¿De verdad alguien cree que se puede pensar y mantener la actividad intelectual con la terrible ola de calor que nos lamina desde hace días?…Personalmente, vivo en el sopor y la abulia, descubriendo un estado vegetativo en muchos puntos concomitante con la hibernación que probablemente los acontecimientos climáticos acabarán dictaminando como propio de la especie humana.
En estas condiciones solo doy de sí para recordar la película Cuarenta Grados a la Sombra de Mariano Ozores, autor también de la letra de la canción que ilustra esta entrada innecesaria, y a Claudine Coppin y Los Exóticos, que la interpretaban en 1967.
Entonces los 40 grados a la sombra eran el tiempo del amor, ahora puede que también, pero en algunos lugares no bajamos de los 45 a la sombra y de los 36 durante la noche. En esas condiciones dudo mucho que la función erótico-reproductora esté activa. Ni en la especie humana ni en otras, lo cual, sin duda, tendrá sus consecuencias.
En nuestra adolescencia y juventud las noches de verano eran el territorio propio del amor y el sexo, ahora, por lo visto, el calor cambia los hábitos sociales y de la especie. No deja de ser un dato curioso del cual extraeré seguramente interesantes consecuencias en otoño, cuando las temperaturas me permitan salir del sopor. Ahora, mi licuado cerebro solo puede aportar estas líneas inconexas y lastimeras.
Por cierto, otra canción sobre los 40 grados: Los Iracundos, banda uruguaya:
La prensa española y la televisión en prime time (por ejemplo: no hace mucho El Hormiguero) no dejan de publicitar al grupo ruso de activistas «feministas» y «LGTBI» Pussy Riot como si se tratara de verdaderas estrellas, como si contasen con el masivo seguimiento del público y la gente se identificara mayoritariamente con lo que representan. Sin embargo, es público y notorio que han debido suspender su gira española por el bajo nivel de venta de entradas. En otras palabras: no son nadie y nadie, o poquísimos, se identifican con el grupo y desean ver sus actuaciones.
He ahí un excelente ejemplo de la doble realidad que vivimos en España: el dogma que ciertos lobbies poderosos y subvencionados (que, por cierto, tienen como efecto incidir negativamente en la demografía y promocionar la extinción de las líneas genéticas que nos han caracterizado durante milenios) imponen desde las instituciones y los medios de masas y el verdadero interés del pueblo.
No voy a extraer las conclusiones del evidente hecho para no verme opacado por ciertos algoritmos. Diré, simplemente, que sería bueno reflexionar sobre esto. Pensad.
¿Quién maneja nuestra barca que a la deriva nos lleva?
Es ya sabido: falta personal, no hay obreros lo suficientemente inocentes y necesitados para seguir aguantando las jornadas infinitas en régimen de semiesclavitud y los sueldos de miseria así como los contratos de irrisoria duración que los patronos explotadores que pueblan nuestro tejido económico consideran «lo natural».
La solución, y mira que tiene bemoles el asunto, ya la dio Biden, el presidente de los Estados Unidos: paguen más. Y, añado: mejoren las condiciones sociales y laborales del trabajador.
Pero no, nuestro izquierdista y progresista Gobierno ya ha encontrado la solución ideal al problema, que es la de siempre: importar emigrantes que ejerzan de esquiroles quebrando las rodillas de los trabajadores patrios (y extranjeros ya aclimatados). En otras palabras: la respuesta del Gobierno «izquierdista» a la explotación laboral del trabajador español (y extranjero asimilado) consiste no en estimular la responsabilidad social y patriótica del elemento explotador sino en favorecerlo introduciendo en el mercado laboral lumpemproletariado, inmigrantes desesperados que acepten las jornadas interminables, los sueldos ridículos y los contratos, incluso esclusivamente verbales, de mierda.
Eso es lo que da de sí la democracia liberal y lo que cabe esperar de los partidos parlamentarios por mucho que se reclamen de izquierdas.
¿No basta esto para hacer una revolución? Es evidente que no. Tenéis alma de lacayos y así os va.
A este respecto, y como prueba de que nada ha cambiado, ni va a cambiar, quiero reproducir a continuación una entrada que publiqué el 13 de febrero de 2013 en mi blog Disidente Por Accidente.
Al surrealismo le pusieron nombre (como casi siempre) los franceses, pero no cabe duda de que constituye la más íntima naturaleza del ser hispano. Y, desde luego, no pasa día sin que esa naturaleza se manifieste convirtiendo en caricaturas sardónicas todos los desesperanzados textos picarescos de nuestra historia literaria.
