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CAPITALISMO, MAFIA Y ANARQUISMO

A menudo la realidad profunda resulta muy sencilla de comprender con apenas una reflexión escueta. No hemos de confundir lo breve con lo superficial. Ya lo explicaba Baltasar Gracián en su momento: «lo bueno, si breve, dos veces bueno», y lo avala la sabiduría popular: «a buen entendedor pocas palabras bastan.» Y pocos argumentos, podríamos añadir.

Personalmente creo que puede explicarse muy bien la naturaleza exacta del capitalismo en un somero análisis histórico. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX la inmigración italiana llevó a Estados Unidos, la meca del capitalismo, dos cosas: la mafia y el anarquismo.

El anarquismo fue arrancado de raíz y combatido con saña. La mafia medró y permanece. ¿Es preciso decir más?….Ni el capitalismo ni el sistema político anglosajón son la respuesta para un mundo mejor, solo corrupción y explotación.

Tengámoslo muy en cuenta ahora que necesitamos evolucionar en la dirección adecuada para sobrevivir como especie.

© Fernando Busto de la Vega.

EL EVANGELISMO ES ANTIESPAÑOL

Está empezando a suceder. El síndrome del talibanismo cristiano organizado como secta mafiosa que chantajea, vía aritmética plebiscitaria, concentrando un voto minoritario para que resulte decisivo pervirtiendo así la voluntad mayoritaria de la Nación, inveterada táctica de las sectas más radicales y despreciables del cristianismo, las evangélicas (esas mismas que consideran el David de Miguel Ángel o la Maja Desnuda de Goya pornografía), está empezando a tomar posiciones en nuestro país, además utilizando los mimbres más repugnantes e insultantes contra España: los hispanoamericanos que dejando de lado nuestra herencia han abrazado el legado del imperialismo anglosajón demostrando su antiespañolidad y su condición de enemigos de la obra de España en la Historia y en el Mundo y que son traidores y enemigos de la Nación y el Pueblo a pesar de que un régimen corrupto y gobiernos traidores les hayan concedido indebidamente la ciudadanía conculcando nuestro legado, violando a España y su obra, demostrando estulticia, ignorancia y falta de lealtad, demostrando que debemos derribar el régimen liberal y castigar severísimamente a sus fautores.

Repugna, en este sentido, ver a los liberal-conservadores del PP y a los ultraliberales (les llaman extrema derecha, pero ya quisieran tener algo que ver con la Falange o las JONS) de Vox cortejando a una descerebrada «pastora» de las sectas evangélicas para atraer el voto de esos despreciables latinoamericanos protestantes que han abandonado el legado español aceptando las supersticiones del imperialismo yanqui y aún así tienen la desvergüenza de solicitar y aceptar la nacionalidad española y pretender influir en la marcha de España.

Repugna, digo, pero no extraña. El liberalismo, no nos cansamos de advertirlo en estas páginas y en gran parte de nuestra obra, es el caballo de Troya de nuestros enemigos ancestrales para quebrantar y destruir España. La decadencia de España es obra de las ideas liberales que desde 1812 vienen carcomiendo nuestras estructuras y nuestra naturaleza. El liberalismo, obra de nuestros enemigos (ingleses, alemanes y demás patulea del norte protestante) es la fábrica última de la Leyenda Negra que nos atribuyen y que los liberales y masones introdujeron y siguen introduciendo dentro de nuestras fronteras.

España jamás recuperará la grandeza con un régimen liberal ni mientras las ideas y formas de hacer liberales constituyan la plantilla sobre la que construir nuestro futuro. Por eso es necesario, imprescindible, derrocar el régimen de 1978 y sustituirlo por una verdadera democracia que se base en y respete el legado cultural, moral, espiritual (que no necesariamente religioso) y nacional de nuestra Nación y dirija adecuadamente al Pueblo.

El liberalismo y los liberales deben ser exterminados sin piedad dentro de nuestras fronteras para que podamos recuperar nuestra identidad.

Ya hemos explicado aquí la diferencia entre el parlamentarismo liberal y la verdadera democracia. Hay que empezar a tener en cuenta la diferencia y a obrar en consecuencia. Y el primer paso es no comulgar con las perjudiciales ruedas de molino de esa ideología de nuestros enemigos.

La realidad política no es una construcción de mayorías, es el respeto hacia un legado, una trayectoria histórica y hacia la grandeza de nuestros antepasados. Cualquier idea política o religiosa que afecte a esa columna vertebral que une a la España de hoy con la del pasado y la del futuro es ilegítimo y debe ser ilegalizada y perseguida. España no puede admitir en el juego político a personas e ideas que vulneran nuestro legado y que están decididas a denigrarlo y pisotearlo. Eso excluye a cualquier protestante, especialmente a los evangélicos (y más si son traidores como los hispanos que han abandonado nuestro legado) y a los masones. Además, el compromiso de la Civilización que nosotros representamos es incompatible con el puritanismo y el fanatismo que representan dichas sectas evangélicas (o, dicho sea de paso, musulmanas). La democracia y la civilización son compromisos morales, no cuestión de mayorías. Dejémoslo claro.

