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DOS MILÍMETROS DE TELA (CAMELTOES, MENORES Y MODAS SOCIALES)

ESTO ES SOCIALMENTE ACEPTABLE E INCLUSO, DESDE CIERTAS TRINCHERAS IDEOLÓGICAS, DESEABLE Y EMPODERADOR.

Lo confieso, me divierte poner de manifiesto las ridículas contradicciones de la sociedad puritano-progre que nos han fabricado. También reflexionar desde el ámbito de la antropología y la etnografía sobre modos, modas y costumbres.

Hoy en día esto que los anglosajones han venido en denominar «cameltoe» y en España de toda la vida ha sido «marcar raja» está de moda. Y no me parece mal, en cuestión de gustos y usos folklóricos y tribales…

El hecho es que desde señoras de más de sesenta hasta niñas de menos de doce la práctica de vestir prendas que permitan adivinar la íntima geografía inguinal causa furor y es una práctica común y aceptada con indiferencia cotidiana.

Lo curioso es que si dicho exhibicionismo, como digo: social y ampliamente aceptado, porque la geografía concreta se cubre «pudibundamente» con un paño de pureza, se diera al natural, sin este, la cosa cambiaría. Los propios papás y mamás que en este como en otros casos aceptan la costumbre pasiva y comprensivamente y dejan a sus hijas menores pasearse por la calle de esa guisa sin encontrar incomodidad ni inconveniente moral o social, entrarían en cólera si alguien observase las mismas zonas de sus hijas sin esos dos milímetros de tela que las tapan sin esconderlas, antes bien: manifestándolas. El observador, voluntario o no, incluso, estaría incurriendo en un grave delito penado con muchos años de cárcel y absolutamente denostado por la sociedad.

¿La diferencia?…

Dos milímetros de tela, la costumbre aceptada y los prejuicios imbuidos por el puritanismo progre.

Creo que no está mal reflexionar al respecto. Que cada cual saque sus conclusiones.

ESTO, EN CAMBIO, SE CONSIDERA PORNOGRAFÍA Y PUEDE LLEGAR A ESTAR PROHIBIDO SEGÚN LA EDAD DE LA RETRATADA (A LA QUE, SIN EMBARGO SE PODRÍA FOTOGRAFIAR Y SE DEJA PASEAR POR LA CALLE Y HASTA ACUDIR AL INSTITUTO SIEMPRE QUE LA ZONA, EXPUESTA CON SIMILAR INDISCRECIÓN, VAYA CUBIERTA POR DOS MILÍMETROS DE TELA). NO DEJA DE RESULTAR INTERESANTE Y CURIOSO

© Fernando Busto de la Vega.

CURIOSA COSA EL RAMADÁN

Yo interpreto y analizo el mundo desde lo que veo y vivo, desde mi propia experiencia. Naturalmente estoy atento a las ajenas y no dejo de hablar, escuchar, leer y estudiar por todos los medios posibles, pero a la postre la realidad cotidiana que suelo padecer más que disfrutar es el factor determinante en mi percepción del entorno en el que me muevo.

Y, en ocasiones, mejor dicho: con frecuencia, dicha realidad es compleja, ambigua y contradictoria llevando a conceptuar que esa, la complejidad contradictoria, es la verdadera naturaleza de la sociedad en la que vivimos y que cualquier aspiración a establecer teorías generales ordenadas y bien definidas es una gesta vana…quizá, incluso, innecesaria.

Hoy voy a explicar esta intuición, casi ya certeza, con un ejemplo un tanto pícaro, pero muy definitorio.

Tengo un par de jóvenes y hermosas amigas musulmanas (resulta más sencillo seducir y conquistar a las musulmanas en plural que en singular, puesto que la vigilancia «moral» y el cotilleo invasivo e inacabable relacionado con el «honor familiar» pone en serio peligro a cualquier chica díscola que no arrastre consigo a una o dos de sus mejores amigas con las que compartir el pecado bloqueando así la indeseada difusión de su «libertinaje») hartas de corretear y bailar desnudas por mi casa, saquearme la cerveza y acabarme el chorizo y el jamón que, sin embargo, se toman muy en serio el ramadán.