Hoy, miércoles de ceniza para quienes siguen el calendario litúrgico cristiano, resacón de carnaval para los juerguistas y víspera de San Valentín para las románticas, hemos podido asistir a una de esas manifestaciones surrealistas del casticismo costumbrista hispánico.
A saber: el conciliábulo de la patronal. De la CEOE.
Resulta que en la guerra civil del PP uno de los amiguitos de la Aguirre, Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, ha visto como le llegaban a la línea de flotación unos torpedos de procedencia desconocida (quien sabe si lanzados desde Toledo o Génova): la denuncia pública de que pagaba sobresueldos en negro a sus empleados.
Naturalmente, la hipocresía exigía tratar el asunto, montar un bonito paripé de decencia y preocupación. Organizar una camarilla de crisis para fingir probidad e higiene moral. En resumen: formar junta para analizar las acusaciones y pedir, fuera de la sala y en voz muy bajita, la dimisión del jerifalte acusado.
Y se ha hecho. En España, ya lo sabemos, lo de darse sonoros golpes de pecho y entonar farisaicos «pésame-señor» sin absolutamente ningún propósito de enmienda es casi un deporte nacional.
Y, como también estaba previsto, no ha sucedido nada. Ni el tal Arturo Fernández ha dimitido ni ha habido rechinar de dientes ni ruido de metafóricos sables. Se han limitado a cumplir el expediente y a fondear en apostadero cubierto para ver si pasa la marejada y todo puede seguir igual. Si el temporal arrecia ya sabemos que dejarán hundirse el barco dañado para salvar la flota. Es el habitual modus operandi.
Pero, más allá de la liturgia del revoloteo en torno al nido, imagino tanto la sonrisa cínica de las aves que lo efectúan (muchos buitres, no pocas gaviotas) cuanto la perplejidad que habrá presidido todas sus devociones públicas.
¿Castigar a Don Arturo? ¿Y a fin de cuentas, por qué?
¿Qué ha hecho el vicepresidente de la CEOE que no venga marcado en el más profundo ADN de los patronos a los que vicepreside? Analicemos sus actos. A saber:
1.- Explotar a sus trabajadores pagándoles miserias para obligarles a desbordar el horario laboral si quieren llegar a conseguir un sueldo que cubra mínimamente sus necesidades de subsistencia, aumentando de este modo sus plusvalías a costa de actos que pueden conceptuarse como traición al pueblo y terrorismo social. Y, puesto que son hechos que comprometen gravemente la recuperación económica de la nación, deben considerarse también actos de traición a España.
2.- Estafar a sus clientes. No disponemos de datos para analizar sus márgenes de beneficio ni la calidad de sus productos y servicios, pero sí sabemos que gran parte de su imperio procede del trato de favor recibido por sus contactos políticos lo que de facto impide la libre competencia y constituye en sí mismo una estafa tendiendo a la prevaricación, el cohecho y las prácticas monopolísticas.
3.- Engañar a Hacienda comprometiendo por un lado las bases de cotización de sus trabajadores, condenándolos a bajas pensiones en el futuro y a subsidios de desempleo miserables en el presente, y, por otro, detrayendo dinero público, lo que en la práctica supone robar al conjunto del pueblo y por lo tanto se inscribe en el ámbito de la traición a España.
Esas son las culpas del señor Fernández. Y de ahí proviene la perplejidad de los empresarios. ¿Qué ha hecho don Arturo que no sea el abc, el día a día, la ideología misma de sus colegas empresarios?
El problema para España no son las acusaciones que se le hagan a este individuo sino la patronal en sí. Un estamento inmoral, indigno, despreciable, cuya ideología y métodos son incompatibles con la democracia, la decencia, la paz social y el progreso económico. Y no existe modo de frenar esa nociva dinámica ideológica sin alterar definitivamente las relaciones de poder y la estructura económica y social de España.
¡Sublevaos! »
Pues eso, de aquellos polvos, estos lodos. Y seguimos sin sublevarnos. Qué se le va a hacer.
Comentando un par de curiosidades de las que me he percatado.
Dos títulos recientes de este blog: Putas y Feministas y Las Amantes Centrípetas y los Cornudos Pasivo-Agresivos. Afortunadamente, pueden leerse íntegros en la versión pública del blog, solo faltaría…Pero en la privada, en esa sección de «mensajes» que maneja el autor, resulta que las palabras «putas» y «cornudos» no se pueden ver. Han desaparecido de los títulos que quedan así: Y Feministas y Las Amantes Centrípetas y los Pasivo-Agresivos. No deja de ser curioso que WordPress me aplique la censura a mí, que he escrito ambos títulos y ambos artículos y, evidentemente, sé lo que son las putas y los cornudos y no me asusto de esos vocablos plenamente castellanos y parte del idioma español. Un idioma que, al contrario que el inglés originario de los tipos que pergeñaron WordPress, siempre fue libre, explícito y concreto.
