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PUTAS Y FEMINISTAS

Obsérvese lo nutrido y mayoritario del movimiento. Menos de una docena sosteniendo la pancarta para una ley que nos embutirán si o sí de manera «democrática» y por mayoría parlamentaria.

Andan las feministas empeñadas en prohibir la prostitución en España, nada que nos deba extrañar si tenemos en cuenta que los tres grandes logros del feminismo en los Estados Unidos fueron la Mann Act de 1910 (que luego se integró en la legislación de la ONU a partir de 1946) , la censura en el cine y la implementación de la Ley Seca en 1919. No podemos pasar por alto que las feministas de los Estados Unidos (cuya ideología y acciones copian las nuestras, ayunas de originalidad y estatura intelectual y moral, podemos tildarlas sin faltarles al respeto de simples cantamañanas de querencias miméticas) eran las mismas que militaban en el Movimiento por la Templanza, puramente prohibicionista y transmisor (como el actual feminismo) del puritanismo protestante más radical.

Habitualmente nos venden el feminismo como algo moderno y progresista, pero es mentira. Se sitúen bajo las banderas que se sitúen, las feministas únicamente transmiten una ideología pasada de moda, que ya era ridícula y anticuada en el siglo XIX. Son las beatas histéricas de sacristía de antaño, reorganizadas y disfrazadas de progresistas.

Por cierto, la Historia ha demostrado que en ningún lugar donde el puritanismo feminista ha hecho prohibir la prostitución esta ha dejado de existir. Al contrario. Tampoco ha liberado a nadie de la trata. Precisamente, la prohibición potencia el papel de las mafias y somete con más fuerza a las personas prostituidas al poder de organizaciones criminales. Este es un hecho en todos, TODOS, los países donde el puritanismo feminista ha conseguido sus fines. A pesar de lo cual, las estúpidas feministas españolas, presas de su ansia mimética y totalitaria, de su preocupante histerismo peterpanesco (porque el feminismo tal y como lo conocemos es una manifestación de la falta de experiencia vital de sus defensoras y de su inmadurez rayana en la adolescencia problemática) insisten en seguir una senda que nos consta inútil y hasta perjudicial.

Pero no debe extrañarnos. Sabemos ya que el feminismo no tiene nada que ver con la verdad y la justicia, es totalitarismo dictatorial y ansia de poder y subvenciones. Por eso no se debe debatir con las feministas, sino barrerlas, como a los nazis o los estalinistas, del concierto social.

Ello no obstante, no estará de más que, sucintamente, analicemos cómo plantean el problema y de qué modo pintoresco y sin base alguna racional ni objetiva defienden la prohibición.

Más claro no puede quedar: el feminismo es puritanismo y prohibicionismo. Las beatas de sacristía de siempre haciéndose pasar por modernas.

Como en el asunto de la llamada «violencia de género» ,se inventan una «realidad» maniquea y falsa que justifique su victimismo y la imposición de su supremacismo en la habitual táctica totalitaria.

Escuchándolas parece que solo las mujeres son prostituidas y solo los hombres ejercen el proxenetismo y pagan por servicios sexuales. ¿Habrá que decir que esto es falso? Hay hombres que se prostituyen (y son prostituidos, pero de esta trata no se habla, no interesa) del mismo modo que hay mujeres proxenetas y mujeres que pagan por servicios sexuales tanto de hombres como de otras mujeres. Es así, pero el feminismo, fiel a su relato de ideología alejada de la realidad y empeñado en imponer manu militari unas leyes determinadas que no parten, como vemos, de la evaluación objetiva de la realidad ni del deseo de liberación y justicia, sino del supremacismo, el ansia de poder y de recibir privilegios y fondos públicos así como de una patológica y malsana voluntad de controlar la libertad sexual y reproductiva del elemento masculino (que, libremente, es difícil, por no decir imposible, que las elija como parejas sexuales: a los hombres les gustas las mujeres sensatas, inteligentes y equilibradas) siguen en sus trece, continúan con su agenda prohibicionista, sus mentiras y su histerismo…todo ello con la connivencia de los medios de comunicación y la mayoría de partidos políticos, sindicatos y poderes económicos en un entorno de decadencia terminal en lo político, lo social, lo cultural y lo moral.