Desde que ha empezado andan por ahí con el pelo recogido (suelen llevar la melena al viento), ropas anchas (suelen ir ceñidas y, a menudo, en manga corta y enseñando el ombligo y hasta los riñones) y la mirada baja. Muy serias. Y han dejado de hablar conmigo. Como mucho me saludan de pasada sin descomponer su continente devoto. Podría decirse que ceden a la presión social de su comunidad y fingen para acreditar su virtud y no incurrir en anatema con los peligros físicos y morales que ello conlleva. Pero, no. No desmienten su actitud pública con su actitud privada. De hecho, han cortado todo contacto privado conmigo. Al menos hasta el Eid Al-Fitr…la fiesta del fin del ayuno, allá por el 8 de abril. Ya me lo habían avisado: son modernas, pero buenas musulmanas.

Interesante estampa de los tiempos que corren: confusos, contradictorios…quizá apasionantes.

© Fernando Busto de la Vega.

AMANTES SIN SEXO

El otro día pude asistir a una curiosa conversación mantenida por tres niñas de doce años. A dos de ellas las habían visto morreándose y sobándose y la tercera acudía a testimoniarles su sorpresa y su pasmo, no sabía que fueran novias, les dijo. La respuesta que recibió resultó antológica y, además de hacerme sonreír, no dejó de conducirme a la reflexión.

—No somos novias—le respondió muy convencida y llena de alborozo una de las interpeladas.

—Solo somos amigas que se besan…y a veces se magrean—sentenció la segunda, no con menos entusiasmo.

—Eso: nos besamos, nos abrazamos, nos sobamos y bueno…tú sabes, pero no…—corroboró la primera, jovial.

—¡Ah, ya me parecía a mí! No me pegaba nada que fuerais novias—suspiró con alivio la tercera sucediéndose un triple abrazo colectivo y entusiasta.

Todo ello me hizo pensar en los límites y definiciones de las relaciones afectivas y sexuales quizá en estos tiempos que corren más ambiguas y desdibujadas que nunca. Si bien, estoy convencido, la claridad taxativa a la que estamos acostumbrados los nacidos y crecidos en el siglo XX no dejaba de ser en su momento una simple convención, un modo de explicar situaciones complejas de un modo sencillo. Ya se sabe, y se decía ya en el siglo XX, que cada pareja es un mundo y a menudo su complejidad las hace incomprensibles a los demás siendo el modo más sencillo de zanjar la cuestión sin entrar en intimidades innecesarias simplificar la respuesta: somos novios, somos amantes, somos amigos con derechos, no somos nada…

Estas disquisiciones propias de escritor, inclinado por tanto al análisis casi entomológico de la conducta humana, sus abismos, complejidades, contradicciones, cambios y evoluciones, me poseyeron durante algunos minutos haciéndome flotar al pairo en el flujo creativo de mi propia mismidad.

Hubo un momento en que casi estuve dispuesto a iniciar una novela con semejante conversación, pero el entusiasmo pasó pronto. ¿Una novela erótico-sentimental protagonizada por dos niñas de doce años? ¿Quién me iba a publicar semejante cosa en un mundo histérico, pacato y puritano como el que padecemos?¿Quién iba a comprarla si se publicaba? ¿Cuántas amigas modernas, feministas y profundamente conservadoras creyéndose progres y modernas iban a dejar de hablarme y comenzar a zaherirme y denunciarme públicamente?…Por no aguantarlas…

En consecuencia, deseché pronto la idea de las dos «amigas de doce años que se morrean, se soban y se masturban mutuamente sin ser novias», he ahí un efecto flagrante y muy gráfico de la censura social impuesta por el neopuritanismo progre que nos controla encerrándonos en gulags virtuales y determinando el contenido último de la literatura y el arte.

Pero seguí pensando sobre las relaciones, sus complejidades y sus ambigüedades llegando a otros puertos, alguno sin duda fruto de los años y la experiencia.

Es probable que nunca llegue a escribir ninguna novela sobre el asunto, pero mucho más interesante y productivo que el de las «amigas adolescentes que se besan» es el de los amantes, no los cónyuges, que ya no follan.

Que el sexo dentro del matrimonio es cada vez un acontecimiento más extraño según pasan los años es un lugar común, incluso del humor cotidiano y popular. Se habla mucho menos de los amantes que van dejando de verse desnudos y refocilarse mutuamente, acaso porque se sobrentiende que cuando eso sucede dejan de ser amantes y se convierten en amigos o extraños. Puede ser.

