Leo en alguna parte que el sector puramente femenino del lumerío patrio anda preocupado por la competencia de las nuevas sorores de origen transexual que empiezan a hacerles sombra y mermarles los beneficios.
La noticia no me sorprende ( sí, en cambio, que aparezca en un periódico que se pretende serio), ya desde los ochenta los travestis hormonados y sin operar representaban una robusta tendencia en la prostitución seduciendo, incluso, a bastantes parejas y algunas mujeres.
Por otro lado, me resulta llamativa porque yo siempre he defendido que, para comprender en profundidad una sociedad, es preciso analizar sus ejércitos y sus putas, de modo que el titular estaba destinado a seducirme, como así ha sido.
No obstante, sigo atónito y perplejo. Confieso no comprender el siglo XXI ni a su fauna (será que me hago viejo). No obstante, no logró entender que nadie se convierta en mujer para acabar siendo puta. Que alguien me lo explique…
…Y no sirve aquí el argumento ramplón de que la sociedad no les permite otro camino…en primer lugar, si alguna vez fue así ya no lo es (hasta en las oposiciones se les reservan plazas especiales a los transexuales quebrando el principio de igualdad y dando por hecho que el cambio de sexo les estruja las meninges siendo preciso apartarlos del concurso general otorgándoles un coto cerrado y privilegiado), en segundo nadie les fuerza a dar ese paso, es voluntario. Lo cual nos devuelve al principio: ¿ qué clase de mentalidad tienen los que se cambian de sexo para acabar siendo putas?…¿Cómo pueden justificar eso las psicólogas progres y feministas?…
Obviamente, no voy a entrar en el artificial ruido electoral del ilegítimo y contraproducente régimen que padecemos en España. Ningún proceso electoral que en él se produzca servirá jamás para cambiar nada ni apartar a la nación de su destrucción programada por el capitalismo anglosajón al que estamos sometidos.
No obstante, de vez en cuando, si bien desde la hipocresía, en el estridente palique del fáctico cotorreo prefabricado de los indignos partidos y los medios al servicio de su propaganda se plantean casos morales de interés cuyo debate solo demuestra la inmoralidad esencial del sistema y de sus actores, comenzando, naturalmente, por aquellos más abiertamente despreciables del cuadrilátero plebiscitario, como los independentistas y, en especial, aquellos que ampararon y siguen defendiendo el terrorismo como arma.
Hablo de Bildu y de ETA, por supuesto. Pero, cuidado: no voy a sumarme al griterío y el parloteo de los «constitucionalistas» de la banda diestra sobre su truculenta y despreciable decisión de incluir asesinos confesos en sus listas por el simple hecho de que se trata de un alboroto artificial. El debate no se desarrolla en el campo de la ética sino en el del politiqueo (ojo: que no digo política sino politiqueo, adviértase el matiz). A la Derecha, como a la Izquierda, le importa muy poco el hecho moral y los muertos y sus familias (como les trae sin cuidado el futuro de Doñana o la propia viabilidad social, ecológica, económica y demográfica de España), tan solo gritan, se escandalizan y señalan con el dedo para arañar votos de incautos, del mismo modo que los otros, los que llenan sus listas de asesinos convictos (poco, si pueden presentarse a las elecciones es porque no se les castigó debidamente en su momento) y confesos, justifican sus actos y desprecian el dolor y la dignidad de las víctimas y sus familias con el fin de seguir sacando rédito electoral de un falso relato «heroico» y victimista. Unos y otros son gentuza de baja ralea como demuestra su participación en el rastrero juego electoral del ilegítimo y perjudicial régimen antiespañol que es el parlamentarismo liberal-borbónico que padecemos.
Lo que yo planteo, desde la serenidad filosófica, la integridad ética y el profundo asco institucional, es el hecho incontrovertible de que un terrorista, sea del signo que sea y milite bajo las siglas que milite es incompatible con la representación política.
Para escapar del ruido electoral, pondré un ejemplo lejano que sigue sirviendo de aleccionador modelo histórico e intemporal, me refiero a Catilina.
A Lucio Sergio Catilina se le conoce sobre todo por el intento de golpe de Estado del 63 a. d. C. al que se enfrentó en el senado Cicerón, que debía ser asesinado durante el mismo, y su posterior revuelta fallida que le condujo a la muerte.
