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MULTIRREALIDAD Y CAOS

Este blog es también, en alguna medida, un vertedero de ideas que jamás convertiré en libros. La entrada de hoy se inscribe en dicha categoría.

En este caso concreto, estirando bien el chicle y utilizando un lenguaje de sesgo científico adecuado, incluso prefabricando y exponiendo diagramas y complejas ecuaciones ad hoc, podría presentar al público un presuntuoso y pedante ensayo de cincuenta o sesenta mil palabras, lleno de gráficos que satisfaría ampliamente nuestra común ansia de presentarnos como sesudos pensadores e intelectuales ante nosotros mismos, pero paso.

La idea en sí puede resumirse en un par de párrafos y no perder un ápice de fuerza ni alejarnos de su esencia filosófica. A buen entendedor y mejor pensador, pocas palabras y solo algún apunte bastan.

El destello inicial del razonamiento que me condujo a esta reflexión surgió de una conversación en la que alguien me decía que en no sé qué concurso habían participado treinta países diferentes. Le respondí, era la hora del café de media mañana y tenía el ánimo juguetón, que eso no me sorprendía. Lo raro hubiera sido que concurrieran treinta países iguales o similares. Se me cruzó entonces por la mente cierto poema de Basho en el que reprende a unos discípulos por su apego a la moda comparándolos con dos mitades iguales de un mismo melón y el rechazo que tanto la metáfora como el pensamiento que la inspira me habían causado siempre (separación es diferencia) y surgió ante mí la vertiginosa exposición del ensayo que nunca escribiré y que se titularía así: Multirrealidad y Caos.

Imaginemos la siguiente premisa: en un punto concreto del espacio-tiempo que denominaremos Momento Cero, el universo que conocemos se multiplica en treinta (o en cualquier número determinado de nuestra predilección) copias exactas de sí mismo.

A ese Momento Cero podemos luego sumarle unidades de tiempo convencionalmente predeterminadas (T+1,T+2,T+3…o como queramos consignarlas) y preguntarnos si las diferentes realidades surgidas en el mismo mantienen su identidad o, en caso contrario, el grado de diferenciación que se dará en cada unidad de tiempo convencionalmente predeterminada.

Entra aquí la Teoría del Caos y la certeza de que pequeñas variaciones en un sistema determinista generan grandes efectos y, por lo tanto, mudan las condiciones objetivas de dichos sistemas engendrando realidades diferentes. Habrá quien asevere que partiendo de treinta sistemas idénticos no existe la posibilidad de evoluciones diversas. ¿Tendrá razón? ¿Podemos asegurar que dinámicas caóticas por definición nunca mutarán discurriendo en paralelo? Un ejemplo: el anciano que tropieza en la calle y logra evitar la caída ¿logrará evitarla en las treinta realidades propuestas o en alguna o algunas de ellas caerá? ¿Y, si cae, digamos en diez realidades, siempre sufrirá las mismas heridas o estas podrían variar quizá en una serie aleatoria y binaria: se rompe el cráneo o no se lo rompe quedando tan solo contuso y magullado…? Y las variables son miles de millones en cada segundo de existencia de los treinta universos. Acaso una supernova estalle en todos ellos más o menos al mismo tiempo, pero con segundos o minutos de diferencia lo que, en sí mismo, engendraría a la larga escenarios no solo diversos sino completamente antagónicos.

Podríamos deducir entonces, haciendo los cálculos adecuados ( y presentándoselos presuntuosamente al lector) que el Momento Cero modificado por las unidades de tiempo predeterminadas generaría una serie de realidades diversas que se diferenciarían en progresión geométrica más o menos exacta (y sé que este concepto de inexactitud relativa en una razón de progresión no gustará nada a los matemáticos, pero yo soy poeta, acaso filósofo…no matemático).

Sea como fuere, dejo ahí el razonamiento y sus consecuencias e invito a hacer los cálculos apropiados a quien lo desee. Y no he tenido que escribir un ensayo plúmbeo y pedante para parecer un sesudo pensador y hacer filosofía a la violeta.

© Fernando busto de la Vega.

RUDY RUCKER Y LA DEFINICIÓN DE LA VIDA

Nunca he sido demasiado aficionado a la ciencia ficción como género y, de hecho, siento una profunda aversión por algunos de sus autores (verbi gratia, Isaac Asimov al que considero un cantamañanas insigne). Por Rudy Rucker, en cambio, experimento un cierto respeto. Incluso simpatía a pesar de ser descendiente de Hegel y profesor de matemáticas en Heidelberg durante un periodo de su vida.