Solo quiero añadir una última cosa: yo nunca he ido de putas, pero si las feministas se salen con la suya, empezaré a frecuentarlas. Será un acto revolucionario y de disidencia.

Del porno y las violaciones hablaremos otro día.

© Fernando Busto de la Vega.

FERIA DEL LIBRO

Gregorio Marañón, uno de los más insulsos y pestíferos «intelectuales» españoles firmando libros en la Feria del Libro de Madrid, allá por el franquismo.

Cuando hablamos de Feria del Libro estamos refiriéndonos, quizá sin darnos cuenta, a un intento de monopolio del hecho literario por una determinada élite que pretende controlar no solo el mercado sino también los límites ideológicos y estéticos del concepto «alta cultura». Esto siempre fue así.

La diferencia con el pasado es que lo que ahora llamamos «intento de monopolizar» entonces era un monopolio completo en manos de ciertas oligarquías con determinada ideología. Existían editoriales que se reclamaban vanguardistas y de izquierdas, otras clásicas y de derechas y apenas podía el autor esquivar su dominio del mercado.

La tecnología ha aportado resquicios por los que el autor puede expresarse con mayor independencia y libertad apartándose de un mercado monopolístico más monopolizado que nunca por la preponderancia de los gigantes del sector que se ocultan tras la diversidad de sellos que han absorbido y junto a los cuales existen una serie de satélites «independientes» que tratan de abrirse paso y ser reconocidos como representantes de la «alta cultura» mimetizándose con los grandes. Por supuesto, los medios de comunicación de masas apoyan este intento de monopolio tanto por cuestiones de afinidades accionariales como por su condición de cadenas de transmisión del poder oligárquico que se oculta tras la ortodoxia cultural y el ansia de monopolizar el mercado. Es un síntoma más de la estructura piramidal, autoritaria y exclusivista de la sociedad en la que vivimos.

Pero el monopolio está amenazado…y eso traerá consecuencias. Vivimos tiempos de cambio y el cambio es siempre revolucionario, aunque la revolución a menudo se mezcle en la avalancha renovadora con el lodo. Mojémonos, ensuciémonos…el tiempo decantará el detritus y hará flotar el metal valioso.

© Fernando Busto de la Vega.

¿ESPAÑA DEMOCRÁTICA?

Una democracia requiere un pueblo soberano que decida su propio destino. Cuando un país pertenece a una serie de organizaciones (UE, OTAN, ONU…) que le dictan sus leyes y el modo en que debe organizarse interiormente imponiéndole, además, políticas y valores que no son necesariamente los suyos, no puede ser considerado una democracia por mucho que se vote regularmente. En todo caso sería factible hablar de un sistema liberal parlamentario que, como no permite decidir nada, solo puede ser considerado una dictadura encubierta.

Pero la cosa es peor. Nuestra vida política está estructurada en partidos de férrea disciplina (se votan siglas, no personas) que, en esencia, presentan esta disposición ideológica y de acción política:

A)—NÚCLEO CONSTITUCIONALISTA: en 1948, tras la derrota del Eje y el inicio de la Guerra Fría, Estados Unidos, que dominaba Europa, y había convertido al sector occidental en una colonia, impuso un sistema político de estabilidad y sometimiento a sus designios que se basaba en la alternancia política de tres corrientes «moderadas» que, en la práctica, se limitaban a aplicar las líneas generales de las políticas que marcaban los amos imperialistas: socialdemócratas, liberales y democratacristianos. Esa es la alternancia básica en toda Europa (con inclusiones posteriores como los Verdes). Esa Gran Coalición de facto es simple imposición dogmática. Trasladan a los diferentes países lo que marcan los Estados Unidos bien sea directamente, bien mediante instituciones interpuestas (con la ONU a la cabeza).