Propiamente hablando, Catilina no fue un terrorista (aunque en su fuga hacia el campamento de Manlio pretendió incendiar Roma), más bien un represor que, durante las guerras civiles de la época de Sila, se hizo famoso por cortarle la cabeza al opositor Gratidiano y pasearla por las calles de Roma para llevársela a Sila, jefe del partido aristocrático. Esta imagen salvaje y terrible le persiguió siempre concitando contra él el odio de los rivales del partido popular y el desprecio de sus compañeros del aristocrático. Si a eso le unimos que su vida personal nunca fue ejemplar (siempre le persiguió la sombra de la corrupción y hasta se salvó por los pelos, por el apoyo de sus amigos, de la acusación de haber sido amante de una vestal) se comprenderá que los censores le impidiesen hasta en dos ocasiones acceder a las elecciones consulares, lo que acabó conduciéndole a la conjuración y la rebelión. Acto final que demostró públicamente lo acertado de apartarlo del cursum honorum por su inmoralidad evidente.
Ningún Estado, y mucho menos un partido, puede permitirse el hecho de que los terroristas, represores y verdugos en guerras civiles puedan aspirar al poder por medios constitucionales y, si esto es posible, estamos hablando de un régimen inmoral y, por ende, ilegítimo. Y de partidos deleznables que deberían ser prohibidos, perseguidos y diezmados para asegurar la salubridad democrática. (Añadiré aquí que aquellos que atentan contra el medioambiente, los derechos del pueblo y defienden los de las corporaciones y el capital extranjero y llevan corruptos, peones de la banca o de intereses económicos especulativos y explotadores así como antiespañoles deben ser tenidos también por traidores y verdugos).
Para terminar pido a los medios de comunicación, inútilmente porque son medios al servicio del ilegítimo régimen y carecen de integridad y libertad, que en este periodo de campaña electoral adopten una rutina interesante: publicar las fotografías de los candidatos terroristas al lado de las de sus crímenes. También de aquellos que están al servicio de intereses espurios con las de las consecuencias de sus actos (personas a las que han dejado sin futuro, en la calle, en el paro o abocados a la pobreza y el dolor por el deterioro de la sanidad pública, la rapiña inmobiliaria o la incompetencia dolosa).
Veamos las caras de los candidatos y las consecuencias de sus actos. Eso sí sería una adecuada campaña electoral. No sucederá, claro.
El siglo XXI está resultando terriblemente aburrido (y llevamos ya un cuarto recorrido como para asegurarlo). La razón es sencilla de comprender. En 1977 se impuso a nivel mundial la Revolución Conservadora impulsada por los yanquis y, con ella, la censura y el puritanismo. Seguimos desde entonces con leyes absurdas, prohibicionismos lerdos, censuras infantiloides…lo típico. Por desgracia, las generaciones que ahora luchan contra eso no lo detestan, solo buscan notoriedad…ya sabemos que vivimos en la ignorancia y la impostura.
La ignorancia hace que muchos miembros de esas generaciones adamitas por simple desconocimiento inicien tediosas e intrascendentes cruzadas pensando que están inventando la rueda y ello, claro está, contribuye infinitamente al aplastante aburrimiento que destila este siglo malhadado (que será apocalíptico, pero un auténtico coñazo), por eso es bueno poner algunas de estas luchas en perspectiva.
En primer lugar, como es obvio y notorio, debo decir que estoy a favor de todo tipo de libertad en lo tocante a eso de mostrar carne y anatomía, especialmente (llamadme guarro y machista) si lo hacen hembras de la especie en edad adecuada y con físico agraciado.
La belleza y la naturaleza no deben ser jamás censuradas y hacerlo demuestra un componente psicopático en la conducta de quienes lo hacen y de las sociedades que lo aceptan.
Dicho esto, sigamos adelante.
Para no aburrir al lector, nos centraremos tan solo en un par de anécdotas históricas con la intención de añadir la adecuada perspectiva al actual debate. Empezaremos por la señora que da título a esta entrada: Agnès Sorel (1422-1450).
Agnès Sorel tenía veinte años cuando en 1442 se convirtió en amante de Carlos VII de Francia (el mismo que había recibido la ayuda de Juana de Arco). Por entonces la reina María de Anjou, que nunca había sido demasiado agraciada, tenía treinta y ocho años, diez hijos y las tetas por completo venidas abajo, puesto que entre la amante y la reina existía una gran rivalidad y la primera podía presumir de la turgencia de sus senos, tanto por su edad como por lo afortunado de su genética, introdujo la moda de enseñarlos en la corte francesa, a sabiendas de que la reina María de Anjou no podía competir. Como vemos en el retrato que ilustra el inicio de esta entrada, el desafío y la moda llegaron incluso hasta la pintura.
Y la moda siguió con otra amante real, Diana de Poitiers, que lo fue de Enrique II y estaba casada precisamente con un nieto de Agnes Sorel y Carlos VII.
DIANA DE POITIERS (1499-1566) EN MODO FREE NIPPLES ALLÁ POR EL SIGLO XVI.
