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LO QUE NOS ENSEÑA EL INCENDIO DE LAS MACRODISCOTECAS DE MURCIA

A raíz de la tragedia sucedida en Murcia, en las discotecas del polígono de Las Atalayas, numerosos ayuntamientos y comunidades autónomas del resto de España se han puesto en movimiento. Han comenzado campañas intensas de inspección y andan sobreactuando para curarse en salud.

Y el dato en sí mismo es revelador.

Si una administración pública debe ponerse las pilas para activar sus sistemas de inspección y control con motivo del escándalo mediático provocado por una tragedia causada por la mala praxis, la inacción ¿la corrupción? y ¿la prevaricación? de otra administración pública nos está indicando bien a las claras que hasta ese momento estaba haciendo dejación de funciones e incurriendo, casi con toda seguridad, en los mismos errores que el ayuntamiento y la comunidad autónoma de Murcia.

En otras palabras: nos gobiernan incompetentes, irresponsables y muy probablemente corruptos y el problema no solo anida en el nivel político, existen muchos funcionarios de alto rango en España y a nivel municipal y autonómico que deben ser inspeccionados, auditados y seguramente (aunque la ley, los privilegios y los usos tradicionales no lo permiten) depurados por su incompetencia, su falta de celo y sus actitudes prevaricadoras y contrarias al pueblo y la nación.

La profunda limpieza que necesita España debe extenderse también a los funcionarios incompetentes y corruptos. Es así. Nos lo está diciendo el súbito celo por hacer bien las cosas después de los incendios de Murcia.

© Fernando Busto de la Vega.

LEYES ABSURDAS E INJUSTAS

¿Hasta cuando tendremos que soportar las leyes absurdas, injustas y contrarias a las personas honradas del ilegítimo y despreciable régimen liberal de 1978?

Leo que un octogenario, que en cualquier sociedad ordenada y positiva del mundo, sería considerado un héroe, ha sido JUZGADO Y CONDENADO por matar a un delincuente que asaltó su casa con ánimo de agredirle, torturarle y robarle, a él y a su mujer.

¿DESDE CUANDO LOS DELINCUENTES TIENEN DERECHOS?

Ya: desde que la ideología progresista se ha impuesto con su demagogia disolvente en los decadentes Estados occidentales. Pero un delincuente, por el mero hecho de serlo, pierde cualquier viso de ciudadanía que pudiera corresponderle, se sitúa al margen de la sociedad, se convierte en una alimaña y, por ende, pierde sus derechos. El Estado, como expresión del orden (que es la garantía de las libertades de los ciudadanos honrados) debe no solo perseguirlo, sino eliminarlo de oficio. Un delincuente reincidente no tiene derecho a vivir. Esto es así. Cualquier ideología que niegue esta realidad está dirigida contra los ciudadanos honrados y contra la paz social y la prosperidad de la república. Debe ser eliminada y sus defensores castigados como suscitadores del caos y la decadencia moral, como enemigos del pueblo y de la patria.

Subsidiariamente, si un ciudadano honrado es agredido por algún delincuente o ve que otro lo está siendo, interviene con energía y en el lance mata al o los delincuentes, lejos de ser juzgado y condenado debe ser premiado y condecorado. Se ha constituido en un ejemplo moral y de buena ciudadanía, es un ser útil a la república.

Cazar y ejecutar delincuentes por principio es un acto de moral excelsa y buena ciudadanía (que el Estado lo vete es señal de su ilegitimidad y su inadecuación con la realidad y el progreso), eliminarlos en el transcurso de actos delictivos que ellos mismos provocan, un acto de heroísmo.

Va siendo hora de volverle la espalda a los decadentes regímenes liberal-progresistas y restablecer el Orden, aquellas leyes, usos y costumbres que favorecen a los ciudadanos honrados y que mantienen las calles limpias y seguras estimulando de paso la buena ciudadanía y el heroísmo individual y social. Nuestros actuales juristas y políticos deberán responder de sus dislates y desafueros ante el pueblo, ser juzgados y castigados.

Llega la hora de limpiar las calles y los despachos, de establecer una república pensada y diseñada para el pueblo, que son los ciudadanos honrados y no los delincuentes.

¡Abajo de la demagogia liberal-progresista! Avancemos hacia la Civilización.

Que los delincuentes experimenten el castigo y el terror y sean barridos de las calles. Que sus apologistas y defensores paguen sus culpas y desaparezcan de los despachos y los órganos legislativos. Una nueva república de orden y libertad para los buenos es posible y necesaria. Es, de hecho, el único futuro al que podemos aspirar, todo lo demás, caos y decadencia.

© Fernando Busto de la Vega.