Por regla general, el fin de la pasión significa el fin del amor y de la relación en las parejas incursas en el adulterio. Pero no siempre es así. La complejidad y la ambigüedad también atacan a dichas parejas. A veces, la pasión, la diversión y el entusiasmo lúbrico que surgen al principio, quizá a los treinta y cinco de ella y los cuarenta de él, se ven interrumpidos por los hechos fortuitos de la vida: un cambio de residencia, una enfermedad, dificultades para verse sin riesgo, miedo a romper el matrimonio y las consecuencias económicas y personales subsiguientes…y al cabo de los años, dos, tres, cinco, siete…como por arte de magia, el sexo desaparece. Sigue todo lo demás: el amor, la vinculación, la confianza, incluso el deseo (dormido o aplazado, pero persistente)… aunque los actos puramente físicos se extinguen. Se convierten en amantes sin sexo. ¿O son ya solo buenos amigos, muy íntimos, que en otros tiempos se vieron desnudos pero ya no follan? Pienso que la diferencia radica en los celos y la sinceridad. Si cualquiera de ellos toma nuevas parejas sexuales sin ocultarlo y sin que el otro se ofenda, son ya viejos amigos (y amigos viejos), de lo contrario…

En fin, meditaciones laberínticas de un escritor que, lo sé, no debería compartir con sus lectores.

© Fernando Busto de la Vega.

EUROVISIÓN,LOS FACCIOSOS PROGRES Y SU RIDÍCULO RÉGIMEN

CASI EL ÚNICO GÉNERO DE ZORRA QUE ME GUSTA Y ME INTERESA

Lógicamente, a mí Eurovisión y todo lo que la rodea me la trae al pairo, pero no deja de ser una interesante visibilización de la bazofia política, intelectual y moral que conforma el totalitarismo progre-feminazi-mariconista que por arte de birlibirloque (y un régimen constitucional pensado para la obsolescencia programa del Estado) nos gobierna. Por eso es interesante dedicarle unas pocas líneas de espíritu sumario para entrever la gallofa y decidirnos a restablecer el orden.

En primer lugar, se invierte mucho dinero y mucho esfuerzo en un concurso depauperado y sin interés por solo dos motivos: contentar a una minoría de militantes que conforman «un colectivo» adicto y basan sus preferencias, además de en impulsos que en gran medida deberían ser tratados por profesionales de la salud mental, en chuminadas superficiales, mero oropel; y para utilizarlo como vehículo de propaganda ideológica de toda la sambumbia queer-feminazi que tratan de embutirnos sí o sí (y algún día será preciso investigar y castigar a quienes ejercen esa labor de propagandistas en escuelas e institutos).

Como es típico en todos los entornos totalitarios, las facciones y el fariseísmo son la realidad cotidiana bajo la aparente y férrea unidad. Existen facciones, grupitos y grupúsculos enfrentados por el poder, el dinero de las subvenciones, los cargos y la mera radicalidad enfermiza del profeta autoconsagrado y, como es habitual también, a pesar de una superficial pátina de adhesión atemorizada, la implantación de la ideología en la sociedad es mínima.

De modo que utilizando espuriamente los medios del Estado (la televisión pública) se convierte un pestiño que a nadie le interesa en un acontecimiento nacional y se elige una canción con apenas 25000 votantes de 47 millones de ciudadanos que gana apenas por un par de votos y se define así una suerte de «voluntad popular» que, claro está, manejan, al modo leninista, desde los despachos.

La canción es indiferente, suele ser mala. A veces, el interprete también. Todos sabemos que vamos a perder, a hacer el ridículo, pero da lo mismo. La finalidad del concurso no es contribuir al prestigio nacional de España con la calidad de sus propuestas sino justificar los emolumentos de unos cuantos y difundir la ideología que justifica que ocupen puestos en el organigrama nacional. Vamos a perder para que algunos sigan cobrando disparatadamente y puedan seguir su labor totalitaria.

Pero el fariseísmo y la naturaleza facciosa del Movimiento no puede contenerse y surgen las disensiones, las purgas…

Es interesante en este sentido la dimisión de la individua llamada Montserrat Boix que detentaba el puesto de delegada de Igualdad en el Ente Público y que admite abiertamente que su misión en dicho puesto era la de censora activa para corregir el desvío (exitoso, por cierto) antifemnista y sexualizador que representó Chanel. Claro que esta señora es una fanática entre las fanáticas y ha medrado como «profesora de desarrollo tecnológico con perspectiva de género», es decir: como teórica del totalitarismo feminazi en cátedras que jamás hubieran existido sin el asalto de los grupúsculos totalitarios a las arcas del Estado. Y dimite porque no la han dejado ejercer su labor censora. Dos votos del público se lo han impedido.

Pero quedémonos con lo importante: después del chanelazo, las feminazis impusieron una comisaria política, una inquisidora de su causa, para controlar los límites ideológicos en los que debía moverse nuestra participación en Eurovisión. Lo llaman democracia y no lo es.