Y con Gabrielle D´Estrées (1573-1599), amante de Enrique IV de Francia, que incluso se hizo retratar en el baño con su hermana.
GABRIELLE D´ESTRÉES (1573-1599) CON SU HERMANA, EN MODO FREE NIPPLE ALLÁ POR EL SIGLO XVI.
Terminaremos, para no alargar la entrada, con el hecho de que las copas de champán tradicionales, estas:
Tienen la forma y el tamaño exacto de los senos de Madame de Pompadour (1721-1764) , la amante de Luis XV, de modo que beber champán en estas copas es como hacerlo en las tetas de la Pompadour…los que utilizáis otros recipientes, a parte de ser unos bárbaros, sorbéis burbujas en tetas sin identificar ni autentificar…una verdadera falta de educación.
¿Más?
Lo dicho: vivimos una época absurda en la que las leyes impuestas por el puritanismo protestante anglosajón ( y me remito a esta otra entrada) nos han conducido ridículamente a épocas anteriores al Renacimiento…recordemos a aquella profesora de Florida despedida por enseñarle el David de Miguel Ángel a sus alumnos…
Sí, no solo Free Nipple: abajo el puritanismo, sí a la libertad y la naturalidad. Acabemos con el prohibicionismo…con todo, también el de las feministas que solo transmiten con atalajes de falso progresismo los valores del puritanismo yanqui.
Y, para acabar…otra reivindicación.
Es decir dos: vosotras que os llamáis amigas del que suscribe y tenéis tetas bonitas…en fin…me animaríais mucho enseñándomelas. Dicho está.
La monarquía británica tiene un alto componente de representación e hipocresía que algunos podrían definir como gran capacidad para el autobombo, la autoficción, la propaganda y la impostura. Una habilidad camaleónica para la supervivencia a costa de un pueblo obnubilado por su propio conservadurismo clasista y el peso de una tradición inmovilista que cursa como eficaz antídoto contra el duro trago que representaría admitir el fin del imperio y su conversión en potencia media tirando a baja.
Sin la monarquía Inglaterra debería enfrentarse a su fracaso histórico y reinventarse asumiendo que la política imperialista y el peso del siempre nocivo liberalismo la ha condenado a una metamorfosis poco afortunada que la acabará convirtiendo en un país completamente diferente y tercermundista.
Ese miedo a reconocer la realidad es lo que ha permitido a los monarcas ingleses mantenerse en el trono mutando y trasmutando su representación pública para esconder su realidad.
En ese programa intenso de camuflaje el mayor hallazgo, y con diferencia el más útil, fue el de convertirse en la Casa de Windsor para ocultar su procedencia alemana.
En realidad, desde 1714 hasta 1901 en Inglaterra reinó la casa alemana de Hannover cuya última representante fue la reina Victoria casada con el también príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, razón por la cual desde 1901 hasta 2022 reinaron en Inglaterra los miembros de esta dinastía (Isabel II pertenecía a ella) que, como es bien sabido, adoptaron el apellido Windsor durante la I Guerra Mundial porque hacía mal efecto ser alemanes y primos del káiser Guillermo II en aquellos años. Y así hasta hoy.
En 2022, para no escenificar la ruptura histórica, la discontinuidad dinástica, se olvidó convenientemente el hecho de que Isabel II contrajo matrimonio con Felipe de Grecia (más conocido protocolariamente como Felipe de Edimburgo para disimular su origen extranjero) y que, por lo tanto, desde la subida al trono de Carlos III la nueva dinastía que reina en Inglaterra es la Casa de Grecia…pero que nadie se asuste. En realidad los monarcas griegos son de origen danés y el verdadero apellido de Felipe de Edimburgo (como el de nuestra reina Sofía de Grecia) es Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg.
Así que ya lo sabéis, desde 2022 en Inglaterra la nueva dinastía es la de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg que sucede a la de Sajonia-Coburgo-Gotha, que a su vez sucede a la de Hannover que, de todos modos, descendía de Cristian III de Dinamarca, eso sí: de la dinastía Oldemburg…
O sea que nada de Windsor.
En cualquier circunstancia, da lo mismo. El caso es que Gibraltar es español y tarde o temprano nos tocará reconquistarlo de manos de los bárbaros del norte y de la población que lo okupa ilegalmente.
Y otra cosa: como yo sigo considerando ilegal la expulsión de Felipe II de España como rey de Inglaterra (fue una artimaña de los protestantes) tras la muerte de su esposa la reina María I, hija de Catalina de Aragón y Enrique VIII, sostengo que el legítimo rey de Inglaterra debería ser el archiduque Carlos de Habsburgo-Lorena, por cierto casado con una de las hijas del barón Thyssen-Bornemisza, el de Tita Cervera…Ahí lo dejo.