B)— DERECHA VOCINGLERA: Los medios controlados por la oligarquía, es decir el poder establecido: nos la venden como «extrema derecha» y la «izquierda» domesticada trata de que los veamos como fascistas cuando no son sino ultraliberales con prejuicios racistas, clasistas y religiosos. En conjunto vienen a imponer en España el ideario trumpista surgido de la realidad social y política estadounidense que poco tiene que ver con la española.

C)—ULTRAIZQUIERDA SIN CONCIENCIA DE CLASE: Entre estos hay comunistas camuflados que todavía no han aceptado el fracaso estructural e histórico de su ideología, agentes de dictaduras tercermundistas y flipados de todo pelaje, pero, sobre todo, son portavoces de la ideología woke surgida en las universidades estadounidenses que se tienen por «izquierdistas» y en absoluto están relacionadas con la realidad social, cultural, histórica o política de España.

D)—SEPARATISTAS DE TODA LAYA: Estos son los caciques de siempre que, en el centro se encuadran en PSOE, PP y otros partidos regionalistas, pero en la periferia encubren su condición con el nacionalismo antiespañol y en el supremacismo racista (véase catalanistas y vasquistas), pero no por ello dejan de ser caciques y hacer políticas caciquiles. Se les tolera en el régimen de 1978,y hasta se les da alas, por intereses imperialistas de los Estados Unidos que, de este modo, debilitan a España y la ponen al borde de la ruptura impidiéndole fortalecerse y alcanzar su lugar en el mundo que, desde luego, no está bajo la bota yanqui.

Esa es la estructura política de España. Todos los partidos organizados del sistema transmiten e imponen políticas e ideas extranjeras, principalmente estadounidenses, en lugar de escuchar al pueblo y aportar soluciones y relatos ajustados a la realidad española. A eso le llaman España democrática.

Digo yo que va siendo hora de cambiar esa situación ¿no?…

España debe ser una verdadera democracia y, para ello, el régimen ilegítimo de 1978 debe ser derribado porque está diseñado para mantener una dictadura encubierta al servicio del imperialismo gringo y en modo alguno permite la verdadera y libre expresión del pueblo español.

Remito a un artículo anterior sobre el caciquismo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

ÉTICA Y VEHÍCULOS AUTÓNOMOS

Mi amiga Silvia, que cavila demasiado y siempre anda proponiéndome angustiosos y complejos dilemas éticos, hubo una época en que se interesó por los que se derivan de la programación de los vehículos autónomos. Cosas tales como, si la inteligencia artificial ha de elegir entre la vida de quienes van a bordo o la de los peatones cual debe ser su decisión.

Dedicamos algunas horas y no pocos ociosos cafés a dilucidar estos asuntos.

Mi posición era siempre defender el subjetivismo. Decía que pensaría una cosa u otra dependiendo de cual fuera mi posición en el problema, si me encontrara a bordo del vehículo o fuera el peatón a punto de ser atropellado. Este tipo de conclusiones enervaban a Silvia que me acusaba de eludir el verdadero problema, el del programador.

Finalmente, y después de jugar un rato, yo acababa exponiendo mi verdadera postura, que no ha cambiado al respecto: tripular y usar un vehículo autónomo es una dejación de nuestra libertad y responsabilidad individual. En aras de la comodidad delegamos en un programador ajeno y en una inteligencia artificial tanto el placer de conducir nuestro propio destino como la responsabilidad inmediata de hacerlo. Y este es solo un síntoma de la infantilización y esquematización moral y social a la que estamos siendo sometidos, con nuestro muelle consentimiento, por la cada vez más deshumanizada era cibermoderna.

Nos estamos domesticando a nosotros mismos y no para ser perros de caza o de compañía sino para convertirnos en aves de corral encerradas en grandes recintos de explotación sin horizontes ni problemas, donde toda nuestra responsabilidad individual quedará bajo la supervisión de ese superego anónimo que, sin embargo, tiene razón social, intereses definidos y nos conduce a un solo lugar: el matadero.