Sé que la mayor parte de vosotros no entenderá lo que digo y que, llevados por la propaganda liberal del régimen, me circunscribiréis encogiéndoos de hombros al cómodo saco de la ultaderecha…y, haciéndolo, validaréis los esquemas que os esclavizan. Es hora de que despertéis, hay mucho que hacer y se nos acaba el tiempo.

¡DESPERTAD!

POR APOLO HACIA LA RESTAURACIÓN DE LA GRANDEZA ESPAÑOLA. (TAMPOCO ESTO LO COMPRENDERÉIS AHORA, VIVIMOS UNA ÉPOCA DE OSCURIDAD DE LA QUE DEBEMOS SALIR).

© Fernando Busto de la Vega.

LO JUSTO Y LO APROPIADO

JUMENTUD, DIVINO TESORO.

Ando estos días dándole vueltas a una curiosa dicotomía sobre la que, pienso, no se ha reflexionado lo suficiente: la diferencia sustancial entre aquello que es justo y aquello que es socialmente apropiado y las consecuencias políticas y morales que tal diferencia acarrea.

A menudo lo justo resulta profundamente inapropiado. La Justicia (con mayúscula y como concepto) es básicamente irreverente y revolucionaria porque ni entiende ni debe entender de intereses creados, jerarquías establecidas ,usos consuetudinarios y consensos vigentes. La Justicia, como la Verdad, arraiga en la objetividad y desafía las subjetividades convenientes y los recovecos grises establecidos por el poder en ejercicio.

Lo apropiado (y entramos aquí en esos pantanosos terrenos totalitarios y maniqueos de la corrección política y las ideologías fácticas elevadas a dogmas intocables) viene a encajar en los estrechos márgenes de las conveniencias de dicho poder en ejercicio, en esos recovecos grises tan útiles para la ingeniería social totalitaria, la censura y la represión subrepticia. Hemos, pues, de convenir que lo justo y lo socialmente apropiado son conceptos no solamente diferentes, sino antagónicos. Y deducir que las leyes, como convencionalismos implantados desde el poder en ejercicio, vienen a proteger los intereses establecidos, la perpetuación del poder legislador y los recovecos grises que le permiten dicha perpetuación, no a implementar la Justicia, aunque puedan producirse con aparente equidad y neutralidad.

Así, pues, sabiendo que lo justo y lo apropiado son conceptos antagónicos y que las leyes pertenecen más al convencionalismo de lo apropiado que a la radicalidad de lo justo debemos preguntarnos: ¿Justicia o Ley?

Tengo unos cuantos amigos biempensantes y adocenados que no lo dudarían ni un solo instante: Ley.

Yo, tampoco: Justicia. Es decir: revolución.

Así soy: un idealista sin remedio, un tipo altamente inapropiado, un revolucionario en agraz…quizá, en el fondo, todavía un adolescente lleno de sueños y esperanzas. Acaso la Justicia es también un asomo de Juventud…o, atendiendo a la famosa errata, de Jumentud.

Dejémoslo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

FRACASO Y CULPA

Últimamente no dejo de ver declaraciones en la prensa de activistas del radicalismo feminista lamentándose por el fracaso de su adoctrinamiento en los jóvenes (también entre las chicas), victimizándose como de costumbre y buscando culpables. Como siempre, es parte de su estrategia, tienden a vincular la falta de calado de su adoctrinamiento totalitario con el aumento de la criminalidad (es táctica habitual demonizar al enemigo y deshumanizarlo convirtiéndolo en un ente abstracto, inmoral, agresivo y relacionado con la delincuencia) y se muestran muy preocupadas por el supuesto aumento de violaciones protagonizadas por menores. Dicho aumento es falso en esencia, no sucede nada en estos días que no sucediera antes, pero conviene generar alarma y muchos casos que antes se silenciaban, ahora se airean, esa es la diferencia: pura demagogia.

Sea como fuere, resulta interesante tanto la constatación del fracaso del adoctrinamiento feminazi en los institutos como la habitual inmadurez del análisis victimista y perplejo de las feministas. Ellas nunca se equivocan, nunca tienen la culpa de nada, si algo falla la causa es externa. Ahora, como siempre, las feministas la emprenden contra la pornografía. No es extraño, no me cansaré de repetir que la raíz del feminismo es el puritanismo evangelista anglosajón y que sufragismo y prohibicionismo siempre anduvieron de la mano.

Puesto que ellas no pueden equivocarse, si fracasan la culpa es de la inmoralidad masculina, no olvidemos que otra de las características del feminismo es su sexismo supremacista que considera al hombre un ser inferior.

