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ALFONSO EL BATALLADOR ¿MARICÓN?

MONUMENTO A ALFONSO EL BATALLADOR EN ZARAGOZA, UNA NOCHE DE ESTE VERANO.

Lo cierto es que resulta triste (y a la par nauseabundo) comprobar hasta donde llega la estulticia y la indigencia cultural de algunos que pomposamente (y por certificación universitaria, y habría que hablar de la ilegitimidad intelectual que está alcanzando la universidad en nuestros días) se denominan historiadores.

Ayer mismo, mi excelente amigo Sergio L. (por cierto: a ver si aprovechamos estos días para tomarnos unas cañitas), me envió un corte de vídeo en el que una de estas «doctoras en Historia» sabelotodo, jactanciosa y ayuna de conocimientos indispensables para el desarrollo de su profesión, al dar cuenta del desastroso matrimonio de Alfonso el Batallador con la reina Urraca de León, zanjaba las desavenencias (sin tener en cuenta los arduos y enconados problemas políticos que se oponían al normal desarrollo de aquel matrimonio, siendo el principal de todos la ambición de Diego Gelmírez, arzobispo de Compostela, que veía en la llegada al trono de León de Alfonso I de Aragón un freno para su dominio casi absoluto en Galicia) y los problemas en el lecho aludiendo a la homosexualidad de Alfonso el Batallador.

Vamos a ver. Seamos serios. Esta señora con todos sus doctorados y todo el prestigio académico que quiera tener (el prestigio académico entre catedráticos mediocres, cantamañanas insulsos y cenutrios de ambos sexos adocenados y cegados por la deriva político-propagandística del momento carece de otro valor que la autocomplacencia social, pero es nulo si atendemos a la capacitación profesional e intelectual de esa mayoría de mamelucos de cuarta con título y cátedra conseguida de favor o al pairo de lo ideológicamente conveniente…y por eso procuro alejarme del viciado ambiente universitario) carece de la perspectiva adecuada. Y esta señora y otros historiadores e historiadoras como ella, no tiene esa perspectiva adecuada porque toma demasiados cafés con sus amiguitas feministas, progres y lesbis y dedica muy poco tiempo a comprender la época que trata de explicar.

Cierto que la experiencia con las mujeres de Alfonso el Batallador era escasa y que muy probablemente llegó al matrimonio sin ninguna tentativa sexual, pero esto no se debía a la homosexualidad, sino al ascetismo. Alfonso I de Aragón fue un personaje muy próximo a la Orden del Temple, incluso llegó a donarle en su testamento su caballo, su espada y su reino. A lo largo de su vida y de su reinado, Alfonso el Batallador siguió las reglas del Temple que incitaban a combatir constantemente al infiel (cosa que hizo impecablemente y con notabilísimo éxito) y vetaban el contacto con mujeres. Un templario no debía hablar, tocar ni mirar a ninguna mujer, ni siquiera a su propia madre. Era parte de su renuncia al mundo y de su entrega al combate sagrado.

Alfonso I de Aragón, el Batallador, no era un maricón, era un templario in péctore y esta señora lo sabría si se hubiera molestado en leer las reglas del Temple, que son asequibles y están impresas en castellano y hasta en una edición popular.

Así nos luce el pelo y por eso habrá que cerrar las universidades. Demasiada mediocridad, demasiada política, demasiado cabildeo, demasiado memo metido a catedrático…

OTRA FOTOGRAFÍA ALGO MÁS HEROÍCA DEL MISMO MONUMENTO. AMBAS DEL AUTOR.

© Fernando Busto de la Vega.

EL TUTEO Y LA FALANGE

CAMILO JOSÉ CELA Y GONZALO TORRENTE BALLESTER, DOS FALANGISTAS AL AZAR.

En España nos tuteamos de manera habitual, es un hecho. Muy pocas veces hay quien reflexione al respecto y busque el motivo de esta anomalía social tanto histórica como geográfica (el tuteo no es habitual, salvo en Suecia, en ninguna parte de Europa o América) y quien lo hace muy a menudo queda preso de los lugares comunes y el relato oficial de la Historia pensando que este tuteo se debe a la quiebra de la rígida etiqueta franquista durante la Transición y que representa un signo de democracia, igualitarismo y social democracia. Y, naturalmente, se equivoca.