En realidad, el hecho de que se educara con los jesuitas y que durante su paso por el Randolph-Macon College para mujeres de Lynchburg, Virginia (1980-1982) saliese sin ningún hijo secreto ni escándalo sexual alguno tampoco contribuye a que mi simpatía por él crezca en demasía.

Más aún: ni siquiera estoy seguro de que el transrealismo inventado por él como alternativa personal al género cyberpunk me convenza del todo…aunque en ese punto aun persisto en la duda.

Sea como fuere, una cosa es cierta: Rudy Rucker ha acuñado la mejor definición de la vida y la existencia que jamás se ha enunciado. Una frase sencilla, pero que daría para un grueso volumen exegético. Es la siguiente: «Mi vida, dijo, es un fractal en el espacio Hilbert».

Esta definición me subyugó y me impresionó desde la primera vez que la leí en épocas de mayor permeabilidad y plasticidad intelectual. Sigo, no obstante, adoptándola como propia y dicta no pocos de mis caminos literarios: el personaje en su infinito abismo interior en medio de un espacio (físico, moral, temporal, social, etc) de dimensiones infinitas.

Yo mismo, como todos, soy un inabarcable fractal de abismos insondables en medio de un caos cuántico que solo se disfraza de orden euclídeo como impostura.

© Fernando Busto de la Vega.

TERRORISTAS EN LAS LISTAS

Obviamente, no voy a entrar en el artificial ruido electoral del ilegítimo y contraproducente régimen que padecemos en España. Ningún proceso electoral que en él se produzca servirá jamás para cambiar nada ni apartar a la nación de su destrucción programada por el capitalismo anglosajón al que estamos sometidos.

No obstante, de vez en cuando, si bien desde la hipocresía, en el estridente palique del fáctico cotorreo prefabricado de los indignos partidos y los medios al servicio de su propaganda se plantean casos morales de interés cuyo debate solo demuestra la inmoralidad esencial del sistema y de sus actores, comenzando, naturalmente, por aquellos más abiertamente despreciables del cuadrilátero plebiscitario, como los independentistas y, en especial, aquellos que ampararon y siguen defendiendo el terrorismo como arma.

Hablo de Bildu y de ETA, por supuesto. Pero, cuidado: no voy a sumarme al griterío y el parloteo de los «constitucionalistas» de la banda diestra sobre su truculenta y despreciable decisión de incluir asesinos confesos en sus listas por el simple hecho de que se trata de un alboroto artificial. El debate no se desarrolla en el campo de la ética sino en el del politiqueo (ojo: que no digo política sino politiqueo, adviértase el matiz). A la Derecha, como a la Izquierda, le importa muy poco el hecho moral y los muertos y sus familias (como les trae sin cuidado el futuro de Doñana o la propia viabilidad social, ecológica, económica y demográfica de España), tan solo gritan, se escandalizan y señalan con el dedo para arañar votos de incautos, del mismo modo que los otros, los que llenan sus listas de asesinos convictos (poco, si pueden presentarse a las elecciones es porque no se les castigó debidamente en su momento) y confesos, justifican sus actos y desprecian el dolor y la dignidad de las víctimas y sus familias con el fin de seguir sacando rédito electoral de un falso relato «heroico» y victimista. Unos y otros son gentuza de baja ralea como demuestra su participación en el rastrero juego electoral del ilegítimo y perjudicial régimen antiespañol que es el parlamentarismo liberal-borbónico que padecemos.

Lo que yo planteo, desde la serenidad filosófica, la integridad ética y el profundo asco institucional, es el hecho incontrovertible de que un terrorista, sea del signo que sea y milite bajo las siglas que milite es incompatible con la representación política.

Para escapar del ruido electoral, pondré un ejemplo lejano que sigue sirviendo de aleccionador modelo histórico e intemporal, me refiero a Catilina.

A Lucio Sergio Catilina se le conoce sobre todo por el intento de golpe de Estado del 63 a. d. C. al que se enfrentó en el senado Cicerón, que debía ser asesinado durante el mismo, y su posterior revuelta fallida que le condujo a la muerte.