Todo nos conduce en esa dirección. Hasta sectas polémicas como el feminazismo o el wokismo cuando reclaman «entornos seguros» (es decir: controlados) y claman contra la responsabilidad individual (aquello de volver sola y borracha a casa o abortar de inmediato y sin más reflexión si no se han sabido controlar los propios instintos uterinos) siguen esa senda: la de esquematizar e infantilizar al ser humano y la sociedad separando al ser humano de su libertad de acción y la consiguiente responsabilidad.

¿Digo con esto que debemos prescindir de los vehículos autónomos?

Digo que debemos seguir al frente de nuestro propio destino: aceptar los múltiples inconvenientes e incomodidades que ello comporta para disfrutar de las indudables ventajas y satisfacciones personales y morales que conlleva.

Seamos libres, seamos adultos.

BIZARRO, «ESA ARMA»…GUÍA DE CASTELLANO PARA POSTGRADUADOS ESPAÑOLES.

Hay dos tipos de universidades en España: las públicas, destinadas a que los hijos de la clase obrera puedan llegar a ser profesores de instituto o funcionarios de grado medio; y las privadas, destinadas a que los retoños de las clases altas puedan acumular títulos y másteres que justifiquen sus predestinados puestos directivos en la administración pública o las empresas privadas. Ninguna de las dos tiene ni la más remota ambición cultural ni el más mínimo prurito de excelencia idiomática (máxime cuando el ilegítimo régimen de 1978 ha abandonado algunas de ellas a los delirios etnogenésicos de ciertas élites compradas por intereses extranjeros que algún día habrá que purgar a conciencia).

No me extenderé demasiado.

Existe un problema grave y es que en televisión y en cine (de la industria editorial hablaremos en otro momento), la inmensa mayoría de los que llegan a guionistas o traductores proceden de las facultades de Ciencias de la Información donde nunca se ha enseñado a escribir ni hablar correctamente el español. Propongo al lector un ilustrativo ejercicio: obtenga cualquier crónica del primer tercio del siglo XX o de finales del XIX y léala. Con toda seguridad, su autor carecía de ningún título universitario y hasta es muy probable que su educación formal fuera rudimentaria, pero encontrará el lector que sabía escribir y expresarse perfectamente en lo que llamaremos «el idioma de Cervantes». Por el contrario, lea cualquier periódico moderno, escuche la radio o vea la televisión…Todos esos medios están atestados de licenciados y graduados…¿podríamos aplicar aquí aquello de lo que Natura no da, Salamanca no lo presta?…No, porque, precisamente, lo que se trasluce de ese estado de cosas es el pésimo papel de la «salamanca» de turno en el desempeño de sus funciones, lo que, a su vez, nos habla bien a las claras del paupérrimo y vergonzoso nivel de catedráticos, profesores y de las instituciones mismas (que sería menester cerrar, limpiar y restablecer).

De todos los atentados contra el castellano ( y su historia) hay dos que me enervan en especial y que denunciaré aquí.

1º— BIZARRO : en español, bizarro significa apuesto, valiente, bien parecido, bien adornado. El significado que le dan los modernillos actuales (empezando por algunos muy exitosos que van de intelectuales y presumen de haber leído muchos libros) y que se acerca a extraño, raro, grotesco procede del inglés, es un innoble anglicismo que debe ser erradicado. ¡Hablad en español, cojones!

2ª—»ESA ARMA»…Harto estoy de escuchar en los doblajes de películas cacofonías como «esa arma», «esa agua»… Recordemos a Pedro Arias de Ávila, que acabó siendo conocido como Pedrarias Dávila a guisa de apresurado hipocorístico. El castellano es proclive a ese tipo de evoluciones que lo aproximarían al italiano, cosa que nunca se ha deseado. Así las cosas, dos áes juntas a fin y comienzo de palabra darían indeseados vocablos como «es´arma» o «es´agua» o «l´arma» o » l´agua»…por ese motivo es norma que cuando una palabra acaba en «a» y la siguiente comienza por la misma vocal, la primera cambie y termine en «e»: «ese arma», » ese agua» de manera que se mantiene la integridad de las palabras y el idioma haciéndolo elegante e inteligible. A ver si aprendemos…

Quedo a la espera de insultos y acaloradas críticas, gracias.

© Fernando Busto de la Vega.