No tiene demasiada importancia, se trata tan solo de una curiosidad, pero resulta interesante encontrar las verdaderas raíces de las costumbres sociales. Hacerlo ayuda a poner en perspectiva las verdades oficiales y los relatos dogmáticos que vienen a justificar las aspiraciones políticas de estos o aquellos.

En España esta puesta en perspectiva es especialmente interesante porque desarma rápidamente las ínfulas de la izquierda y demuestra su escasa influencia en la vida social e histórica del país.

Con el tuteo sucede lo mismo.

El tuteo es cosa de los falangistas.

Habrá quien clame por el origen sindical del mismo y quiera atribuírselo a la UGT o la CNT, y se equivocará. La UGT y el PSOE fueron siempre grupúsculos pequeño burgueses y no se apeaban el tratamiento como principio. Todavía en 1938 Largo Caballero, Negrín y Prieto se trataban de usted tras décadas de militancia común y de amistad más o menos continua. En cuanto a la CNT, en 1937 dejó de contar y de influir en España (afortunadamente).

Los que desde 1936 impusieron sus usos y costumbres en la sociedad hasta bien entrado 1976 fueron los falangistas que se tuteaban entre sí sin importar su rango (al Jefe Nacional se le saludaba con un «¡A tus órdenes!») ni su procedencia social (en la CNT predominaba la clase obrera, en la Falange se mezclaban todas las clases) y así fue impregnándose la sociedad española de igualitarismo y hermandad entre españoles.

De modo que, mal que nos pese, hemos de reconocerlo y tenerlo presente: este rasgo tan característico de la vida social española no proviene de la Transición ni de la influencia izquierdista sino de la falangista.

Es un dato histórico, no sufráis por él. Pero id aprendiendo a diferenciar churras de merinas.

© Fernando Busto de la Vega.

TRUMP, LA ESTUPIDEZ DEL ESPECULADOR

Que Trump es un cantamañanas parece fuera de toda discusión. Que tiene la inteligencia justa para pasar el día y la moral propia de un narcisista ególatra y sin formación, también. Sin embargo, hay que decirlo: Donald Trump es la quintaesencia destilada del protestantismo germánico: paleto, supremacista, racista, avaro, ignorante, inclinado a la violencia y el robo en todas sus formas…en otras palabras: es la máxima y más prístina encarnación de lo que representan los Estados Unidos. Y, como tal, acabará siendo la causa no ya de su ocaso, sino de su destrucción.

La racanería e ignorancia del tipo y de sus seguidores raya a tal nivel de indigencia mental que no acaban de comprender el mundo en el que viven, el sistema de defensa y alianzas que les permiten todavía, y a pesar de todas sus deficiencias y la carga que su ideología e intereses representan para el mundo en su conjunto, continuar siendo una potencia mundial. En decadencia cada vez más acentuada, pero potencia (nuclear) al cabo.

Anda el chisgarabís zanahorio por esos parajes parlanchines de la campaña electoral afirmando que sus aliados (Taiwán, los países de la OTAN) deberán pagar su defensa si quieren que Estados Unidos siga amparándolos. Parece no comprender el zangolotino que tanto la Europa Occidental como Taiwán son colchones que garantizan la supervivencia y el poder de los Estados Unidos. Si cae Taiwán, nada parará a los chinos hasta California. Si caen Berlín o Londres nada parará a los rusos hasta Nueva York.

Si los aliados de Estados Unidos se ven compelidos a situaciones enojosas por causa de este país, de la potencia imperialista que deben contentar, muy bien pueden acabar cambiando de rumbo y aliándose con sus enemigos: ¿Qué quedaría de la «América Grande» de Trump si Taiwán se integrase en la China comunista y los europeos occidentales llegasen a acuerdos con Moscú?…Trump y sus seguidores, incapaces de ver más allá de sus propias narices, fían sus exabruptos y sus exigencias a la existencia de élites políticas, económicas y sociales de carácter colonial que garantizan el statu quo existente. Pero el hartazgo bien puede acabar derribándolas. La legitimidad social de la UE, la OTAN y demás instituciones del entramado imperialista estadounidense nunca fue grande, ahora cada vez mengua más. El siglo XXI tanto en Europa como en los Estados Unidos será un siglo de revoluciones para evitar la decadencia evidente y la destrucción que nos amenaza. Pero Trump, un imbécil en toda la extensión de la palabra, es incapaz de comprenderlo. Ha sido toda su vida un explotador y un especulador, un estraperlista respaldado por la legalidad dudosamente ética liberal-capitalista, y sigue pensando en esos términos. Y la avaricia acaba rompiendo el saco, ya lo sabemos (nosotros que tenemos dos dedos de frente, lo sabemos).