Propiamente hablando, Catilina no fue un terrorista (aunque en su fuga hacia el campamento de Manlio pretendió incendiar Roma), más bien un represor que, durante las guerras civiles de la época de Sila, se hizo famoso por cortarle la cabeza al opositor Gratidiano y pasearla por las calles de Roma para llevársela a Sila, jefe del partido aristocrático. Esta imagen salvaje y terrible le persiguió siempre concitando contra él el odio de los rivales del partido popular y el desprecio de sus compañeros del aristocrático. Si a eso le unimos que su vida personal nunca fue ejemplar (siempre le persiguió la sombra de la corrupción y hasta se salvó por los pelos, por el apoyo de sus amigos, de la acusación de haber sido amante de una vestal) se comprenderá que los censores le impidiesen hasta en dos ocasiones acceder a las elecciones consulares, lo que acabó conduciéndole a la conjuración y la rebelión. Acto final que demostró públicamente lo acertado de apartarlo del cursum honorum por su inmoralidad evidente.

Ningún Estado, y mucho menos un partido, puede permitirse el hecho de que los terroristas, represores y verdugos en guerras civiles puedan aspirar al poder por medios constitucionales y, si esto es posible, estamos hablando de un régimen inmoral y, por ende, ilegítimo. Y de partidos deleznables que deberían ser prohibidos, perseguidos y diezmados para asegurar la salubridad democrática. (Añadiré aquí que aquellos que atentan contra el medioambiente, los derechos del pueblo y defienden los de las corporaciones y el capital extranjero y llevan corruptos, peones de la banca o de intereses económicos especulativos y explotadores así como antiespañoles deben ser tenidos también por traidores y verdugos).

Para terminar pido a los medios de comunicación, inútilmente porque son medios al servicio del ilegítimo régimen y carecen de integridad y libertad, que en este periodo de campaña electoral adopten una rutina interesante: publicar las fotografías de los candidatos terroristas al lado de las de sus crímenes. También de aquellos que están al servicio de intereses espurios con las de las consecuencias de sus actos (personas a las que han dejado sin futuro, en la calle, en el paro o abocados a la pobreza y el dolor por el deterioro de la sanidad pública, la rapiña inmobiliaria o la incompetencia dolosa).

Veamos las caras de los candidatos y las consecuencias de sus actos. Eso sí sería una adecuada campaña electoral. No sucederá, claro.

© Fernando Busto de la Vega.

PUPY, MORAL Y GENÉTICA (Y EL TRAUMA DE ALFONSITO)

Hace poco, durante uno de mis habituales paseos matutinos (que algunas jóvenes amigas cariñosas, pero irrespetuosas, identifican ya como un signo de mi acercamiento a la tercera edad, las muy zorras) tuve un serio incidente con un agresivo matón llamado Pupy.

La sangre, debo confesarlo, no llegó al río y eso fue lo mejor que pudo ocurrirle a Pupy, a la postre un tan minúsculo como adorable carlino negro que emergió furibundo de entre unos matorrales para plantarse en medio del camino tratando de negarme el paso.

Inmediatamente, sudoroso y aterrado, de entre los mismos matojos salió su azarado propietario, un hombre de mediana edad que corría tras él para evitar el conflicto y, quizá, la posible demanda y lo ató de inmediato dándome todo tipo de explicaciones, especialmente esta:

—Es que está mi mujer aquí cerca. Conmigo, habitualmente Pupy no hace estas cosas, pero con ella…la defiende ¿sabe usted?

—¡Ah, que bien!— respondí esbozando una sonrisa.

Reanudado el paseo, una vez apartado de mi camino el terrible cánido, fui reflexionando (cuesta arriba, que no es fácil, estaba subiendo un pronunciado repecho entre la foresta) sobre las bromas de la genética…Que, como a Pupy, le otorga la conciencia moral para entender que debe defender a los miembros más débiles de su familia y el valor para hacerlo jugándose incluso la vida, pero le regatea los medios físicos para estar a la altura de su grandeza ética…

Y cuántos nos encontramos en esa misma tesitura: precisados de salir ladrando al camino para defender a los más débiles, para reivindicar los más altos preceptos morales, para sacar adelante a los nuestros…y de qué pocos medios y envergadura estamos dotados…Y también de cuántos, acobardados, simplemente callan y se arrastran por la vida ganando con su propia baba unos minutos más de existencia…

Más adelante, cuando pude por fin sentarme a resoplar en lo alto de la empinada pendiente, mis pensamientos viraron lentamente hacia la sonrisa traviesa y acabé recordando a otro matón temible, este llamado Alfonsito.