LA FABLA ES UN CHIRINGUITO Y UN INVENTO

FERNANDO I DE ARAGÓN, DE LA CASA DE TRASTÁMARA. DESDE ÉL LA GRANDEZA DE ARAGÓN FUE ADAPTARSE A LA LENGUA COMÚN DE LA GRANDEZA ESPAÑOLA, EL CASTELLANO.

Soy aragonés. Nacido en Zaragoza. Y afirmo con absoluta firmeza que la llamada fabla es un chiringuito inventado del que quieren vivir unos cuantos sinvergüenzas contrarios a la unidad de España.

No niego que en las zonas remotas y atrasadas del Pirineo queden reductos dialectales a extinguir por la misma naturaleza del idioma como medio de comunicación. El idioma es una necesidad elemental y, por lógica, los idiomas grandes acaban imponiéndose a los dialectos cuya supervivencia es innecesaria.

Cuando es preciso, como sucedió en las provincias vascas y en Cataluña, y sucede en Aragón, enseñar un idioma que nadie hablaba, es que no nos referimos a un idioma sino a un invento político con finalidades precisas: la desunión, la destrucción de España. El afianzamiento de oligarquías locales a costa de los caudales públicos. En otras palabras: traición y corrupción, males ambos que deben ser desgajados del cuerpo social y político con la máxima energía y diligencia.

Hoy he tenido que avergonzarme al ver como un indocumentado de esos que se llaman de izquierdas y se hacen las víctimas para beneficiarse del pesebre público ha dado un triste espectáculo en el Congreso hablando en una lengua inventada (lo que hay en el Pirineo solo son dialectos residuales y lo que se llama fabla aragonesa es tan solo una «reconstrucción» académica con fines políticos separatistas) y diciendo representar a Aragón.

Una de las grandezas históricas de Aragón fue asimilar pronto la lengua común, el castellano, para contribuir a la unidad y grandeza de España. Los defensores de la supuesta fabla atentan directamente contra esa grandeza, contra la historia, la cultura y deben ser tachados de corruptos y traidores. Lo digo alto y claro. No solo no representan a Aragón, deben ser castigados con la máxima celeridad por antiespañoles y antiaragoneses.

Añadiré, además, que aquellos de regiones periféricas y atrasadas como la vasca, la catalana o la gallega que no se adaptaron a tiempo a la lengua común de la grandeza española, lejos de estar orgullosos deberían sentirse avergonzados por su ignorancia y su atraso. Tiempo llegará de restablecer el orden. Por desgracia antes España deberá cumplir su preprogramado destino de Estado fallido. Luego nos despacharemos a gusto.

© Fernando Busto de la Vega.

LA HUELLA ANAL Y LOS RETRETES INTELIGENTES

Pues sí, resulta que han dedicado tiempo, esfuerzo, estudio y dinero (imagino que público) para demostrar que cada ojete es un mundo. Ha aparecido, hace ya unos años, el concepto de huella anal. Pueden identificarnos por nuestras deposiciones. Cada recto, esfínter y ano son únicos y dejan una marca específica en nuestras deyecciones que puede identificarse con la misma exactitud que nuestras huellas digitales.

Ciertamente no quiero imaginar los entresijos y detalles de los sesudos y concienzudos estudios que condujeron a esta certeza.

Lo preocupante y a la vez típico del asunto en los tiempos que corren es que ya hay empresas privadas que han desarrollado retretes inteligentes capaces de detectar y leer la huella anal del usuario que los utilice. Y no solo eso: también de analizar las heces para comprobar su composición y en busca de enfermedades.

Naturalmente nos venden este «avance» como una panacea médica que vendrá a ayudarnos en la prevención y detección temprana de todo tipo de enfermedades, pero todos sabemos la verdad: es un medio más de control. La era digital nos está poniendo en manos de las megacorporaciones que ya son capaces de detectar y evaluar incluso lo que cagamos.

¿Alguien imagina la presión que este nuevo «avance médico» puede suponer en el control de las empresas y el Estado sobre los diversos individuos?…

Ni cagar tranquilo se va a poder ya.

Ahí lo dejo. Vosotros sabréis si seguís la senda que os marcan o elegís la libertad y la intimidad.

¿Qué características tendrá mi huella anal? me pregunto con insana curiosidad…

© Fernando Busto de la Vega.

EL GOLPE DE PRIMO DE RIVERA (1923)

Resulta triste decirlo, pero es verdad: en España carecemos de historiadores. Nos sobran los propagandistas y los apologistas, pero nos faltan historiadores. Incluso aquellos con más fama y que presentan trabajos sesudos y bien documentados que pueden llegar a dar el pego, una vez examinados a fondo, acaban delatándose como garantes de una ortodoxia política bien definida. Eso se debe, entre otras cosas, a que en España nunca, y digo nunca, ni siquiera ahora, ha existido una verdadera democracia. Tan solo un régimen oligárquico que muta en el accidentalismo, pero mantiene fuertemente sujetas las riendas de todas las instituciones del Estado, desde las judiciales a la universidad.