De todos modos resultaba extraño que una de estas garrapatas adheridas al sangrado de lo público en beneficio propio y de sus sectas dimitiera en un arranque de dignidad y honestidad. Ahora sabemos que la tal Boix iba a jubilarse de todos modos. Ergo ha dado uno más de los espectáculos lamentables habituales de esta gentuza en pro del autobombo. Dan asco.

BUENO: HE DE RECONOCER QUE ESTE OTRO GÉNERO ME ENTUSIASMA MÁS.

© Fernando Busto de la Vega.

LA AGRESIÓN SEXUAL A CAYETANA GUILLÉN CUERVO EN SU INFANCIA Y SU CONTEXTO POLÍTICO Y CULTURAL

Cada época tiene sus particularidades y sus manías. Hoy en día parece ser que todo el mundo, especialmente si es mujer, ha sufrido algún tipo de agresión sexual en la infancia. Y, curiosamente, se deciden a victimizarse y contarlo cuando tienen algo que promocionar y vender. Como ha sucedido recientemente con Cayetana Guillén Cuervo.

Yo no voy a dudar, entre otras cosas porque es dogma de fe creer a pie juntillas estos testimonios, pero sí me parece adecuado poner en contexto (como curiosidad cultural y antropológica) esta moda.

Allá por los setenta del siglo XX todo era diferente. La liberación sexual llegó a la adolescencia y a la infancia y, obviamente, se cometieron excesos. Cada vez que le explico a interlocutores de generaciones recientes, incluyendo gente que pasa de los cuarenta, que en aquella época la pornografía infantil llegó a ser legal en muchos países y que hasta existió un subgénero erótico en el cine protagonizado por adolescentes me miran incrédulos.

Ese estado de cosas, naturalmente, no gustaba a los fanáticos puritanos religiosos de los Estados Unidos que, derrotados por la legalización de la pornografía en 1969 y la exhibición de Garganta Profunda (contra la que luchó incluso el presidente Nixon) en 1973, comenzaron su cruzada, su Revolución Conservadora, en 1977 precisamente amparándose en uno de los pocos argumentos sensacionalistas que les quedaban: la protección de la infancia. (y, de paso, amargándole la vida a algunas adolescentes del momento como Brooke Shields).

Esa cruzada fue, como todas las que emprenden los estadounidenses, amarillista, sensacionalista, histérica, dictatorial, mendaz, apoyada por instituciones privadas que son órganos sectarios que pasan por organismos académicos serios, e inquisitorial (exactamente igual, porque se construyen con los mismos mimbres, que la marea woke y el feminismo).

La cosa se llevó tan lejos que apareció una caterva de psicólogas (siempre suelen ser psicólogas, mujeres: feministas, histéricas y puritanas) que afirmaban que todos los estadounidenses, especialmente las de sexo femenino, entonces el sexo no se había convertido todavía en una opinión política, seguía siendo un hecho biológico, habían sufrido abusos sexuales en su infancia llegando a sembrar recuerdos falsos en las mentes de sus pacientes que se dedicaron a denunciar en masa a sus padres y familiares acusándolos de hechos que jamás habían sucedido. El fenómeno alcanzó cotas de epidemia a mediados de los ochenta y hubo de ser reconducido. Con el tiempo se esfumó y se ha hecho lo posible para que sea olvidado, pero existió y sigue ahí.

La parte buena de denunciar agresiones sexuales en la infancia, siempre sin concretar demasiado, es que, sobre todo si eres mujer, te sitúas en la cresta de la ola, en la corriente principal y más radical del feminismo que postula la condición de agresor y violador de todo hombre por el mero hecho de serlo (una de las violencias que sufre el hombre por el mero hecho de serlo, por cierto) y ello te abre muchas puertas, subvenciones, representaciones, teatros, televisiones…no es de extrañar: te conviertes en una pieza activa de la propaganda feminazi. Además, la declarante adquiere estatus de víctima y, a la vez, de heroína popular. Pasa del anonimato a recibir beneficios y atención. Y puede, de este modo, vender sus productos y conseguir ventajas económicas, profesionales y sociales.

¿Digo que no hay que castigar las agresiones sexuales a menores? No, digo que hay que ser conscientes de que nos encontramos ante una moda sensacionalista que sirve a intereses propagandísticos, políticos y comerciales determinados y viene a ahondar en la marea misándrica institucional que estamos sufriendo. La violencia y la propaganda contra el hombre por el mero hecho de serlo.

© Fernando Busto de la Vega.