora comenzaba en Francia de la mano del insustancial (he leído sus memorias) Guiscard D´Estaing extendiéndose rápidamente a los Estados Unidos. En 1979 Margaret Thatcher llegaba a la presidencia del gobierno en Inglaterra y en 1981 Ronald Reagan a la de los Estados Unidos. Era el momento de la revancha de la extrema derecha y del liberalismo extremo frente a la contracultura marxista dominante en décadas anteriores. Dicha reacción no partía de la nada, estaba abonada. Entre otros por ensayos como este: «Egalitarianism as a revolt against nature» publicado en 1974 en la Libertarian Review por el judío (no es un dato racista, sino de índole cultural no exento de interés, no en vano dicho enasayo viene a culminar en pleno siglo XX toda la ideología desarrollada por ese pueblo desde la Edad Media europea, no significa, por lo tanto, innovación alguna sino constatación de una condición cultural acreditada durante siglos y que conllevó la misma fundación de la ciudad de Nueva York, donde nació el autor: geografía y origen son rasgos a menudo desdeñados, pero fundamentales para comprender la filosofía y la ideología) neoyorquino Murray Rothbard.

Ensayo que no deja de ser interesante revisitar en nuestros días.

2.- LESBIAN NATION: THE FEMINIST SOLUTION (JILL JOHNSTON, 1973)

En resumen: el patriarcado capitalista oprime a las mujeres haciéndolas creer que son heterosexuales cuando, en realidad, todas nacen esencialmente homosexuales. La heterosexualidad femenina es a un tiempo una forma de dominación/violación del patriarcado capitalista sobre las mujeres alienadas por una sociedad represora y artificial y una indigna forma de colaboracionismo de las mujeres con dicha maligna estructura impuesta a sangre y fuego por la innata violencia del macho. Las mujeres concienciadas solo deberían practicar sexo con otras mujeres e implementar el separatismo lésbico, porque, además, como dicen, solo una mujer conoce de verdad el cuerpo de otra mujer y puede proporcionarle placer.

En otras palabras: como soy lesbiana y fea, voy a ver como organizo las cosas para seducir jovencitas que, aunque fueran ciertamente lesbianas, no me prestarían atención porque mi edad y mi físico me sacan completamente del mercado sexual. No obstante, alienándolas con un idealismo que me haga parecer guay…o, si lo preferimos: la estrategia de tantos profesores de universidad cincuentones, calvos y entrados en carnes para seducir discípulas llevada al terreno bollo.

Desde entonces son incontables las lesbianas salidas, feas y sin gracia que han cantado esta canción a jovencitas de buen ver en institutos, universidades, cursillos y demás. Del mismo modo que ahora se investiga la pederastia en la Iglesia Católica llegará un día, y lo digo sin acritud ni escándalo, más bien con una sonrisa socarrona y pícara, que se tendrá que investigar la de tantas y tantas profesoras, líderes de opinión y femigurús del feminazismo. Es así, y todos (y todas) lo sabemos.

Todo sea por follar…

La de la foto de abajo es Jill Johnston, la autora del libro.

Personalmente he decidido inaugurar esta entrada con mi propia fotografía para que las indignadas por mi agresivo machismo podáis despellejarme con toda libertad, mala baba y franqueza juzgando mi físico con conocimiento de causa. Un beso. O no, lo que sea menos asquerosamente machista.

3.- EL CIERRE DE LA MENTE MODERNA (ALAN BLOOM, 1987)

En estos tiempos de totalitarismo woke y de dogmatismo pseudo progresista la lectura de The Closing of the American Mind: How Higher Education Has Failed Democracy and Impoverished the Souls of Today´s Students, que ese era el título original del libro publicado en 1987 por el catedrático estadounidense Alan Bloom, ha devenido una lectura prioritaria.

No perderé el tiempo en reseñas, resúmenes o escolios innecesarios, basta con que señale el camino a los actuales lectores que seguramente han olvidado ya o desconocen este trabajo y les proponga un reto que les resultará, si deciden aceptarlo, de lo más interesante e iluminador.