La pregunta que me hago es: ¿si incurren en una censura tan pueril y ridícula dentro de mi propio espacio de trabajo, qué otras iniciativas similares tomarán al margen de mi conocimiento?
Y añado una exhortación: no traten al español como al inglés, son dos universos culturales y mentales completamente diferentes.
Solo algunos ejemplos en abono del uso de ciertas palabras y conceptos en la alta cultura hispana: Gracias y Desgracias del Ojo del Culo, publicado por Don Francisco de Quevedo en 1628 ; Izas, Rabizas y Colipoterras (todos sinónimos de puta), publicado en 1964 por Camilo José Cela que basó el título en un poema del Cancionero de Amberes de 1557 o, del mismo autor: La Insólita y Gloriosa Hazaña del Cipote de Archidona, publicada en 1979 y de la que hasta se hizo una película cuyo inicio ilustra esta entrada. O la novela Coños, publicada en 1995 por el conservador y ultracatólico autor Juan Manuel de Prada.
Un poquito de seriedad y mentalidad adulta, que estamos en España. Y vosotros, desarrolladores, si no lo estáis, creced y españolizaos. El rancio puritanismo anglosajón y protestante es ya el pasado y siempre fue una forma inferior de civilización y cultura. Es triste que los bárbaros del norte dominen el mundo romano, pero todo se andará…paciencia y barajar.
Vivimos en un régimen totalitario que nos machaca con la ortodoxia dominante día y noche: en la escuela o los institutos, desde los medios de comunicación y hasta desde la publicidad. Por eso, porque estamos programados para creer lo que se nos dice y no cuestionarlo, comulgamos con ruedas de molino como que parlamentarismo liberal y democracia son la misma cosa. Es falso.
El parlamentarismo liberal que padecemos, basado en la desigualdad y preparado para dar ventajas a los hijos de las clases altas dominantes perjudicando a los de las clases bajas (en otras palabras: burlando la igualdad de oportunidades que es básica en la democracia) es un régimen pensado para que las facciones oligárquicas se turnen en el poder sin efusión de sangre y sin que nada cambie en esencia. Habrá quien piense que la existencia de partidos «izquierdistas» o «antisistema» en al ámbito parlamentario cambia las cosas. Error: esas siglas no dejan de representar facciones más o menos explícitas de la oligarquía. Hagamos un experimento: ¿cuantos diputados y líderes políticos proceden o han procedido realmente de la clase obrera? ¿Qué medidas en favor de la clase obrera defienden los actuales partidos de «izquierdas»? Mucha defensa del colectivo LGTBI (que ganó su legitimidad en las instituciones internacionales como la ONU a mediados de los 90 a cambio de asumir el ideario burgués-capitalista, de ahí su obsesión por el matrimonio) y de los inmigrantes (cuya abundancia beneficia al capital perjudicando al obrero nacional, enfrentado a una competencia que baja los salarios y las exigencias sociales y laborales), mucho multiplicar los chiringuitos de nombres rimbombantes donde colocar a militantes y amiguitos…pero muy poco defender al obrero o al ciudadano de clase media cuya defensa, a día de hoy, ha de hacerse en clave nacional y no internacionalista.
Es así, no hay que darle más vueltas.
En cambio, la democracia verdadera, que no tiene por qué adoptar formas parlamentarias de corte liberal ni derivar hacia el lodo de la partitocracia, se basa en la defensa de los intereses del ciudadano, no del capital ni de la ortodoxia internacional sea marxista o capitalista, y se estructura en torno a la igualdad de oportunidades: misma enseñanza pública para todos, misma capacidad de acceso a puestos de responsabilidad para todos y compromiso de prosperidad para todos, lo que contrasta con el acaparamiento de recursos, riqueza y poder por parte de las oligarquías. El primer paso de la democracia es quebrar el espinazo de la oligarquía corrupta, incompetente y cleptocrática que nos domina y se esconce en el juego partidista del parlamentarismo liberal-capitalista. Pueblo y nación son una misma cosa, no puede articularse la nación en la división entre honestiores y humiliores, entre oligarquía y clase sometida, y mucho menos venderla a cualquier clase de sucio internacionalismo, es decir: entregar nuestro destino a instancias que no podemos votar ni controlar y a las que, como pueblo y como nación, no les importamos nada. Es más: en la mayor parte de los casos nos odian y nos desprecian por ser quienes somos.
El parlamentarismo liberal, desde su implantación en España en 1833, nos pone en manos de nuestros enemigos de siempre…y así nos va.
Es hora de dejar paso a la DEMOCRACIA.
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