Se dirá que podemos recurrir a los hispanistas externos, pero estos son mayoritariamente anglosajones o están imbuidos de su ideología y, por lo tanto, también son botarates de facción. De Inglaterra no puede llegar ninguna interpretación ni explicación útil de la historia de España, tan solo la deformada por los intereses e ideología de nuestro enemigo tradicional.

También se dirá que existen diversidad de opiniones entre los historiadores patrios y que eso garantiza y justifica la existencia de una democracia. Falso. Solo existen facciones, sectas. Están, por un lado, los propagandistas nacional-católicos (entre los que se andan infiltrando desde hace un cuarto de siglo los pagados por el ultraliberalismo anglosajón y judeo-protestante) y, por otro, los liberal-progresistas. Una de estas dos Españas artificiales y al servicio de ideologías externas ha de helarte el corazón, españolito. Y ambas deben ser barridas radical e inmediatamente de nuestro panorama intelectual, historiográfico, político y social.

Actualmente la facción más en boga es la liberal-progresista e impera su sesgada perspectiva fáctica. Por eso tenemos una visión determinada y manipulada de los acontecimientos sociales y políticos de nuestra Historia y no otra.

Consecuentemente, en esto, como en todo, soy absolutamente partidario de replantear desde la base nuestra perspectiva del siglo XX (y del XIX) para encontrar un futuro viable en el XXI.

Dominando la facción liberal-progresista del estamento universitario-historiográfico y en los medios de comunicación, obviamente cualquier alusión al concepto de patria y de perpetuación de la esencia de España a lo largo de la Historia es despreciado y perseguido. Cualquier movimiento que no se estime protagonizado por siglas de izquierda o por un «pueblo» dirigido y manipulado por estas, se demoniza. Así las cosas, los golpes de Estado destinados a mantener la unidad y la continuidad de España son siempre tratados negativamente.

Sin embargo, esa perspectiva llena de prejuicios e intereses políticos debe cambiar sin caer en el otro sesgo: el derechista. Debemos analizar nuestra Historia no desde la ideología, sino desde la madurez y la sensatez.

Por ese motivo quiero dedicarle, ahora que va a cumplirse el centenario, una breve mirada al golpe de Estado del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923.

Lo primero que hay que decir es que el golpe era necesario.

La huelga de la Canadiense en 1919 había quebrado por completo al Estado otorgándole a la CNT (que había purgado a sus elementos lerrouxistas para imponer a los anarquistas) esperanzas de poder derribarlo en breve y conseguir una subversión que hubiera dado al traste con el país. El golpe de Primo de Rivera lo impidió asegurando la continuidad de España.

Por otro lado, el desastre de Annual en 1921 había supuesto un duro revés para la recuperación de España como nación viable y potencia media en auge. Era preciso restablecer la situación y Primo de Rivera lo consiguió con el desembarco de Alhucemas en 1925 y la derrota de Abd el Krim en 1926.

Lo segundo que hay que decir es que el golpe estaba condenado al fracaso desde antes de producirse.

Por mucho que el general Primo de Rivera se acomodase al mito del «cirujano de hierro» que venía a cortar por lo sano y salvar a una España moribunda que había puesto en circulación Joaquín Costa, no podía verse limitado por su propia naturaleza. El general Primo de Rivera era un hombre del régimen de 1876, del turnismo caciquil sobre el que se había impuesto la avaricia desprejuiciada y escasamente inteligente de Alfonso XIII. Cuando Primo de Rivera hablaba de «salvar España» apenas era consciente de que estaba diciendo «salvar a la oligarquía corrupta que dominaba el país desde el golpe anterior del general Martínez Campos en 1874». Con dicha limitación conceptual poco podía hacer en pro de la comunidad nacional.

Además, convertir un golpe necesario en una mala imitación del fascismo mussoliniano no podía conducir a nada útil. Si al menos la mascarada se hubiera llevado con eficacia…pero Primo de Rivera carecía de arraigo social y político para replicar una Marcha Sobre Roma. Lo más que pudo hacer fue trasladarse en tren desde Barcelona a Madrid con la aquiescencia del rey y de los demás capitanes generales.

Lógicamente, cuando trató de organizar un partido único, la Unión Nacional, a imagen del Movimiento Nacional Fascista, fracasó también. Seguía careciendo de base social y la Unión Nacional nació endeble, raquítica y trufada de arribistas y corruptos.

En resumen: el golpe de 1923 era necesario, pero estaba condenado al fracaso por falta de base social y por su visión limitada que, lejos de englobar a toda la nación, venía a identificarla con los caciques y los poderes fácticos del régimen. Por eso, aunque fue útil (limitó la agitación social y puso freno a los movimientos disolventes, restauró el prestigio y el poder de España en África…) acabó fracasando.

© Fernando Busto de la Vega.