Por cierto: ¿llegó a conseguir que México pagara el muro aquel famoso?…

¡Que estemos en manos de viejos chochos sin inteligencia, cultura, sensatez ni dignidad! Cada día es más preciso restablecer el orden y la civilización.

© Fernando Busto de la Vega.

EL HIMNO ESPAÑOL (Y SU FALTA DE LETRA)

MARCHA REAL DE GRANADEROS EN UNA VERSIÓN ANTIGUA, DE 1761.

Uno de los grandes problemas que tiene la España moderna es la ignorancia de sus ciudadanos sobre su historia y su grandeza pasada. Desde que los liberales, traidores a España que impusieron dentro del país los prejuicios y el odio de nuestros enemigos y, por lo tanto, deben ser considerados un cáncer destructivo que debemos exterminar para recuperar nuestro destino, se impusieron en el país mediante guerras civiles y represiones sangrientas (interesadamente olvidadas) que les han permitido campar a sus anchas hasta nuestros días (donde se han diversificado en varias ramas «izquierdistas» igualmente disolventes y perjudiciales para España y su futuro y que del mismo modo deben ser arrancadas de cuajo para permitirnos alcanzar de nuevo la grandeza y la reanudación de nuestro destino como entidad civilizadora y rectora) imponiendo mediante la propaganda, las mentiras históricas y el lavado de cerebro a través de la educación, la cultura intervenida y sesgada y los medios de comunicación, esa misma ideología de nuestros enemigos desconectándonos de la verdad histórica y suscitando nuestro complejo de inferioridad, arma inconmensurable y eficaz para mantenernos a los pies de los enemigos germánicos y protestantes, vivimos en la oscuridad.

Uno de los episodios recurrentes de esa ignorancia y ese complejo de inferioridad impuesto por liberales, masones e izquierdistas en España suele ser el debate (y la vergüenza de algunos) sobre la falta de letra de nuestro himno nacional. Y es bueno que recordemos algunos hechos claves al respecto:

PRIMERO.- La idea del himno nacional es puramente liberal y procede de la Revolución Francesa, cuando los revolucionarios impusieron La Marsellesa como himno dogmático de sus intenciones imperialistas y totalitarias («¡Formad vuestros batallones! ¡Marchad, marchad! ¡Que la sangre de los impuros riegue vuestros campos!»). Naturalmente los impuros que deben ser asesinados son aquellos que no comulgan con las ideas liberales y masónicas de la revolución de 1789. El sistema parlamentario solo se implementa cuando los descontentos son barridos del mapa (estúdiese la guerra de exterminio llevada a cabo en la Vendée) y se establecen unos partidos dogmáticos que no se salen de los límites ideológicos establecidos por la represión. Por eso no vivimos en verdaderas democracias sino en regímenes totalitarios que disimulan su condición (salvo cuando se ven amenazados y vienen entonces los «cordones sanitarios», los «frentes populares», el cambio de las normas electorales…) con elecciones periódicas entre opciones que representan a clanes de poder y económicos, pero no divergencia de ideas. Siguiendo el ejemplo de los revolucionarios franceses y de su Marsellesa el resto de los estados europeos primero y mundiales después, se dotaron de sus propios himnos. En España los liberales trataron de imponer del de Riego, un golpista liberal culpable de la independencia de la España ultramarina a causa de sublevar a los hombres que debían pasar a América para restablecer el orden para imponer un régimen liberal y masónico en la península.

SEGUNDO.- España como realidad histórica y nacional es mucho más antigua y profunda que los nuevos estados liberales surgidos en el siglo XIX y, por lo tanto, en la práctica no tiene un himno, que es una idea moderna y de acentuado sesgo ideológico. Dentro de las convenciones internacionales del momento, nos vemos obligados a disponer de una sintonía que nos identifique en actos deportivos y oficiales, pero esta melodía no es un himno, no procede de las innovaciones liberales y en modo alguno puede tener letra porque se remonta al siglo XVIII, varias décadas antes de la Revolución Francesa, y es la Marcha Real de Granaderos, la marcha que la élite de la élite del ejército español hacía sonar cuando desfilaba ante la máxima representación de la unidad indiscutible y la permanencia eterna de la nación española, en ese momento, el rey (aunque fuera Borbón).