4.- EL AZAR Y LA NECESIDAD (JACQUES MONOD, 1970)

Tener presente en toda ocasión a Demócrito de Abdera (que entre otras cosas dijo: «todo lo existente es producto del azar y de la necesidad») resulta una buena medida en aras de la cordura epistemológica. El premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1965, el francés Jacques Monod, lo entendía así y por ese motivo partió de dicha proposición para articular su estudio sobre la naturaleza ontológica de la evolución y el punto de involución al que ha llegado la especie humana precisamente a causa de su progreso acelerado en los últimos siglos.

Le Hasard et la Nécessité, Essai Sur la Philosophie Naturelle de la Biologie Moderne, título original del ensayo, vio la luz en 1970. Medio siglo más tarde, me gustaría conocer la opinión de los lectores sobre si sus tesis siguen vigentes o deben ser refutadas en todo o en parte.

5.- LA AGRESIÓN INTERNACIONAL (VICENTE BLANCO GASPAR, 1973)

En las actuales circunstancias este estudio publicado por el Instituto Francisco de Vitoria del CSIC en 1973 y firmado por Vicente Blanco Gaspar, resulta de lo más recomendable y esclarecedor aportando perspectivas del todo necesarias en momento de incertidumbre moral y desorientación jurídica como el que atravesamos.

6.- LA DESNACIONALIZACIÓN DE LA MONEDA (FRIEDERICH HAYEK, 1976)

La concesión del premio Nobel no supone crédito alguno en referencia a los méritos del agraciado. Esta realidad podemos constatarla año a año con cada concesión del sobrevalorado (e ideológicamente escorado) galardón y, bien mirado, en todas sus categorías. Hayek, que recibió el de Economía en 1974, dentro del impulso al neoliberalismo salvaje que empezaba a dominar a las oligarquías mundiales de la época, es claro ejemplo de lo dicho.

El tipo era el clásico hooligan del capitalismo extremo empeñado en dirigir a la civilización a una nueva época feudal dominada por grandes corporaciones privadas no controladas por el Estado. Corporaciones capaces, incluso, de emitir sus propias monedas.

Vivimos en una época tendente al monopolio en pleno capitalismo de la vigilancia (Google, Apple, Amazon,Microsoft…) y de criptomonedas (Bitcoin, Ethereum…) sin emisor acreditado ni respaldo real, basadas en la simple especulación. Volver, por lo tanto, sobre este despropósito de Hayek puede y debe resultar más que interesante.

EL VARÓN DOMADO ( ESTHER VILAR, 1971)

La médica, psicóloga y socióloga argentina Esther Katzen, más conocida como Esther Vilar, sostenía en este ensayo, publicado originalmente en la República Federal Alemana como Der Dressierte Mann allá por 1971, el hecho (¿evidente?) de que la mujer no es oprimida por el hombre y el patriarcado sino que, por el contrario, manipula el sistema y a los individuos masculinos de la especie mediante el sexo para asegurar su propio bienestar utilizando mecanismos similares a los del experimento del perro de Pavlov, ofreciendo como estímulo el disfrute de sus atractivos sexuales, siempre ferozmente racionados y condicionados a su conveniencia.

En la segunda parte de este ensayo: El Varón Polígamo (1974) ahonda en las conclusiones de ese planteamiento señalando las ventajas que el sistema patriarcal proporciona a las mujeres (por ejemplo, y lo estamos viendo en Ucrania por mucho que el feminismo radical a través, entre otras, de ciertas ministras que han demostrado sobradamente su dogmatismo y su indigencia intelectual así como su engolfamiento en la culpable demagogia política, se empeñe en asegurar que la peor parte de las guerras las sufren las mujeres, los hombres son obligados a combatir mientras que las mujeres, no.) y demostrando que es el hombre quien lleva la peor parte del patriarcado.

No está de más repasar estos libros en estos tiempos.

Y lo dejamos aquí, de momento. Más adelante volveremos sobre textos más o menos conocidos que resultaría interesante releer en nuestros días. Si lo deseáis, podéis hacer sugerencias al respecto, con un poco de suerte me descubriréis libros que todavía desconozco y debería leer. Gracias por anticipado.

© Fernando Busto de la Vega