Pero no debemos equivocarnos, el fracaso del adoctrinamiento feminista se basa en dos errores elementales. El primero es que no se puede ir contra la naturaleza, esta siempre se impone y lo que llevamos grabado en los genes desde el paleolítico y que, además, ha servido como cimiento de nuestro éxito como especie no puede modificarse ni revertirse. Quien luche contra nuestra íntima naturaleza fracasará siempre. Así le va a la Iglesia con el pecado y a las feministas con sus cosas absurdas en torno a la masculinidad y la feminidad…puritanismo estúpido predestinado al fracaso, insisto.

La segunda causa es la natural reacción de los adolescentes a la tiranía impuesta en muchos institutos por estas neonazis del coño. Las feministas son tan totalitarias, escasas de neuronas y fanáticas que no son capaces siquiera de comprender que han impuesto una feroz tiranía convirtiendo muchos centros educativos en verdaderos y terribles gulags feminazis con la natural consecuencia de generar odio en los sometidos y agredidos muchachos.

Como muestra aportaré aquí un botón que yo mismo presencié.

Nos encontramos en un instituto dominado por un equipo directivo fanatizado, todo mujeres, claro. Tal es el grado de aleccionamiento que en las paredes de los baños, a la altura de los ojos de los chicos en los urinarios, hay pegatinas colocadas por dicho equipo directivo aseverando que todos los hombres son maltratadores y violadores peligrosos.

Cierto día una turba de ocho o nueve chicas de trece o catorce años rodean a un muchacho de la misma edad y comienzan a zarandearle, abofetearle y escupirle insultándole con palabras como «hombre» «machirulo» y «cerdo»…¿La causa del alboroto? El chico se ha negado a hacerles los deberes. Ellas se lo habían ordenado amparadas en el supremacismo reinante en el instituto y, al negarse, lo agreden en manada. Aparece al cabo una jefa de estudios, media, averigua el caso…Y el chico acaba expulsado. ¿Alguien piensa en serio que una resolución así no va a generar desafecto y hasta odio en el muchacho, sus compañeros e incluso en los adultos subordinados laboralmente a la dictadura feminazi que obra de semejante modo?

¿Está fracasando el adoctrinamiento feminista? ¿Crece el odio hacia la mujer? ¿Y los delitos sexuales? No es la pornografía, amigas: es vuestra tiranía de carácter estalinista. Dejad la enseñanza, dejad la política y aprended a cocinar y coser, no servís para más. Lo demuestra vuestro fracaso.

© Fernando Busto de la Vega.

LA MUERTE DE UN LEÓN (Y SU VIDA)

El mundo está así: existen determinados leones en África cuya muerte se publicita y llegamos a conocer conmoviéndonos con ella sin que los millares de muertes evitables de humanos de ese mismo continente nos importen lo más mínimo. Esa es nuestra naturaleza y no voy a deplorar lo que todos deploramos. Prefiero filosofar en positivo.

La noticia difundida por diferentes medios indica que Bob Junior, conocido como el Rey del Serengueti, ha sido asesinado, tras siete años de dominio, por tres jóvenes leones advenedizos aliados contra él, que ya era viejo.

Ese es el fin de todos nosotros: tarde o temprano la enfermedad o los enemigos acabarán con nosotros. Moriremos y acabaremos siendo cadáveres olvidados y pútridos en cualquier campo o en cualquier fosa sin que ya nadie nos recuerde. Sic transit gloria mundi. Lo sabemos. Pero en la vida y la muerte de Bob Junior tenemos todos una gran enseñanza y, especialmente, los adocenados y degenerados occidentales.

El poder, el triunfo y la gloria son pasajeros, nuestro fin es el desastre y el olvido, pero no valemos nada si no tenemos el valor y la audacia de luchar y vencer, de alcanzar nuestras metas, que deben ser altas, grandes y loables convirtiéndonos en reyes, en conquistadores. Al cabo es menester saber marchar con altivez y dignidad, combatiendo a ser posible contra nuestros enemigos.

El ansia de gloria y de triunfo y el valor para mantener el orden que establezcamos y morir en combate cuando llegue el momento son valores fundamentales de la ética verdadera. Las religiones abrahámicas imponen la sumisión a un dios, el dogma y la humildad como valores básicos de la vida. Las dhármicas la resignación y el abandono del mundo. Yo soy pagano, seguidor de Zeus-Ahura Mazda y todos los dioses y diosas que apoyan a los fuertes, a los héroes, a los valientes que buscan la propia deificación con actos grandes y las virtudes firmes de la areté al servicio del Recto Orden. Para mí la muerte en combate contra tres jóvenes advenedizos del rey Bob Junior es honorable, deseable y le abrirá sin duda las puertas del Elíseo.

Desgraciadamente no existen hombres a mi alrededor, en Occidente, a los que pueda respetar del mismo modo que a este león y eso nos conducirá a la extinción.

© Fernando Busto de la Vega.