De modo que la falta de letra del llamado himno español, lejos de suscitar debate y vergüenza, debería llenarnos de orgullo. Nosotros no datamos, somos una continuidad histórica anterior al actual dogmatismo liberal-masónico y que debe sobrevivirlo para retomar su misión civilizatoria sagrada e indeclinable.

MARCHA DE GRANADEROS REALES, INTERPRETADA POR EL CUERPO DE ALABARDEROS, CON TAMBORES Y PÍFANOS COMO SONABA EN EL SIGLO XVIII.

© Fernando Busto de la Vega.

AMOR ALADO

La naturaleza es impúdica, especialmente en verano. Todo el mundo anda enfrascado en los asuntos de la procreación y el pudor es solo cosa de humanos (y ni siquiera de todos).

De modo que uno anda por ahí, de terraza en terraza, de parque en parque, y no para de encontrarse a todas horas con el llamado milagro de la vida en pleno desarrollo. Desde el arrullo apremiante de las palomas a los desvaríos públicos de algunos humanos pasando por todo tipo de paradas nupciales de innumerables especies de mamíferos, aves e insectos.

Y uno acaba dándose cuenta de lo aburridas y poco espectaculares que resultan las cópulas humanas en relación con las de otros animales. Especialmente los insectos.

Ahí están las mariposas, y hablo exactamente de la especie Lasiommata Megera, con sus espectaculares vuelos en espiral desde el suelo hasta lo más alto de las copas de los árboles, culminando su coreografía con el ayuntamiento y la separación para retomar la danza de nuevo desde el suelo, o los mosquitos volando en plena cópula, el uno cabeza abajo, el otro cabeza arriba en una oposición bifrontal que asciende y desciende rítmicamente…son apenas dieciséis segundos de sexo salvaje, pero en plena acrobacia. ¿Qué decir de las libélulas y su afán contorsionista y ese empeño en volar unidas?

Si fuera un individuo sesudo y serio y no estuviéramos en julio, quizá llegaría a conclusiones filosóficas profundas y repletas de consecuencias y conclusiones. Como soy yo, estoy a pique de terraza y sucesión de cañas y abandonado (por no decir perdido en) a la molicie y el vicio, solo se me ocurre decir que la pornografía de la especie humana (esa que quiere tasar y prohibir el puritanismo progre que nos ha caído en desgracia y al que habrá que combatir como se combatió el de sacristía, a fuerza de pecar y vulnerar cada ley insulsa y estúpida que impongan) está sobrevalorada. Quizá me arriesgue y funde una productora especializada en el porno entomológico. A lo mejor mi público no se excitará ni encontrará motivo para la masturbación (aunque hay gente para todo), pero seguro que queda pasmado y asombrado con la espectacularidad del sexo de insectos y demás bichejos.

Sí, anochece, son las diez de la noche y aún queda una pálida luz que hace risueño y dulce el mundo. Quizá de ahí mi ensoñación empresarial…

Estamos a mediados de julio, no seamos demasiado estrictos. Divertíos, fornicad aunque no podáis volar cabeza abajo durante el folleteo (siempre os quedarán la carretilla, el helicóptero e inventos semejantes para hacer gollerías) y ved mucho porno humano antes de que las pacatas castradoras de Igualdad os lo tasen. Hoy por hoy eso de ver porno e irse de putas es un acto contracultural y revolucionario.

Acabaría este artículo con alguna imagen de la cópula humana, pero luego mi amigo y buen seguidor de este blog , el Unga-Unga, me echa la bronca aseverando (lo hizo con el artículo del cameltoe) que no puede leer mis cosas en público. La gente se asoma a su móvil, ve ciertas imágenes…y el pobre se avergüenza…así que nada de gente en bolas y follando. Así, de paso, puede que también evite la cada vez más omnipresente y patética censura de internet y este artículo alcance un posicionamiento aceptable.

© Fernando Busto de la Vega.