Hace años, en Madrid, unos amigos y yo nos equivocamos de fiesta (y de barrio).

Otro amigo,David, inauguraba piso e iba a celebrarlo reuniendo a unos cuantos camaradas. Nosotros esperábamos un barrio obrero o de clase media, un apartamento discreto, patatas fritas, algo de jamón, tortilla de patatas y whisky barato con refresco de cola de marca blanca…Pero el navegador del automóvil modernísimo de mi amigo P.U. nos desembarcó en una urbanización de lujo en la que no sé muy bien cómo nos dejaron entrar sin cortapisas, en un chalet catedralicio con jardines como campos de fútbol y piscina olímpica y en una fiesta multitudinaria con visos de orgía…bueno: directamente en un pandemonium de drogas y sexo salvaje. Algunos se lo estaban montando ya en el jardín y la piscina cuando llegamos…y eran todos guapos, jóvenes, bronceados…nosotros, pobres paletos que no habíamos pisado un gimnasio en años, quedamos asombrados, patidifusos. Sabíamos que a nuestro amigo David le iba mejor desde hacía un tiempo, pero tanto…

Ilusos de nosotros, atravesamos el jardín ( y había gente que en pleno esnife, consumo de pastillas o acto sexual generalmente plural y multitudinario nos lanzaba miradas de odio y sorpresa asombrándose de que no lleváramos una cesta con gallinas bajo el brazo y hubiéramos prescindido de la boina) y nos adentramos en la mansión, donde las escenas a lo Eyes Wide Shut y cualquier peli de orgías de esas de los canales porno de internet se hacían más intensas y más crudas…aquello sí que era un fiestón. Un fiestón de esos a los que nadie nos invitaba nunca, y seguíamos avanzando muy apretaditos, apiñados, y pasmándonos de los avances sociales y económicos de nuestro amigo David…De vez en cuando preguntábamos por él, sin caer en la cuenta de que el suyo es un nombre muy común, y todo el mundo parecía conocerle y nos señalaba en una dirección. Moza, de esas con pinta de modelo, hubo que se sacó un sobredimensionado miembro viril que le perforaba la garganta de la boca y nos señaló con él el camino que debíamos seguir…

Al cabo, ya en el segundo piso, dedicado al sadomaso gay, nos salió al paso un tipejín minúsculo (al que llamaremos también Pupy) con tanga de cuero, mostacho motero, gorra nazi con esvásticas-pollas y una fusta y nos preguntó quiénes éramos y a dónde íbamos. Le dijimos que queríamos ver a nuestro amigo David, pero este Pupy debía ser el único de la fiesta que no lo conocía. Así que nos ordenó marcharnos y, como nosotros insistíamos en quedarnos nos amenazó con llamar a Alfonsito, su machaca…

Nosotros no sabíamos quién era Alfonsito, y tampoco nos importaba, de modo que nos mantuvimos firmes y Pupy, que trató de fustigarnos y acabó sin fusta y con dos collejas, comenzó a gritar desesperado y con un deje atiplado de mariquita que hoy censurarían los medios de contar en ellos esta anécdota:

—¡Alfonsito! ¡Alfonsito!

Y Alfonsito resultó ser un tío de dos metros, hercúleo y muy mal encarado que no nos asustó, éramos tres y podíamos reducirlo fácilmente y darle una paliza.

Desgraciadamente, Alfonsito, en lugar de violento, se puso cariñoso y esto sí que nos aterrorizó. Salimos del segundo piso, de la mansión, del jardín con piscina y de la urbanización a la carrera…a U.P. , que se rezagó, ni siquiera lo esperamos, tuvo que correr, insultándonos, detrás de su propio coche hasta que lo detuvimos ya lejos del peligro…Todavía no nos ha perdonado.

Al cabo, telefoneamos a nuestro amigo David y, en efecto, nos aguardaba en un piso pequeño más cerca de Leganés que de Alcobendas y La Moraleja y su fiesta era normalita, tirando a bastante cutre…¡pero tan segura!…

De vez en cuando, tiemblo y sudo de pánico al recordar a Alfonsito, sus músculos, su tanga con dibujos de anclas y su gorro de marinerito salaz.

© Fernando Busto de la Vega.