El auge de los mercenarios, desde la antigüedad, es siempre una mala noticia. Significa que la legitimidad institucional se está conculcando en favor de los intereses privados y las aspiraciones tiránicas de unos pocos con poder y dinero. Que la soberanía nacional representada por un ejército de ciudadanos (y no oculto nunca mi firme apuesta por el ejército de reemplazo y la adecuada militarización ciudadana como parte fundamental de la verdadera democracia) decaiga en favor de unos «contratistas» (el eufemismo es yanqui, y no debemos olvidar nunca que fueron los Estados Unidos quienes comenzaron la oleada de mercenariazgo que sufrimos con Blackwater en Iraq) solo significa que los intereses comunes no justifican las guerras que se pretenden y por ello se recurre a fuerzas «profesionales» y «externalizadas». Un mercenario va a donde no iría un ciudadano y hace cosas que este se negaría a hacer o que, de hacerlas, serían consideradas delito acarreándole graves consecuencias judiciales a su regreso del teatro de operaciones. A buen entendedor…
Por lo tanto, la multiplicación de empresas de mercenarios a lo largo y ancho del planeta no puede ni debe dejarnos indiferentes. Es un presagio evidente de hacia donde va el mundo. Y la corriente no transcurre a nuestro favor, a favor del ciudadano honrado y decente que trata de salir adelante en un escenario en crisis donde los poderosos juegan con cartas marcadas y todo está diseñado para que ganen siempre los mismos a costa de la mayoría. Y diré más: hoy en día los mercenarios se usan en guerras lejanas y eso puede darnos una falsa sensación de tranquilidad y seguridad, pero, a poco que caviléis, comprenderéis que esos mismos mercenarios serían utilizados contra nosotros en el mismo momento en que el poder de quienes les pagan se viera amenazado, en el mismo instante en que reclamásemos justicia y empezásemos a cuestionar el viciado y corrupto sistema en el que vivimos y que cada día nos hará más pobres y nos arrebatará (ya lo está haciendo) la dignidad y las opciones de supervivencia. ¿En serio pensáis que seguís viviendo en el primer mundo y que los derechos de vuestros padres os están garantizados?…
No fue casualidad que, en España, durante el Aznarato, el malbaratamiento de las empresas públicas, la destrucción del Estado, el ataque a la Educación y Sanidad públicas, a los derechos de los trabajadores y demás tropelías cometidas por el traidor Aznar y sus compinches caminase de la mano de nuestra inclusión en campañas militares ilegales justificadas con mentiras y el fin del servicio militar con la creación de un llamado ejército profesional…fue únicamente un hito en el camino que solo se ha revertido en parte. El siguiente paso es evidente: empeoramiento constante de las condiciones sociales que ya estamos viendo y la aparición de mercenarios para la represión (que veremos en el futuro cercano)…
Naturalmente, en los tiempos que corren, el gran escenario de los mercenarios es Rusia con empresas como Wagner.
Esta, Wagner, es tan grande y tan llamativa que oculta bajo su sombra toda una serie de fenómenos ya en curso que predicen con nitidez la deriva de nuestro mundo en un futuro no muy lejano. A la sombra de Wagner están surgiendo en Rusia toda una serie de ejércitos privados a sueldo de grandes corporaciones (Gazprom, entre otras) o sectas poderosas (la Iglesia Ortodoxa Rusa, por ejemplo) que anticipan un escenario neofeudal y, al tiempo, apocalípticamente ciberpunk. La distopía llama a nuestra puerta.
Si nadie lo remedia, y ninguna institución actual lo pretende (a fin de cuentas las controlan los mismos que están avanzando en la implementación de la distopía totalitaria corporativa) el futuro cercano verá la desaparición del Estado y con él la posibilidad real de democracia y soberanía nacional (si bien, como ocurrió en la antigua Roma, las instituciones «republicanas» se mantendrán como teatrillo conveniente) y la imposición de corporaciones enrocadas en los pilares del control total mediante los medios digitales y el poder de empresas militares privadas. Que veamos a un Elon Musk, a un Mark Zuckerberg, a un Jeff Bezos, a un Bill Gates o a sus sucesores fuera de control y con un ejército de mercenarios es solo cuestión de años, no décadas.
Sé, porque sois inocentes, ignorantes y prepotentes a partes iguales, que sonreiréis con autosuficiencia ante esta advertencia y me desdeñaréis como adicto a las teorías conspiranóicas… un loco más…¡ojalá fuera cierto! Pero, no. Por desgracia tengo razón. Estamos jodidos, muy jodidos…prácticamente muertos.