EL FIN DEL ESPEJISMO TECNOLÓGICO

La tecnología nos obnubila y cautiva nuestra imaginación llenándonos de esperanza en gran medida porque el cientifismo, ya desde mediados del siglo XIX, se erigió en un a modo de nueva religión moderna de la que todavía no nos hemos desengañado ni sentimental ni racionalmente. Pero la ciencia y la tecnología tienen sus limitaciones y tarde o temprano nos iremos percatando de ello y recalibrando nuestra posición. Por supuesto, y conociendo la naturaleza humana, este cambio de postura será promovido por una crisis significativa y dolorosa que nos obligará a apearnos de nuestro Clavileño particular enfrentándonos con la cruda realidad.

Aparte de ese condicionamiento previo casi religioso, nos enfrentamos también, en relación con la tecnología, a una propaganda constante (los mismos industriales tecnológicos están obligados a contarles milongas y presentarles espejismos o proyectos absolutamente inmorales como el del control total de los usuarios y la explotación totalitaria de sus datos a sus inversores, a fin de cuentas se resume todo en inversión y beneficio) que, como no puede ser de otro modo, reproduce los estereotipos ideológicos de dichos inversores que no por ser ricos y haber obtenido beneficios previos son sabios y están debidamente preparados. De hecho, el inversor se limita a obtener réditos de una situación concreta, a modificarla inmoralmente a su favor para seguir obteniendo beneficios y a tender al inmovilismo, son las circunstancias objetivas y externas que ignora las que le derriban del caballo y hacen progresar la historia. Los inversores, y todos sus teóricos, son miopes, tienen miras estrechas y viven su propia fábula hasta que la realidad los sodomiza con furia y fruición.

EL LOBO DEL WALL STREET, UNA CRUDA METÁFORA DE LA INMORALIDAD Y CEGUERA DEL INVERSOR, TAMBIÉN EN EMPRESAS TECNOLÓGICAS

Pues bien: la fábula de los inversores actuales en tecnología y, por ende, la ideología (y propaganda) con que esta se nos presenta, es la ferozmente neoliberal, que parte de una falacia que los propios neoliberales han llegado a creer: la posibilidad del crecimiento y del enriquecimiento ilimitado al margen de las condiciones naturales objetivas. Y ese es el talón de Aquiles que más temprano que tarde pondrá fin a la burbuja tecnológica.

Andamos obnubilados y preocupados con la inteligencia artificial y con otro sinfín de posibilidades que se nos ofrecen como procesos surgidos ex nihilo y milagros inagotables…pero eso, amigos, es propaganda, peor: una creencia, una superstición basada en sueños. La realidad es otra, y es terca. Apliquemos el sentido común y comprenderemos dónde estamos en realidad y a dónde nos dirigimos.

La gran falacia, y el factor que la derribará (desgraciadamente arrastrando a toda la humanidad al abismo), de la superstición neoliberal, como ya hemos dicho, es la del crecimiento infinito y la del enriquecimiento constante en progresión geométrica. Ignoran que toda riqueza esta indefectiblemente ligada a los recursos naturales. La tecnología también. Ahí tenemos, si no lo creemos, las guerras subcoloniales y a menudo ocultadas por la prensa para el control y la adquisición de tierras raras y minerales como el coltán. Pero no hace falta profundizar tanto para darnos cuenta de la realidad…pensemos en toda la electricidad necesaria para mantener todos nuestros dispositivos electrónicos en funcionamiento. Pensemos en toda la que es precisa para mantener encendidos y refrigerados los grandes centros de datos y el coste de conseguirla (tanto económico como medioambiental, meditemos en la posibilidad de su consecución en la cantidad precisa, siempre en aumento, incluso recurriendo a las fuentes renovables)… pensemos en el cuello de botella surgido a raíz de la pandemia con los chips…

La tecnología, como cualquier otra industria, se basa en los recursos naturales disponibles y el planeta está sobreexplotado y mutando hacia la aridez y la inhabitabilidad. Pronto, hemos de ser conscientes, la tecnología dejará de ser viable, al menos del modo neoliberal de crecimiento perpetuo que ahora la configura. Vivimos una burbuja que explotará más temprano que tarde. Convendría ir pensando en un futuro diferente. ¿Postapocalíptico?…no quiero ponerme dramático ni ciberpunk, pero sí muy diferente. No creáis a los falsos profetas del crecimiento perpetuo, del enriquecimiento sin tasa y de la tecnología infinita. Somos finitos, el planeta es finito y los recursos son finitos. Y eso no lo cambia nada ni nadie. La catástrofe tecnológica está servida.

© Fernando Busto de la Vega.